Custer (de Carlos Trillo y Jordi Bernet)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 29 – Palabra: ESPECTADOR

 

 

Obra: Custer

Autores: Carlos Trillo y Jordi Bernet

Editorial: Ediciones Glénat

 

En 2020 harán nueve años desde el fallecimiento de Carlos Trillo, célebre guionista de cómics argentino, que nos dejó demasiado pronto. Cuando el autor nos dejó yo apenas había empezado a escribir más o menos profesionalmente sobre cómics; esto es, en medios varios, más allá de foros y cuentas personales. Mis inicios fueron en la revista Jot Down -primero como página web- y recuerdo perfectamente lo que fue la llegada de la noticia y pensar que el gran Trillo se merecía un obituario en la revista. Sin embargo, la intención era que este artículo fuera un texto digno a la altura de su obra. Yo quizás le habría leído tres o cuatro obras y me propuse cumplir con la tarea de leer toda la obra suya que me fuera posible antes de ponerme con el texto. De la indagación y recopilación de obras resultó en el reconocimiento humilde de este que escribe estas líneas de que no estaba preparado para concretar y sintetizar la obra del autor argentino. Tras dos meses de lecturas de obras que desconocía entendí que necesitaba más vagaje y sobre todo tiempo para digerir, entender y, más importante, disfrutar el legado que el autor nos dejaba.

 

Porque Carlos Trillo tocó muchísimos palos. Del viaje por sus cómics me dejó la impresión de haber sido una suerte de Kubrick de la viñeta que se aventuró sin miedo en todos los géneros posibles, con ideas propias y arriesgadas. Haciendo suyo el mainstream, por un lado, o haciendo cómics más experimentales (siempre en su época). Llegando al gran público con sus tiras de prensa más populares o al público de gustos más literarios o cinematográficos menos populares; Trillo era un gran amante del cine. Superheroes, drama, humor, noir, ciencia-ficción, aventuras, costumbrismo… todo. Trillo se nos fue pronto, pero parece que hubiera metido mano a todo tipo de historia y trabajó con algunos de los más grandes de su tiempo como los Breccia (padre e hijo), Horacio Altuna o Jordi Bernet. Con este último firmó numerosas páginas. Las más populares, las de Clara de noche, historietas de humor sobre una prostituta, que se publicaron en El Jueves de forma ininterrumpida durante muchísimos años. Pero antes de Clara, Trillo y Bernet rompieron moldes con una historieta que se adelantó quince años a un fenómeno televisivo que ha acabado dominando a masas… para mal. Y no será porque los autores no nos hubieran avisado.

 

La de Custer es la historia de un futuro de la humanidad en el que una mujer vende su vida privada. Las cámaras la siguen las 24 horas de su vida y ofrecen su vida al espectador. El trato es casi literalmente un pacto con el diablo. Custer ve su vida económicamente resuelta pero al ser un personaje célebre con su vida retransmitida a tiempo real, todas sus relaciones con otras personas son una falacia o tienen algún interés por aprovechar los minutos ante la audiencia. Trillo conjuraba así una nueva distopía como las muchas que se habían conjurado en la ciencia-ficción para adultos de aquellos años. Una en la que, de nuevo, la vida humana no valía nada y las promesas del futuro se habían convertido en estafas y mentiras a favor de los poderes dominantes y el capital.

 

La idea de Trillo fue profética, adelantándose quince años a los reality shows, la telebasura y programas como Gran Hermano o películas como El Show de Truman. Para Bernet diseñó un escenario perfecto de ciencia-ficción callejera pero también con elementos del noir y las historias de detectives, vistiendo a la protagonista con gabardina y fedora, escenografía que el dibujante catalán dominaba a las mil maravillas y que estéticamente podía recordar al Alphaville de Godard.

