Las 7 vidas del gato Fritz (de Robert Crumb)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 30 – Palabra: GATO

 

 

Obra: Las 7 vidas del gato Fritz

Autor: Robert Crumb

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Pues hemos llegado al final de Reseñoviembre y la verdad es que me cuesta un poco creer haber sacado una reseña al día durante un mes, prácticamenente sin retrasos. Bueno, seguramente algunas mejores que otras, pero el espíritu creo que se ha mantenido hasta la última entrega. Ha sido emocionante volver a compartir iniciativa con el gran Ander Luque que, además de ser un afilado crítico y divulgador, ha llevado bastante la infraestructura y el megáfono de la cuenta de instagram con mucha inmediatez. Y le estoy agradecidísimo por ello. También a todos aquellos que se han sumado a reseñar desde sus cuentas, blogs, etc… durante todo o parte del mes. En algún momento hemos sido casi una veintena. También agradecimiento a los trolls que se han asomado por ahí e incluso a la gente que sin meterse en el fango de reseñar con la extensión propuesta en la iniciativa han querido asomar la cabeza y lanzar sus propuestas diarias. Un aplauso y un abrazo enorme a todos.

 

Por mi parte veo desde la distancia el mes y veo que me ha salido un Reseñoviembre bastante peculiar. Mucho cómic infantil y juvenil, que he disfrutado mucho leyendo, en parte por las charlas de prescripción de cómic para bibliotecarios en la Biblioteca Can Fabra de Barcelona. También han caído tres obras de Bartolomé Seguí, que he disfrutado mucho leyendo y releyendo; también tiene un motivo que haya aparecido tanto por aquí. Por otra parte, ha habido una cierta presencia de nostalgia noventera que también me ha parecido simpática. Para la entrada final tocan “gatos” y habrán como mil opciones en el mundo del cómic. Me he decantado por una que se fuera más al tebeo underground o el tebeo clásico, que creo que es lo que me ha faltado a lo largo del mes. Así que vamos con Fritz el gato de Robert Crumb, en ese recopilatorio que sacó La Cúpula llamado Las 7 vidas del gato Fritz.

 

Fritz es uno de los primeros personajes con nombre propio de Crumb, uno de los padres fundadores del underground. Sus historietas se inician a mediados de los sesenta y terminan algo después de mediados de los setenta. Es uno de los personajes más populares de Crumb, junto con el gurú Mr. Natural, en la etapa más temprana de su carrera justo antes de que Crumb inventara su personaje más popular: él mismo. El gato antropomórfico era un buen resumen de que lo que pretendía contar el underground con sus publicaciones. Esto es, todo aquello que la censura y las buenas costumbres repudiaban. Fritz era un personaje pendenciero, estafador, que vive de noche -de noche, todos los gatos son pardos- y que allá donde va… la acaba liando parda.

 

Con Fritz, Crumb empezó a tontear con sus fetiches sexuales y con algunos tabús que erizarían el pelo de los sectores más conservadores. Pero también tonteó con la política, haciendo que su personaje tuviera ramalazos de inspiración revolucionaria tanto como lo convirtió en un agente de la CIA que se enfrentaba a los planes de la malvada República Popular China (todo como sátira de las películas de agentes secretos). Quizás, donde más se lució el personaje y donde más atrajo la atención del público -además de los pasajes de sexo, que ocupaban viñeta sí, viñeta no- eran el retrato de la América más callejera, alternativa y/o olvidada. Los afroamericanos aparecían retratados como cuervos con los que Fritz se codeaba sin problemas. Fritz, el gato, llamó la atención de productores de animación y acabó teniendo película, escrita y dirigida por Ralph Bakshi en 1972. Fue la primera película de animación para adultos. Pero Crumb, que veía que su creación se le escurría de las manos, decidió matarlo en el 1978. Una de las chicas a las que usaba para follar como si fueran objetos de usar y tirar, se cansó de los malos tratos del felino y le apuñaló finiquitando su existencia.

 

Como toda obra que ya tiene medio siglo de edad, inevitablemente hay que leerla teniendo en cuenta el contexto de la época. Especialmente como una válvula de escape de toda una serie de historias de la contracultura, pero también de las filias y fobias de su propio autor. También como un vistazo a la narrativa y el estilo artístico de Crumb, que ya en aquellas primeras páginas prometía en muchos aspectos. No dudo que algunos lectores de la vieja guardia terminarían un texto sobre Crumb con el plañido rancio ya oído hasta la saciedad de “esto no se podría publicar a día de hoy” . Yo no lo voy a hacer por una simple razón obvia: La Cúpula lo sigue publicando y reeditando sin problemas.

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