One Punch Man (de One y Yusuke Murata)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 2 – Palabra: IMPACTO

Obra: One Punch Man

Autores: One y Yusuke Murata

Editorial: Ivrea Editorial

 

La deconstrucción de los superhéroes también era esto, Alan Moore. Bueno, o no. O sí.

 

La verdad es que es curioso que una obra tan popular tenga varios enfoques desde la cual disfrutarla. Apilables, incluso. Pasa frecuentemente con las parodias, que pueden caer en el riesgo de, tras jugar a la sátira de un género específico, se vean atrapados por sus seductores mecanismos. Es el caso de One Punch Man, el popular manga seinen que parodiaba el género superheroico americano y que empezó como webcomic de la mano de One, hasta que su popularidad se hizo tal que recibió la oferta de ser dibujado por Yusuke Murata. Este último y su dominio del estilo y los recursos gráficos del manga de batallas -entre otros- sin duda, refuerza la sensación de que estamos leyendo un shonen de acción. En la serie se reparten hostias como panes en lo mejorcito de esa tradición. Pero claro, hay más.

 

La serie toma la historia de Saitama un joven superheroe cuyo superpoder es acabar con sus enemigos de un solo puñetazo. Un impacto y ¡bam! se acabó. En el desfase del concepto está precisamente la gracia de su deconstrucción y el potencial para su comicidad. Un superhéroe con un poder extramadamente poderoso atenta contra las claves de entretenimiento del género en si. Y es algo de lo que el propio Saitama es consciente. No tiene rivales.  El otro efecto es el que ya practico Toriyama con Mr. Satan: tanto poder desmesurado es imposible, por lo tanto tiene que ser un truco. La gracia de One Punch Man es que aquí la lógica que aplicaba Mr. Satan es la que aplica el resto del mundo que es testigo de las proezas de Saitama. El resultado es que nadie le da credibilidad y el superhéroe más poderoso del mundo, públicamente, es un don nadie.

 

Además de su concepto de partida, One Punch Man toma el género superheroico para reirse del mismo con todo tipo de mecanismos humorísticos, uno de los cuales es tomárselo muy en serio todo, con la intensidad que los eventos requieren. Puede que esto, de alguna forma algo venga heredado del manzai japonés, el homólogo del clown listo y el clown tonto, donde el payaso tonto se lleva collejas todo el rato por sus errores. Quizás el caso de Saitama es más el del clown tonto en su versión occidental, que al final no lo es tanto y subvierte todo con sus resoluciones absurdas al clown listo. Como pasaba con el asunto de la credibilidad que he comentado, Saitama es el clown tonto y el clown listo es el resto del mundo, con sus instituciones normativas superheroicas y su intensidad épica a la hora de hacer frente a los enemigos.

 

A pesar de lo que pueda parecer en este texto, los autores no cargan contra el género superheroico occidental. Hay mucha sátira también del shonen variedad de jardín y no escatima en introducir arquetipos visuales y de personalidad clásicos de la tradición japonesa. En resumen, One Punch Man, se ríe de todo y de todos. Y entre toda la sarta de mamporros no perdemos de vista que estamos ante un manga divertidísimo, de carcajada con mayúsculas.

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