Río Veneno (de Beto Hernández)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 27 – Palabra: VENENO

 

Obra: Río Veneno

Autor: Beto Hernández

Editorial: La Cúpula Ediciones

 

Reseñé por aquí hace unos días Nuevas historias del viejo Palomar de Beto Hernández, que vendrían a ser las últimas historias publicadas sobre la saga de Palomar -aunque no necesariamente las últimas en su cronología- y el azar de la palabra del día -“veneno”- me abre la puerta a reseñar el principio de la saga, recogida en las historias del libro Río Veneno.

 

En realidad, Río Veneno tampoco es exactamente el inicio de la saga de Palomar, pero sí que es el inicio cronológico de la serie, la precuela, para entendernos. Tras dibujar varios comics y asentar el universo y los personajes, Beto decidió coger a su personaje más destacado, Luba y visitar sus orígenes. Y ahí está, en sus primeras páginas, recién nacida y el drama ya flota en el aire. Para quien no haya leído las historias de Palomar, en mi opinión da igual por donde empieces a leer la historia porque en cualquier punto de su entrada te puede atrapar. La Luba de la etapa norteamericana es un personaje al que se le percibe como Beto le dibuja el peso de una vida encima. Por eso, cuando el lector acude a Río Veneno, es imposible que se le escape una lágrima al ver dibujada en ella la inocencia primigenia sabiendo algunas cosas que están por venir. También desborda la Luba adolescente, un personaje cargado de energía que arrolla al resto de los personajes con los que se va topando. Así como vemos desarrollarse la relación que tiene con Ofelia desde niña y el momento en el que el famoso martillo aparece por vez primera en sus manos.

 

Río Veneno carece, eso sí, de las características de realismo mágico que tienen el resto de los libros. Beto la concibe más como una suerte de drama latinoamericano con tonos de noir. Los personajes están desarraigados, prima la desconfianza y la incomunicación y en ese sentido, la llegada a Palomar, al final de la obra deja una idea como de haber llegado a un lugar especial, mágico, una suerte de Shangri-La mundano haciendo una transición idónea hacia los relatos que se dibujaron primero. Todo empieza de nuevo.

 

Se le ha considerado un libro inferior al resto de la serie, quizás por distanciarse en el tono y estilo de los libros de Palomar. Pero para mí sigue siendo un libro esencial, como el resto. En el mosaico de estas vidas de ficción que Beto ha ido construyendo a  lo largo del tiempo cada pieza del puzle importa y aporta.

 

 

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Maldiciones (de Kevin Huizenga)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 26 – Palabra: MALDICIÓN

 

Obra: Maldiciones

Autor: Kevin Huizenga

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Kevin Huizenga es uno de esos autores de los que su obra nos ha llegado de una forma un tanto irregular, no necesariamente a cuentagotas, pero sí de forma extraña. Se le ha publicado en diferentes editoriales, se le han publicado algunos libros y otros no. Y da la impresión de que en España no ha acabado de cuajar del todo. Es algo inusual porque por otra parte la obra de Huizenga llegó a obtener hasta cinco premios Ignatz en la década de los dos miles. Quizás es su fondo experimental, muy desarrollado en su formato favorito, el de los “minicomics”- el que impide de alguna forma su conexión con el público. A pesar de que su personaje Glenn Ganges conecta toda su obra, nunca sabemos que nos vamos a encontrar en sus cómics. Quizás ni el propio Glenn. Recuerdo, por ejemplo, la extraña sensación que me provocó leer El Reino Salvaje, un pequeño libro con historia de tan distinto narrativa, tono y tema, que hacía dudar al lector de si había un hilo de conexión entre todas las historias. En algunas aparecía Glenn, en otras no. Otras eran diagramas científicos sin ningún tipo de base real y en otros, textos sobre zoología encuadrados en viñetas sin ningún tipo de dibujo más allá del marco de las mismas, lo que ponía en duda ya no solo el sentido de todo aquello, sino incluso de estar ante un cómic.