 

Custer, a día de hoy, es una historia que todavía tiene muchísima relevancia. El episodio final es tan potente o más que el final de Brazil de Terry Gilliam, otra gran distopía. Y pasada ya casi las dos décadas desde su última edición a cargo de la desaparecida Glénat, una reedición podría ser una idea interesante.

 

Carvalho. La soledad del manager (de Hernán Migoya y Bartolomé Seguí)

Carvalho La soledad del manager

 

 

 

#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 26 – Palabra: ARPA

 

 

Obra: Carvalho: La soledad del manager

Autores: Hernán Migoya y Bartolomé Seguí (basándose en la obra de Manuel Vázquez-Montalbán)

Editorial: Norma Editorial

 

Mientras leía el segundo volumen de la serie de adaptaciones de las novelas de Pepe Carvalho, escritas por Manuel Vázquez-Montalbán, me vino una suerte de paralelismo con otra obra con algunas coordenadas no exactamente iguales, pero sí similares. El caso es el de los cómics de Corto Maltés de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Es distinto porque en el de Carvalho hablamos de una adaptación de una obra ya existente en otro medio, el literario mientras que en el caso de los nuevos cómics de Corto Maltés estamos hablando de obra nueva, si bien de un personaje precedente. De lo que quiero hablar precisamente es de la similitud en la carga de un legado que se transmite a otros autores. ¿Qué se debe hacer con eso? ¿Como soportamos el peso del original? ¿Cuanto puede poner uno de su parte sin que se pierda la esencia del original? ¿Qué es la esencia del original? ¿Tienen valor esas historias o esos personajes de años atrás en el contexto actual? Y tanto en Carvalho de Hernán Migoya y Bartolomé Seguí como en el Corto Maltés de Canales y Pellejero la respuesta es que ambas duplas han respondido al desafío con sendos trabajos en los que se transmite el carácter y los ecos de lo precedente y al mismo tiempo los rasgos autorales propios y la vigencia en el día de hoy se mantienen.  Esa no es una tarea precisamente sencilla. Y los segundos álbumes de la serie, Equatoria en el caso de Corto y La soledad del manager en el caso de Carvalho, asientan este hecho, como si los primeros hubieran sido los intentos bastante resolutivos de echarle las riendas a sendos caballos salvajes y los segundos ya una cabalgada en ruta muy firme.

 

Centrándonos en el caso de Carvalho, diría que la doma ya iba muy bien encarrilada desde el primer volumen y parte del hecho de la selección de un tándem ideal para la translación de estas novelas detectivescas ambientadas en la España de la Transición al medio de las viñetas. Debo exponer de antemano, por honestidad, que no he leído las novelas de Carvalho, por lo que ciertas afirmaciones que escribiré a continuación, en buena medida, son conjeturas. Pero sí que conozco el carácter de los autores que firman la serie y por lo tanto extrapolo que sus fortalezas se han sumado a las de la obra original, permitiendo resaltar tanto la esencia de esta como la de sus adaptadores. Quizás esa es la clave que hace que las adaptaciones o las continuaciones de ciertos legados funcionen: que el autor encuentra que hay de esas obras o del carácter de esos personajes en si mismos.

 

En el caso del guionista, Hernán Migoya, hay un par de rasgos claros: la ausencia de miedo y el carácter. Migoya toma una obra con un personaje con maneras de otros tiempos y no tiene miedo a reflejarlo en sus escritos tal cual es. Si su trabajo es el de seleccionar lo esencial del personaje -además de la trama en la que se enzarza en cada libro- para que se refleje en las páginas, todo lo que ha entrado contribuye a la perfección al mosaico. Cada pieza de monólogo interior, cada ademán físico, cada plato degustado, cada relación sexual, cada puñetazo dado es seleccionado con mimo. En la primera parte del libro, por ejemplo, Carvalho se entrevista con diferentes personajes intentando obtener información del caso. Son escenas prácticamente procedimentales. Pero en todas ellas Carvalho lanza un apunte mental para definir a su interlocutor y con eso podemos advertir su percepción viva y su carácter juicioso -si bien por dentro-. También Carvalho se mide con los investigados. Cada charla no solo es un retrato del interlocutor, sino del propio Carvalho, y eso lleva la acción más allá del mero procedimiento para resolver el caso. Desconozco, como decía, si todo eso está tal cual en el libro (deduzco que sí) pero al decidir trasladarlo al cómic, Migoya mantiene esa autodefinición constante del personaje e imprime su carácter por todo el álbum. Que es como creo que funciona correctamente una novela de detectives.

