Saló del Cómic de Barcelona 2018: Masterclass de Matt Fraction

 

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Foto: Ficomic

 

Quizás uno de los eventos más esperados por el público en el salón (al menos es la impresión que me queda de la de gente que me está pidiendo los audios tras saber que estaba transcribiendo charlas), la masterclass de Matt Fraction fue interesante a la par que entretenida. Fraction alimenta en el seguidor una cierta imagen de “científico loco de la historieta” y no es para menos, siendo el guionista del revolucionario Ojo de Halcón que se marcó con David Aja.

 

Pero por mucho que nos empeñemos en verlo como un  intenso excéntrico (en la masterclass tuvo sus momentos), Fraction me pareció un autor tremendamente prágmatico. Adelantándome a lo que vais a leer, Fraction empieza su clase recordándonos lo más esencial e imprescindible: ser siempre conscientes de qué va a ser el “contenedor” de las historias para los guionistas. Recordar que lo que se escriba va a ir a parar a un libro o a un conjunto de folios grapados con un mecanismo más sencillo que el asa de un cubo pero que hay que tener muy presente a la hora de escribir. Y que ahí se va a trasladar una conjunción de imágenes y textos. Así Fraction sube a lo más alto pero también baja al fango. En mi opinión, aglutina toda la genialidad de autores intensisimos (y en ocasiones también cansinos) como Moore o Morrison pero refinada con cercanía y sobre todo con muchísimo buen humor, como podréis comprobar.

 

De nuevo, agradecimientos a la organización (Ficomic), al moderador (Oriol Estrada) y asistente (Santi Villa), y al traductor (Diego Cruz), que hicieron un trabajo impecable.

 

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Oriol Estrada: Buenos días, bienvenidos al Saló del Cómic de Barcelona. Los que estáis aquí sabéis a lo que estáis, me imagino. Os lo veo en las caras. Habéis venido a ver a Matt Fraction en esta masterclass donde más o menos nos explicará como trabaja, como hace sus guiones. Y además tenemos la colaboración de Santi Casas, de la Escola Joso, que siempre es un placer contar con él. Matt me ha dicho que quiere que sea algo dinámico, no quiere que sea una masterclass al uso sino que quiere que preguntéis cuando queráis. Cuando tengáis alguna pregunta, levantáis la mano y os pasaremos un micro. Matt quiere enseñar, no sentar cátedra. Pues nada, le cedo la palabra a Matt.

 

Matt Fraction: Buenos días. Tengo tendencia a hablar bastante rápido, a tartamudear y a trabarme. Además, lanzo un montón de tacos así que es un placer tener a alguien que ejerza una especie de barrera y que filtre lo que vaya a decir.

 

Oriol Estrada: Ojo que los tacos los entienden todos (risas)

 

Matt: Mierda (risas) . El caso es que es una pasada el que me inviten a hacer una masterclass en el mismo sitio en el que está, unos metros más allá, Vittorio Giardino, dando una conferencia. Es un verdadero honor. Bueno, como solo tenemos una hora para tratar de discernir el sentido de la vida y de la muerte, el tamaño del universo, en qué consiste tener un alma inmortal y tratar de averiguar si es más fuerte Thor o La Masa igual va siendo hora de que nos pongamos manos a la obra. Así que me gustaría empezar diciendo que yo no tengo ni idea de como escribir un guión de cómic. No tengo ni idea de como se dibuja un cómic. Lo único que sé es como escribo yo ahora mismo los guiones de los cómics que estoy haciendo.

 

Creo que los cómics son el arte de lo elidido, de lo que no se menciona. Básicamente, en el cómic lo que se hace es coger el tiempo y el espacio y comprimirlo en una superficie bidimensional, una superficie que controlas mientras estás creándola. Pero cuya interpretación eres incapaz a todo punto de controlar. Eso hace que el lector se convierta en cómplice y se crea así una relación única y muy íntima entre creador y lector.

 

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Foto: Ficomic

 

Lo que voy a decir, si me oís repetirlo dentro de diez años, ignoradlo, porque entonces soy un charlatán de feria. Quiero dejar claro que el proceso creativo cambia, evoluciona. La forma en la que en el arte y la forma de crearlo cambian y evolucionan es la misma en la que tú cambias y evolucionas. Mejor dicho, según tú cambias y evolucionas, tu forma de crear va cambiando y evolucionando también. Según vamos creciendo vamos adquiriendo un mayor grado de empatía con el mundo que nos rodea, vamos adquiriendo nuevas experiencias. Y sé que hoy no soy el mismo guionista que era hace diez años. Y dentro de diez años espero no ser el mismo guionista que soy hoy. De no ser así significará que me habré estancado. Y si me he estancado querrá decir que la creación artística habrá muerto porque sin cambio, sin evolución, sin crecimiento, el arte desfallece y muere.

 

Somos el modo en que contamos las historias.

 

Lo que hace que el cómic sea único, el elemento que es particular y específico de la historieta, es lo que Scott McCloud llama la cercanía, la proximidad. Esa cercanía, esa proximidad consiste en la juxtaposición de dos viñetas. O de imágenes y diálogos, imágenes y palabras. Consiste en el ritmo, en el fluir de la historia, en el marco en el que se está contando. Y sobre todo consiste en el gesto de pasar página. Eso es lo que hace realmente único al cómic. porque no se me ocurre ninguna novela en la que esté tan controlado el número de palabras como para saber cual va a ser la última palabra de una página y cual va a ser la primera de la siguiente. No hay ninguna novela que esté estructurada pensando en esto. Y eso, en los diálogos de cómic, tienes que estar pensándolo todo el rato. Tienes que estar pensando cual va a ser el último bocadillo. Y eso lo controlas al cien por cien. Lo que no puedes controlar es la velocidad a la que el lector va a pasar la página. El gesto de pasar la página puede ser muy rápido o puede ser muy lento. La narración depende del movimiento. Y no siempre ocurre lo que os acabo de decir. Os pueden venir a la cabeza un montón de excepciones rápidamente pero es muy importante en el cómic tratar de controlar como creador. O mejor dicho, tratar de dar como creador un ritmo, un tempo al movimiento de pasar la página. No sabes el tiempo que le va a dedicar cada lector. Pero sí que tienes que saber más o menos como va a hacer ese movimiento de pasar página. Lo que quiero decir es que tienes que concebir las historias con un ritmo determinado. Y esperar que el lector sea capaz de entender ese ritmo y de encontrarlo.