Maldiciones es una obra anterior, recoge historias de Glenn Ganges -y algún otro personaje más del mismo “universo”- y su fondo experimental -que lo hay- no está tan “en los límites” como lo estaría luego El Reino Salvaje, quizás a excepción de alguna historieta concreta. Glenn se podría decir que es el americano blanco de clase media que vive con su mujer en una casa en una población americana cualquiera de casa con jardín, lejos de los grandes núcleos urbanos. Podría ser perfectamente el protagonista tabla rasa de cualquier tira cómica americana. Glenn y su situación de americano medio es una suerte de comodín que le sirve a Huizenga para contar casi cualquier historia. Normalmente empezando de la forma más costumbrista posible y luego derivando hacia un absurdo que no necesariamente busca ser cómico. Por ejemplo, en la historia “Calle 28” Glenn y su mujer buscan tener un hijo, pero no lo consiguen. Tras muchas pruebas e intentos, el médico llega a la conclusión de que Glenn tiene una maldición y tiene que arrancarle una pluma a un ogro que vive en la calle 28 para deshacerla. Glenn lo asume como algo “normal” y emprende la búsqueda del ogro.

 

Otras historias usan o introducen frecuentemente un tono académico o divulgativo (algo que como decíamos volvería a usar en El Reino Salvaje). Por ejemplo en “La maldición” una bandada inmensa de estorninos anida en el barrio de Glenn alterando la vida normal de la gente, que no puede dormir por el ruido o se encuentra sus coches llenos de mierda. Entre la narración de estos hecho, Huizenga nos introduce una extensa historia documental sobre la introducción del estornino en Norteamérica, sus costumbres y como la proliferación de los mismos se había intentado combatir con muchas dificultades. El tema ornitológico es también uno que Huizenga retoma con frecuencia: las aves con frecuencias tienen un papel importante en su obra, son como un personaje omnipresente. También lo suele ser la naturaleza.

 

Quizás lo más comentado de las historietas de Ganges es esa suerte de vacío existencial que dejan sus historias. Como si nada tuviera sentido. Como si todo fuera un chiste. Como si el conocimiento de las cosas, sí, es importante, pero al final, para qué. Quizás la historia que más destila esto es la más diferente del resto “Caso 0003128-24”. En ella, se cuenta con textos el informe de la relación entre un hombre y una mujer que termina por el nacimiento de un hijo de ambos. La historia se cuenta con una asepsia total, un informe desprovisto de emoción alguna por parte del informante. Todos estos textos se van narrando en una secuencia de imágenes de paisajes naturales al estilo de los libros ilustrados del Tao Te Ching. De alguna forma parece como si experimentara sobre como las imágenes pueden influir sobre lo narrado en texto. O viceversa. A mí personalmente, este tono de Huizenga, este sentir de contar historias me recuerda un poco a Inio Asano -se llevan tres años de diferencia-, si bien muy probablemente son autores que no tengan ningún tipo de relación entre si y probablemente no se influencien el uno al otro. También son dos autores de contextos y de tradiciones históricas de historieta que están en las antípodas. Si bien los dos han recogido esas tradiciones para acabar contando lo que han querido, experimentando por el camino o probando a contar historias que no se habían contado aun. Y de alguna forma comparten un tono de fondo, una atmósfera un poco deprimida y nihilista. Todo acabó ya hace tiempo y aquí estamos. Vamos tirando. Y vamos contando historias mientras tanto.

 

 

 

¡Háblame de amor! (de Robert Crumb y Aline Kominsky)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 20 – Palabra: ATRACCIÓN

 

Obra: ¡Háblame de amor!

Autores: Robert Crumb y Aline Kominsky

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Hace ya hará unos buenos cinco años escribí un artículo sobre Robert Crumb para la revista trimestral Jot Down. Era el quinto número y el tema propuesto para esa publicación -cada número de la trimestral tiene de fondo un tema, idea, país, etc.- era “Políticamente incorrecto”. Me faltó tiempo, obviamente para proponer escribir sobre el padre -o abuelo, ya- del underground. Y lo que intenté contar en ese artículo es un retrato panorámico del autor que tendría por aquel entonces setenta años ya. Haciendo una revisión de toda su bibliografía, se me ocurrió que podía dividir al autor en tres etapas -que se solapan más o menos en el tiempo- o tres facetas del autor. El artículo lo titulé haciendo un juego de palabras desordenado con el de un western muy famoso. Lo titulé “El feo, el malo y el bueno”.