 

Y si en el Carvalho del cómic vemos las fortalezas del guionista, en el retrato de una época , de un lugar y de una sociedad vemos las fortalezas del dibujante. Seguí llena las páginas con un momento histórico que parece más pertinente que nunca conocer, en una ciudad donde la agitación social es más que patente. Ilustra unos despachos donde los trapicheos corruptos mandan y el fascio sigue bastante vivo y con funciones nuevas. El recorrido que hacía Vazquez-Montalbán por la sociedad española de aquellos años tiene ahora las caras y los colores que Seguí les ha dado. Y recorre todos los estratos. Desde el más rico al más pobre. Desde el autoritario hasta el rebelde. Aquí Migoya habrá disfrutado mostrándolos a todos con sus contradicciones y sus hipocresias, como seguramente también habría hecho Vazquez-Montalbán.

 

No tengo miedo a precipitarme y creo que puede decirse ya, aunque, como decía, ya teníamos buenas pistas en el primer álbum. La adaptación de las novelas de Carvalho son más que una mera adaptación. Es un trabajo concienzudo y preciso, con tanta fuerza como inteligencia que permite acercar un gran clásico de nuestra literatura a más lectores.

El beso número 8 (de Colleen AF Venable y Ellen T. Crenshaw)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 25 – Palabra: BOCA

 

 

Obra: El beso número 8

Autoras: Colleen AF Venable y Ellen T. Crenshaw

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Que la novela gráfica -en los temas mencionados en otras entradas de este Reseñoviembre (cómic biografíco, social y/o histórico) y en los términos de libertad autoral para forma y formato- ha llegado al cómic juvenil no es algo que ya debiéramos argumentar ni explicar de ninguna forma. Queda quizás, entonces, ir identificando los temas e intereses de una generación de autores -y especialmente autoras- que están introduciendo las inquietudes de su generación a través de sus trabajos, ya sean ficciones o relatos autobiográficos. El coming of age es uno de los relatos a los que más se acudido y ahí tenemos obras como Aquel verano de Jillian y Mariko Tamaki, Piruetas de Tillie Walden, Laura Dean me ha vuelto a dejar de Mariko Tamaki y Rosemary Valero O’Connell o ¡Sonríe! de Raina Telgemeier. Podríamos irnos más atrás e incluir obras como el Blankets de Craig Thompson o el Hoy es el último día del resto de tu vida de Ulli Lust. Los temas dentro del coming of age pueden ser muy variados, así como la franja de edad que se atreviesa a lo largo de la historia. En muchos casos se habla de historias en los que se cuenta un proceso de madurez. Yo preferiría referirme a ellas como historias en las que se narra un proceso. Porque ¿Qué garantiza que alcancemos la madurez? ¿Se alcanza la madurez en todos los aspectos? ¿Quien juzga esa madurez? O yendo al grano ¿Qué es la madurez? Por eso yo prefiero hablar simplemente de procesos. Procesos de aprendizaje y cambio a partir de las experiencias que uno sufre durante la niñez y adolescencia. De los que sacamos lecciones para bien o para mal, que nos cambian y que transportamos emocionalmente.