 

Hay una contradicción preciosa en el comic y es que para que la narración continúe, se tiene que detener. Porque tienes que pasar de una viñeta a la otra, de un bocadillo a otro, de una página a la siguiente, de un número a otro, de un episodio a otro. Eso es una contradicción maravillosa.

 

Me seguís de momento ¿no? (público asiente)

 

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Foto: Ficomic

 

En los cómics el espacio equivale al tiempo. Y el tiempo es una elección. Interpretamos el espacio visual en la página para tratar de reflejar sobre ella momentos largos y otros momentos más cortos de tiempo. Y eso determina el espacio que ocupa cada viñeta. La muerte misma es una ilusión porque es un plano bidimensional. Y los cómics consisten de geografía y geometría. La geografía, en el sentido de como distribuyes las imágenes en la página. Y la geometría, en cuanto a la forma que tienen esas imágenes. Y la combinación de esos dos elementos, de esas dos perspectivas, de geografía y de geometría, son las que permiten crear un todo.

 

Tenemos muchas dificultades a la hora de plantearnos una definición de los comics o de la historieta como medio de expresión artística. Como medio para llegar al público la situación es más sencilla, es menos compleja: lo que quiero decir es que los formatos no son tan variados. En mi país por ejemplo el formato tradicional y habitual es el del cómic de veinte páginas con grapa. Es un cómic relativamente barato y accesible. En Europa hay más el concepto del álbum de tapa dura, de tener un cómic con un formato más adecuado para la conservación de la obra. En Estados Unidos se le suele ver como un producto barato, desechable y lleno de sensacionalismo en muchos casos. En mi limitada experiencia con la bande desinee o con el gusto europeo con el cómic en general veo que hay una tendencia mayor, o me da la sensación, al tomo, a algo que permita guardar, archivar, conservar, tenerlo en recopilatorio. Tengo la sensación de que hay una sensibilidad más refinada en ese sentido. Que hay una perspectiva más plástica y un sentido más estoico del paso del tiempo en el formato europeo. Pero da igual a qué nos refiramos cuando hablamos de cómic: tenemos que descifrar como vamos a cortar la historia y donde vamos a poner sus partes.

 

Incluso las formas físicas sugieren conceptos de composición que afectan no solo a la experiencia visual sino también a la experiencia de comprensión.

 

Ok, esto ha sido solamente el prólogo. (carcajadas) Bien y ahora empezamos ya a hablar de los putos tebeos y como se hacen. Hay cinco obstáculos que tienes que afrontar cuando haces un tebeo. Hay cinco preguntas que te tienes que plantear y resolver. Desde el punto de vista incluso profesional. Y da igual por la que empieces. Cualquiera de esas cinco preguntas suponen el punto de partida, suponen el primer obstáculo que tienes que sortear. Y suponen también lo que ímpetu y empuje a la creación del cómic. ¿Qué queréis hacer primero las cuestiones prácticas o las creativas? (se decide que las creativas).

 

Estos son los cinco obstáculos creativos, las cinco cuestiones que trato de resolver desde el  punto de vista creativo:

1) Qué pasa

2) De qué va

3) Qué cuento desde el punto de vista visual

4) Qué cuento con palabras

5) Como interactúa todo eso conjuntamente

 

No hay una respuesta correcta o incorrecta para esto. Lo único que hay es la respuesta para esa historia en ese día concreto.

 

Las escenas pueden germinar en terrenos muy distintos. Pueden tener orígenes muy diferentes. Pueden ser, por ejemplo, algo que escuches en una fiesta. Eso me ha pasado en alguna ocasión. Hay una secuencia en Sex Criminals que empecé a escribir y que surgió a raiz de algo que vi en una fiesta. Una chica dijo que su libro favorito era Lolita y un amigo mío de repente se puso a recitar el principio del libro, que se sabía de memoria. Y además haciendo una imitación perfecta de James Mason, el actor que daba vida a uno de los personajes en la película de Kubrick que adaptaba la novela.

 

(Matt interrumpe la traducción para citar el principio del libro entre las risas del público, Diego (el traductor), descolocado, cuando Matt termina suelta “eh, eso, el principio del libro” provocando más risas).

 

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Sex Criminals Vol.1 (publicado en España por Astiberri)

 

Y vi a esta chica cruzar la sala y sentarse en el regazo de mi amigo y decirle “hoooolaaaaa”. Una chica a la que le habían estado entrando un montón de gente durante toda la noche y que había ido rechazando a todo el mundo. Simplemente esa secuencia, ese instante, me pareció que daba como para el origen de una historia. Los cómics norteamericanos más comerciales, los cómics de superhéroes sobre todo suelen moverse en torno a la pregunta de “qué pasa”. Y la respuesta puede ser algo tan sencillo como “Batman se pelea contra Superman”. Es el sensacionalismo. El cómic independiente, los cómics de autor, los cómics propiedad de sus autores en Estados Unidos suelen articularse en torno a la pregunta “de qué va”. Hablar de las alegrías de los miedos, de las incertidumbres de ser padre por primera vez son el origen de la serie Saga de Brian K. Vaughan y de Fiona Staples. Brian cuando se puso a escribir la serie no pensó “voy a hacer una serie chula con tíos con cuernos y con robots con cabeza de televisor”. Él quería hablar de lo que sentía en tanto que padre.

 

No hay una respuesta correcta. Hay lo que parece correcto en el momento de crear la historia. Y al contarla puedes darte cuenta que tu respuesta está equivocada. No hay normas, solo hay formas, territorios, límites que sugieren ciertas formas. Pero es la verdad en la historia la que te dicta cual es la forma que va a tener al final. Y no vas a llegar a eso hasta que no estás contándolo. Por eso os recomiendo que lo escribáis siempre todo a lápiz.

 

La fe en el proceso te premia con la fe en el proceso. El papel es barato, las ideas son gratis, pero el tiempo es dinero.