 

A grosso modo, “el feo” sería el Crumb joven, grotesco, experimental, desagradable para ciertas morales. “El malo sería el Crumb más adulto, ya con estatus de gran celebridad, no solo del cómic, sino de la contracultura, que se hizo a si mismo personaje, sabedor de que su forma de ser y sus perversiones llamaban la atención, provocaban. Era el Crumb sin pelos en la lengua; aunque nunca los había tenido. Finalmente, “el bueno” sería el Crumb más maduro el admirador de la belleza, el artesano preciosista de sus trabajos, un Crumb al que ya le queda lejos el underground y su obra tras pasar por manos de editoriales como Taschen, bueno, diríamos que ya no es contracultura precisamente. Todos esos Crumbs se han sucedido los unos a los otros y al mismo tiempo han coexistido en “diferentes porcentajes”.

 

Retomo y me enrollo con todo esto porque hay una única obra de Crumb que podría decirse que recoge buena parte de esas facetas o al menos las dos últimas. ¡Háblame del amor! recoge tebeos autobiográficos dibujados por el autor desde 1974 hasta 2011 en cabeceras como Dirty Laundry o Self-Loathing Comics. Sin embargo, en esta serie de tebeos Crumb es solo un 50% de la parte creativa. ¿Como? ¿El egocentrista Crumb cediendo espacio en sus cómics?

 

Pues sí.

 

La otra parte de ¡Háblame de amor! la lleva Aline Kominsky. Kominsky es una autora de cómics autobiográficos que empezó en el mundillo del underground a través de autores como Spain Rodriguez o Kim Deitch. Publicó cómics en obras colectivas como Wimmen’s Comix y Twisted Sisters junto con Diane Noomin y Trina Robbins. Y se la considera una de las autoras pioneras del cómic autobiográfico, cuyo trabajo debería tener un mejor reconocimiento. Lo último -o al menos no lo primero- que deberíamos reseñar de Kominsky en cualquier revisión de su carrera, debería ser su relación con Robert Crumb. Pero en este caso es inevitable sacarlo a colación porque los dos han sido pareja hasta la fecha actual y este cómic -que cubre casi todo ese periodo- está hecho por los dos. A cuatro manos. Pero literalmente.

 

Cuando digo literalmente es que Crumb y Kominsky hicieron un pacto. Cada uno dibujaría alternativamente estas historias biográficas que irían sobre su relación de pareja -con algunos offsides puntuales- y lo que estaban viviendo en cada momento. Se alternarían los episodios. Pero en cada episodio, independientemente de quien lo dibuje, cada uno de los autores se dibujaría a si mismo. Así, por ejemplo, en los tebeos dibujados por Crumb, cuando Kominsky aparece, su personaje está dibujado por ella. Y viceversa, en los cómics dibujados por Kominsky, en los que Crumb-personaje está dibujado por Crumb-autor. El resultado es un juego interesante de cederse el espacio narrativo para contar sus historias, manteniendo un espacio propio independiente, el de la representación del propio cuerpo. Esta regla se rompería en alguna ocasión puntual, pero durante todo el libro que recoge estas historias que comprenden décadas, el juego se mantiene en su mayor parte. Incluso hay incursiones de otros autores, cuando estos aparecen por la vida de la pareja, como Art Spiegelman o Charles Burns, que toman los lápices para dibujarse a si mismos, en una ocasión especial.

