Eight-Lane Runaways (de Henry McCausland)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 24 – Palabra: AVENIDA

 

Obra: Eight-Lane Runaways

Autor: Henry McCausland

Editorial: Otto Press (UK)

 

No había leído nada de Henry McCausland hasta que me topé con este cómic de grapa en la librería Fatbottom en Barcelona y me llamó la atención mucho. Buscando su obra por internet, me encuentro que es un ilustrador que parece tener una preferencia por el dibujo de paisajistas que alternan lo rural con lo urbano, siempre con una cierta armonía. En medio de esos paisajes, el ser humano aparece como un elemento más del paisaje, realizando algún tipo de actividad. Pero lo importante es la panorámica, el mundo.

 

Esto no sería nada especial -muchos ilustradores trabajan la paisajista- si no fuera por la importancia de la misma en la obra que nos ocupa Eight-Lane Runaways. McCausland parece haber construido un mundo en el que contar historias favoreciendo sus preferencias. Y en esto me recuerda a unas palabras que dijo Tillie Walden en una charla. “Dibuja lo que te apetezca dibujar”. El autor de este tebeo construye con eso un mundo. Y luego echo a los personajes a correr.

 

Las primeras páginas de este cómic nos enseñan una vista aerea de donde transcurre la acción, lo que va a dirigir la acción durante la historia. Vemos una geografía de montes cubiertos de bosque y una avenida que la cruza. Nos acercamos un poco más en la siguiente doble página y la avenida que vemos es una pista de carreras de ocho carriles por la que avanzan dos corredores. A estos dos se le van agregando otros hasta formar un grupo de ocho. Todos llevan ropas distintas, no parecen ser de un mismo equipo, a pesar de que corren juntos. También cada uno se une de forma distinta a la carrera. Finalmente llegan a un punto donde alguien les explica una regla a seguir y entonces empieza la carrera de verdad.

 

En Eight-Lane Runaways lo importante es el movimiento. No hay una historia concreta. Las historias pasan en la pista de carreras y alrededor de la misma. Y de las interacciones entre los ocho corredores inciales -entre ellos y con otros- vamos haciéndonos una idea de esta suerte de pequeño paraíso de los runners donde todo el mundo practica deporte y es feliz, de alguna forma, haciendo lo que hace. No hay apenas conflicto, lo que le interesa a McCausland es que los personajes se muevan y el paisaje pueda ir cambiando, lo que le permite dibujar nuevas cosas constantemente y hacer estudios del movimiento. El dibujo es sencillo, limpio y las composiciones juegan en ocasiones a la diagramática, un poco al estilo de Chris Ware. No es baladí traer aquí a Ware: en Eight-Lane Runnaways se detecta una suerte de eco a los pioneros del cómic. Las estampas de Épinal, a Caran d’Ache, a Arthur Frost. Tanto el dibujo como la ingenuidad de las historias revelan esa influencia. También me recuerdan de alguna forma a los cómics de Lyonel Feininger de Wee Willie Winkie’s World donde el paisaje no solo era importante, sino que era un personaje más, cobrando vida. Esta podría ser, sin duda alguna, una referencia capital de McCausland.

 

De Eight-Lane Runnaways han salido publicados dos números más y la verdad es que tengo mucha curiosidad e intentaré hacerme con ellos lo antes posible. Cualquier autor que presente propuestas como estas, recogiendo el testigo de una forma de entender la experimentación que reúne exploración gráfica y divertimento en el acto de dibujar, es digno de atención.

 

 

 

 

 

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Los esclavos olvidados de Tromelin (de Sylvain Savoia)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 23 – Palabra: RACISMO

 

Obra: Los esclavos olvidados de Tromelin

Autor: Sylvain Savoia

Editorial: Ponent Mon

 

Sobre la obra de hoy ya hice una extensa reseña en Cuadernos de Cómic tratando de cubrir todos los aspectos interesantes que tiene la obra de Sylvain Savoia, destacando la tradición hasta la fecha de hacer biografía en cómic. Me interesa recuperar esta obra para este evento, Reseñoviembre, por muchas razones. Primera porque a pesar de que escribo estas textas a razón de la palabra “racismo” que es la que define el día en el que va encuadrada, la estoy escribiendo también el día que debería salir la reseña del día con la palabra “olvidar”. Y precisamente lo que quiero hacer al insistir sobre esta obra es recordar lo olvidada que está esta historia -una de racismo, claro está- y como de olvidadas están también algunas de las obras que nos trae Ponent Mon y que nos hacen mirar hacia atrás en la historia para recordarnos los errores que se han cometido, las salvajadas inhumanas que se han hecho. Y aun así parece que no nos interesan. Ya recuperé también Etunwan, que habla de la desaparición de la cultura nativa americana con la llegada de la industrialización, obra que apenas he visto comentar en la crítica. Y esta, Los esclavos olvidados de Tromelin, me parece igual de importante.

