Los diarios de Cereza Vol. 2: El libro misterioso (de Joris Chamblain y Aurélie Neyret)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 23 – Palabra: DIARIO          

 

 

Obra: Los diarios de Cereza Vol. 2: El libro misterioso

Autores: Joris Chamblain y Aurélie Neyret

Editorial: Alfaguara

 

De Los Diarios de Cereza ya hablé hace un mes más o menos -en la cuenta de IG @instagrapacomics, para los que lean esto desde mi blog- y me resultó una idea tan interesante como planteamiento de cómic juvenil, que me he lanzado a la lectura del segundo álbum, El libro misterioso. La serie la podríamos encuadrar en ese tipo de cómic para niños y jóvenes que se sale de los géneros fantásticos o de humor más dominantes en el cómic dirigido a ese público. O no del todo, dado que la serie hermana la ficción costumbrista del día a día de una niña con inquietudes artísticas con el género detectivesco. Cereza es una niña que de mayor quiere ser escritora. Y esa vocación le provoca una curiosidad -casi obsesiva- por rebuscar e indagar allá donde percibe algún secreto o misterio.

 

El segundo álbum comparte similitudes temáticas con el primero, asentando de esta forma los temas que entiendo van a ser los que hilarán toda la serie. Como en el primero, el misterio a resolver será el de una persona mayor en la que Cereza se ha fijado, con un comportamiento específico que lleva a cabo diariamente. En este caso, una señora mayor que cada semana toma prestado el mismo libro de la biblioteca. A partir de aquí se despliega una historia de recuerdos y experiencias pasadas que recuerda un poco a la del primer volumen El zoo petrificado. El cómic, de nuevo, promueve el contacto intergeneracional, así como destaca a las generaciones más olvidadas o desoídas, los más jóvenes y los más ancianos. Los más jóvenes porque apuntan con curiosidad cosas en las que las rutinas y convenciones de los adultos no se tienen en cuenta y que son importantes. Los más ancianos porque parecen ser abandonados y sus experiencias no valgan para el resto. Joris Chamblain y Aurélie Neyret ponen en valor todo eso. Igualmente prosiguen por la muestra de amor por la cultura. En El libro misterioso es protagonista el mundo de las bibliotecas. Por otra parte, los autores apuestan por un poco más de conflicto en la vida de Cereza. Si en el primer álbum había cierto conflicto con su madre, ahora amplia ese conflicto hacia las amigas. El motivo del conflicto es el mismo: Cereza se obsesiona con sus casos y se olvida de su entorno familiar y sus amigas de una forma un poco egoista. La protagonista no solo buscará resolver el caso, sino conciliar esa desavenencia.

 

La narrativa del álbum sigue siendo original en esa forma de contar la historia de forma alternada entre cómic y los diarios de la protagonista. De vez en cuando se nos presentan páginas de su diario donde se narran acontecimientos escritos -y dibujados- por la mano de la protagonista. Un poco como en Lo que más me gusta son los monstruos de Emil Ferris, pero evidentemente de forma más simple y con tema y tono mucho más inocente. Por lo que respecta a las páginas de cómic, Neyret sigue haciendo gala de un estilo amable y preciosista con esas paletas de colores luminosas pero también crepusculares que hablan muy bien de esos contrastes entre la niñez y la ancianidad. En resumen, el segundo álbum confirma que estamos ante una serie que vela por sus personajes y que está destinada a ser un clásico (hay ya seis volúmenes publicados y un spinoff de Cereza con su hermano Valentín).

Sunstone Vol.1 (de Stjepan Sejic)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 22 – Palabra: LÁTEX

 

 

Obra: Sunstone Vol.1

Autor: Stjepan Sejic

Editorial: Evolution Comics

 

Para hablar de la obra que nos ocupa hoy y abordar la página en blanco, me sale hablar de mis prejuicios iniciales hacia ella. Esto me parece algo irónico dado que uno de los aspectos del cómic es como revienta prejuicios. Es algo de lo que hablaré en breve, pero digamos que me apetecía hablar de esto primero un poco a modo de penitencia, quizás. Porque de primeras el Sunstone de Stjepan Sejic hacía gala de un estilo narrativo que me echaba hacia atrás; y su tema, a priori, no  me causaba mucho interés.