 

Por lo demás, en lo que vemos, no hay conflicto a la hora de contar las historias respecto al qué se enseña y al como. Con todo lo diferentes que son sus estilos gráficos, los dos son bastante directos, grotescos y autoflageladores. No tienen mucho problema para expresar opiniones que puedan ofender más o menos al personal, ni de expresar sus traumas internos más personales, ni tampoco mostrar sus aventuras sexuales sin filtro alguno. Y así, somos testigos de la historia de vida de esta pareja, fruto de una atracción que no ha cesado desde que se conocieron. Desde la California de los setenta hasta el retiro en Francia actual, veremos sus primeras anécdotas de pareja, la llegada de su hija Sophie Crumb -que recogería la tradición familiar- y su adaptación -más o menos- a la vida europea. En definitiva, un libro imprescindible para completar la panorámica de dos autores que son igualmente imprescindibles para entender una parte de la historia de los comics.

 

 

 

 

Nuevas historias del viejo Palomar (de Beto Hernández)

 

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 8 – Palabra: CESTA

 

Obra: Nuevas historias del viejo Palomar

Autor: Beto Hernández

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Palomar fue una odisea fabulosa. Como lector que descubrió la obra de los Hermanos Hernández hace menos de diez años -a mí me parece un descubrimiento bastante tardío- le estoy eternamente agradecido a Beto Hernández el haber creado un universo de personajes tan increíblemente cercanos como de otro mundo.

 

La saga contaba las vidas de una serie de personajes que vivían en un pueblo ficticio latinoamericano con dicho nombre; frecuentemente las historias giraban en torno a Luba, una mujer que llegó al pueblo de joven y que lo puso provocando reacciones diversas. Cada historieta contaba una historia que podía tener que ver con uno o más personajes; conectadas, veíamos pasar el tiempo, desarrollarse sus relaciones, darse pérdidas o llegadas de nuevos personajes. Tras Palomar, Beto trasladó el personaje de Luba -y algunos otros- a Norteamérica- donde la crónica era entonces la de la comunidad latina en los Estados Unidos.

 

Uno de los encantos de estos cómics, además de los personajes bien definidos que lo poblaban, era su narrativa de realismo mágico. Beto rechazaba que le comparasen con Gabriel García Márquez, aunque era una buena estrategia para vender y mover sus tebeos y hacerlos llegar a gente no lectora de los mismos. Y seguramente lo hacía porque el realismo mágico que practica él y el que practicaba el escritor colombiano eran distintos. No es lo mismo trabajarlo desde el cómic que desde la literatura; en el primero hay que introducir los elementos visuales para que esto se produzca. Y la fuente de “magia” con la que se bañaban el costumbrismo visual de Palomar no venía tanto del folklore literario, sino de la historia de los propios cómics, de referencias muy sutiles que hacía que las historias tuvieran ecos de tebeos clásicos de humor, romance, fantasía, ciencia-ficción o género negro incluso. De este realismo mágico podrían escribirse tesis larguísimas, que tristemente, tendremos que dejar para otro día en un texto más en profundidad.

 

Nuevas historias del viejo Palomar es una suerte de “bis”. Con el grueso de la historia del pueblo y de Luba ya contada, Beto quiso volver para contarnos algunas historias sueltes, pertenecientes a diversos momentos de la cronología de la saga. Si bien es cierto que no tienen la potencia de las historias precedentes y las incursiones “mágicas” son de las más explicitas vistas en la serie de libros. Sin embargo… siempre es agradable volver a Palomar y que se te caiga una lagrimilla cuando ves a Tonantzin recorriendo las calles de ese mítico pueblo, vendiendo babosas fritas transportadas en un cesto sobre la cabeza, como hacía antaño.

Los ignorantes (de Étienne Davodeau)

 

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 5 – Palabra: BOTELLA

 

Obra: Los ignorantes

Autor: Éttiene Davodeau

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Personalmente me chocó bastante que un libro que es una acercamiento a dos mundos como el de la viticultura y el de los comics se haga llamar Los ignorantes, por dos motivos. El primero de ellos es que estamos hablando de una novela gráfica de origen francés, un país que es reconocido por sus vinos y del que también sabemos que hay una importante cultura del cómic y un reconocimiento amplio del público hacia los autores. Los cómics son un patrimonio nacional tanto como el vino. El segundo motivo es que actualmente vivimos rodeados de “gente que sabe de todo” y que van luciendo ser expertos de lo que sea allá adonde vayan.