 

Hay autores más talentosos que yo que han podido hablar acerca del argumento, del tema y todas estas cuestiones. Os dejo que lo exploréis por vuestra cuenta. Que vayáis descubriendo lo que mejor os funciona a cada uno. Porque es un proceso muy personal que tenéis que ir pasando cada uno.

 

Dejemos el hemisferio derecho del derecho y las cuestiones más creativas y pasemos a cuestiones más prosaicas. Las de la creación propiamente dicha: plantearnos cuestiones como “¿de cuantas páginas dispones?” “¿cual es la fecha de entrega?” “¿con que frecuencia se publica ese cómic?” “¿es una serie regular o es una miniserie?” “¿quien lo va a dibujar?” “¿para quien lo estás escribiendo?”.

 

En América, las novelas gráficas aun son la excepción. Es más habitual encontrarte con los tomos recopilatorios. De todas formas, toda historia debe tener una introducción, un nudo y un desenlace. Y encontrarse todo eso presentada de una tacada, en un solo tomo es algo que ocurre con más frecuencia ahora pero no es lo habitual. No te suelen presentar toda la historia en un solo tomo. Yo suelo plantearme todavía el relato en el formato grapa, en pequeños fascículos individuales de unas pocas páginas.

 

ORDENLECTURADibujo que hizo Matt Fraction para explicar las dinámicas del acto de lectura en el cómic para organizar la narración y su ritmo. Cada rectángulo representa una página.

 

Pongamos que vamos a contar una historia de cuatro páginas (Matt dibuja un diagrama, ver la imagen superior). Esta es más o menos la estructura que tendría una historia en cuatro páginas. Es el proceso de despiezar vuestro cómic. Aquí lo veis numerado, el orden de lectura de las páginas, tal y como lo imprimirían en la imprenta. Por lo general, la historia empieza en una página que está a la derecha del lector. A menos que por algún motivo determinado decidas no hacerlo así, la primera página te la encuentras a la derecha. Luego, pasas la página y tienes una página doble, que serían las páginas dos y tres, están las dos juntas. Y después tienes la página cuatro que es donde acaba la historia, que está a la izquierda, a la que accedes tras pasar la página, de nuevo. Y ahora vamos a hablar sobre todo de la página doble, del acto de pasar de página y de la página en general.

 

Hay un debate casi de carácter semántico en Estados Unidos acerca de si la unidad básica del cómic es una página doble -dos páginas juntas- o una página sola. Pero eso lo voy a dejar que lo resuelvan los dibujantes. A mí me interesa más plantearme cual es la diferencia que existe entre tener una página o dos páginas y sobre todo lo relativo a ese movimiento de pasar la página.

 

Y todo esto lo menciono dentro del concepto del ritmo. Sería algo semejante al músico que activa el metrónomo justo antes de ponerse a escribir una partitura. Las lenguas románicas, las lenguas basadas en el latín vulgar, tienen un sistema de lectura y de escritura que es de arriba y abajo y de izquierda a derecha.  Así que básicamente el recorrido del ojo va a ir en zigzag, de izquierda a derecha,  empezando en la esquina superior izquierda y terminando en la esquina inferior derecha.

 

Dado que eso es así, lo primero que vamos a ver cuando pasemos de página lo primero que vamos a ver es este punto (señala el centro de la tercera página). Aunque no lo leamos. El acto físico de desvelar algo al pasar la página llevará inmediatamente nuestros ojos al centro de la página de la derecha. Así que si hay un momento dramático, si quereis sorprender o revelar un gran secreto del relato, si lo ponéis justo en este punto (vuelve a señalar el centro de la tercera página) se lo vais a destripar al lector antes de que tenga tiempo de asumirlo. Así que las dos páginas de la izquierda van a ser las páginas que concentren las sorpresas y eso ya da un ritmo, un tempo a la narración. Es la dialéctica hegeliana de tesis y antítesis que da lugar a una síntesis. Dicho de otra forma creo que los elementos en torno a los que se debería articular el relato son las palabras” pero” y “así”, equilibrándolas.

 

(Matt empieza a hacer un ejemplo de narración en cuatro páginas, leyéndolas en voz alta y señalando las páginas. Es raro porque Matt no se ha dado cuenta todavía que hay un cámara enfocada sobre el tablero, no sabe que podemos ver lo que está dibujando y aun así lo explica señalando el croquis que se ha hecho para sí mismo)

 

(Señala la página uno) “Erase una vez, un día”

(Señala la página dos, en la que ha dibujado un símbolo de exclamación) “¡Algo sucedió!

(Señala la página tres, en la que ha dibujado un símbolo de pregunta) “Y eso quería decir”

(Señala la página cuatro) “y en esta página lo sabremos”

FIN

 

Esto es todo (risas). Ahora tenéis que poneros manos a la obra.

 

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Foto: Iván Galiano

 

La estructura del relato en occidente se estructura en torno a tres o cinco actos. Básicamente alguien llega nuevo a la ciudad o alguien se va. Así es como hacemos las cosas aquí, así es como hacen las cosas allí. Giro. Dirección. Contradicción. Resolución del conflicto… Toda historia se podría reducir básicamente a que alguien quiere algo, hay algún obstáculo pero lo va a lograr ahora.

 

Creo que esto se identifica muy bien con la tendencia norteamericana de lo que es barato, de lo que es desechable, de lo que es de consumo mensual. De leer una historia y pasar a la siguiente. Son sensaciones.

 

En tanto que lectores intuimos la importancia de cada momento en función del espacio que se le da no solo en la página sino en el todo, en el conjunto. Y esa importancia viene en términos de la gravedad o enormidad, del peso que va a tener esa revelación o esa parte del relato. Y también en términos del espacio visual que le estamos dando en la página, como parte de un conjunto.

 

Aquí tenéis un boceto de una historia de catorce páginas, su estructura (el diagrama anterior pero ampliado a catorce). Alguien viene y te dice “ey, te gustaría escribir una historia de catorce páginas para una antología sobre…” ¿Podríais darme un tema para la antología? (al público, “tiburones” dice alguien). Tiiibuuuroooneeees… (risas). OK. O sea que es para una antología sobre tiburones. Tiburones. Digamos que quiero contar una historia sobre la primera vez que vi Tiburón y la impresión que me causó.