 

Sunstone es una serie de cómics sobre dos chicas que descubren el BDSM. Se conocen previamente a base de hablar vía redes sociales, comparten esta afición (una de ellas ya ha tenido algunos escarceos en el tema). Así que deciden conocerse en persona y probar. Se asignan roles (ama-dominante y sumisa-esclava) y acuerdan la palabra de seguridad. De esta forma, Sunstone se convierte en una suerte de libro-guía de iniciación al BDSM y en la historia de dos personas que se enamoran. Esto es, un cómic romántico. Sí, romántico. Sunstone a priori parece o puede crear en la idea en el lector de que por referirse al sexo es un cómic pornográfico (no hay nada de sexo explícito, al menos hasta donde he leído). Sí que podríamos considerarlo un cómic erótico por ciertas estampas que incluye a lo largo de la historia. Pero más que un cómic sexual es un cómic sobre el sexo o sobre la sexualidad, además de un cómic sobre dos personas que empiezan a enamorarse a partir de conocerse practicando una actividad. Una actividad que está tratado en sus páginas con la misma naturalidad como si se hubieran conocido en un curso de cocina o jugando a beisbol. El primer prejuicio que rompe Sunstone es el del BDSM como una práctica de gente “rara” o “extraña”. La forma en la que Sejic nos la presenta es prácticamente costumbrista, sin excesivos aspavientos. Incluso no se recrea en las prácticas en si. Te explica como los protagonistas consiguen sus instrumentos -lencería de látex, cadenas, camas con argollas- y te explica con detalle las normas del juego y los principios de respeto mutuo. Pero no hay nada de escabroso, ni denigrante en el relato. Esto destaca porque en otras ficciones -pornográficas o no- sí que se ha retratado la práctica del BDSM o el uso de sus atuendos como algo ajeno a la normalidad, vestido de clandestinidad e incluso violencia.

 

Comento todo esto porque me parece que Sunstone sería una obra de esas que “hoy no se podría publicar”. Y lo digo desde la intención de darle la vuelta al rancio comentario. Con todas sus florituras románticas y su visión positiva del sexo, creo que está mucho más cerca de retratar la realidad de como dos personas se acercan a esta disciplina que la visión dominante que se ha dado de ella en cine, literatura y cómic. El BDSM desde una perspectiva amable, sin darle el enfoque oscuro, no vende. O al menos no vendería en ese público que pide esa caricaturización grotesca para su disfrute personal, el morbo de poder observarlo y al mismo tiempo decir “yo soy normal, ellos no”. El mismo público que sigue pidiendo ese tipo de obras y alega que ya no se podrían publicar, cuando su visión de la disciplina era y -todavía es- la dominante. Sunstone, por desgracia, es la excepción. Pero por suerte, ha conseguido ganarse muchísimos lectores y se ha granjeado un éxito que ha llevado a la serie hasta su séptimo volumen. E incluso con algún spinoff.

 

Decía al principio que quien escribe estas líneas tenía algún prejuicio hacia la obra. El estilo de dibujo de Sejic, se me hacía demasiado variedad de jardín en una obra que yo también pensaba que sería predominantemente erótica y que acabaría derivando en la reproducción de ciertos estereotipos. Y el estilo de narrativa con monólogo interior en voz en off llenaba las páginas de una forma que, en ocasiones, reducía la narrativa visual. Sin embargo, las recomendaciones de colegas me animaron a la lectura del cómic y, una vez zambullido en ella se fueron difuminando esos aspectos. Por un lado porque Sejic hace un buen desarrollo de personajes que hace que enseguida te intereses por ellos. Por otro porque su relato de las experiencias es realmente interesante. Y la evolución de la historia de amor entre las protagonistas, engancha. Y además, vemos también que su dibujo es algo más que pin-ups eróticos. Hay expresividad en las caras y los gestos de sus personajes, hay vida más allá de las poses. Por todos estos motivos, vale la pena de que si, como yo, teníais prejuicios al respecto de Sunstone, os acerquéis a echarle un vistazo.

La guerra de Catherine (de Julia Billet y Claire Fauvel)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 21 – Palabra: FOTOGRAFÍA

 

 

Obra: La guerra de Catherine

Autoras: Julia Billet y Claire Fauvel

Editorial: Astronave

 

Hace unos días, cuando reseñaba ¡Sonríe! de Raina Telgemeier comentaba como en cómic las obras que no son de género pueden funcionar tan bien como las de género para un público juvenil. Los cómics de aventuras, superhéroes o humor entre otros son los que han marcado desde los inicios del medio la tendencia temática para las publicaciones dirigidas a un público infantil o juvenil. Pero decíamos que las temáticas biográficas o autobiográficas, así como las de trasfondo histórico y/o social pueden funcionar para los más jóvenes igual que funcionan con un público adulto. Si ¡Sonríe! era un caso ejemplar de biografías y autobiografías La guerra de Catherine, obra ganadora del premio jeunesse en Angouleme, lo es para el cómic histórico y/o social.

