GRAF BCN 2017

GRAFBCN2017

Loquísimo cartel obra de Álvaro Ortiz

 

 

Retomo -por fin- el blog tras meses de ausencia para hacer un breve resumen de mi estupenda experiencia en la edición del Graf de este año y que se ha dado en Barcelona este fin de semana pasado. Antes, no obstante, se me ocurre de dar unas cuantas excusas para la calma chicha que ha habido en este espacio desde la última reseña publicada; y aprovecho y hago un poco de spam (muy bien, Iván, haciendo amigos ahí).

 

Cosas en las que andaba metido

 

Una de las cosas que estuve haciendo fue la reseña del Necrópolis de Marcos Prior en CuCo Cuadernos de Cómic. Tenía la espina clavada por no haberla recomendado en la lista de 2015 que hice para Jot Down. Necrópolis es una obra redonda, con muchos matices, un constructo reflejo de la realidad social en la que vivimos explicada de una forma que obliga a pensar sobre lo que nos están enseñando y con un gran riesgo de que pasemos por ella, dando muchas cosas por hecho (como con la realidad social del día a día). A la hora de ponerme con ella, me salieron tantísimos enfoques posibles que al final la “reseña” se me quedó en una especie de acumulación de ideas y apuntes para posibles ensayos, quizás. Los editores me dejaron pasarme un poco del límite -3000 palabras- e intenté ordenar todas esas ideas y esos aspectos de la obra en los que fijarse de una forma más o menos narrada y fluida. Personalmente estoy contento, creo que es uno de los artículos con los que más he disfrutado, tanto pensando sobre la obra, como luego escribiendo sobre ella. Además, pude recuperar un poco la perspectiva sociológica, que la tenía olvidadísima. Y luego, debo añadir que es un honor enorme poder participar en CuCo.

 

La otra cosa importante en la que me metí de cabeza a partir de Octubre fue el anuario de cómics hecho a pachas entre la ACDCómic y Jot Down, Cómics Esenciales 2016, para el que me he estado encargando de la coordinación editorial, además de un par de reseñas. Os podéis imaginar lo que es para mí haber estado revisando los artículos y reseñas de redactores y críticos con los que he aprendido a escribir sobre cómics por haberles leído desde hace ya bastante tiempo. Aparte tuve la oportunidad de conocer y trabajar con muchos más a los que no seguía hasta entonces. El resultado es un libro que muy pronto será una realidad física, contiene una entrevista con Ana Galvañ y Paco Roca, cien reseñas de cien obras seleccionadas de entre lo más destacado del año pasado y cinco artículos de temas de relevancia en la actualidad reciente del mundo del cómic. Además, lleva una portadaza que es una genialidad de los dos entrevistados. Y en fin, que esperemos que vaya muy bien, porque el objetivo principal del libro es continuar difundiendo sobre cómic, ampliando el público lector en España.

 

Finalmente, he publicado en Jot Down también mi selección de lo mejor del año pasado, que, como siempre, se deja muchas cosas, pero que hago con mucho cariño, tratando de meter un poco de todo y con ganas de que la gente descubra obras de estilos y procedencias muy variadas.

 

Ahora ya, vamos al tajo: EL GRAF

 

Tres días, tres

 

A diferencia de otras ediciones en las que por falta de tiempo apenas podía pasarme por allí dos o tres horas o ir a una o dos charlas y hacer las compras, esta vez hemos conseguido el hito de asistir los tres días: el viernes para llegar y hacer las compras en la última hora -y así ya dejarlas hechas- y sábado y domingo -desde hora de apertura a cierre- para asistir a talleres, charlas, arrejuntamientos con conocidos y arrejuntamientos con gente que tenía por conocer. Y creo que esto ha sido lo mejor porque más allá de los eventos concretos, el Graf es todo él un gran evento para pasar el día entero, cada vez más.

 

Talleres para todos, de todo

 

La variedad de talleres que se daban en el Graf de esta edición barcelonesa ha sido para tirarse horas delante del programa decidiendo, cuadrando y estableciendo prioridades. Los tres talleres por los que me decidí fueron la minimaster class de Javier Rodríguez y Natacha Bustos, el taller de composición de Max y Mireia Pérez y el taller de cómic interactivo de las Mars Oddity. Pero es que habían talleres de cómic experimental, de cómic biográfico, talleres para niños y talleres con autores como Antonio Hitos o Álvaro Ortiz. Genial.

