Rork (de Andreas)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 25 – Palabra: OLVIDAR

 

Obra: Rork

Autor: Andreas

Editorial: ECC Ediciones

 

 

Pretender hacer una reseña breve de Rork es una tarea destinada a fracasar. Hay tanto que contar de la increíble historia que dibujó Andreas desde el 1978 hasta finales de siglo pasado que para el efecto de esta reseña lo centraré en tres aspectos pasionales. No va a ser esta una reseña muy académica u objetiva. Me voy a dejar llevar un poco: Rork probablemente entraría en un top 10 de mis tebeos favoritos.

 

El primer aspecto es el de la amnesia del protagonista. Siempre es una idea que me ha atraído de cualquier historia y que como gancho funciona fenomenal. Rork es un investigador de lo paranormal, alquimista, nómada, detective y… misterioso. Rork encarna el misterio. Andreas lo dibujo envuelto en misterio, con su larga melena albina, sus largos abrigos oscuros, sus rasgos recios y su mirada firme. Que el personaje no recuerde su pasado no solo permite construirlo sobre la marcha, sino que permite que el lector viva con el protagonista principal la recuperación de la memoria. En cualquier caso, Andreas se reservó siempre la identidad auténtica de Rork para las ultimísimas páginas de la obra, en uno de los finales más ocurrentes y bonitos de la historia del cómic, algo inesperado que, sin embargo, siempre había estado allí.

 

El segundo aspecto es el de las fuentes con las que Andreas construye todo un mundo sobrenatural. Lo usa todo, desde las novelas de detectives hasta el terror lovecraftiano. La fantasía oscuray la ciencia-ficción para adultos típica del cómic francobelga de los ochenta. El misticismo chamánico que se trajeron Jodorowski y Moebius. Pero quizás mi favorito es el estilo de construir lo sobrenatural un poco a la forma borgiana, con conceptos a priori imposibles. Cosas que existen y no. Dimensiones no palpables. Bibliotecas infinitas, catedrales perdidas que contienen laberintos.

 

El tercer aspecto es la cuestión de la forma. En el epílogo de la obra, Andreas creo que nos daba una pista. Varios personajes llegaban a la conclusión de que lo único que quedaba de todos los sucesos extraños que habían ocurrido eran unos signos, unas formas. Y puede que eso hubiera sido Rork: un gran patio de juegos donde experimentar. Donde cada instancia sobrenatural que sucedía en la historia permitía al dibujante jugar con los diseños, con las composiciones para potenciar las sensaciones de estar ante algo extraño, algo nuevo, fuera de las leyes de la física -en este caso las de los cánones del cómic- algo nunca visto hasta entonces. Seguramente para ello Andreas siguió la estela de autores que ya estaban creando época como Alberto Breccia, François Schuiten, Gianni de Luca o Philippe Druillet tanto empleando algunos de sus recursos o inspirándose en su imaginería, como desarrollando recursos propios y estableciendo su propio estilo visual.

 

Irónicamente, como su protagonista que siempre estaba entre mundos, parece que Rork se ha quedado a medio camino entre la gran obra de la bande desinée francobelga, sin alcanzar a los grandes -se le olvida con frecuencia- y la obra de culto, adorada por una pequeña legión de fieles, que volvemos a sus páginas de tanto en cuando. Es como ese libro que tras leerlo, no pierde la magia y que cada vez que volvemos a él, descubrimos detalles nuevos.

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Piscina Molitor – La vida swing de Boris Vian (de Herve Bouris y Christian Cailleux)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 18 – Palabra: POESÍA

 

Obra: Piscina Molitor – La vida swing de Boris Vian

Autores: Herve Bouris y Christian Cailleaux

Editorial: Impedimenta

 

Aunque bajo la etiqueta de “novela gráfica” pueden caber obras de muchos estilos y temáticas distintas, desde la aparición y proliferación del uso de esta misma se la ha asociado frecuentemente con los trabajos biográficos . Probablemente cada lector se acerque a unos u otros por el interés del lector en la figura del biografiado. Pero la verdad es que tanto la narrativa visual, el estilismo gráfico o la elección de los momentos a contar para destacar un enfoque u otro pueden producir obras que despierten el interés más allá de los conocimientos previos que tuvieramos sobre la persona en cuestión. En este caso, yo apenas conocía nada de Boris Vian, me llegó como un regalo. Y eso fue tras terminar su lectura también: un agradecido regalo.