 

En El beso número 8, la protagonista, Amanda (o Mads para los amigos) tiene una vida emocional un poco complicada tanto por la parte de sus amistades como por la parte familiar. La obra empieza con revelaciones adelantadas de la trama que se irá desarrollando a lo largo del libro. Mads hace una cronología de sus ocho primeros besos y el beso número ocho es significativo porque apunta a la revelación de su homosexualidad. Colleen AF Venable y Ellen T Crenshaw nos enseñan este hecho pero en la obra nos irán mostrando poco a poco la forma en que se llega al hecho y que, de hecho no es menos importante. Porque El beso número ocho es una novela gráfica de fondo, un fondo muy intenso y amplio que busca dibujar una vida y sus decisiones teniendo en cuenta muchos condicionantes en la tormenta emocional que puede ser la vida de una adolescente. Una vida en la que además pesa un secreto familiar que Mads intuye y que se va desvelando poco a poco a lo largo de la novela. Un secreto que también puede ayudarle a tratar esa madeja interior de emociones, deseos e inquietudes. El desarrollo de los personajes que hace Venable es capital: nos muestra a los personajes en diversos aspectos de sus vidas y en la interacción con otros personajes. Prácticamente no hay personajes que se relacionen solo con la protagonista. Sin ser una obra coral y mantener Mads el protagonismo, hay vida más allá de ella. Y en esto se detecta una sensibilidad y un sentido del equilibrio especial. El mundo no gira alrededor de un solo personaje, ni está construido para él o ella. Por supuesto esto también aporta un realismo y una credibilidad que se mantiene a lo largo de todo el relato.

 

Formalmente, en el estilo de dibujo se hace gala de la ya mencionada -y advierto que esto es un palabrejo/concepto que me he inventado y que cabría desarrollar/investigar más- “línea clara americana”. Un dibujo limpio, de líneas pulidas, que ordena bien los elementos en página y en este caso con una cierta derivación hacia la caricatura plástica. Veo en un precedente en Craig Thompson, pero en este caso sin las florituras y los ornamentos de este autor. Y con variaciones -y seguramente influencias del manga o el cartoon- lo hemos visto en la obra de las Tamaki, en Valero O’Connell, en Walden o en Telgemeier (muchos cómics infantiles y juveniles hacen gala de este estilo). En el caso de Crenshaw veo una posible influencia de Thompson, pero quizás también me trae ecos de referencias más clásicas del cómic americano, que no sabría precisar. Por la composición de sus páginas y por los ritmos y tiempos de la acción. Es una narrativa ágil que permite al lector moverse con interés a través de los diálogos captando todas las expresiones de los personajes que están transmitiendo emociones constantemente. Y permite saltar de escena a escena con fluidez. Los temas, los secretos e incertidumbres, están siempre en el aire y devoramos ávidamente las páginas del cómic en busca de respuestas, también con interés por el estado de los personajes. Para terminar, dejo un apunte de lo que me dejo por comentar. No menciono apenas el tema LGTB en esta reseña precisamente porque me gustaría naturalizarlo. Las autoras hacen un retrato de un descubrimiento de la sexualidad y de la identidad sexual. Está muy bien que se venga tratando en las obras de esta temática, que todos los críticos las reseñemos y está bien que no lo referenciemos de forma especial en nuestras reseñas como una suerte de reclamo o de advertencia para los lectores que compartan o no esa sexualidad o identidad sexual. Todos hemos vivido el descubrimiento de una sexualidad de una forma o de otra y leer casos diferentes a los propios puede ser tan interesante o emocionante como leer obras referentes a los similares.

La guerra de Catherine (de Julia Billet y Claire Fauvel)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 21 – Palabra: FOTOGRAFÍA

 

 

Obra: La guerra de Catherine

Autoras: Julia Billet y Claire Fauvel

Editorial: Astronave

 

Hace unos días, cuando reseñaba ¡Sonríe! de Raina Telgemeier comentaba como en cómic las obras que no son de género pueden funcionar tan bien como las de género para un público juvenil. Los cómics de aventuras, superhéroes o humor entre otros son los que han marcado desde los inicios del medio la tendencia temática para las publicaciones dirigidas a un público infantil o juvenil. Pero decíamos que las temáticas biográficas o autobiográficas, así como las de trasfondo histórico y/o social pueden funcionar para los más jóvenes igual que funcionan con un público adulto. Si ¡Sonríe! era un caso ejemplar de biografías y autobiografías La guerra de Catherine, obra ganadora del premio jeunesse en Angouleme, lo es para el cómic histórico y/o social.