 

El taller de Javi y Natacha estaba abierto solo para dibujantes de cómic con preselección de los asistentes. En mi caso, siendo redactor/crítico y no dibujante, agradezco que hicieran la excepción y poder escuchar para aprender. Como dije allí, cuando me presenté, puedo leerme los libros de Antoni Guiral, los tebeos de Scott McCloud y demás obras teóricas, pero me he dado cuenta que cuando hablo con dibujantes aprendo mucho más. O al menos, aprendo de otra forma, más intuitiva, más práctica, más directa. Van al grano. Y esto es lo que me encontré precisamente en esta clase. Según los asistentes se iban presentando e iban comentando sus experiencias para conseguir publicar sus obras o fichar para editoriales -especialmente Marvel- los dos autores iban dando lo mejor de sus propias experiencias para aconsejarles. De entre las cosas que dijeron:

– La importancia de la constancia: identificar donde tenemos carencias (según nuestros objetivos), trabajar ahí y dedicarle tiempo para evolucionar.

– Recordar que lo comercial parte de lo autoral. Pensar en lo que uno quiere hacer más que en lo que quiera ver el público. Al mismo tiempo, también se comentó la importancia de saber encontrar el hueco en lo que se está publicando en cada momento.

– Todos sabemos dibujar. Lo que aprendemos es a contar las historias, la narrativa. Recordar que usamos imágenes para contar cosas. El dibujo no debe ser un problema.

– La importancia de acabar los trabajos (no dejar nada a medias). Esto mismo, precisamente, se lo escuche decir a Xiomara Correa en una charla, el día siguiente, si no recuerdo mal.

– Autoeditarse como forma de empezar a exponerse al público.

– Visualizar el trabajo completo, entender el proceso.

– Arriesgar.

– Hacer lo que a cada uno le parezca. Disfrutar lo que se hace.

– Aprender a establecer prioridades. Pensar en qué invertimos nuestro tiempo y nuestro dinero. Si solo puedes dedicarle media hora a dibujar al día, dedícala.

 

Por su parte, el taller de composición de Max y Mireia fue mucho más práctico. Se dedicó una charla de 15-20 minutos a explicar los aspectos esenciales del trabajo de la composición y luego pasamos a elaborar cómics en los que tratamos de poner en práctica el entendimiento de esos aspectos, con los autores dándonos consejos y ayudándonos a resolver los problemas. Se pusieron dos restricciones posibles a elegir: o bien trabajar con una composición prefijada o bien introducir “un susto”. Para tema del cómic traté de buscar algo original y se me ocurrió hacer un cómic inspirado en las propias lecciones del taller, siguiendo algunas de las líneas del guión que nos pasaron. Le tomé prestado el estilo a Max, por así decirlo -me muero de vergüenza- y saqué lo que veis a continuación, usando “el susto” como restricción.

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Bueno, espero que los profesores no se aberraran mucho con mi creación. La verdad es que me lo pasé muy bien. A Max le hizo gracia la evolución de la línea central y me indicó que el efecto del susto quedaría mejor si las viñetas hubieran quedado separadas por calles y la viñeta del susto, sin marcos. Toda la razón, efectivamente.

 

Finalmente, el tercer taller al que asistí también fue muy interesante. El colectivo de autoras Mars Oddity, nos hablaron sobre cómics interactivos, entendiendo este como un cómic sobre el que el lector puede intervenir para afectar la experiencia lectora, ya sea siguiendo caminos de lectura, abriendo contenidos ocultos, etc. Se habló de las posibilidades de esto tanto en cómic analógico como en cómic digital. Para la práctica, trabajamos con papel y tijeras para montar cómics al estilo de Jason Shiga. Las autoras contactaron con el autor y este estaba entusiasmado con que usáramos su idea en el taller. Aquí podéis ver lo que hicimos. Y además, las Mars nos enseñaron un par de aplicaciones de cómic con las que trabajar con contenido “oculto” y usar esas aplicaciones para leerlo. Estad atentos a estas autoras porque están trabajando en un proyecto muy interesante en el que cada vez más están implicando a más gente y tiene una pinta genial.

 

Charlas y fiejta, mucha fiejta

 

Habiendo distribuido un poco mis prioridades en los talleres, la verdad es que el tiempo para ir a charlas se me redujo casi casi a ir a lo que no me ocupara un taller. Con todo y con eso, pude ir a la charla de la influencia del manga en el cómic de aquí (con Natacha Bustos, María Llovet, Luis Bustos y Victor Puchalski con Pepo Pérez moderando), al final de la charla de dibujar rompiendo cánones (con Arnau Sanz, Klari Moreno, Xiomara Correa y Camille Vannier con Gerardo Vilches moderando) y a la charla de tebeos x (con Elisa Victoria, Emilio Bernárdez, Rocío Vidal y Manolo Carot, con Elisa Victoria moderando por circunstancias imprevistas). Esta última me cuidé especialmente que no se me cruzara con nada porque tenía unas ganas enormes de escuchar a Elisa Victoria -me encantó su libro Porn & Pains (Ed. Esto no es Berlín)- y que improvisó fabulosamente el guión y la moderación de la charla, teniendo en cuenta que la tenía que hacer otra persona.