 

 

Rachel es una niña judía que vive en la Francia ocupada por el ejército nazi. La historia arranca con la protagonista separada de su familia y alojada en la Maison de Sevres, un centro educativo en el que acogen a niños como ella. Allí descubre enseguida una pasión por la fotografía, algo que le permite conectar con la gente que le rodea, con los momentos a su alrededor. La opresión del nazismo y la persecución judía obligan a Rachel a tener una vida en fuga. Debe cambiarse el nombre, crearse una identidad nueva y cambiar de hogar con frecuencia para impedir que la cacen. Su vida ya no será la misma.

 

La introducción de la fotografía es una referencia excelente porque La guerra de Catherine es un retrato de como era la vida para las personas judías en aquellos tiempos, obligadas a ocultar sus identidades, sus creencias y obligadas a separarse de sus familias para sobrevivir. La historia escrita Julia Billet es ficticia pero está basada en algunos detalles biográficos de su madre. El centro de la Maison de Sevres, por ejemplo, existió -una institución progresista en materia educativa en Francia- y algunos de los profesores que aparecen en la obra, son profesores reales. De todo ello dan buena cuenta los anexos de la obra.

 

La historia está contada para que vayamos de la mano de Rachel, desde el principio al final de la obra, prácticamente somos su sombra. Si ella es testimonio de aquellos momentos, nosotros lo somos de su vida y de su voz interior. Claire Fauvel, la ilustradora, cuenta la historia con formas amables y tonos suaves, en ocasiones crepusculares. Un estilo bastante más alejado de los estilos realistas o clasicistas que suelen ser los dominantes en los cómics de esta temática en el mercado franco-belga. En ese sentido, está bien que se rompan ciertos cánones no escritos para otros estilos de dibujo. El estilo no rompen con la potencia emocional de la historia y con el relato de los sucesos. Billet no introduce escenas dramáticas en extremo, ni sucesos violentos, pero, sin hacerlo, la obra transmite igualmente bien el temor a ser descubierto, la presencia del peligro constante. El lector entiende perfectamente lo que está sucediendo.

 

Los galardones recibidos están más que bien recibidos y podemos sumar esta obra a otras de temática similar como los álbumes de Spirou de Émile Bravo o los álbumes de Los niños de la resistencia de Beonit Ers y Vincent Dugomier. Son buenos ejemplos de como el cómic juvenil puede tocar temas históricos y hacerlos interesantes para que el público juvenil aprenda Historia. Que la memoria de lo sucedido no se pierda y, ojalá, aprender para un futuro.

 

Blue Period (de Tsubasa Yamaguchi)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 20 – Palabra: CUADRO

 

 

Obra: Blue Period

Autora: Tsubasa Yamaguchi

Editorial: Milky Way Ediciones

 

Empiezan ya a acumularse toda una serie de cómics sobre el arte o la creación artística desde procedencias muy diversas y con enfoques muy diversos. La última nos llega desde Japón con esta serie de la autora Tsubasa Yamaguchi con este relato de iniciación a las Bellas Artes, centrado en la pintura. Blue Period arranca como muchos spokon… que no sé si en realidad lo son tales ya que no son estrictamente deportivos. De hecho, es extraño lo que cuesta que en España se publiquen los spokons más clásicos -deportes como fútbol, baloncesto, etc…- y sin embargo los más tangenciales -bailes de salón, ajedrez…- sí que lo son. Tengo las dudas de que Blue Period lo sea porque claro, es una iniciación al mundo del arte, pero mantiene ciertas características propias de un spokon como el aprendizaje, la presencia de compañeros y rivales, las pruebas a superar, la didáctica sobre la temática específica y demás. En ese sentido, Blue Period funciona con los patrones habituales. Chico en el instituto, un poco rebelde sin causa, inteligente con buenas notas pero familia con pocos medios es el protagonista. No tiene claro hacia que estudios universitarios virar, no tiene una vocación específica para nada y siente un cierto desarraigo para con el mundo que le rodea, no se identifica con nada. Hasta que aterriza en el Club de Arte del instituto y eso empieza a cambiar. Una vía para expresar cosas, una forma de destacar, una pulsión que no acaba de saber describir, le empuja a querer ahondar más y más en el conocimiento de las técnicas para mejorar. Su primer cuadro es un cuadro predominantemente azul, lo que da nombre a la obra, pero que también es referencial del “periodo azul” de Picasso. Y así es como el joven muchacho se tira al duro camino de intentar entrar en una universidad pública de artes.