 

Entonces, tengo catorce páginas y voy a contar esta historia y para ello debería contar como era yo de niño, explicar porque no la vi de niño. Donde estaba la primera vez que la vi, qué me llevó a encontrarme en el lugar en el que me encontraba cuando la vi por primera vez, cual era el contexto en el que estaba porque es especial, es importante en respecto al como la vi. También qué impresión causó en mí, cual fue la sensación que me dejó. Y como cambiaron las cosas tras ver la película.

 

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Tiburón (Dir. Steven Spielberg, 1975)

 

La versión corta es que vi Tiburón por primera vez cuando era estudiante de cine. El caso es que Tiburón en Europa se proyecto en copias de 70mm mientras que Estados Unidos el formato eran 35mm. A cambio de eso nosotros tuvimos Star Wars en 70mm y en Europa lo teníais en formato de 35mm. Pues mientras estudiaba cine resulta que había un tipo que era una especie de archivista de una filmoteca que le propuso un intercambio en el Reino Unido. El estadounidense le dejaba su copia de Star Wars y a cambio el británico le dejaba su copia maestra de Tiburón. Así que vi Tiburón con veintidós años en una sala diseñada por un tipo que llevaba parte de una filmoteca o archivo cinematográfico, estaba sentado en cuarta fila, con un pantalón enorme y una cinta impecable de Tiburón que no se había visto jamás en Estados Unidos. Era la primera vez que se iba a poder ver esa película en ese formato en los Estados Unidos, así que podréis estar de acuerdo conmigo en que aquello molaba bastante. Lo que pasa es que a los veintidós y estudiando cine era un capullo bastante cínico y decía “joder, me vienes ahora con esto, que esto lo tenemos ya superado, el dichoso Spielberg otra vez, cine palomitero, pasta, cine comercial, pero que me estás contando…”. Y joder empecé a ver la peli y aquello fue la puta hostia. (risas)

 

Me acabo de dar cuenta de que llevo un buen rato dibujando en un papel sin tener ni idea de que había una cámara proyectando lo que dibujo detrás mío (carcajadas, Matt se ha dado cuenta tras casi tres cuartos de hora de charla). Estoy seguro que todas las chorradas que he dibujado me hacen parecer como que estoy me hacen parecer un chalado, no me lo tengáis en cuenta (más carcajadas, Diego va a traducir esto y Matt le detiene y le dice “se están partiendo, lo han entendido perfectamente”).

 

El caso es que los dos dibujos que he hecho aquí es el tamaño habitual del que sería un album francés o europeo de bd y el otro es el formato del cómic americano.

 

(La gente empieza a reír mientras Diego traduce porque Matt está dibujando una polla ahora que sabe que todo el mundo lo ve)

 

Uno es un formato rectangular y el otro es un formato más cuadrado y eso afecta a la composición. En el formato europeo, la acción tiende a transcurrir en el centro de la página. Básicamente es algo que se remonta a la tradición cultural europea habitual, que ya ocurría incluso en la pintura incluso antes del Renacimiento. El centro de la página es el que ocupa la acción, el centro de la imagen es el que cuenta la historia. Eso ocurre más en un formato rectangular que en uno cuadrado. En el formato americano la acción transcurre sobre todo en las esquinas y eso cambia la composición. Si presentas la historia haciendo que el elemento clave esté en el centro de la página vas a tener un ritmo, un tempo, una presencia determinada. Es sorprendente ver como dibujaba Hergé las páginas de Tintin, ver como hacía que todo confluyera hacia el centro de la página. Y que todas las líneas te llevaran hacia ese centro. Una historia típica de Tintin sería: página 1, se despierta; página 2, se encuentra con los detectives, página 3, se pone a correr… Y es sorprendente ver como todos los momentos a los que puede reducir el argumento se encuentran siempre en el centro de la página. En el caso del cómic más comercial y norteamericano, el cómic de superhéroes, son las esquinas las que te cuentan parte de la historia. Normalmente persigues que haya un “continuará” al final de la página. Eso se hereda de la tradición de los seriales cinematográficos. Normalmente, se persigue que la página acabe bien con una pregunta, un interrogante sin respuesta, bien con una sorpresa, con algo increíble, con una revelación que haga que digas “¿y ahora qué va a pasar?” y que quieras saber lo que ocurre a continuación y que pases la página. Conozco a guionistas que acaban por sistema sus páginas con un continuará. Que quieren que sigas leyendo. Y eso marca el flujo no solo de la forma de la página sino también de la historia en si misma.

 

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Foto: Ficomic

 

Por suerte, una parte de lo que os acabo de explicar es el trabajo del dibujante. Y el trabajo del guionista consiste en quitarse de enmedio.

 

Bueno, he consumido casi todo el aire de la habitación, apenas no queda más. Nos quedan solo unos minutos. ¿Queréis hacer preguntas?

 

Santi:  ¿Donde podemos encontrar temas para escribir? Hablando de Sex Criminals en entrevistas comentabas que te sorprendía que no hubiera más obras hablando de sexo con naturalidad. ¿Qué temas sugerirías y qué formas de enfocarlos? ¿Qué les falta a los comics? ¿Qué temas?

 

Matt: No me considero un guionista especialmente comercial. No me considero uno de esos guionistas a los que les puedas pedir que te escriba un exitazo así por las buenas, pero sí he tenido la suerte de que algunos de mis comics han funcionado. Siempre he tratado de escribir el tipo de cómic o de historia que me gustaría leer. Esa ha sido la única constante desde el principio de mi carrera. Y lo que yo eche de menos en el mundo del cómic pues no necesariamente tiene que ser lo mismo que eches de menos tú. Si sigo usando mi propio sentido del gusto como barómetro y mi curiosidad como guía no me voy a aburrir mientras esté escribiendo guiones y eso para mí es muy importante. Si me aburro, tengo problemas. Si escribo una historia y estoy aburrido escribiéndola, os vais a aburrir cuando la leáis. Eso es seguro. Tengo que seguir tratando lo que me interese. Aquello que suscite mi curiosidad. Aquello de lo que quiera saber más o con lo que quiera sentir una mayor empatía, seguir buscando lo desconocido, lo que me asuste, lo nuevo. Si no hago eso, lo que haré es tratar de escribir buscando el aplauso. Y eso es perfectamente lícito y respetable, pero no es para mí.