 

En el apartado de “otros actos” -del que podría escribir más y más líneas- destacar la divertida presentación del Ya será de Klari Moreno a cargo de Borja Crespo con concierto posterior de la autora, el concierto de Paco Alcázar amenizado con lo mejor del youtube español y la entrega de los premios de los Golden Globos -llevado a cabo por la gente de Ilu-Station- que un evento jocosísimo y necesario, especialmente para que no se diga que el sector independiente se toma demasiado en serio a si mismo.

 

Las compras del Graf

 

Para terminar, un repaso muy conciso a las compras hechas en este festival. No entro mucho al detalle dado que la gran mayoría, obviamente, están todavía por leer. Echo en falta por ahí lo último de Begoña García-Alén, autora que he descubierto hace muy poco y de la que apenas he leído sus trabajos publicados en Tik Tok Cómics, pero que me parece interesantísimo lo que hace.

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Fosfatina: De la microeditorial de cómic de vanguardia me llevé tres de la colección Fosfatina 2000 una serie de historias publicadas en este formato como de papel de periódico tan chulo y en la que los autores arriesgan con cómics con estilos abstractos, surrealistas, cubistas, etc. Cayeron Los dos amigos de Andrés Magán, Cerca la noche de Cynthia Alfonso y Gran Danés de Julia Huete. Este último ya lo he leído (ya hace que salió) y me ha parecido una maravilla. También de esta autora compré otro tebeo suyo, El jardín devastado, que comparte edición con uno de Óscar Raña, Los incapaces.

Los Nimios: Del fanzine ganador de premio al mejor ídem en la edición del Salón del Cómic de Barcelona del año pasado me llevé los números 10 y 11 y el segundo del Taiga. Es una triste noticia que del Nimio ya se está ultimando su último número, el Nimio Final que se venderá en el Salón del Cómic de Barcelona. Pero en fin, nos han dejado muy buenas historietas por el camino.

Tarot Fanzine: Visualmente atractivo y de diseño interesante -un tríptico que contiene dos libritos de grapa en cada eje (un diseño muy chulo para cómics interactivos)-, este es un fanzine de ilustración que toma para cada tema uno de los arcanos mayores del tarot. En este caso, los números estaban dedicados a El Mago y a La Papisa.

Sirius (Irkus Zeberio): Ciencia-ficción postapocalíptica, primitivos cósmicos, Irkus en plan muy loquer. No sé si puede pedir más.

Medievo; Medievo: Fanzine de autoría colectiva que contiene relatos de trasfondo medieval con tonos diferentes (fantasía, humor, misterio, etc.). Publicado por Termita Press, incluye una lámina de Borja González, el autor de La reina orquídea, que si aún no la habéis leído, deberíais.

Gourmand Gohan 3: Este es el tercer y por lo que parece último libro de Alexis Aldeguer, Maiko San e Ilaria Mauro. Con estos fanzines he aprendido muchísimo de cocina japonesa. Me parece un mérito enorme teniendo en cuenta que es una gastronomía que nos queda lejana y que se nos antoja exótica. Pues ellos lo han sabido compartir con todos y hacerlo ameno y fácil. Más centrado en el sushi, hay que decir también que en una lectura a vuelo pluma me ha dado la impresión de que ha habido una evolución en el trabajo gráfico de este fanzine, en la composición de los procesos de las recetas en la página y en la calidad general. No es un tercer fanzine que se haya hecho “por hacer” y para cerrar. Está hecho con un esmero especial e invita a ponerse con las manos en “el pescao”. Muy recomendado.

Febrero para galgos (Peter Jojaio): Mirad, confieso que no tengo ni idea de qué va. Pero tiene una de las portadas más intrigantes que haya visto en mucho tiempo. Este es de esos tebeos que me tienta a reservar su lectura para el momento y el lugar adecuado, sin que nada moleste.

Ya será (Klari Moreno): Last but not least -precisamente- el primer tebeo de Klari Moreno en solitario editado por editorial ajena, en este caso Libros de Autoengaño. Esta colección de relatos , algunos antiguos, otros inéditos muestra la amplia gama de recursos de la joven autora madrileña y su talento para ilustrar transiciones gráficas y procesos.