 

El acercamiento de Étienne Davodeau, pues, es amable, porque es lo que busca ponerse en la piel del iniciado para despertar la curiosidad. Es por ello que la idea de cruzar dos aprendizajes, dos iniciaciones en dos “mundillos”, crear un pacto de caballeros expertos de dos temas que a priori no tienen nada que ver es interesante. Davodeau es dibujante de cómics e invita a su amigo Richard Leroy a explicarle como es su mundillo y viceversa. Los dos son expertos y los dos son ignorantes. Los dos están al mismo nivel. Como cualquiera de nosotros, que podemos dominar algún tema y no tener ni idea de otros. Y eso está bien.

 

Étienne Davodeau ya tuvo un acercamiento al cómic documental con Rural. Mantiene de alguna forma ese interés por el acercamiento a la realidad, por el contar la vida a día de hoy de los franceses a través de este libro. El autor galo cuenta sus experiencias de forma pausada y amable, pero no esconde nada. Si alguno de los dos participantes de este viaje de descubrimiento tienen prejuicios respecto al campo a descubrir, lo dejan caer sin problemas y eso pasa a las páginas. “Moebius es malo” dice Richard en un momento del tebeo. Étienne se lo discute, pero tiene que llegar a la conclusión de que es una opinión más y que hay que encajarla.

 

Muy interesante por la parte que nos toca a los amantes de los tebeos también es la aparición de algunas personalidades del comic francobelga. El mismo Lewis Trondheim dibuja una página para explicar el porqué de su gusto por la antropomorfización, que aparece en el libro. Richard, durante el transcurso de la iniciación se lee “El fotógrafo” y Étienne se lo lleva a conocer a Emmanuel Guibernau. Y hablan de tebeos, comentan experiencias, hablan de Alan y luego se van a comer. Así, la narración es simple, reflejo de la cotidianeidad y el dibujo acompaña con su trazo sencillo y un blanco y negro que casi prescinde del negro a favor de los grises, que hace la experiencia más luminosa. Las estructuras de página también son simples, sin estridencias, limitadas a lo imprescindible para no distraer al lector de los apuntes que se están dando en las conversaciones; Davodeau favorece un puntito de elegancia “natural”. Inevitable, pues, recomendarlo a los amantes de los tebeos. También a los de los vinos. Y seguramente también a los ignorantes en general. Incluidos, especialmente, a los que no saben que lo son.

 

 

Saló del Cómic de Barcelona 2018: Encuentro con Tillie Walden

 

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Foto: Ficomic

 

Empiezo con esta entrada una serie de transcripciones del charlas del Saló del Cómic de Barcelona celebrado este pasado fin de semana. La presente edición ha sido una de las mejores que recuerdo en años y uno de los motivos para esto creo que han sido la presencia de ciertos invitados y la calidad de sus charlas.

 

Esta entrada le dedico entrada al encuentro con Tillie Walden, la joven autora de Piruetas, novela gráfica que recoge sus memorias de la ñiñez a la adolescencia encuadradas por los años en los que practicaba patinaje artístico. Una de las cosas que me chocó mucho al ver y escuchar a Tillie -con 21 años ya- en las charlas es la gran diferencia con su alter ego de la infancia en el cómic, parecían dos personas completamente distintas. La Tillie del cómic, la niña que sufrió bullying y que no sabía como afrontar públicamente su sexualidad, era solitaria, triste y era incapaz de comunicarse con otros; la Tillie que vino a vernos a Barcelona era una chica risueña, luminosa y ansiosa por contarnos cosas, por contestar a nuestras preguntas. Demostró una claridad y una inteligencia que… bueno, pone en evidencia mis prejuicios sobre las generaciones más jovenes, supongo. Tillie ha vivido mucho, pero también ha reflexionado mucho y ha cambiado. Tras escucharla, ese salto entre una y otra -como leereis a continuación- me parece completamente coherente. Y agradecido, claro: ahora Tillie es feliz. Su vida es mil veces mejor. Y en el proceso se está convirtiendo en una autora de cómics increible.