 

Siempre digo que Sex Criminals no es una serie que vaya de sexo. No va de sexo puro y duro. Si no que más bien va sobre el amor, sobre las relaciones amorosas. Es el comic sobre sexo menos sexy que vais a leer en la vida. Creo que hay una diferencia en cuanto al enfoque del sexo y quizás se deba un poco a cuestiones culturales. En mi país se entiende por sexy o sexo aquello que excita al varón blanco heterosexual es lo único que llama la atención, la única presencia de sexo que pueda haber. No parece que pueda haber otro tipo de relaciones sexuales. Simplemente es algo alejado de las relaciones humanas de verdad. Lo que se persigue el excitar al varón blanco heterosexual, no hay nada en esos cómics que se parezca a una relación sexual sana o normal, nada aparte del estimulo sensorial. Pero, vamos, que si os da por hacer tebeos, no tenéis porque hacerlos de sexo, podéis hacerlos de lo que os dé la gana (risas). No es algo que hagamos muy bien lo del sexo en los comics en Estados Unidos y tampoco se nos da muy bien hacer cómics divertidos. Es algo que a mí sí me apetecía, me parecía una dificultad añadida y era algo que quería incluir en la serie porque me gusta mucho la comedia en general y quería plantearme ese reto de tratar de incorporarlo a la serie. Sexo. Comedia. Comedia sexual.

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GRAF BCN 2017

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Loquísimo cartel obra de Álvaro Ortiz

 

 

Retomo -por fin- el blog tras meses de ausencia para hacer un breve resumen de mi estupenda experiencia en la edición del Graf de este año y que se ha dado en Barcelona este fin de semana pasado. Antes, no obstante, se me ocurre de dar unas cuantas excusas para la calma chicha que ha habido en este espacio desde la última reseña publicada; y aprovecho y hago un poco de spam (muy bien, Iván, haciendo amigos ahí).

 

Cosas en las que andaba metido

 

Una de las cosas que estuve haciendo fue la reseña del Necrópolis de Marcos Prior en CuCo Cuadernos de Cómic. Tenía la espina clavada por no haberla recomendado en la lista de 2015 que hice para Jot Down. Necrópolis es una obra redonda, con muchos matices, un constructo reflejo de la realidad social en la que vivimos explicada de una forma que obliga a pensar sobre lo que nos están enseñando y con un gran riesgo de que pasemos por ella, dando muchas cosas por hecho (como con la realidad social del día a día). A la hora de ponerme con ella, me salieron tantísimos enfoques posibles que al final la “reseña” se me quedó en una especie de acumulación de ideas y apuntes para posibles ensayos, quizás. Los editores me dejaron pasarme un poco del límite -3000 palabras- e intenté ordenar todas esas ideas y esos aspectos de la obra en los que fijarse de una forma más o menos narrada y fluida. Personalmente estoy contento, creo que es uno de los artículos con los que más he disfrutado, tanto pensando sobre la obra, como luego escribiendo sobre ella. Además, pude recuperar un poco la perspectiva sociológica, que la tenía olvidadísima. Y luego, debo añadir que es un honor enorme poder participar en CuCo.

 

La otra cosa importante en la que me metí de cabeza a partir de Octubre fue el anuario de cómics hecho a pachas entre la ACDCómic y Jot Down, Cómics Esenciales 2016, para el que me he estado encargando de la coordinación editorial, además de un par de reseñas. Os podéis imaginar lo que es para mí haber estado revisando los artículos y reseñas de redactores y críticos con los que he aprendido a escribir sobre cómics por haberles leído desde hace ya bastante tiempo. Aparte tuve la oportunidad de conocer y trabajar con muchos más a los que no seguía hasta entonces. El resultado es un libro que muy pronto será una realidad física, contiene una entrevista con Ana Galvañ y Paco Roca, cien reseñas de cien obras seleccionadas de entre lo más destacado del año pasado y cinco artículos de temas de relevancia en la actualidad reciente del mundo del cómic. Además, lleva una portadaza que es una genialidad de los dos entrevistados. Y en fin, que esperemos que vaya muy bien, porque el objetivo principal del libro es continuar difundiendo sobre cómic, ampliando el público lector en España.

 

Finalmente, he publicado en Jot Down también mi selección de lo mejor del año pasado, que, como siempre, se deja muchas cosas, pero que hago con mucho cariño, tratando de meter un poco de todo y con ganas de que la gente descubra obras de estilos y procedencias muy variadas.

 

Ahora ya, vamos al tajo: EL GRAF

 

Tres días, tres

 

A diferencia de otras ediciones en las que por falta de tiempo apenas podía pasarme por allí dos o tres horas o ir a una o dos charlas y hacer las compras, esta vez hemos conseguido el hito de asistir los tres días: el viernes para llegar y hacer las compras en la última hora -y así ya dejarlas hechas- y sábado y domingo -desde hora de apertura a cierre- para asistir a talleres, charlas, arrejuntamientos con conocidos y arrejuntamientos con gente que tenía por conocer. Y creo que esto ha sido lo mejor porque más allá de los eventos concretos, el Graf es todo él un gran evento para pasar el día entero, cada vez más.

 

Talleres para todos, de todo

 

La variedad de talleres que se daban en el Graf de esta edición barcelonesa ha sido para tirarse horas delante del programa decidiendo, cuadrando y estableciendo prioridades. Los tres talleres por los que me decidí fueron la minimaster class de Javier Rodríguez y Natacha Bustos, el taller de composición de Max y Mireia Pérez y el taller de cómic interactivo de las Mars Oddity. Pero es que habían talleres de cómic experimental, de cómic biográfico, talleres para niños y talleres con autores como Antonio Hitos o Álvaro Ortiz. Genial.

