Civil War (Mark Millar, Steve McNiven y varios autores)

civilwar

 

es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 15 – Palabra: DIVIDIR

 

Obra: Civil War

Autores: Mark Millar y Steve McNiven (serie central), varios autores en el resto de series, spin-offs, etc…

Editorial: Panini Comics

Vamos al grano, que las palabras andan contadas. Civil War es, en mi opinión, el mejor evento de Marvel hasta la fecha. Muy pocos eventos en la historia de La Casa de las Ideas han reunido tantos factores interesantes como el que fue este gran repartimiento de hostias superheroicas con inspiración en la actualidad política y social norteamericana.

Para empezar, la gran mayoría de los eventos en Marvel han tenido como elemento tradicional la violencia desproporcionada, en ocasiones sin la excusa de un supervillano liándola parda. Esta es una de las consignas originales del universo Marvel en el que, a pocos números de empezarse una serie ya aparecía un personaje invitado de otra -cuya colección apenas había arrancado- para, con cualquier excusa pasajera, empezar a medirse el lomo un rato. Este era un tema recurrente en Los Vengadores: al grito de “traidor skrull” los héroes más nobles se enzarzaban a guantazo limpio para disfrute del lector. Sin embargo, podríamos afirmar que hasta Civil War no veíamos un despliegue tan masivo de héroes zurrándose contra otros héroes. Podían haberse dado ensayos puntuales entre mutantes y otros superhéroes, por ejemplo, por cuestiones de rivalidad, tipología o clandestinidad de unos y otros. Pero Civil War pone un dilema sobre la mesa ante el cual CADA superhéroe del universo Marvel debe dar su propia respuesta y, en consecuencia, tomar partido. Las hostias van a darse sí o sí, pero en este caso se podía jugar al desarrollo de personaje planteando qué bando iba a tomar cada héroe.

La cuestión era simple. Tras una gran catástrofe de la cual se hace responsable a un grupo de héroes juveniles, el gobierno americano plantea un acta de registro de todos los superhumanos, que deberán facilitar sus identidades e información sobre sus poderes. La historia enlaza con la crisis por temas de seguridad vivida en Estados Unidos tras los atentados del 11-S. Sobre la mesa, seguridad vs libertad. Y eso es lo que se traslada a los tebeos. Los guionistas inteligentemente trasladaron los argumentos por boca de los propios personajes. La comunidad superheroica quedaba dividida por la conformidad a una decisión política. Y la aventura quedaba servida.

Los prolegómenos se ejecutaron muy bien -pese a sacrificar una serie, Los Nuevos Guerreros, que era simpática y naif- y el desarrollo de la trama principal resultó impecable. Solo es cuestionable, en mi opinión, su precipitado -y un pelín absurdo- final y su obligación canónica de que todo deber terminar en una gran confrontación entre superhéroe y supervillano -sí o sí- en este caso entre los representantes de las respectivas posiciones ideológicas, el Capitán América e Iron Man. En cualquier caso, la historia dejaba buen sabor de boca porque lo que había sucedido en el universo Marvel dejaba efectos en el universo Marvel. El respeto por la continuidad mientras los personajes crecen y evolucionan -o involucionan- siempre ha sido uno de los pilares del paradigma del universo Marvel y aquí se daba.

 

No hay que olvidar que por el camino, también, se dieron series y sucesos muy interesantes y bien jugados. Front Line cubría la perspectiva humana de todo lo que estaba sucediendo, desde unos medios de comunicación también polarizados en cierta forma. La revelación de la identidad pública de Peter Parker fue una jugada comercial brillante pero también daba un juego nuevo a su historia. Así mismo, si un personaje debía de cambiar de bando durante el transcurso de la refriega, sin duda alguna este debía ser el inseguro Peter Parker. Y me resulta imposible olvidar la decisión de La Cosa de “¡Que os den!¡Me piro al Canadá!” muy apropiada con su arrollador carácter.

 

En resumen, un evento que fue un disfrute en conjunto. Muchos eventos ponen en riesgo series regulares empobreciendo sus guiones al tener que introducir forzosamente algún aspecto del evento y aquí apenas se nota. Este lector de tebeos, por ejemplo, conserva con mucho mimo e individualizada del resto de series de grapa de todo lo de Civil War en un aparte significativo. Por aquello de que algún día llega alguien y le pregunta “oye, la Civil War de los tebeos ¿qué tal? ¿la tienes?”. Y le presto la caja mágica donde todas esas historias están bien guardadas.

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