 

 

Rachel es una niña judía que vive en la Francia ocupada por el ejército nazi. La historia arranca con la protagonista separada de su familia y alojada en la Maison de Sevres, un centro educativo en el que acogen a niños como ella. Allí descubre enseguida una pasión por la fotografía, algo que le permite conectar con la gente que le rodea, con los momentos a su alrededor. La opresión del nazismo y la persecución judía obligan a Rachel a tener una vida en fuga. Debe cambiarse el nombre, crearse una identidad nueva y cambiar de hogar con frecuencia para impedir que la cacen. Su vida ya no será la misma.

 

La introducción de la fotografía es una referencia excelente porque La guerra de Catherine es un retrato de como era la vida para las personas judías en aquellos tiempos, obligadas a ocultar sus identidades, sus creencias y obligadas a separarse de sus familias para sobrevivir. La historia escrita Julia Billet es ficticia pero está basada en algunos detalles biográficos de su madre. El centro de la Maison de Sevres, por ejemplo, existió -una institución progresista en materia educativa en Francia- y algunos de los profesores que aparecen en la obra, son profesores reales. De todo ello dan buena cuenta los anexos de la obra.

 

La historia está contada para que vayamos de la mano de Rachel, desde el principio al final de la obra, prácticamente somos su sombra. Si ella es testimonio de aquellos momentos, nosotros lo somos de su vida y de su voz interior. Claire Fauvel, la ilustradora, cuenta la historia con formas amables y tonos suaves, en ocasiones crepusculares. Un estilo bastante más alejado de los estilos realistas o clasicistas que suelen ser los dominantes en los cómics de esta temática en el mercado franco-belga. En ese sentido, está bien que se rompan ciertos cánones no escritos para otros estilos de dibujo. El estilo no rompen con la potencia emocional de la historia y con el relato de los sucesos. Billet no introduce escenas dramáticas en extremo, ni sucesos violentos, pero, sin hacerlo, la obra transmite igualmente bien el temor a ser descubierto, la presencia del peligro constante. El lector entiende perfectamente lo que está sucediendo.

 

Los galardones recibidos están más que bien recibidos y podemos sumar esta obra a otras de temática similar como los álbumes de Spirou de Émile Bravo o los álbumes de Los niños de la resistencia de Beonit Ers y Vincent Dugomier. Son buenos ejemplos de como el cómic juvenil puede tocar temas históricos y hacerlos interesantes para que el público juvenil aprenda Historia. Que la memoria de lo sucedido no se pierda y, ojalá, aprender para un futuro.

 

Safari Honeymoon (de Jesse Jacobs)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 19 – Palabra: PLANTA

 

 

Obra: Safari Honeymoon

Autor: Jesse Jacobs

Editorial: DeHavilland Ediciones

 

A Jesse Jacobs lo conocí por aquel ya célebre post en el blog de Santiago García, mandorla, hace ya -joder- ocho años. García advirtió una veta temática y estilística entre los autores de cómic de la escena más alternativa, la autoedición y la fanzinería que denominó “los primitivos cósmicos”. Los cómics de esa veta abundaban en temas de ciencia-ficción primordial donde se habla del origen o el fin del mundo, de la vastedad e inescrutabilidad del cosmos, de viajeros, exploradores y místicos que se topan con lo extraño, lo divino, lo sobrenatural. Todo aquello estaba firmado gráficamente por unos estilos que viraban salvajemente a lo conceptual y lo abstracto, lo simbólico y lo crudo. Por allí aparecía el bueno de Jacobs con su Even the giants  -obra que todavía no he leído- y más adelante apareció también con su Por sus obras le conoceréis, obra que finalmente se llegó a publicar en España y que también podría entrar de de la categoría de los “primitivos cósmicos”. Entre una cosa y otra, la primera obra que pude leer de Jacobs -conseguida aquí de importación, pero luego ya publicada por DeHavilland Ediciones– fue su Safari Honeymoon. Y la experiencia de, por fin, poder leer a Jacobs fue más que satisfactoria, superando todas las expectativas creadas.