 

Tras ser testigo de su talento leyendo su obra y tras escuchar algunas de las cosas que nos contó en esta charla sobre como trabaja como autora, me quedó claro que debía ir a su masterclass -la transcribiré más adelante-. Tillie ha aprendido a hacer comics de forma muy impulsiva e institiva. Y aunque parezca complicado explicar los procesos instintivos de creación, creo que ha dejado en estas charlas algunas reflexiones -a las que ha llegado ella con su experiencia- muy, muy interesantes. Tillie aprende mucho, rápido y sobre la marcha, mientras trabaja. Creo que no es a pesar de su juventud, sino precisamente por su juventud, que puede enseñarnos muchas cosas interesantes.

 

Antes de empezar, agradecimientos: A Ficomic por el soporte, las instalaciones y las fotos que acompañan esta transcripción. A Natalia Mosquera y a La Cúpula por publicarle Piruetas y traerla a Barcelona. A la traductora del evento. Y a la propia Tillie, por supuesto.

 

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Natalia Mosquera: Piruetas es la primera obra de Tillie publicada en España, pero no es su primer trabajo. Ya había publicado antes dos libritos cortos y una novela gráfica un poco más larga pero no de la envergadura de Piruetas que son cuatrocientas páginas. Piruetas es una novela autobiográfica. Ella tiene veintiún años pero son veintiún años en los que ha pasado muchas cosas. Y aunque en un primer momento parezca un poco raro que en tan poco margen de tiempo tenga cosas que contar, en realidad tiene mucho que decirnos. Es la historia de una niña que hizo patinaje artístico sobre hielo a nivel profesional durante doce años creo que era, sometida a la férrea disciplina del deporte profesional. Ella en realidad no sabía como dejarlo porque a la vez era su refugio y le servía como una especie de asidero para no enfrentarse al mundo exterior o a otros problemas que tenía: una familia ausente, problemas de bullying, problemas de ella misma con la propia identidad sexual… Y poco a poco, con el arte y la música consiguió ir definiéndose y descubriéndose a si misma y aprendiendo a dejar atrás pues lo que ya no le aportaba nada y lo que ya no necesitaba que en este caso era el patinaje. Como todos sabéis ha estado nominado a mejor autora extranjera, pero no se lo ha llevado. Pero es una maravilla de libro, una joya, una de las grandes apuestas de La Cúpula y esperemos que a partir de ahora sea la primera obra de muchas de Tillie en España. Y esperemos que en el catálogo de La Cúpula. O sea que ahora mismo yo no tengo nada más que aportar y si queréis hacer preguntas ella estará encantada de contestarlas.

 

Pregunta: Bueno  yo, quiero felicitar a La Cúpula, que creo que están editando unas obras que para los que hayan perdido el gusto de leer comics pues vuelves a recuperarlo. Y si no lo has perdido pues lo reafirmas porque son obras como la de Tillie que se van conjuntar actualidad, el sentimiento, la diversión… porque son obras que siempre hay un punto de entretenimiento, como tiene que ser el cómic. La sensibilidad y un dramatismo que no es de aquellos forzados, es un dramatismo como la vida misma. Entonces felicitar por un lado a ella como representante de La Cúpula. Y a Tillie la pregunta que le quiero hacer es que ella que es superjoven y que normalmente hay un perfil de chica joven que está haciendo comics, que empezó primero haciendo webcomics, publicando sus cómics en internet. Creo que no es el caso suyo y me gustaría un poco que diera cuatro pinceladas de como consiguió meterse con este procedimiento que es más difícil. Porque el publicar primero en internet sirve un poco de muestrario y a la hora de editar siempre es más fácil si tienes algún trabajo previo.