 

Como decía, el desarrollo del argumento es tremendamente procedimental. Pero esa estructura argumental sirve para llenarla con toda una cantidad de historias de experiencias iniciáticas en el mundo del arte, así como de una gran variedad de notas sobre técnicas de dibujo y pintura que son muy interesantes. En cierto sentido -con distancia, eso sí- recuerda a Bakuman, un manga que nos hablaba sobre la profesión de mangaka y la iniciación de dos jóvenes en esta profesión. Como Bakuman, Blue Period va más allá de las consideraciones artísticas y técnicas. También aporta datos del “mundillo”. De la dificultad para entrar en las universidades (y los costes), la mayoría privadas y de la existencia de una escena internacional dura donde los autores japoneses no destacan excesivamente. Yamaguchi presenta todos esos datos como esbozos para dibujar el desafío mayor ante el que se enfrenta al protagonista.

 

Gráficamente, Yamaguchi utiliza un estilo que se asemeja a los estilos clásicos y estilizados en el shonen pero con ciertos trazos y formas que recuerdan estilos de dibujo más orgánicos, rebeldes, menos canónicos, más de autores y autoras de estilo más alternativo o dirigidos a demografías adultas. Es particularmente en la selección de planos y en la expresión de emociones a través de metáforas visuales, un aspecto capital especialmente en este primer momento en el que protagonista descubre una pasión que no sabía que tenía y eso cambia completamente su mundo. La forma de verlo, claro está.

Safari Honeymoon (de Jesse Jacobs)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 19 – Palabra: PLANTA

 

 

Obra: Safari Honeymoon

Autor: Jesse Jacobs

Editorial: DeHavilland Ediciones

 

A Jesse Jacobs lo conocí por aquel ya célebre post en el blog de Santiago García, mandorla, hace ya -joder- ocho años. García advirtió una veta temática y estilística entre los autores de cómic de la escena más alternativa, la autoedición y la fanzinería que denominó “los primitivos cósmicos”. Los cómics de esa veta abundaban en temas de ciencia-ficción primordial donde se habla del origen o el fin del mundo, de la vastedad e inescrutabilidad del cosmos, de viajeros, exploradores y místicos que se topan con lo extraño, lo divino, lo sobrenatural. Todo aquello estaba firmado gráficamente por unos estilos que viraban salvajemente a lo conceptual y lo abstracto, lo simbólico y lo crudo. Por allí aparecía el bueno de Jacobs con su Even the giants  -obra que todavía no he leído- y más adelante apareció también con su Por sus obras le conoceréis, obra que finalmente se llegó a publicar en España y que también podría entrar de de la categoría de los “primitivos cósmicos”. Entre una cosa y otra, la primera obra que pude leer de Jacobs -conseguida aquí de importación, pero luego ya publicada por DeHavilland Ediciones– fue su Safari Honeymoon. Y la experiencia de, por fin, poder leer a Jacobs fue más que satisfactoria, superando todas las expectativas creadas.

 

Safari Honeymoon es un cómic de ciencia-ficción que cuenta el viaje de una pareja que se va a hacer turismo de safari a otro planeta. A la pareja le acompaña un guía que les tiene preparado todo el guión de la experiencia. A esta hora vamos a cazar una especie de pulpo terrestre, a esta otra de paseo por un risco laberíntico,… La fauna y flora del planeta en el que pasan estas curiosas vacaciones va más allá de lo exótico. A cierto punto es difícil distinguir una planta de un animal. Jacobs se entretiene diseñando un ecosistema de seres vivos con anatomías de extraña geometría hasta el punto que la obra tiene un buen número de páginas de recorrido visual por el paisaje de catálogo de criaturas varias. Esto le permite a Jacobs darle predominio y densidad a la idea de como están los personajes en un espacio donde la naturaleza domina. O que más bien, el espacio es la naturaleza. Por supuesto, para los protagonistas el paradigma de sus estilos de vida es otro. Imponen sus propias reglas sobre el entorno natural, matando por deporte, llevándose de mascotas a algún animal indefenso o acomodándose con tiendas y opíparos desayunos en medio de la campiña. El ser humano parece ser el único que no se adapta el medio, sino que busca adaptar el medio a él. Y en ese aspecto el conflicto principal que plantea Jacobs en la historia es en como se resolverá esa tensión entre ser humano y medio según avance la historia y se convierta en una de superviviencia. El resultado es poco menos que sorprendente.