 

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La Klari me hizo este delantal y a vosotros no

 

Y esto es más o menos todo, dejándome muchas cosas no reseñables en el tintero, como las charlas con los conocidos y la gente a la que conocía de redes sociales y medios y a los que pude poner cara y conocer, el pasear y toparte con grandes autores no detrás de las mesas, sino en los pasillos compartiendo espacio con todos, las recomendaciones de los colegas, las risas, las pintadas con tiza en un mural que ya es un clásico, las cervezas, etc. La impresión es que este festival es ya uno de los grandes, que cada vez recibe más gente y que pone el foco donde hay que ponerlo cuando le dices a todo el mundo que vas a hacer un festival de CÓMIC. Reverencia al Graf y un aplauso a sus organizadores por una edición inolvidable.

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Crisálida (Carlos Giménez)

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Si tuviera que hacer aquí un repaso de la obra y trayectoria de Carlos Giménez probablemente acabaría con muñones en los dedos. Por ello, doy por hecho que el lector frecuente de cómics que aterrice en esta reseña conoce a este autor y su importancia en la historia del cómic español. Para el lector casual que no haya entrado en su obra, valga anotarle que es uno de los autores imprescindibles en la historia del cómic español. Giménez tiene una extensa producción en géneros clásicos -aventuras y ciencia-ficción- pero también se le considera un pionero en el campo de la biografía o el retrato costumbrista de su generación en cómic, dejando algunas obras realmente memorables. Por ejemplo, en la revista Jot Down elegimos Los profesionales como una de las cien obras imprescindibles del cómic de todos los tiempos, pero seguramente Paracuellos o Barrio podrían haberse incluido con igual reconocimiento en esa o en cualquier lista similar. Lo que sí que no puedo evitar plasmar en esta introducción es la rara sensación que experimento al ser esta la primera vez que escribo sobre una obra de Carlos Giménez y que al mismo tiempo esa obra, tras leerla, dé la impresión de que pueda ser la única. Espero, evidentemente, que no sea así.

 

Crisálida, el último trabajo de Giménez, es en varios aspectos tan típica de su autor como una cierta vuelta de tuerca -sería más correcto decir una mutación, quizás- de lo que ha venido haciendo desde siempre. En una sinopsis breve, el tebeo cuenta la etapa de la vida de un dibujante de cómics, Raúl -un alter ego del propio Giménez-, en la que experimenta una desilusión creciente que le lleva a un cierto aislamiento; Raúl va agarrándose a su profesión casi como el último remanente de plenitud y felicidad que le queda. Este estado anímico, esta “crisálida” como el propio personaje bautiza en las primeras páginas del cómic empieza en el momento en que el individuo toma consciencia de su propia mortalidad y terminaría, inevitablemente al suceder ese evento. Raúl comparte protagonismo en este tebeo con el Tío Pablo, otro personaje ya usado con anterioridad por Giménez -también un alter ego de sí mismo, atentos a la carambola-, que presenta aquí como amigo de Raúl y que ejerce el rol de narrador del crepúsculo de éste de cara al lector.

 

Una de las características notables de este trabajo reside en que, así como una parte de la obra del Carlos Giménez abunda en la biografía de una generación con un coro amplio de personajes -en los que se puede incluir él mismo- y un trasfondo histórico notable, esta vez el colectivo humano y el contexto temporal se difuminan. Hay elementos biográficos, sí. Pero si Giménez con anterioridad ha contado la biografía de un colectivo o la de algún compañero en particular -véase su reciente Pepe, que narra la vida del dibujante Pepe González- esta vez trata la suya propia exclusivamente, con un foco potentísimo. Nada más importa que contar lo que a él le pasa o le está pasando. Carlos Giménez aclara en el prólogo de la obra la razón de las semejanzas entre los dos personajes protagonistas de la obra y comenta el rizo del rizo elaborado con esos dos personajes que son, en el fondo, avatares de sí mismo. Sin embargo, a mí personalmente el motivo no me acaba de quedar claro ¿Distanciar personaje y autor para poder observarlo y representarlo con mayor honestidad? ¿Por costumbre del propio autor? ¿Son el Tío Pablo y Raúl dos aspectos diferentes de Carlos Giménez? ¿O son imaginarios del propio autor de si mismo en épocas distintas encontrados aquí? Quién sabe. En cualquier caso el resultado es interesante dado que permite narrar desde múltiples puntos de vista: la historia que cuenta el propio Raúl en primera persona -el relato directo-, la que cuenta el Tío Pablo sobre Raúl -la reflexión vista desde fuera- y la que el propio Raúl deja escrita en sus diarios -la crónica de la vivencia intimista y aislada-. Por una parte, a Giménez le sirve para paliar la monotonía que podría provocar la encadenación de escenas de tono similar -monólogos,  conversaciones y anécdotas narradas con un mismo tema de fondo-. Pero además le permite jugar a aumentar la tensión y la intriga con el lector, aislando y conectando al protagonista con los lectores según le conviene. No es lo mismo que el personaje nos cuente algo, copazo en mano y rodeado de amigos que leer una nota que ha dejado escrita en manos de otros.