 

Safari Honeymoon es un cómic de ciencia-ficción que cuenta el viaje de una pareja que se va a hacer turismo de safari a otro planeta. A la pareja le acompaña un guía que les tiene preparado todo el guión de la experiencia. A esta hora vamos a cazar una especie de pulpo terrestre, a esta otra de paseo por un risco laberíntico,… La fauna y flora del planeta en el que pasan estas curiosas vacaciones va más allá de lo exótico. A cierto punto es difícil distinguir una planta de un animal. Jacobs se entretiene diseñando un ecosistema de seres vivos con anatomías de extraña geometría hasta el punto que la obra tiene un buen número de páginas de recorrido visual por el paisaje de catálogo de criaturas varias. Esto le permite a Jacobs darle predominio y densidad a la idea de como están los personajes en un espacio donde la naturaleza domina. O que más bien, el espacio es la naturaleza. Por supuesto, para los protagonistas el paradigma de sus estilos de vida es otro. Imponen sus propias reglas sobre el entorno natural, matando por deporte, llevándose de mascotas a algún animal indefenso o acomodándose con tiendas y opíparos desayunos en medio de la campiña. El ser humano parece ser el único que no se adapta el medio, sino que busca adaptar el medio a él. Y en ese aspecto el conflicto principal que plantea Jacobs en la historia es en como se resolverá esa tensión entre ser humano y medio según avance la historia y se convierta en una de superviviencia. El resultado es poco menos que sorprendente.

 

En Safari Honeymoon, es protagonista la habilidad del dibujo de Jacobs y su tremenda imaginación para el diseño de entornos y criaturas. Al autor no le lastra que su estilo no sea naturalista, ni realista, sino todo lo contrario. Desde los diseños minimalistas pero enrevesados ejecuta una taxonomía de fantasía que no tiene nada que envidiar a otros autores que también han parado por esos campos, también en obras de ciencia-ficción, como Moebius o Leo. Como en otras obras, reduce la paleta a muy pocos colores. En este caso a un mismo verde que aclara u oscurece según el momento y la intención. Todo esto -la historia, los diseños, el ritmo de lo que se nos cuenta- acaba teniendo una cierta función hipnótica en el lector, que leerá el cómic con los ojos como platos y seguramente absorbido por el entorno presentado.

¡Sonríe! (de Raina Telgemeier)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 16- Palabra: ENGRANAJES

 

 

Obra: ¡Sonríe!

Autora: Raina Telgemeier

Editorial: Maeva Young

 

