Maldiciones (de Kevin Huizenga)

maldiciones

 

es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 26 – Palabra: MALDICIÓN

 

Obra: Maldiciones

Autor: Kevin Huizenga

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Kevin Huizenga es uno de esos autores de los que su obra nos ha llegado de una forma un tanto irregular, no necesariamente a cuentagotas, pero sí de forma extraña. Se le ha publicado en diferentes editoriales, se le han publicado algunos libros y otros no. Y da la impresión de que en España no ha acabado de cuajar del todo. Es algo inusual porque por otra parte la obra de Huizenga llegó a obtener hasta cinco premios Ignatz en la década de los dos miles. Quizás es su fondo experimental, muy desarrollado en su formato favorito, el de los “minicomics”- el que impide de alguna forma su conexión con el público. A pesar de que su personaje Glenn Ganges conecta toda su obra, nunca sabemos que nos vamos a encontrar en sus cómics. Quizás ni el propio Glenn. Recuerdo, por ejemplo, la extraña sensación que me provocó leer El Reino Salvaje, un pequeño libro con historia de tan distinto narrativa, tono y tema, que hacía dudar al lector de si había un hilo de conexión entre todas las historias. En algunas aparecía Glenn, en otras no. Otras eran diagramas científicos sin ningún tipo de base real y en otros, textos sobre zoología encuadrados en viñetas sin ningún tipo de dibujo más allá del marco de las mismas, lo que ponía en duda ya no solo el sentido de todo aquello, sino incluso de estar ante un cómic.

Maldiciones es una obra anterior, recoge historias de Glenn Ganges -y algún otro personaje más del mismo “universo”- y su fondo experimental -que lo hay- no está tan “en los límites” como lo estaría luego El Reino Salvaje, quizás a excepción de alguna historieta concreta. Glenn se podría decir que es el americano blanco de clase media que vive con su mujer en una casa en una población americana cualquiera de casa con jardín, lejos de los grandes núcleos urbanos. Podría ser perfectamente el protagonista tabla rasa de cualquier tira cómica americana. Glenn y su situación de americano medio es una suerte de comodín que le sirve a Huizenga para contar casi cualquier historia. Normalmente empezando de la forma más costumbrista posible y luego derivando hacia un absurdo que no necesariamente busca ser cómico. Por ejemplo, en la historia “Calle 28” Glenn y su mujer buscan tener un hijo, pero no lo consiguen. Tras muchas pruebas e intentos, el médico llega a la conclusión de que Glenn tiene una maldición y tiene que arrancarle una pluma a un ogro que vive en la calle 28 para deshacerla. Glenn lo asume como algo “normal” y emprende la búsqueda del ogro.

 

Otras historias usan o introducen frecuentemente un tono académico o divulgativo (algo que como decíamos volvería a usar en El Reino Salvaje). Por ejemplo en “La maldición” una bandada inmensa de estorninos anida en el barrio de Glenn alterando la vida normal de la gente, que no puede dormir por el ruido o se encuentra sus coches llenos de mierda. Entre la narración de estos hecho, Huizenga nos introduce una extensa historia documental sobre la introducción del estornino en Norteamérica, sus costumbres y como la proliferación de los mismos se había intentado combatir con muchas dificultades. El tema ornitológico es también uno que Huizenga retoma con frecuencia: las aves con frecuencias tienen un papel importante en su obra, son como un personaje omnipresente. También lo suele ser la naturaleza.

 

Quizás lo más comentado de las historietas de Ganges es esa suerte de vacío existencial que dejan sus historias. Como si nada tuviera sentido. Como si todo fuera un chiste. Como si el conocimiento de las cosas, sí, es importante, pero al final, para qué. Quizás la historia que más destila esto es la más diferente del resto “Caso 0003128-24”. En ella, se cuenta con textos el informe de la relación entre un hombre y una mujer que termina por el nacimiento de un hijo de ambos. La historia se cuenta con una asepsia total, un informe desprovisto de emoción alguna por parte del informante. Todos estos textos se van narrando en una secuencia de imágenes de paisajes naturales al estilo de los libros ilustrados del Tao Te Ching. De alguna forma parece como si experimentara sobre como las imágenes pueden influir sobre lo narrado en texto. O viceversa. A mí personalmente, este tono de Huizenga, este sentir de contar historias me recuerda un poco a Inio Asano -se llevan tres años de diferencia-, si bien muy probablemente son autores que no tengan ningún tipo de relación entre si y probablemente no se influencien el uno al otro. También son dos autores de contextos y de tradiciones históricas de historieta que están en las antípodas. Si bien los dos han recogido esas tradiciones para acabar contando lo que han querido, experimentando por el camino o probando a contar historias que no se habían contado aun. Y de alguna forma comparten un tono de fondo, una atmósfera un poco deprimida y nihilista. Todo acabó ya hace tiempo y aquí estamos. Vamos tirando. Y vamos contando historias mientras tanto.

 

 

 

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