 

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En la parte negativa… bueno, debo confesar que he escuchado -ojo, que no leído- más opiniones negativas de Crisálida de las que yo compartiría. Una crítica habitual que me he encontrado es la del abuso de recursos gráficos “fáciles” como la ausencia de fondos  -o que estos queden difuminados-, la repetición de los mismos planos cambiando pequeños detalles o el uso del zoom. Si bien es cierto que la factura final del tebeo no es de las mejores en la carrera de Giménez, me parece que muchos de esos recursos son más que apropiados para lo que quiere expresar el autor y de ahí su pertinencia. Seguramente a esta defensa que esgrimo saldría rápidamente el contraargumento de que esos recursos no los inventa Giménez y que están algo más que manidos. Sinceramente, no me parece que Crisálida, teniendo el objetivo de ser un manifiesto emocional del autor tenga que ser una obra en la que revolucionar desde el ingenio gráfico. Y en esas ¿nos resultaría honesta una obra en la que un autor nos cuenta sus horas más bajas siendo esta misma obra un dechado de creatividad?

 

En mi opinión, la relevancia y la potencia de Crisálida reside en su discurso. Creo que hay pasajes de Giménez que pondrán la piel de gallina a cualquiera que haya pasado por algo similar o que conozca a alguien a quien lo haya vivido. “Ya no quieres verte con según qué personas, no quieres acudir a según qué actos, no quieres figurar en según qué listas ni salir en según qué fotos. Solo quieres que te dejen en paz. Y así es como te vas encerrando en tu crisálida”. Leer estas líneas a mí personalmente, me sobrecogió.

 

Con todo y con eso, me parece que Crisálida no funciona como una historia que cuente como se vive una depresión o un estado de aislamiento de forma universal. A pesar de los seudónimos -que en el fondo creo que es simplemente un recurso que Giménez usa por costumbre- la obra cuenta muy particularmente las vicisitudes de su protagonista. Así, si bien eso convierte al tebeo en un ítem importante en la bibliografía del autor y por lo tanto de interés natural para sus seguidores habituales, eso la aleja del interés de un público mayor que no lo conoce o lo conoce poco. Por decirlo de otra forma, Carlos Giménez está en Crisálida más cerca de autores como Joe Matt o Chester Brown cuando narran sus vivencias o cuando manifiestan sus estados de ánimo que, por ejemplo, de Paco Roca cuando coge un vivencia emocional particular con fondo biográfico y le da el traslado a una sensibilidad más amplia y compartida. Comento esto no porque un tipo de historia o de voz sea mejor que la otra, por supuesto. Lo hago porque creo que ahí ha habido un cambio de tono respecto de las anteriores historias de Giménez en las que sí que conseguía llegar mejor a una cierta universalidad y aquí se ha dado un giro. Crisálida es un relato muy personal, muy desde el “yo” que el lector podrá captar fácilmente, y que atraviesa cualquier juego de seudónimos que nos haga su autor.

 

Para terminar, me queda expresar una duda. Es extraño que para lo que le sucede a Raúl en el tebeo el personaje -también su autor, claro- decida denominarlo “crisálida”. Siendo, según la definición expresada en el tebeo un estado anímico que empieza con la conciencia de la muerte y termina con la llegada de la misma me parece extraño que la figura que se use como símil sea una crisálida y no por ejemplo una mortaja o un sudario, que hace más referencia a la mortalidad. La figura de la crisálida lleva implícita un proceso de transformación, de cambio. Me hace pensar también en algo que dice Giménez en el prólogo y que el crítico Gerardo Vilches destaca en su reseña en Entrecomics. Giménez niega la existencia de experimentación en el mundo del cómic actual en un momento en que precisamente rebosa la experimentación, especialmente en artistas independientes y editoriales pequeñas. Y precisamente al final del tebeo -atención al breve spoiler- lo que sale de la crisálida yo al menos lo asocio con esos estilos independientes, experimentales, que expresan rarezas y misterios con unos pocos trazos garabateados, dejando al lector reflexionando, pensando sobre exactamente qué es lo que ha visto. Eso pasa, de alguna forma, al final de Crisálida. Y quizás eso pueda ser un cambio, algo nuevo, para el propio Giménez.