 

En Safari Honeymoon, es protagonista la habilidad del dibujo de Jacobs y su tremenda imaginación para el diseño de entornos y criaturas. Al autor no le lastra que su estilo no sea naturalista, ni realista, sino todo lo contrario. Desde los diseños minimalistas pero enrevesados ejecuta una taxonomía de fantasía que no tiene nada que envidiar a otros autores que también han parado por esos campos, también en obras de ciencia-ficción, como Moebius o Leo. Como en otras obras, reduce la paleta a muy pocos colores. En este caso a un mismo verde que aclara u oscurece según el momento y la intención. Todo esto -la historia, los diseños, el ritmo de lo que se nos cuenta- acaba teniendo una cierta función hipnótica en el lector, que leerá el cómic con los ojos como platos y seguramente absorbido por el entorno presentado.

Caballero Luna (de Warren Ellis, Declan Shalvey y Jordie Bellaire)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 18 – Palabra: CABALLERO

 

 

Obra: Caballero Luna Vol.1: De entre los muertos

Autores: Warren Ellis, Declan Shalvie, Jordie Bellaire

Editorial: Panini Cómics

 

Yo, cuando fichaban a Warren Ellis para hacer cosas en Marvel tanto desde los inicios de su carrera hasta tiempos más modernos, siempre me lo he imaginado un poco así:

 

Ellis: Ah, me ofrecen que haga guiones sobre *personaje olvidado*. Mmmmmm… Vamos a ver que han estado haciendo con este personaje hasta la fecha.

Ellis: …

Ellis: …

Ellis:…

Ellis: PERO QUÉ REPUTISIMA MIERDA HAN ESTADO HACIENDO CON ESTO DURANTE TANTO TIEMPO

 

Y esta creo que sería la versión light. Warren Ellis es un señor que vive en el futuro. Siempre. Todo el puñetero rato. Pero como mínimo, como mínimo, como mínimo, vive en un sitio en el que no viven la mayoría de los guionistas. Esto es, en el presente. Porque, si tenemos este personaje, que tiene este aspecto esencial de su diseño… ¿porqué no lo adaptamos a los tiempos modernos y a lo que se sabe ahora de esa materia sin perder esa esencia? Y eso fué lo que hizo con Iron Man, cuando los guionistas anteriores todavía estaban escribiendo al tecnólogo de Marvel como un señor con un armadura que le permitía volar y lanzar rayos, a la que le variaban el diseño cada cinco minutos para (intentar) que resultara molona, pero eran incapaces de darse cuenta que Stark vivía en un mundo con móviles. Con internet. Y así con todo.

 

Yo me imagino que a Ellis cuando le llegó el encargo de hacer Caballero Luna se frotó mucho, mucho, muy fuerte las manos. Me lo imagino salivando muy fuerte. Un justiciero nocturno con trasfondo egipcio con trastorno de personalidad múltiple. “Pero qué materia prima más pura”, debió pensar. Con lo que le gustan a él los personajes oscuros con traumas internos heavies. Con lo que le gustan a él los justicieros sin poderes que puede llevarse rápidamente a su obsesión con los personajes de acción pulp. Pues ya estáría. Warren Ellis revisitó al Caballero Luna dándole la vuelta al tema de las personalidades múltiples e inventándose personalidades superheroicas múltiples según las necesidades del personaje. ¿Que queremos un detective de traje y americana con máscara cool que ayuda a la policía a resovler casos? Mr Knight (con lo que le gustaba a Ellis los personajes con traje blanco). ¿Que necesitamos el justiciero nocturno con capa de toda la vida? Pues el Caballero Luna de siempre. ¿Que necesitamos un caballero blindado hasta arriba? Pues toma armadura de huesos. Ellis le dió todo tipo de casos en los seis números que escribió. Terroristas, entes sobrenaturales, archienemigos olvidados. Cada historia respiraba de forma diferente como si fuera un personaje propio. Y a ello colaboraron sus dos mejores aliados. Un Declan Shalvey con muchos recursos narrativos que igual te epataba con lo crudo y oscuro que con ese sentido de la maravilla que también es firma de Ellis. Y una Jordie Bellaire que adaptaba sus paletas al tono de cada historia. Así, De entre los muertos se convirtió en un tomo que se comportaba, de alguna forma, como el personaje seis historias distintas pero todas contenidas en un mismo quorum común y delirante.