 

La historia nos la cuenta Savoia en dos relatos paralelos que suceden alternativamente en el 1761 y en el 2008, con dos siglos y medio de diferencia. La primera cuenta el hecho central de esta crónica. Un barco francés cargado de esclavos naufraga en el Océano Índico, permitiendo que una parte de la tripulación -tanto esclavistas como esclavos- sobreviva en un islote de apenas un kilómetro de largo, sin más vegetación que arbustos. Los franceses tras varios intentos consiguen salir en una barcaza construida con los restos del buque, pero dejan allí a los esclavos, a su suerte. Durante quince años consiguieron sobrevivir hasta que fueron rescatados los supervivientes que allí quedaban. El otro relato, el más cercano al presente, es el del propio Savoia, dibujado como un cuaderno de viajes antropológico. En él cuenta como se embarca con un grupo de expedicionarios en un proyecto arqueológico en el islote de Tromelin para recuperar los restos de la sociedad que allí construyeron.

 

El relato es escalofriante. Savoia modula muy bien el estilo gráfico de uno y otro relato para que el lector sienta el paso del tiempo. También elabora ciertas simetrías o paralelismos con uno y otro relato. La salida forzada de los esclavos de sus hogares y el inicio del viaje desde Francia de Savoia. El naufragio violento y desastroso en Tromelin y el aterrizaje seguro y tranquilo de los expedicionarios en el mismo sitio muchos años después. El autor siembra muchas reflexiones durante toda la obra, pero creo que lo más importante es el eco que deja al final del relato. Su receptor es el lector, quien debe decidir qué hacer con lo que ha leído. Dejarlo pasar como una historia curiosa más o recordarla, pasarla a otros y procurar que no vuelva a suceder.

 

Wildstar (de Al Gordon, Jerry Ordway, Reuben Rude y Olyoptics)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 22 – Palabra: PEGAJOSO

 

Obra: Wildstar

Autores: Al Gordon, Jerry Ordway y Reuben Rude/Olyoptics

Editorial: Planeta de Agostini (World Comics)

 

Todos los que vivimos la Image primigenia guardamos el recuerdo de las primerias series que salieron, con gran bombo y platillo, sus estrategias comerciales y sus personajes refritos de otros personajes que apilaban capas de molar sobre capas de molar pero que en el fondo estaban bastante vacíos de contenido más allá de algunas ideas iniciales que podían ser interesantes sin ser del todo originales. En el maremagnum de series que se parecían a otras series, surgió una miniserie que iba bastante a contracorriente pero que destacaba, de alguna forma por hacer un poco verdad aquello de lo que la editorial iba poniéndose medallas al principio, que es el hecho de darle libertad a los autores para hacer sus propias obras.

 

Wildstar, guionizada y entintada por Al Gordon, dibujada por Jerry Ordway y coloreada por Reuben Rude y Olyoptics, es una película de acción ochentera, vestida de tebeo de superheroes. Terminator con mallas. Es tan Terminator, que su protagonista, en muchas ocasiones nos recuerda al amigo Arnold Schwarzenegger directamente. Micky Gabriel, el típico joven americano blanco que ha salido en mil tebeos, se topa con Wildstar un humano venido del futuro para intentar cambiarlo al que le están dando caza otros que también vienen de allí. Tanto Wildstar como sus perseguidores poseen unos organismos alienígenas que se adhieren a sus cuerpos y que, en una relación de simbiosis les facilitan poderes sobrehumanos variados. Terminator con mallas con un poquito de David Cronenberg, quizás. Toda la miniserie narraba esa persecución de forma bastante canónica, pero resultaba entretenida y no olía a refrito de refrito de refrito. Tuvo continuidad en una serie regular posterior, pero no tuvo mucha duración. Sí que el personaje tuvo apariciones puntuales en otras series, pero más allá de eso, allí se quedó.