 

El taller de Javi y Natacha estaba abierto solo para dibujantes de cómic con preselección de los asistentes. En mi caso, siendo redactor/crítico y no dibujante, agradezco que hicieran la excepción y poder escuchar para aprender. Como dije allí, cuando me presenté, puedo leerme los libros de Antoni Guiral, los tebeos de Scott McCloud y demás obras teóricas, pero me he dado cuenta que cuando hablo con dibujantes aprendo mucho más. O al menos, aprendo de otra forma, más intuitiva, más práctica, más directa. Van al grano. Y esto es lo que me encontré precisamente en esta clase. Según los asistentes se iban presentando e iban comentando sus experiencias para conseguir publicar sus obras o fichar para editoriales -especialmente Marvel- los dos autores iban dando lo mejor de sus propias experiencias para aconsejarles. De entre las cosas que dijeron:

– La importancia de la constancia: identificar donde tenemos carencias (según nuestros objetivos), trabajar ahí y dedicarle tiempo para evolucionar.

– Recordar que lo comercial parte de lo autoral. Pensar en lo que uno quiere hacer más que en lo que quiera ver el público. Al mismo tiempo, también se comentó la importancia de saber encontrar el hueco en lo que se está publicando en cada momento.

– Todos sabemos dibujar. Lo que aprendemos es a contar las historias, la narrativa. Recordar que usamos imágenes para contar cosas. El dibujo no debe ser un problema.

– La importancia de acabar los trabajos (no dejar nada a medias). Esto mismo, precisamente, se lo escuche decir a Xiomara Correa en una charla, el día siguiente, si no recuerdo mal.

– Autoeditarse como forma de empezar a exponerse al público.

– Visualizar el trabajo completo, entender el proceso.

– Arriesgar.

– Hacer lo que a cada uno le parezca. Disfrutar lo que se hace.

– Aprender a establecer prioridades. Pensar en qué invertimos nuestro tiempo y nuestro dinero. Si solo puedes dedicarle media hora a dibujar al día, dedícala.

 

Por su parte, el taller de composición de Max y Mireia fue mucho más práctico. Se dedicó una charla de 15-20 minutos a explicar los aspectos esenciales del trabajo de la composición y luego pasamos a elaborar cómics en los que tratamos de poner en práctica el entendimiento de esos aspectos, con los autores dándonos consejos y ayudándonos a resolver los problemas. Se pusieron dos restricciones posibles a elegir: o bien trabajar con una composición prefijada o bien introducir “un susto”. Para tema del cómic traté de buscar algo original y se me ocurrió hacer un cómic inspirado en las propias lecciones del taller, siguiendo algunas de las líneas del guión que nos pasaron. Le tomé prestado el estilo a Max, por así decirlo -me muero de vergüenza- y saqué lo que veis a continuación, usando “el susto” como restricción.

LACOMPOSICION

Bueno, espero que los profesores no se aberraran mucho con mi creación. La verdad es que me lo pasé muy bien. A Max le hizo gracia la evolución de la línea central y me indicó que el efecto del susto quedaría mejor si las viñetas hubieran quedado separadas por calles y la viñeta del susto, sin marcos. Toda la razón, efectivamente.

 

Finalmente, el tercer taller al que asistí también fue muy interesante. El colectivo de autoras Mars Oddity, nos hablaron sobre cómics interactivos, entendiendo este como un cómic sobre el que el lector puede intervenir para afectar la experiencia lectora, ya sea siguiendo caminos de lectura, abriendo contenidos ocultos, etc. Se habló de las posibilidades de esto tanto en cómic analógico como en cómic digital. Para la práctica, trabajamos con papel y tijeras para montar cómics al estilo de Jason Shiga. Las autoras contactaron con el autor y este estaba entusiasmado con que usáramos su idea en el taller. Aquí podéis ver lo que hicimos. Y además, las Mars nos enseñaron un par de aplicaciones de cómic con las que trabajar con contenido “oculto” y usar esas aplicaciones para leerlo. Estad atentos a estas autoras porque están trabajando en un proyecto muy interesante en el que cada vez más están implicando a más gente y tiene una pinta genial.

 

Charlas y fiejta, mucha fiejta

 

Habiendo distribuido un poco mis prioridades en los talleres, la verdad es que el tiempo para ir a charlas se me redujo casi casi a ir a lo que no me ocupara un taller. Con todo y con eso, pude ir a la charla de la influencia del manga en el cómic de aquí (con Natacha Bustos, María Llovet, Luis Bustos y Victor Puchalski con Pepo Pérez moderando), al final de la charla de dibujar rompiendo cánones (con Arnau Sanz, Klari Moreno, Xiomara Correa y Camille Vannier con Gerardo Vilches moderando) y a la charla de tebeos x (con Elisa Victoria, Emilio Bernárdez, Rocío Vidal y Manolo Carot, con Elisa Victoria moderando por circunstancias imprevistas). Esta última me cuidé especialmente que no se me cruzara con nada porque tenía unas ganas enormes de escuchar a Elisa Victoria -me encantó su libro Porn & Pains (Ed. Esto no es Berlín)- y que improvisó fabulosamente el guión y la moderación de la charla, teniendo en cuenta que la tenía que hacer otra persona.

 

En el apartado de “otros actos” -del que podría escribir más y más líneas- destacar la divertida presentación del Ya será de Klari Moreno a cargo de Borja Crespo con concierto posterior de la autora, el concierto de Paco Alcázar amenizado con lo mejor del youtube español y la entrega de los premios de los Golden Globos -llevado a cabo por la gente de Ilu-Station- que un evento jocosísimo y necesario, especialmente para que no se diga que el sector independiente se toma demasiado en serio a si mismo.

 

Las compras del Graf

 

Para terminar, un repaso muy conciso a las compras hechas en este festival. No entro mucho al detalle dado que la gran mayoría, obviamente, están todavía por leer. Echo en falta por ahí lo último de Begoña García-Alén, autora que he descubierto hace muy poco y de la que apenas he leído sus trabajos publicados en Tik Tok Cómics, pero que me parece interesantísimo lo que hace.

