Apsara Engine (de Bishakh Som)

– ¿Qué son estas cuentas? Están tan pulidas que puedo ver cada detalle de mi reflejo.

– Es la red de Indra. Veréis, Indra es el dios celestial hindú. Y su red es esta malla de cuentas brillantes… Y en cada cuenta todas las otras se reflejan, junto con los reflejos que están en ellas, así, eternamente. Así, cada parte refleja el todo completa y perfectamente. Es la red de Indra… o la realidad, como la llaman en vuestro mundo. Si rompes uno de esos hologramas, cada pieza aún tiene reflejado el todo. O es como la Cábala… El árbol de la vida, claro. Es un mapa del universo. También es un mapa de lo que hay dentro de nosotros.

Promethea – Alan Moore y J.H. Williams III

A la hora de empezar a escribir sobre esta obra, aun no publicada en España y probablemente poco leída aun aquí, me cuesta decidir por donde empezar a hablar de ella: si por sus temas, su estructura, o por sus recursos formales. Por separado, todos estos aspectos tienen cuestiones muy interesantes dignas de estudio, pero también se da que en conjunto dotan a la obra de una complejidad que la distingue de otros cómics. Así que para ir calentando motores y en tanto que la autora de momento es bastante desconocida en nuestro país, voy a explicar por como descubrí la obra y las primeras impresiones que me dejó antes de decidirme a leerla.

Apsara Engine llega a mis manos gracias a la librería Fatbottom, desconociendo completamente a la autora, Bishakh Som, y a la editorial, The Feminist Press. Desde el estante en el que reposaba, me atrajo el concepto de la portada: un escenario de ciencia-ficción con toda una serie de personajes femeninos con rasgos y estética hindú. Ojeando el interior del libro, se atisbaba un dibujo de línea clara, con cierto aire de dibujo técnico, acuarelas de tono sepia (con algunas páginas a color). Destacaba un gusto por composiciones en apariencia ordenadas con una cierta sobriedad general. Los ecos referenciales que me vinieron a la mente al observar esto fueron los cómics de Seth y Adrian Tomine. Igual que en estos, se empleaban muchas escenas de diálogo entre personajes con disquisiciones que parecían íntimas, cuando no trascendentes. También se veía en el libro un cierto baile de estilos narrativos que variaban en función del relato, lo que me hacía pensar más todavía en Tomine y su Intrusos. Sin embargo, en algunas páginas destacaba un salto al escenario de la ciencia-ficción y a cierto folklore o mitología hindú, rompiendo con las escenas más convencionales o costumbristas. También me llamó la atención poderosamente algunos juegos de composiciones de página y algunas viñetas donde los personajes parecían “mal encuadrados”. Con esta sensación de estar ante algo familiar y al mismo tiempo ante algo extraño decidí hacerme con el libro y embarcarme en el viaje absorbente que ha sido su lectura.

Un poco de bio de la autora: Bishakh Som (1968) nació en Etiopía, de padres indios que se trasladaron a Nueva York en los setenta. Estudió diseño en la Universidad de Harvard y trabajó en varias firmas de arquitectura. Pero posteriormente dejó ese camino para dedicarse de lleno a las artes gráficas y en especial al cómic. De su pasado vinculado al diseño y a la arquitectura queda la obra The Prefab Bathroom: An Architectural Bathroom, junto con Deborah Schneiderman, publicada en 2014, en la que ya destaca su habilidad para el diseño de espacios de uso doméstico. Curiosamente, en Apsara Engine solo aparece un cuarto de baño, precisamente, en la primera historia del libro. Esto podría ser una casualidad pero tras leer la obra completa da la sensación de que Som no da puntada sin hilo. Podemos adelantar que sus historias gozan de una planificación muy estudiada donde lo disruptivo está emplazado con mucha enjundia. Bien podría ser un guiño autobiográfico.

Som ha publicado cómics en The New Yorker, Buzzfeed o en antologías como We’re still here: An All-Trans Comic Anthology. En 2020 se publicaron sus dos primeros cómics. Spellbound: a graphic memoir, un cómic autobiográfico, es el más reciente, publicado en Agosto. Apsara Engine se publicó en Abril, una antología de cómics (alguno ya publicado con anterioridad en otros medios) que tratan cuestiones de identidad de género y orientación sexual, cultura queer y trans con cierta poesía visual y, como ya adelantábamos, algo de ciencia-ficción o fantaciencia. Un detalle que he leído en algunas reseñas y que no me parece baladí apuntar es que la autora se reveló como mujer trans en algún momento intermedio en la creación de estas historias. Precisamente algunas de estas podrían reflejar o inspirarse en experiencias personales e incluso podrían haber varias representaciones de si misma en el presente y en el pasado.