 

La miniserie, de alguna forma, miraba hacia atrás y hacia adelante de lo que era Image en ese momento. Hacia atrás porque esquivaba el grafismo noventero repleto de trampas y truquitos visuales -en Wildstar no hay “pin-ups internos”, páginas de dos o tres viñetas y suelen recordarnos donde sucede la acción con bastante frecuencia al dibujarnos fondos- para acudir a un estilo de cómic más clasicista en el dibujo, pero funcional y espectacular en su narrativa. En el segundo episodio hay una escena de acción muda de nueve páginas que es un derroche de energía con una secuencia que va in crescendo haciendo que el lector se agarre a la silla. Y hacia adelante porque su estructura de miniserie, de historia casi desconectada del universo Image -salvo una aparición puntual de Savage Dragon- le concedía un estatus de historia independiente que permitía a los autores contar lo que querían contar. El resultado, en mi opinión, era una historia de superheroes muy buena, honesta y entretenida, que dejaba al lector satisfecho tras su lectura porque, además de tener buena factura gráfica, contaba una historia que empezaba y terminaba con un giro medianamente sorprendente hacia el final, al menos en aquel entonces.

 

 

 

 

El mundo a tus pies (de Nadar)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 21 – Palabra: CRISIS

 

Obra: El mundo a tus pies

Autor: Nadar

Editorial: Astiberri

 

De un tiempo a esta parte acudir al formato apaisado para publicar un cómic se puede considerar prácticamente una decisión autoral, salvo contadas excepciones. En la historia del cómic en España el formato apaisado tiene un hito en los llamados “cuadernos de aventuras”, cómics que se publicaron en las décadas de los cuarenta a los sesenta, cuyo formato siempre era este, el de libreto horizontal. Las historias invariablemente eran del género de aventuras en contextos históricos varios, pero también de fantasía o ciencia-ficción. El héroe -varón siempre- se enfrentaba al villano para salvar el día. Los niños querían ser como El Capitán Trueno, El Hombre Enmascarado o El Jabato, héroes de un coraje infinito, que no se rendían jamás. En el cuaderno de aventuras, no todos los autores supieron aprovechar al 100% el formato horizontal -dibujaban “hacia abajo” como si dibujaran en formato vertical, luego recortado- salvo casos como el de Iranzo con El Cachorro, donde la acción se movía más a través del sentido de izquierda-derecha, aprovechando la horizontalidad que era lo que encuadraba al libro, haciendo más dinámica e ininterrumpida su lectura por parte del lector.

 

Por eso, cuando acaba en mis manos un cómic que decide recurrir al formato apaisado -ahora mismo una excepción respecto de lo que encontramos habitualmente- primero me hace pensar en que hay una decisión autoral a la hora de plantear la obra. Y luego me vienen al recuerdo los cuadernos de aventura.

 

Lo primero que podemos hacer es ojear el libro y enseguida vemos si la narrativa acompaña a ese sentido. En la mayoría de los casos actuales es así. Creo que por parte de los autores contemporáneos se ha adquirido una conciencia de “hacia donde”  va la historia en el espacio físico en la que va a ser ilustrada. Incluido el salto de página. Este es el caso de El mundo a tus pies de Nadar. En ella, el autor no solo es consciente del formato apaisado, sino que va más allá. Muchos de los recursos visuales que se han desarrollado a lo largo de los años -después del cuaderno de aventuras- y que se han desarrollado en “cómics verticales” Nadar los emplea aquí, adaptándolos o versionándolos, siempre teniendo presente el espacio físico dinal y qué recorrido seguirán los ojos del lector. No solo hace esto, sino que además en casi todas las historias la narración consigue exitosamente acentuar las emociones subyacentes en cada escena, el pulso de cada momento. La quietud. La tensión. La rutina. El hastío. La sorpresa. La tristeza. La esperanza.

 

El mundo a tus pies es, a priori, un tebeo en las antípodas de los cuadernos de aventuras. Ambientado en la época del momento de su concepción -y, por la tanto, testimonio de la misma- cuenta tres historias de personas que están viviendo en sus vidas las consecuencias de la crisis económica iniciada a principios de este siglo. Por ello, estas personas, que están desempleadas o que trabajan por un salario mínimo -si llega-, que no están necesariamente en una situación de pobreza -pero a la que les bastaría un empujón para lanzarlos a ella- estarían muy lejos de ser los protagonistas de tebeos como las aventuras épicas de El Capitán Trueno. Por ello, también a priori -y me repito intencionadamente- titular el libro “El mundo a tus pies” suena a ejercicio de ironía. En realidad el mundo pesa sobre las cabezas -más que estar a los pies–de estas personas cuya situación laboral y económica está lejos de ser la deseable. Nadie querría estar en su situación.