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Fosfatina: De la microeditorial de cómic de vanguardia me llevé tres de la colección Fosfatina 2000 una serie de historias publicadas en este formato como de papel de periódico tan chulo y en la que los autores arriesgan con cómics con estilos abstractos, surrealistas, cubistas, etc. Cayeron Los dos amigos de Andrés Magán, Cerca la noche de Cynthia Alfonso y Gran Danés de Julia Huete. Este último ya lo he leído (ya hace que salió) y me ha parecido una maravilla. También de esta autora compré otro tebeo suyo, El jardín devastado, que comparte edición con uno de Óscar Raña, Los incapaces.

Los Nimios: Del fanzine ganador de premio al mejor ídem en la edición del Salón del Cómic de Barcelona del año pasado me llevé los números 10 y 11 y el segundo del Taiga. Es una triste noticia que del Nimio ya se está ultimando su último número, el Nimio Final que se venderá en el Salón del Cómic de Barcelona. Pero en fin, nos han dejado muy buenas historietas por el camino.

Tarot Fanzine: Visualmente atractivo y de diseño interesante -un tríptico que contiene dos libritos de grapa en cada eje (un diseño muy chulo para cómics interactivos)-, este es un fanzine de ilustración que toma para cada tema uno de los arcanos mayores del tarot. En este caso, los números estaban dedicados a El Mago y a La Papisa.

Sirius (Irkus Zeberio): Ciencia-ficción postapocalíptica, primitivos cósmicos, Irkus en plan muy loquer. No sé si puede pedir más.

Medievo; Medievo: Fanzine de autoría colectiva que contiene relatos de trasfondo medieval con tonos diferentes (fantasía, humor, misterio, etc.). Publicado por Termita Press, incluye una lámina de Borja González, el autor de La reina orquídea, que si aún no la habéis leído, deberíais.

Gourmand Gohan 3: Este es el tercer y por lo que parece último libro de Alexis Aldeguer, Maiko San e Ilaria Mauro. Con estos fanzines he aprendido muchísimo de cocina japonesa. Me parece un mérito enorme teniendo en cuenta que es una gastronomía que nos queda lejana y que se nos antoja exótica. Pues ellos lo han sabido compartir con todos y hacerlo ameno y fácil. Más centrado en el sushi, hay que decir también que en una lectura a vuelo pluma me ha dado la impresión de que ha habido una evolución en el trabajo gráfico de este fanzine, en la composición de los procesos de las recetas en la página y en la calidad general. No es un tercer fanzine que se haya hecho “por hacer” y para cerrar. Está hecho con un esmero especial e invita a ponerse con las manos en “el pescao”. Muy recomendado.

Febrero para galgos (Peter Jojaio): Mirad, confieso que no tengo ni idea de qué va. Pero tiene una de las portadas más intrigantes que haya visto en mucho tiempo. Este es de esos tebeos que me tienta a reservar su lectura para el momento y el lugar adecuado, sin que nada moleste.

Ya será (Klari Moreno): Last but not least -precisamente- el primer tebeo de Klari Moreno en solitario editado por editorial ajena, en este caso Libros de Autoengaño. Esta colección de relatos , algunos antiguos, otros inéditos muestra la amplia gama de recursos de la joven autora madrileña y su talento para ilustrar transiciones gráficas y procesos.

 

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La Klari me hizo este delantal y a vosotros no

 

Y esto es más o menos todo, dejándome muchas cosas no reseñables en el tintero, como las charlas con los conocidos y la gente a la que conocía de redes sociales y medios y a los que pude poner cara y conocer, el pasear y toparte con grandes autores no detrás de las mesas, sino en los pasillos compartiendo espacio con todos, las recomendaciones de los colegas, las risas, las pintadas con tiza en un mural que ya es un clásico, las cervezas, etc. La impresión es que este festival es ya uno de los grandes, que cada vez recibe más gente y que pone el foco donde hay que ponerlo cuando le dices a todo el mundo que vas a hacer un festival de CÓMIC. Reverencia al Graf y un aplauso a sus organizadores por una edición inolvidable.

Crisálida (Carlos Giménez)

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Si tuviera que hacer aquí un repaso de la obra y trayectoria de Carlos Giménez probablemente acabaría con muñones en los dedos. Por ello, doy por hecho que el lector frecuente de cómics que aterrice en esta reseña conoce a este autor y su importancia en la historia del cómic español. Para el lector casual que no haya entrado en su obra, valga anotarle que es uno de los autores imprescindibles en la historia del cómic español. Giménez tiene una extensa producción en géneros clásicos -aventuras y ciencia-ficción- pero también se le considera un pionero en el campo de la biografía o el retrato costumbrista de su generación en cómic, dejando algunas obras realmente memorables. Por ejemplo, en la revista Jot Down elegimos Los profesionales como una de las cien obras imprescindibles del cómic de todos los tiempos, pero seguramente Paracuellos o Barrio podrían haberse incluido con igual reconocimiento en esa o en cualquier lista similar. Lo que sí que no puedo evitar plasmar en esta introducción es la rara sensación que experimento al ser esta la primera vez que escribo sobre una obra de Carlos Giménez y que al mismo tiempo esa obra, tras leerla, dé la impresión de que pueda ser la única. Espero, evidentemente, que no sea así.

 

Crisálida, el último trabajo de Giménez, es en varios aspectos tan típica de su autor como una cierta vuelta de tuerca -sería más correcto decir una mutación, quizás- de lo que ha venido haciendo desde siempre. En una sinopsis breve, el tebeo cuenta la etapa de la vida de un dibujante de cómics, Raúl -un alter ego del propio Giménez-, en la que experimenta una desilusión creciente que le lleva a un cierto aislamiento; Raúl va agarrándose a su profesión casi como el último remanente de plenitud y felicidad que le queda. Este estado anímico, esta “crisálida” como el propio personaje bautiza en las primeras páginas del cómic empieza en el momento en que el individuo toma consciencia de su propia mortalidad y terminaría, inevitablemente al suceder ese evento. Raúl comparte protagonismo en este tebeo con el Tío Pablo, otro personaje ya usado con anterioridad por Giménez -también un alter ego de sí mismo, atentos a la carambola-, que presenta aquí como amigo de Raúl y que ejerce el rol de narrador del crepúsculo de éste de cara al lector.