Cuando hablamos de cómic infantil y juvenil con mucha frecuencia asociamos ese tipo de cómic limitando los tipos de historias que se pueden contar, a consecuencia de los prejuicios asociados al público objetivo . Para sorpresa de nadie esto está muy condicionado con las tendencias del mercado, las convenciones sociales y la historia de la propia industria. Así, normalmente, la gran mayoría de los títulos desembocan en la historia de género (fantasía, humor, acción, terror…) que parecen ya estar asociadas con el público joven. Con la aparición del fenómeno de la novela gráfica (que comprende cualquier tipo de historia posible, ficción o no-ficción) varios tipos de obras destacaron por romper la tendencia del cómic hasta la fecha; estas eran las novelas gráficas de corte biográfico o autobiográfico y las novelas gráficas de trasfondo social y/o histórico (Maus, la obra seminal de la novela gráfica toca todos esos campos). Todos estos temas eran considerados por una parte amplia de la crítica -y también del público- como temas adultos o “maduros”. Y así, por el camino de la reivindicación de la reivindicación de los temas adultos para el medio -en un momento en que eran necesarios para el reconocimiento amplio del medio- quizás se nos olvidó que los niños y los jóvenes también leen cómics. Y también por el camino quizás se produjo la confusión (o prejuicio) de que a hasta cierta edad la gente solo lee géneros y cuando ya alcanza cierta edad o “madurez”, se leen novelas gráficas biográficas, históricas y/o sociales. Evidentemente, nada más lejos de la realidad; o de la potencialidad de la realidad si no buscamos ponerle vallas al campo. Pero si bien parece más fácil defender que los géneros son para todo tipo de edades, la no-ficción parece más una rara avis quizás aun por ese prejuicio que tenemos los adultos -autores, editores y críticos- de que ciertos temas mejor no tocarlos hasta ciertas edades. Cuando en realidad, los niños también aprenden historia en clase. Y son personas con vidas en su día a día que merecen ser contadas en cómic también. Pero no muchos autores han metido sus zarpas en esos temas enfocados a un público infantil y juvenil. O los que lo han hecho no reciben el reconocimiento por esta tarea.

 

Dibujo un poco este panorama de lo que yo percibo como el imaginario común de creencias sobre tipos de lectura por edades porque me parece lo que explica un poco el boom de las obras de Raina Telgemeier, autora que basa sus obras en su experiencia personal, en el mundo que le rodea, en su biografía personal. Porque con ese empeño ha conseguido atraer a un gran público a leer sus obras. Y porque estoy convencido de que Telgemeier no es una autora que busque ponerse en la piel de su lector, sino que hace las historias para si misma primero y luego ya le pondrá el convencimiento de que eso le puede llegar a alguien más, lo que aporta mucha naturalidad y honestidad a sus trabajos, algo que con seguridad el público reconoce y agradece.

 

¡Sonríe!, del 2010, fue su opera prima y resultó en un bombazo entre el público juvenil. En ella Telgemeier contaba su propia biografía, desde los años finales del colegio a los primeros del instituto. El motivo de elegir esos años para contarlos fue el suceso de un accidente que dejó a Raina con los dos dientes frontales fuera de su sitio y que supusieron cuatro años de llevar aparatos dentales y cirugías varias. Fácilmente podríamos considerar esta obra una -o “la”- novela gráfica sobre odontología por excelencia debido a la gran cantidad de detalles que la autora facilita al lector de todos los procesos por los que tuvo que pasar durante esos cuatro años. Hay mucha precisión y claridad en sus explicaciones para que entendamos el delicado conjunto de engranajes que son los dientes. Mucha didáctica. Pero no todo en la novela son estos trasuntos médicos porque entremedio de todo eso esta… la vida. ¡Sonríe! es también una suerte de coming of age de la propia autora donde su día a día se cuenta teniendo en cuenta como le afectó personalmente y a su entorno la cuestión de tener que llevar aparatos y no tener una apariencia “normal”. Durante esos años, Telgemeier experimentó burlas y apoyos, cambios de amistades y también un cambio de perspectiva personal, una cierta madurez.

 

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En ¡Sonríe! la experiencia personal de la autora salta enseguida al plano universal por partida triple. No solo conecta con cualquier persona que haya tenido un paso de la niñez a la adolescencia con más o menos problemas. También conecta con todos aquellos que tuvimos alguna experiencia similar -servidor se dio una hostia en un columpio muy similar a la de la autora, por suerte no tan aparatosa y tan larga de reparar- y tuvimos que pasar por el sillón del dentista con miedo y nervios. Pero además conecta con cualquier persona que esté preocupada por su imagen, el qué dirán y les alivia las inquietudes haciéndoles saber que, al menos, no están solos.