 

Creo que Nadar también estudia muy bien qué historias quiere contar y la situación y circunstancias de sus protagonistas para abordar todos los temas de la crisis. Hay una reflexión sociológica muy importante en su trabajo que lo acerca a autores como Marcos Prior. En las historias de Carlos, David y Sara no solo importa lo que les pasa a ellos, sino también las de los personajes que los rodean -sus familiares, sus amigos, sus compañeros de trabajo-. El autor se las arregla muy bien para que ellos tres sean los protagonistas, para que sus dilemas sean los quids de las historias contadas pero también abre campo al resto de personajes para hacer una panorámica social amplia. De esta forma el recorrido es exhaustivo.

 

Y empezamos a considerar también que los protagonistas, de alguna forma, son héroes también, aunque el tono del relato no es épico ni mucho menos. Los protagonistas de El mundo a tus pies son personas que pueden sufrir discriminación por múltiples razones desde las sociedades en las que vivimos. Por no tener estudios, por marcharse al extranjero -convirtiéndose en extranjeros-, por dedicarse a la prostitución, por ser gay, por trabajar limpiando escaleras, por ser comercial telefónico, por ser mujer. Todos están muy lejos de los varones blancos musculados de entonces. Y Nadar coge a todas esas personas y las dignifica. Las enseña en sus entornos, con la situación que están viviendo, expresando sus inquietudes, dialogando con otros y tomando decisiones difíciles, decisiones que tienen consecuencias. Y consiguen llegar a ciertas resoluciones no por un ejercicio de coraje y osadía individual -o no solo- sino por un ejercicio de reflexión y diálogo -interno o con otros-. Los dignifica, los hace héroes, manteniendolos humanos. Porque resisten y toman decisiones. Porque no se rinden. Y el título, pues, no funciona como ironía, sino como ejercicio de rendición literal, como oda. Aunque el mundo pese sobre sus cabezas, el mundo debería estar a sus pies. Y ese es el mensaje que manda Nadar.

 

Al final, las tres historias de El mundo a tus pies creo que funcionan en realidad como una sola. Por toda esta construcción panorámica comentada, pero también por la conexión implícita entre las historias. Hay una tensión creciente entre ellas. La historia de Carlos es más dialogada, algo más apacible -no sin cierta tensión en el recorrido- en su conclusión. La de David es más silenciosa pero también inquietante, con una determinación que no se expresa pero se siente. La de Sara, la última, recoge la tensión construida en un dilema final que enfrenta a dos generaciones elevando la tensión a cotas máximas y resolviéndola tanto con un puñetazo en la mesa como con comprensión y algo de amor. Con acción y reflexión. El tono de cada historia, de alguna forma, es una expresión del carácter de cada personaje. Pero están conectadas entre ellas haciendo que el conjunto funcione en una dirección. Como el tren que, curiosamente, protagoniza la última viñeta del tebeo.

 

 

 

 

Saturn Babe (de Josep Busquet y Ramon F. Bachs)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 16 – Palabra: PADRE

 

Obra: Saturn Babe

Autores: Josep Busquet y Ramon F. Bachs

Editorial: Planeta Comics – Amaniaco Ediciones

Justo antes  del cambio de milenio, cuando en España aun no empezaba a despuntar la novela gráfica, Josep Busquet y Ramón F. Bachs se hicieron fuertes en el género. Publicaron cómics en la línea de grapa de Laberinto, sello de Planeta de Agostini, una iniciativa editorial que, por desgracia acabó cancelada a los tres años de vida a pesar de que por ella habían pasado títulos muy interesantes y autores idem. De entre los más interesantes, yo destacaría la vuelta de tuerca del tema mutante con el Mentat de Francisco Pérez Navarro y Javier Pulido, el amago de crear un universo superheroico con sede en España “a la Marvel” de Rafa Marín y Rafa Fonteriz en Iberia Inc. o El baile del vampiro de Sergio Bleda, una explotación de la temática de moda con sede en la ciudad condal.