Las apsaras son unas criaturas celestiales del hinduismo, ninfas acuáticas al servicio del semidios Indra, que empleaba para seducían a sabios y reyes. En el cómic las “apsaras” de Som podrían referirse a toda el elenco de mujeres con diversas identidades de género y orientaciones sexuales que protagonizan cada historia. Som empodera así a colectivos discriminados a través de esta figura mitológica asociada a elementos fluidos. La otra parte del título, “engine” (“motor”) crea un contraste poderoso y, según la autora, es el término alusivo a la ciencia-ficción. El motor puede referirse perfectamente a como las historias y sus elementos internos hacen que la obra, la antología, funcione toda ella como un conjunto narrativo único que es mucho más que la suma de las partes.

CUESTIONES DE ESTRUCTURA

La gran mayoría de antologías de relatos en cómic suelen funcionar como recopilatorio que a lo sumo coinciden en un género o una temática. Al margen de eso pueden procurar cierta atención al diseño conceptual, organización y presentación visual de la antología. En ocasiones excepcionales algún autor o autora decide una ordenación específica de esos relatos para lograr un efecto concreto (estoy pensando en Ana Galvañ, por ejemplo), algo que Som practica aquí y que podremos observar durante el proceso de lectura aunque no de forma inmediata.

Al empezar a saltar de relato en relato y acumular páginas de lectura, el lector empezará a detectar detalles. Por un lado, se percibe la mencionada intencionalidad en la ordenación de las historias, componiendo una suerte de viaje a través de los temas de la antología. Algo que tiene mucho que ver con la cultura trans y el proceso de puente hacia algo diferente. Un salto de un presente con el que no se está conforme o con el que el individuo no se identifica y que lleva hacia la proyección de un futuro deseado. Así, empezando por la primera historia, nos encontramos con que Som “arranca el motor” con “Come back to me” que habla de un despertar personal, sigue con “Throat” que trata del desarrollo de una voz de quien no la tenía y que ahora le permite expresarse con su extrañado entorno, continúa con “Meena & Aparna” que es un golpe en la mesa para romper con una situación presente… Y así siempre hacia adelante, en un proceso que encadena conciencia, manifiesto y proyección. No quiero ahondar mucho en cada relato para darle al lector la oportunidad de descubrir por si mismo este proceso que plantea la autora. Pero parece patente está idea de evolución, de proceso y avance planteado a través del orden de lectura de los relatos.

Throat (en Apsara Engine)

Lo segundo que notará el lector (pero quizás no advertirá hasta más adelante) son las sutiles coincidencias temáticas y visuales que encadenan los relatos entre si. Primero lo detectaremos a través de coincidencias consecutivas pero luego veremos que hay enlaces y comunicaciones con cualquiera de los otros ocho relatos de la antología, consiguiendo una interrelación muy sutil entre todos ellos. Por ejemplo, “Come back to me” y “Throat” comparten la presencia de personajes híbridos entre animal y humano que inquietan e incluso aterrorizan a otros personajes. “Throat” y “Meena & Aparna” comparten que algunas escenas donde dialogan los personajes es en concurridos bares. Y así, en adelante.

Todavía más allá, el lector podrá advertir similitudes en los personajes. Algo que nos podría recordar, por ejemplo al “star system” de Osamu Tezuka. Pero el juego de Som parece ser otro al practicar algunas alteraciones entre ellos, incluso en algunos de los nombres de las protagonistas: Sara, Mara, Maya, Meena, Leela, Laila… En una de las historias, con un fondo de manifiesto empoderante y posibilista hacia el futuro deseado, se hace presente la idea de un multiverso posibilitado gracias la imaginación. Sembrada esa idea, el lector puede jugar a ver los relatos en Apsara Engine (hacia atrás y hacia adelante) como pertenecientes a este multiverso del que se nos habla, haciéndolo “real”. Dotando así, de mayor cohesión a la antología. Y de paso, cortocircuitándole el cerebro al lector. Al respecto de dicho recurso no puedo evitar pensar, en este caso, en el Vidas paralelas de Olivier Schrauwen, que recogía historias de autoficción en un trasfondo de ciencia-ficción, en las que todos los protagonistas eran trasuntos del autor. Sin embargo, Schrauwen no apostaba por dotar a la antología de esta sensación interconectada de multiverso y/o de proceso (tampoco creo que fuera el objeto del libro). Creo que lo más interesante y novedoso de lo que hace Som al practicar esta idea del multiverso es que al final la metanarrativa que está construyendo se aleja del reduccionismo típico de los “grandes relatos” para pasar a convertirse en algo realmente rico, complejo y abierto, si bien también crítpico. Todo el mundo puede ser consciente de los límites impuestos. Todo el mundo puede reconocer sus deseos profundos. Todo el mundo puede decir basta. Todo el mundo puede imaginar el futuro. Y también puede que todo eso no suceda y el individuo se quede atrapado en su situación presente.