 

Visualmente, Telgemeier hace gala de un estilo de dibujo al que yo llamo “línea clara americana” una variante moderna de la línea clara europea (aunque no tengo muy claro si las influencias vienen por Europa exactamente) que puede tener influencias del manga o del cartoon. Su estilo es pulido y claro: le importa representar correctamente todo lo que se quiere contar, pero también tiene la plasticidad y expresividad justa para el humor visual puntual.

 

Muchos otros trabajos han seguido a esta primera obra. ¡Hermanas! sigue con su autobiografía personal para contar la relación con su hermana. Drama es ya una ficción entre romántica y costumbrista infundida por su afición por el teatro. El Club de las Canguro es una serie de cómics que adaptan los libros de la autora Ann Martin, Kristie’s big idea. Y muy recientemente ha salido publicada Fantasmas. En todas ellas, tanto las de biografía explícita como en las ficciones, Telgemeier aporta su propia experiencia para contar las historias. Y confirman, sin duda, que el relato personal del yo joven, es fácilmente, es el relato de todos. Era una voz que necesitaba oirse, que quería oirse. Y que está muy bien que eso haya sucedido en el cómic también.

La Tempestad (de Santiago García y Javier Peinado)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 14- Palabra: RELÁMPAGO

 

 

Obra: La tempestad

Autores: Santiago García y Javier Peinado

Editorial: Astiberri

 

De adaptaciones de obras de otros medios al cómic hemos visto ya cuarto y mitad. Lo que se nos hace un poco más extraño es encontrarnos obras como La Tempestad (que tiene ya unos añitos) y que es algo más que una adaptación de la obra de teatro de mismo nombre, de William Shakespeare.

 

El cómic es uno de los primeros trabajos del guionista Santiago García, acompañado por el dibujante Javier Peinado con el que trabajaría también en otra obra también cercana, sino a la experimentación, a los juegos con la narrativa. ¿Cual es la peculiaridad de La Tempestad que escribieron y dibujaron estos autores? Por un lado, nos cambian el trasfondo que pasa a ser uno de ciencia-ficción. Los personajes, que viajan en una nave espacial, naufragan en el que vive Kesavan, un genio científico, que podemos relacionar rápidamente con el mago Próspero. Pero por otro, nos tuercen la historia. Parte del relato se centra en la supervivencia de los recién llegados al planeta hasta que los personajes se van encontrando y reencontrando y hasta que llegan hasta Kesavan. Cobra mucha relevancia el homólogo de Calibán -Ayu, en este caso- una criatura nativa del planeta, única en su especie. En el libreto original, Calibán era un esclavo indígena deforme dominado por Próspero y que en lecturas críticas de la obra muchos apuntan como un rasgo eurocentrista y colonizador. En la versión en cómic de García y Peinado el papel de Calibán cambia en determinado momento y sirve de bisagra para que la historia y su desenlace tome rumbo hacia las antípodas de la obra en general. Si la de Shakespeare desemboca en la reconciliación como resolución, este cómic… bueno, no.

 

Si la de Shakespeare tenía la habilidad de concretar la puesta en contexto del espectador durante el desarrollo de la acción, la de García y Peinado no es menos. Vamos conociendo a los personajes sobre la marcha, durante el aparatoso naufragio de la nave, durante sus intentos de supervivencia y durante el encuentro con los ya residentes en el planeta. La narrativa es fluida y las páginas vuelan. Peinado tira de una línea clara fina, unos escenarios mínimos pero efectivos y una paleta también ajustada pero precisa. También veremos algunas escenas de recorrido de los personajes por espacios que ahora quizás nos parecen de uso común, pero que en 2008 no lo eran tanto. En definitiva, una obra interesante y sorprendente que sobrecoge por los giros planteados, especialmente si uno va con expectativas, por conocer la obra original.