 

Laberinto admitía todo tipo de género y variantes, así que Busquet y Bachs fraguaron Saturn Babe, una entretenida comedia de aventuras en un trasfondo de ciencia-ficción que bebía de muchas fuentes. La protagonizaba un veterano “hombre de frontera” -conocido simplemente como “Jack”- que había sembrado la galaxia con un montón de hijas, resultado de sus múltiples lides románticas. El cachondeo con el asunto era tal que si en las páginas del tebeo se presentaba un personaje femenino nuevo había muchas probabilidades de que fuera progenie de su protagonista. Han Solo meets Padres forzosos.

 

Es una lástima que se quedara en un “one shot” porque la historia funcionaba muy bien y en un universo más amplio con algo de lore, toda la cuadrilla de hijas de Jack -y el mismo Jack- habrían dado mil aventuras. Pese a todo, en Saturn Babe los personajes se introducían muy bien sobre la marcha y la acción era bastante dinámica. El trazo grueso de Bachs y sus masas de negro hacían que el tebeo fuera tan potente como atractivo. Tanto el trasfondo de ciencia-ficción como el tono desenfadado funcionaban muy bien y si no que nos lo digan a los que aun nos lamentamos por la cancelación de la serie Firefly de Joss Whedon. Aun sin el tono de western Busquet y Bachs se adelantaron cuatro años a la acción con un poco de humor en medio del espacio.

 

Civil War (Mark Millar, Steve McNiven y varios autores)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 15 – Palabra: DIVIDIR

 

Obra: Civil War

Autores: Mark Millar y Steve McNiven (serie central), varios autores en el resto de series, spin-offs, etc…

Editorial: Panini Comics

Vamos al grano, que las palabras andan contadas. Civil War es, en mi opinión, el mejor evento de Marvel hasta la fecha. Muy pocos eventos en la historia de La Casa de las Ideas han reunido tantos factores interesantes como el que fue este gran repartimiento de hostias superheroicas con inspiración en la actualidad política y social norteamericana.

Para empezar, la gran mayoría de los eventos en Marvel han tenido como elemento tradicional la violencia desproporcionada, en ocasiones sin la excusa de un supervillano liándola parda. Esta es una de las consignas originales del universo Marvel en el que, a pocos números de empezarse una serie ya aparecía un personaje invitado de otra -cuya colección apenas había arrancado- para, con cualquier excusa pasajera, empezar a medirse el lomo un rato. Este era un tema recurrente en Los Vengadores: al grito de “traidor skrull” los héroes más nobles se enzarzaban a guantazo limpio para disfrute del lector. Sin embargo, podríamos afirmar que hasta Civil War no veíamos un despliegue tan masivo de héroes zurrándose contra otros héroes. Podían haberse dado ensayos puntuales entre mutantes y otros superhéroes, por ejemplo, por cuestiones de rivalidad, tipología o clandestinidad de unos y otros. Pero Civil War pone un dilema sobre la mesa ante el cual CADA superhéroe del universo Marvel debe dar su propia respuesta y, en consecuencia, tomar partido. Las hostias van a darse sí o sí, pero en este caso se podía jugar al desarrollo de personaje planteando qué bando iba a tomar cada héroe.

La cuestión era simple. Tras una gran catástrofe de la cual se hace responsable a un grupo de héroes juveniles, el gobierno americano plantea un acta de registro de todos los superhumanos, que deberán facilitar sus identidades e información sobre sus poderes. La historia enlaza con la crisis por temas de seguridad vivida en Estados Unidos tras los atentados del 11-S. Sobre la mesa, seguridad vs libertad. Y eso es lo que se traslada a los tebeos. Los guionistas inteligentemente trasladaron los argumentos por boca de los propios personajes. La comunidad superheroica quedaba dividida por la conformidad a una decisión política. Y la aventura quedaba servida.

Los prolegómenos se ejecutaron muy bien -pese a sacrificar una serie, Los Nuevos Guerreros, que era simpática y naif- y el desarrollo de la trama principal resultó impecable. Solo es cuestionable, en mi opinión, su precipitado -y un pelín absurdo- final y su obligación canónica de que todo deber terminar en una gran confrontación entre superhéroe y supervillano -sí o sí- en este caso entre los representantes de las respectivas posiciones ideológicas, el Capitán América e Iron Man. En cualquier caso, la historia dejaba buen sabor de boca porque lo que había sucedido en el universo Marvel dejaba efectos en el universo Marvel. El respeto por la continuidad mientras los personajes crecen y evolucionan -o involucionan- siempre ha sido uno de los pilares del paradigma del universo Marvel y aquí se daba.