 

Una de las características notables de este trabajo reside en que, así como una parte de la obra del Carlos Giménez abunda en la biografía de una generación con un coro amplio de personajes -en los que se puede incluir él mismo- y un trasfondo histórico notable, esta vez el colectivo humano y el contexto temporal se difuminan. Hay elementos biográficos, sí. Pero si Giménez con anterioridad ha contado la biografía de un colectivo o la de algún compañero en particular -véase su reciente Pepe, que narra la vida del dibujante Pepe González- esta vez trata la suya propia exclusivamente, con un foco potentísimo. Nada más importa que contar lo que a él le pasa o le está pasando. Carlos Giménez aclara en el prólogo de la obra la razón de las semejanzas entre los dos personajes protagonistas de la obra y comenta el rizo del rizo elaborado con esos dos personajes que son, en el fondo, avatares de sí mismo. Sin embargo, a mí personalmente el motivo no me acaba de quedar claro ¿Distanciar personaje y autor para poder observarlo y representarlo con mayor honestidad? ¿Por costumbre del propio autor? ¿Son el Tío Pablo y Raúl dos aspectos diferentes de Carlos Giménez? ¿O son imaginarios del propio autor de si mismo en épocas distintas encontrados aquí? Quién sabe. En cualquier caso el resultado es interesante dado que permite narrar desde múltiples puntos de vista: la historia que cuenta el propio Raúl en primera persona -el relato directo-, la que cuenta el Tío Pablo sobre Raúl -la reflexión vista desde fuera- y la que el propio Raúl deja escrita en sus diarios -la crónica de la vivencia intimista y aislada-. Por una parte, a Giménez le sirve para paliar la monotonía que podría provocar la encadenación de escenas de tono similar -monólogos,  conversaciones y anécdotas narradas con un mismo tema de fondo-. Pero además le permite jugar a aumentar la tensión y la intriga con el lector, aislando y conectando al protagonista con los lectores según le conviene. No es lo mismo que el personaje nos cuente algo, copazo en mano y rodeado de amigos que leer una nota que ha dejado escrita en manos de otros.

 

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En la parte negativa… bueno, debo confesar que he escuchado -ojo, que no leído- más opiniones negativas de Crisálida de las que yo compartiría. Una crítica habitual que me he encontrado es la del abuso de recursos gráficos “fáciles” como la ausencia de fondos  -o que estos queden difuminados-, la repetición de los mismos planos cambiando pequeños detalles o el uso del zoom. Si bien es cierto que la factura final del tebeo no es de las mejores en la carrera de Giménez, me parece que muchos de esos recursos son más que apropiados para lo que quiere expresar el autor y de ahí su pertinencia. Seguramente a esta defensa que esgrimo saldría rápidamente el contraargumento de que esos recursos no los inventa Giménez y que están algo más que manidos. Sinceramente, no me parece que Crisálida, teniendo el objetivo de ser un manifiesto emocional del autor tenga que ser una obra en la que revolucionar desde el ingenio gráfico. Y en esas ¿nos resultaría honesta una obra en la que un autor nos cuenta sus horas más bajas siendo esta misma obra un dechado de creatividad?

 

En mi opinión, la relevancia y la potencia de Crisálida reside en su discurso. Creo que hay pasajes de Giménez que pondrán la piel de gallina a cualquiera que haya pasado por algo similar o que conozca a alguien que lo haya vivido. “Ya no quieres verte con según qué personas, no quieres acudir a según qué actos, no quieres figurar en según qué listas ni salir en según qué fotos. Solo quieres que te dejen en paz. Y así es como te vas encerrando en tu crisálida”. Leer estas líneas, a mí personalmente, me sobrecogió.

 

Con todo y con eso, me parece que Crisálida no funciona como una historia que cuente como se vive una depresión o un estado de aislamiento de forma universal. A pesar de los seudónimos -que en el fondo creo que es simplemente un recurso que Giménez usa por costumbre- la obra cuenta muy particularmente las vicisitudes de su protagonista. Así, si bien eso convierte al tebeo en un ítem importante en la bibliografía del autor -y por lo tanto de interés natural para sus seguidores habituales- eso la aleja del interés de un público mayor que no lo conoce o lo conoce poco. Por decirlo de otra forma, Carlos Giménez está en Crisálida más cerca de autores como Joe Matt o Chester Brown cuando narran sus vivencias o cuando manifiestan sus estados de ánimo que, por ejemplo, de Paco Roca cuando coge un vivencia emocional particular con fondo biográfico y le da el traslado a una sensibilidad más amplia y compartida. Comento esto no porque un tipo de historia o de voz sea mejor que la otra, por supuesto. Lo hago porque creo que ha habido un cambio de tono respecto de las anteriores historias de Giménez en las que sí que conseguía llegar mejor a una cierta universalidad. Aquí se ha dado un giro. Crisálida es un relato muy personal, muy desde el “yo” que el lector podrá captar fácilmente, y que atraviesa cualquier juego de seudónimos que nos haga su autor.

 

Para terminar, me queda expresar una duda. Es extraño que para lo que le sucede a Raúl en el tebeo el personaje -también su autor, claro- decida denominarlo “crisálida”. Siendo, según la definición expresada en el tebeo un estado anímico que empieza con la conciencia de la muerte y termina con la llegada de la misma me parece extraño que la figura que se use como símil sea una crisálida y no por ejemplo una mortaja o un sudario, que hace más referencia a la mortalidad. La figura de la crisálida lleva implícita un proceso de transformación, de cambio. Me hace pensar también en algo que dice Giménez en el prólogo y que el crítico Gerardo Vilches destaca en su reseña en Entrecomics. Giménez niega la existencia de experimentación en el mundo del cómic actual en un momento en que precisamente rebosa la experimentación, especialmente en artistas independientes y editoriales pequeñas. Y precisamente al final del tebeo -atención al breve spoiler- lo que “sale de la crisálida” yo al menos lo asocio con esos estilos independientes, experimentales, que expresan rarezas y misterios con unos pocos trazos garabateados, dejando al lector reflexionando, pensando sobre qué es lo que ha visto exactamente. Eso pasa, de alguna forma, al final de Crisálida. Y quizás eso pueda ser un cambio, algo nuevo, para el propio Giménez.