 

Huelga decir que Ellis no siguió en la serie, pero ya había hecho lo de siempre: dejar la semilla plantada que otros pudieron regar después para contar historias buenas e interesantes.

Orion (de Masamune Shirow)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 17 – Palabra: ABANICO

 

 

Obra: Orion

Autor: Masamune Shirow

Editorial: Planeta Cómic

 

A principios de los noventa empezaba a correr el manga por España y a formarse lo que se llamó el “boom” por los cómics venidos de Japón. De entre los primeros títulos que servidor recuerda destacaban los títulos de acción y aventuras postapocalípticas como El Puño de la Estrella del Norte, Grey o Alita. En aquellos tiempos el manga supongo que me alcanzó como a todos, con una tremenda curiosidad y epatándome un poco por los temas, contundencia y la inclusión de un cierto grado de sexo y violencia que no veíamos en los tebeos de superhéroes. Mi interés en ellos fue decayendo (hasta recuperarlo más adelante con un abanico más amplio de tipos de manga) con el tiempo, a excepción de unas pocas obras de las que mantenía su lectura. Una de ellas fue Patrulla Especial Ghost, de Masamune Shirow, que me pareció una obra que se salía en ciertos aspectos de la tónica general. En los tebeos de Shirow, además de los trasfondos exóticos de ciencia-ficción, de una acción muy dinámica y trepidante, acompañada de un dibujo detallista había también un desarrollo del universo en el que se asentaba la historia bastante denso que permitía nutrir las historias de numerosas notas (ya sea en conversaciones de los personajes o a pie de página) que le daban una consistencia particular en la historia. Así, por ejemplo, los personajes del SWAT de Appleseed cuando salían a tomar unas cervezas hablaban de política igual que cualquier otra persona de nuestro mundo, pero lo hacían de la política del mundo en el que vivían. También hablaban de la sociedad, los dirigentes, de tecnología, la economía, etc…

 

Casi todas las obras de Shirow eran de temática de ciencia-ficción yu/o cyberpunk. Sin embargo un par lo fueron de fantasía, usando también elementos de ciencia-ficción. Una de ellas, Orion, resultaba alucinante por todo lo comentado: se inventaba un lore para un mundo amplísimo en el que tomaba conceptos del budismo, el taoismo, mitología japoneses, criaturas de Los mitos de Cthulhu de Lovecraft pero también de la física de partículas y, no podía faltar, el cyberpunk. Shirow lo metía todo en la coctelera y le salió un trasfondo de fantaciencia que ríete tú de Star Wars y los midiclorianos. Para un tebeo de seis números. Por si fuera poco, te lo iba contando sobre la marcha. La historia arrancaba trepidante casi desde el principio y te lo iba enseñando todo según lo que iba sucediendo y el lector podía ir haciendo el mapa de las facciones del mundo. Por un lado, un gran imperio tecnológico que dominaba las fuerza metafísicas a partir de la “psicociencia” y grupos de monjes que seguían empleando las disciplinas tradicionales místicas. En el origen de la historia, el plan del imperio para eliminar toda la energía negativa del universo sin tener en cuenta el desequilibrio que eso llevaría al mismo.

 

Así, la historia es una fanfarria loca de fuerzas sobrenaturales enfrentándose unas con otras, hechiceros lanzándose conjuros rarísimos y artes marciales con armas místicas como cachiporras con pinchos, tridentes-espada y abanicos. Todos los diseños conceptuales de Shirow son, como poco, alucinantes. Estamos a principios de los noventa y toda la imaginería que usaba resultaba novedoso y fresca. Ideogramas flotando en el aire dibujando círculos mágicos, explosiones de energía mística, cárceles para atrapar deidades, guerreros místicos de otros lugares. Todos los diseños resultaban alucinantes y se escapaban de los lugares comunes seguramente por las fuentes mencionada de las que bebía Shirow, alejadas de las que usaban otros mangas y que, en algunos casos, procedían más de occidente que de oriente. Y resulta extraño, a todo esto, con todo el potencial visual que se desarrollaba en Orion, que fuera la única obra de Shirow de la que no hubo adaptación al anime. O continuación al manga, ya que estamos.