 

No hay que olvidar que por el camino, también, se dieron series y sucesos muy interesantes y bien jugados. Front Line cubría la perspectiva humana de todo lo que estaba sucediendo, desde unos medios de comunicación también polarizados en cierta forma. La revelación de la identidad pública de Peter Parker fue una jugada comercial brillante pero también daba un juego nuevo a su historia. Así mismo, si un personaje debía de cambiar de bando durante el transcurso de la refriega, sin duda alguna este debía ser el inseguro Peter Parker. Y me resulta imposible olvidar la decisión de La Cosa de “¡Que os den!¡Me piro al Canadá!” muy apropiada con su arrollador carácter.

 

En resumen, un evento que fue un disfrute en conjunto. Muchos eventos ponen en riesgo series regulares empobreciendo sus guiones al tener que introducir forzosamente algún aspecto del evento y aquí apenas se nota. Este lector de tebeos, por ejemplo, conserva con mucho mimo e individualizada del resto de series de grapa de todo lo de Civil War en un aparte significativo. Por aquello de que algún día llega alguien y le pregunta “oye, la Civil War de los tebeos ¿qué tal? ¿la tienes?”. Y le presto la caja mágica donde todas esas historias están bien guardadas.

Burbujas (de Daniel Torres)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 14 – Palabra: BURBUJAS

 

Obra: Burbujas

Autor: Daniel Torres

Editorial: Norma Editorial

 

Burbujas seguramente no es el mejor cómic de la carrera de Daniel Torres -lo que no significa que sea un mal tebeo, ojo- pero sin embargo me parece uno de los cómics más interesantes en la carrera de Daniel Torres. Lo es porque es el tebeo más atípico en comparación al resto de la carrera del autor valenciano, más conocido en su carrera anterior a Burbujas por sus cómics de Roco Vargas, el célebre aventurero espacial o por sus tebeos de humor infantil/juvenil de Tom. Ya entrado en los  dos miles publicó esta novela gráfica, que tenía muchas cosas que descolocaban al lector habitual de cómics que hubiera seguido la trayectoria de Torres.

 

Básicamente, Burbujas no parecía un tebeo de Torres. La ausencia de color, la historia intimista y cotidiana con algún puntito de fantasía, el constante monólogo interior. Sin embargo parecía exactamente “la típica novela gráfica”. En un momento en el que empezaba a despuntar un tipo de tebeo publicado en formato de libro -sin seguir los cánones de la industria del tebeo tradicional europea o americana en cuanto a estilo, número de páginas o forma del libro- con temática biográfica y/o costumbrista con componente intimista. Burbujas contaba la historia de un padre de familia que, entrada la cuarentena, se encuentra con el repentino dilema del “como he llegado yo hasta aquí”. El mundo que tiene alrededor le parece algo extraño y ajeno -su mujer, sus hijos, sus amigos- y solo encuentra paz en los momentos de reflexión ante un acuario de un parque. Se sienta allí y deja a su mente divagar alejado de todo lo demás.

 

En ese sentido, me parece interesante porque provoca la pregunta de hasta que punto un tebeo así significaba que Torres intentaba subirse a caballo de una cierta dinámica que estaba funcionando a nivel editorial. Pero también cabía la posibilidad de que la obra, con todos los temas que trataba pudiera ser una forma de que el autor desahogara sus inquietudes vitales. En alguna entrevista lo confirmó si bien, como comentaba, la obra se alimentaba de su propias vicisitudes tanto como de personas que conocía, con cuestiones similares. Así, esta obra, si bien no tan popular como el resto, puede ser tan significativa en su bibliografía de carrera como puede serlo, por ejemplo, Crisálida, para Carlos Giménez.

 

Si algo sí mantuvo Torres en Burbujas, relacionable con su obra anterior, fueron dos cosas. Una, el recurso a la fantasía. El protagonista, frecuentemente, divagaba en sus reflexiones para hablar con personajes ficticios o ya fallecidos. La realidad se alteraba en su percepción, para ayudarle a superar la crisis que vive. La segunda, su precisa línea clara, que sigue y ha seguido luciendo imperturbable para goce de todos sus lectores.