Así, toda esta secuencia de relatos, toda esta puesta en marcha, lleva hacia un punto álgido, una mirada hacia el futuro, que es posibilista y “hacia arriba”. Ese punto álgido, sin embargo, no lo encontramos al final del libro (compuesto de ocho historietas) sino en la sexta, “Swandive”, y la séptima, “Love song” en las que se proyecta positivamente hacia el futuro o se alcanza otra dimensión en espacios no delimitados por viñetas.

La extrañeza para el lector será toparse con la octava historia, “I can see it in you” que nos devuelve al costumbrismo a ras de suelo con una historia perturbadora. Con ella la autora establece un mecanismo cíclico a base de emplear, de nuevo, resonancias con detalles, nombres y sucesos, que conectarían la historia final con la primera. Una suerte de trampa para el lector, un laberinto circular, un no-final. Som, disruptiva (lo será durante todo el libro), parece indicarnos que el final (o quizás mejor habría que hablar de “salida”) de esta metahistoria, no está en el final físico del libro, que nos atrapa a un bucle. Y por eso, la única salida posible parecería estar en esos penúltimos relatos, que nos sacan del laberinto llevándonos “hacia arriba”. Si no miramos al futuro estamos condenados a seguir viviendo en los límites del presente.

TEMAS

Empezaba este texto mencionando a Tomine y a Seth como autores referenciales al echarle un vistazo superficial a las historias de Som. Podríamos también añadir a Chris Ware, al que, por cierto, la autora reconoce como influencia y como desarrollador moderno del lenguaje de los cómics. A pesar de que los temas específicos tratados por estos autores y los tratados por Som en esta obra son diferentes, hay un tema que creo que es común en todos y es el de las relaciones entre pasado, presente y futuro. Muchos de estos autores miran al pasado con cierta nostalgia, como un paraíso perdido, muy difícil de repetir en el futuro. Sus presentes parecen estar atrapados por la experiencia de esos tiempos añorados, lo que, al final determina el imaginario del futuro deseado o acaso lo anula directamente. En Som, la perspectiva es diferente y de aquí la cierta “revolución” que suponen sus historias. Como ya hemos apuntado, ella explica paso a paso ya sea desde el diálogo de sus personajes o a través de las historias más alegóricas, cual es el proceso para abrir la ventana al futuro deseado que, en el caso de la autora, supone la construcción utópica de las comunidades trans y queer y que se expresa a través de la idea de un mapeado, de un diseño del espacio. Hay consciencia del pasado, sí. Se verbaliza la sensación del desarraigo hacia las comunidades de procedencia. Hacia atrás hay tragedia, pérdida y desarraigo. Y se reconoce la existencia del peso de unas sociedades patriarcales y heteronormativas. Pero finalmente se ofrece una puerta abierta, otras salidas. No cae en una trampa pesimista. La mirada es hacia adelante, hacia lo que vendría después.

Apsara Engine (en Apsara Engine)

Por contraste, me hace pensar mucho en La Hermandad de Historietistas del Gran Norte. En este cómic Seth se inventaba un pasado ficticio en el que existían numerosos dibujantes y cómics maravillosos en Canada con cualidades borgianas similares a las que exhibe Som. Pero Seth, al final, termina por descubrir la mentira y lamentarse con tristeza “vaya, esto solo era una ficción”. Al revés, Som toma el poder de las ficciones para mirar hacia el futuro de forma positiva y constructiva. “Esto puede existir”. No lo hace de forma exclusiva, ni exhortativa: los futuros son múltiples posibilidades que todo el mundo puede dibujar (aunque en las historias ella pone ese “poder” especialmente en manos de la gente queer y trans). Y tampoco lo plantea de forma ingenua, porque con frecuencia se expresa la idea de que alcanzar un estadio superior, mejor, va ligado a un  sacrificio (metafóricamente representado por la pérdida de alguna parte del cuerpo). En resumen, en Apsara Engine, la tesis sociológica de fondo es tan estructuralista (las instituciones forman al individuo) como individualista (los individuos forman las instituciones).

Es interesante, por cierto, como en Apsara Engine, se transmite un contraste entre los presentes, dibujados con la monotonía de espacios uniformes y técnicos, “enmarcadores”, con esos futuros construidos imaginariamente para las comunidades queer y trans en los que las líneas son curvas y fluidas, todo se conecta de forma más orgánica y es patente la presencia de elementos de inspiración acuática (volvemos a las ninfas). Todo es abierto, todo es mutable. Las líneas conectan, no separan.