 

Piscina Molitor transcurre como aquella leyenda que cuenta que antes de la muerte la vida transcurre ante los ojos de la persona. Así sucede pero a lo largo de un día, el último día de su vida en el que visitó el complejo recreativo cuyo nombre da nombre a esta novela gráfica, en París, antes de ir a la proyección de la película basada en una de sus novelas, Escupiré sobre vuestras tumbas. La historia no tiene compasión con el lector y antes de que Vian abandone su casa para acudir a su práctica de apnea, le revela la enfermedad cardiaca que padece. De esta forma, en soledad, se recorren pasajes de la infancia, la juventud y la vida de adulto del artista francés.

 

Los autores practican un viaje biográfico interesante. No solo es la representación de algunos de los hechos más significativos de la vida de Vian como sus primeros escarceos con las diversas artes, su contacto con la escena cultural francesa, la llegada de la guerra o el juicio por escándalo de la mencionada novela. Es también un retrato emocional que ilustra muy bien un carácter complejo, tan tímido como osado, tan melancólico como vivaz. Ayuda a su representación tanto o más que el dibujo desgarbado, una variedad de paletas para cada escena, con pocos colores, que inundan las escenas de forma atmosférica. De alguna forma, los autores parecen darnos a entender que Vian era “aquel lugar en aquel momento”. Y así, sabiendo las horas contadas, como lo sabía el artista francés, recorremos la vida hacia adelante, disfrutando de cada página, siendo testigos de la vida que él eligió vivir.

 

Travesía (De Aude Picault)

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Reseñoviembre – Día 17 – Palabra: VIAJE

 

Obra: Travesía

Autora: Aude Picault

Editorial: Sins Entido

 

 

Dar voz a lo que llevas dentro. Creo que ese es uno de los factores que hacen de Aude Picault, una de las autoras más interesantes de Francia, cuya obra está siendo muy descuidada aquí. Lo primero que nos llegó, una obra primeriza fueron unas reflexiones dibujadas sobre su difunto padre. Papá destacaba por un dibujo desgarbado, muy impulsivo, que hablaba con energía al energía al lector. Corrijamos. Más que con energía, sería con “energías”. Cada dibujo está dotado de un ánimo distinto. El objetivo era trazar recuerdos en los que la memoria iba vinculada, inevitablemente, a la emoción. Seguramente también lanzar mensajes pendientes.  Un poco con un aire más recreativo -aparentemente- nos llegaba después Rollos míos y Más rollos míos, un conjunto de anécdotas autobiográficas, reflexiones íntimas y demás, siempre ahondadando en el tema de la emoción.

 

Travesía supone un salto respecto a esos primeros trabajo en tanto supone embarcarse -perdón por el chiste implícito- en una novela gráfica más hilada, que va más allá de momentos más o menos desconectados de la vida. En ella nos cuenta como harta de la monotonía, se propuso escapar del cubículo de la rutina urbana para embarcarse en un viaje a bordo de un velero para cruzar el Atlántico. Travesía es, de nuevo, un viaje emocional con punto de partida en un relato del presente en el que abunda la disconformidad con el mundo y la soledad -más o menos aceptada- y que gira hacia una suerte de aventura programada. No solo se trata de cruzar el charco, sino también de abrirse a extraños, a la gente que se va topando por el camino, los individuos que han decidido vivir en otra suerte de rutina, marítima, si se quiere. Durante el viaje, Picault se reconcilia de alguna forma con el mundo. Conecta de nuevo.

 

Su dibujo me parece soberbio, a punto de serlo más todavía en el siguiente libro, Charanga. Caricatura minimalista pero expresiva, muy plástica. Le permite representarlo todo. En los fondos y los espacios, muy detallista. Y en un momento determinado del viaje, el del cruce del océano, naturalista. Picault quiere que el lector vea por sus ojos, lo que sintió al llevar el timón del velero que le permitió cruzar un océano. La paz silenciosa, la conexión con el entorno salvaje, el “estoy aquí y ahora”. Y lo consigue.

 

A día de hoy, Travesía sigue siendo una obra tan fresca como atractiva. Un soplo de aire fresco. Y como decía al principio, es una lástima que todavía no tengamos una puesta al día de sus obras en España. La editorial que publicó las obras aquí mencionadas y Charanga, Sins Entido cerró su actividad y el relevo de la publicación de las obras de Picault no lo ha retomado nadie hasta la fecha. Habiendo trabajos tan interesantes y distintas como Comtesse, L’air de rien, Idéal Standard, Les mélomaniaks o Eva ya es raro que nadie se lance a ser su editor por aquí.