Otra cuestión a considerar es como en la antología (en otra de esas sucesiones transitivas que se apilan como capas) se va pasando del relato individual al relato colectivo, de ida y vuelta, dándole amplitud a la perspectiva de la obra. A medida que avanzamos en las historias, pasamos del relato de la intimidad solitaria del individuo a la puesta en común. Ahí se resuelven entre el desafecto o la comprensión (en los que media o interfiere el deseo) para llegar finalmente al paradigma común… y para luego volver al conflicto y a la soledad. Es otro ejercicio de establecimiento de ciclos. Pero en Som, la salida al futuro parece pasar por la conciencia del colectivo. Y por la defensa de “lo trans” como una solución.

EL ARTE DE LA DISRUPCIÓN

El tercer aspecto que hay que comentar de esta obra, y que se relaciona tanto con la estructura como con los temas de la obra reside en la cuestión de la forma por su vocación disruptora. He leído en algunas reseñas que Som “no rompe las reglas, sino que las ignora”. No sé hasta qué punto esto es así. Leyendo el libro y atendiendo a su narrativa visual me da la impresión de que es una autora que conoce exactamente las reglas. Esto es, las reglas dominantes, la norma. De nuevo, por establecer una comparación-contraste donde Ware (autor que parece una referencia evidente en Som) exploraba las posibilidades infinitas de los cómics y el medio visual para enriquecer el lenguaje, creo que Som se beneficia del establecimiento de ese lenguaje para esquivarlo o romperlo en beneficio de lo que quiere contar. Y al mismo tiempo creo que puede considerarse como una forma de exploración. De nuevo, las disrupciones empiezan de forma gradual. El primer relato “Come back to me” empieza con un relato visual de la cotidianeidad de la protagonista con una voz en off de sus pensamientos íntimos. Lo que parece un solo relato con dos voces al unísono se irán distanciando hasta que “algo” se rompa.

Come back to me (en Apsara Engine)

Otros recursos que empleará Som afectan a las composiciones de las viñetas, con encuadres poco comunes, primeros planos descentrados que colocan a los personajes parcialmente fuera de ellas. Parecen usarse para aportar una sensación de extrañeza, de misterio, de algo que no podemos atisbar. Quizás también de la presencia de algo sobrenatural. En cualquier caso, al tratar cuestiones de individuos queer y trans es inevitable pensar, de nuevo, en cierta búsqueda de ruptura de la normatividad, de los cánones impuestos socialmente. Los personajes de la autora con frecuencia notaremos que escaparán a los encuadres convencionales. También juegan a la extrañeza ciertas escenas en las que se despoja del color a los personajes, en un uso que repite con bastante frecuencia y que le permite romper ritmos.  Como si algo interior en cada uno de ellos estuviera operando en ese momento: un momento introspectivo, un temor, una revelación, una pausa para una meditación. Algo súbito sucede, algo secreto. No sabemos exactamente el qué, pero algo ha sucedido. Otra expresión de algo que nos es difícil capturar.

Además de los dos episodios cuyas voces en off no se corresponden (al menos no literalmente) con lo narrado en imágenes (los dos episodios más oníricos), la acumulación de recursos más voluntariamente disruptivos la hallamos en el último relato, en el que la sensación de extrañeza y de que algo no va bien se consigue a través de repetidas ruptura de ritmo en la conversación con un personaje así como del empleo de confusas secuencias. La autora opta por el uso de secuencias desaconsejadas por todos los libros de “como hacer cómic bien” en los que el lector no sabe por donde seguir el orden de lectura. Al romper “las leyes de la narrativa”, la autora consigue expresar una sensación de sobrenaturalidad tan ingeniosa como medida que es mucho más efectiva que todas las tramas, líneas de expresión y demás modismos habituales vistos en cómics de terror, ciencia-ficción y misterio hechos hasta la fecha. Es esta una pieza muy valiente, en mi opinión, que consigue exactamente el efecto deseado.

UNA OBRA PARA MIRAR AL FUTURO

A este punto quiero cerrar comentando lo mucho que he disfrutado con la lectura de toda la obra, por si el lector no lo hubiera notado. Tengo muchas ganas de que llegue a más lectores y lectoras y en especial a compañeros y compañeras de la divulgación y la crítica. Ver cuales son sus reflexiones y críticas acerca de la obra porque seguro que van a ver más aspectos interesantes y que las van a saber explicar mejor que yo.

Y un aspecto más: me parece importante remarcar el valor de una antología como esta para abrir debates sobre el futuro, tanto dentro como fuera de las comunidades LGTB. Cada relato es una pieza de la que podría hacerse un club de lectura y a partir de la cual exponer experiencias y compartir visiones. En resumen, Apsara Engine creo que será un libro muy comentado en lo formal, pero lo será también en lo temático. En ambos aspectos, como ya hemos visto Som mira hacia adelante.

Un comentario en “Apsara Engine (de Bishakh Som)

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