 

 

Étunwan (de Thierry Murat)

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Reseñoviembre – Día 12 – Palabra: SUPRIMIR

 

Obra: Etunwan

Autor: Thierry Murat

Editorial: Ponent Mon

 

De alguna retorcida forma es poético como triste que Etunwan haya pasado desapercibida en su publicación. Y lo seguirá siendo tras publicarse estas palabras. Porque es una obra que conecta muy bien de cosas que están sucediendo ahora, sin que su autor lo pretenda -o quizás sí, no hace referencias explícitas- hablando de sucesos pasados.

Etunwan es de aquellos westerns que en realidad no es un western porque no funciona con los giros o arquetipos habituales del género. Ni siquiera se podría decir que es una obra de género. Su trasfondo es un tiempo y un lugar que coincide con las obras de ese estilo, pero ya está. Estamos ante una ficción histórica ambientada en los últimos días de lo que llamaríamos “el Salvaje Oeste” (1867). Aquellos tiempos están por terminarse con la llegada de la industrialización -que empezaría a ser lo único “salvaje” a lo que se le podría aplicar la palabra- y la historia la cuenta Joseph Wallace, un fotógrafo en los tiempos en los que esta tecnología empezaba a asomar la cabeza para representar el mundo. El protagonista tiene el encargo de acompañar a una expedición para explorar nuevos yacimientos y territorios colonizables y hacer fotos de estos durante el viaje. Pero por el camino hace otras fotografías, a los nativos a los que se va encontrando. Joseph nos cuenta en primera persona su fascinación por el mundo y la cultura de los nativos. Cree que a través de su trabajo fotográfico y de una gran exposición con la que fantasea narcisísticamente podrá dar a conocer al “mundo civilizado” la belleza de la cultura de los nativos americanos y la importancia de protegerla.

Salvo al lector el spoiler del recorrido de como el protagonista toma contacto con esta cultura, pero no del hecho que se da hacia el final del libro, del que consecuentemente somos conocedores todos por conocer ya la historia pese a no haber aprendido nada de ella. El último capítulo nos muestra al fotógrafo ya viejo, odiándose a si mismo por su maldita vanidad y lo egoísta e infructuoso de su objetivo. No se logró nada. La forma de vida de los nativos americanos fue suprimida del continente y las fotos que hizo… no fueron más que fotos. Nada se arregló con ellas.

Es probablemente uno de los cómics más duros que yo haya leído. Thierry Murat refuerza el tono “más allá de lo crepuscular” con el tonos oscuros y terrosos que dominan toda la obra. El dibujo está elaborado con trazos pincelados, prescindiendo del exceso de detalle e imitando de alguna forma los planos fotográficos más habituales: retrato, paisaje, representación de momentos costumbristas. Pero la representación es a pincel. Lo que nos da a los lectores una sensación de que los que estamos viendo ha perdido realismo, ya no existe “solo quedan pinceladas”. El abismo es mayor cuando saltamos al capítulo final, en el que domina un negro nocturno que sirve para darnos a entender de que ha terminado todo. El oscuro negro de las chimeneas industriales lo ha ahogado todo.
La ejecución de Murat es escalofriante por lo acertada, como lo es la historia. No son muchas las historias en las que se da una correlación tan precisa entre forma y fondo. Y esta una historia que podría servir de aviso o de testimonio de que lo que está sucediendo ahora, el cúmulo de buenas intenciones que sale a flote de vez en cuando en el primer mundo no es más que ansia de protagonismo y ego. No aprendemos. Y cuando alguien nos lo puede estar haciendo ver, no escuchamos. No nos interesa oir que nos equivocamos, fueron otros. No nos interesa oir que estamos equivocados.Al final y al cabo, no estamos haciendo nada malo.Nos gusta mirar y mirarnos. Y salir bien en la foto.

Degenerado (de Chloé Cruchaudet)

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Reseñoviembre – Día 11 – Palabra: MAQUILLAJE

 

Obra: Degenerado

Autora: Chloé Cruchaudet

Editorial: Dibbuks

 

Degenerado es una novela gráfica que se basa en la historia real de Paul Grappe, un joven francés que es destinado a las trincheras de la primera guerra mundial, que desertó de las mismas con un plan que se convirtió en una forma de vida, pero que acabó de forma trágica. La primera página de la novela gráfica de Chloé Cruchaudet inteligentemente nos muestra a un señor francés cualquiera que cambiándose de ropa en seis viñetas. A media página se coloca una toga y entendemos que este señor es un juez rapidamente. La autora está sirviendo una cuestión desde el principio ¿El hábito hace al monje?

 

El Paris de principios de siglo pasado nos lo dibuja con grises y alguna nota de color, el rojo, que se quedará durante toda la obra para darle energía, vida y sangre, al relato. Porque la historia del protagonista tal y como nos la presenta la Cruchaudet va un poco de eso, de vivir, de permanecer con vida. El joven Grappe, tras ver los horrores en primera línea y retirado unos meses por algunas heridas sufridas hurdió un plan, desaparecer del mapa disfrazándose de mujer, para lo cual le ayudaría su esposa, Louise. Juntos cuidan todos los detalles: vestimenta, eliminación del vello facial, maquillaje… En el cambio de género, Grappe descubre una extraña libertad. Se siente cómodo en su nueva apariencia ante el mundo, en el rol socialmente establecido para una mujer en el Paris de “los años locos”. En la relación de pareja al principio parece un juego, pero pronto van saliendo cuestiones, que no revelaremos para que el lector pueda descubrir la historia con la lectura del cómic.

 

Resulta curioso como los grises de la obra, que transmiten languidez y una atmósfera sombría y turbia no afectan al ritmo de la historia, que no se hace plomiza sino que se cuenta de forma ágil y dinámica. Probablemente a ello contribuya favorablemente la ausencia de marcos en las viñetas que hace algo más corta la pausa entre momentos. En el dibujo es elegante y un poquito expresionista cuando la tensión emocional del relato hace cuerpo presente.

 

Degenerado se lee del tirón, es una obra que transmite muchas cosas. Trata temas como los prejuicios, la doble moral o la discriminación por género, si bien no hay un mensaje de denuncia explícito. Simplemente los enseña para que el lector tenga conocimiento y conozca todas las circunstancias que afectaron -o pudieron afectar a esta historia- y quizás sirva de reflexión para aventurar si hemos avanzado o no.

Los ignorantes (de Étienne Davodeau)

 

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 5 – Palabra: BOTELLA

 

Obra: Los ignorantes

Autor: Éttiene Davodeau

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Personalmente me chocó bastante que un libro que es una acercamiento a dos mundos como el de la viticultura y el de los comics se haga llamar Los ignorantes, por dos motivos. El primero de ellos es que estamos hablando de una novela gráfica de origen francés, un país que es reconocido por sus vinos y del que también sabemos que hay una importante cultura del cómic y un reconocimiento amplio del público hacia los autores. Los cómics son un patrimonio nacional tanto como el vino. El segundo motivo es que actualmente vivimos rodeados de “gente que sabe de todo” y que van luciendo ser expertos de lo que sea allá adonde vayan.

 

El acercamiento de Étienne Davodeau, pues, es amable, porque es lo que busca ponerse en la piel del iniciado para despertar la curiosidad. Es por ello que la idea de cruzar dos aprendizajes, dos iniciaciones en dos “mundillos”, crear un pacto de caballeros expertos de dos temas que a priori no tienen nada que ver es interesante. Davodeau es dibujante de cómics e invita a su amigo Richard Leroy a explicarle como es su mundillo y viceversa. Los dos son expertos y los dos son ignorantes. Los dos están al mismo nivel. Como cualquiera de nosotros, que podemos dominar algún tema y no tener ni idea de otros. Y eso está bien.

 

Étienne Davodeau ya tuvo un acercamiento al cómic documental con Rural. Mantiene de alguna forma ese interés por el acercamiento a la realidad, por el contar la vida a día de hoy de los franceses a través de este libro. El autor galo cuenta sus experiencias de forma pausada y amable, pero no esconde nada. Si alguno de los dos participantes de este viaje de descubrimiento tienen prejuicios respecto al campo a descubrir, lo dejan caer sin problemas y eso pasa a las páginas. “Moebius es malo” dice Richard en un momento del tebeo. Étienne se lo discute, pero tiene que llegar a la conclusión de que es una opinión más y que hay que encajarla.

 

Muy interesante por la parte que nos toca a los amantes de los tebeos también es la aparición de algunas personalidades del comic francobelga. El mismo Lewis Trondheim dibuja una página para explicar el porqué de su gusto por la antropomorfización, que aparece en el libro. Richard, durante el transcurso de la iniciación se lee “El fotógrafo” y Étienne se lo lleva a conocer a Emmanuel Guibernau. Y hablan de tebeos, comentan experiencias, hablan de Alan y luego se van a comer. Así, la narración es simple, reflejo de la cotidianeidad y el dibujo acompaña con su trazo sencillo y un blanco y negro que casi prescinde del negro a favor de los grises, que hace la experiencia más luminosa. Las estructuras de página también son simples, sin estridencias, limitadas a lo imprescindible para no distraer al lector de los apuntes que se están dando en las conversaciones; Davodeau favorece un puntito de elegancia “natural”. Inevitable, pues, recomendarlo a los amantes de los tebeos. También a los de los vinos. Y seguramente también a los ignorantes en general. Incluidos, especialmente, a los que no saben que lo son.