 

Tillie Walden: Muy buena pregunta. Extrañamente yo empecé en twitter. Empecé colgando algunos de mis primeros dibujos, mi arte, en twitter y así es como pude empezar.  Y luego un día, simplemente después del insituto, estaba comiendome una hamburguesa -porque eso es lo que hacen los adolescentes americanos, comer hamburguesas después del cole-  recibí un email de un editor diciéndome que quería publicar aquello que había puesto en twitter. La verdad es que antes de publicar esos dibujos en twitter, no había publicado nada online. Nunca había tenido webcomic, nada de nada. Simplemente consideré tener una carrera en este mundo gracias a este contacto de este editor. Y de hecho al principio rechacé su oferta porque le dije “mira, todavía estoy en el instituto, no estoy preparada para esto”. Estaba como que no me lo creía mucho y lo rechacé de entrada. Entonces, sin embargo, aunque lo rechacé, esa idea me quedó en la cabeza y cuando terminé el instituto en lugar de ir a la universidad que es lo que mis padres habrían querido, me matriculé en un curso de dos años en Vermont en el centro de estudios de dibujo, justamente para formarme en esto. Y en esa época mis seguidores fueron creciendo y creciendo y esos editores que se pusieron en contacto conmigo la primera vez, volvieron a ponerse en contacto conmigo y m e dijeron “mira, es que realmente queremos publicarte” y ahí fue cuando publiqué mi primera obra The end of the summer.

 

La verdad es que soy muy afortunada. Hay que decir que publicar un comic es algo muy dificil, cuesta muchísimo y la gente cuando conoce mi historia piensa que quizás no lo es tanto, que debe de ser fácil. Pero no lo es, he tenido muchísima suerte. Además también tuve la suerte de que estos primeros editores me trataron muy bien, no se aprovecharon de mi. Habrían podido pero no lo hicieron, me trataron muy bien. Y además también otra ventaja que tengo es que trabajo muy rápido, dibujo realmente rápido. Dibujo estúpidamente rápido, si es que eso tiene algún sentido. Entonces en un corto espacio de tiempo he podido sacar mucho trabajo, produzco muy rápido, lo que ha permitido que mi carrera crezca más rápidamente. Cada vez llego a más gente, cada vez más gente de más partes me conoce. Pero de verdad que he tenido mucha suerte y  tengo suerte de que los comics puedan pagar mis facturas porque eso rara vez pasa.

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Foto: Ficomic

 

Entonces con el tiempo voy publicando esas obras más pequeñas con este primer editor. Y entonces conocí a un agente y este agente fue quien me ayudó a conseguir mi primer gran contrato de un libro mucho más grande y gracias a esto he podido tener un salario como dios manda y que me permite vivir de esto. Si me hubiera quedado con los primeos editores hoy en día habría tenido que tener otro trabajo aparte de este. Pero gracias a este agente he podido conseguir contratos más grandes y vivir de esto.

 

Breixo Harguindey: A mí me llamó la atención, el tebeo me recordó a un autor europeo que se llama Bastièn Vivès, un autor francés. Tiene El gusto del cloro, es un tebeo que sucede en una piscina, que es un entorno también frío para las relaciones, como es un poco la pista de patinaje y también hay esa obsesión por la normalización, por encajar. Y me llamó la atención una cosa de la dedicatoria final, se menciona a James Sturm, que es un autor aquí desconocido en España, que hizo una seria que se llamaba The Cereal Killings, que eran asesinos en series, pero que los asesinos eran los cereales. Pues los personajes que eran los cereales eran asesinos en serie. Entonces me pregunto por no solo como llegó sino quienes han sido sus antecedentes, siendo tan joven. Antecedentes e influencias porque imagino que cuando James Sturm publico aquello debería ser muy joven. No sé, ¿las Tamaki por ejemplo pudieron influir en tu obra? O que autores asociarías con tu estilo.

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The Cereal Killings de James Sturm

 

Tillie Walden: Me gusta que menciones a James Sturm. No es que fuera una influencia para mi sino que somos amigos. De hecho, él era el director del centro de dibujo en el que estuve durante dos años. Entonces fue la persona que durante el proceso de trabajo de Piruetas estaba siempre ahí para darme la mano o darme un abrazo cuando lo necesitaba.  Así que por eso le menciono al final de la obra. Y en cuanto a las influencias, realmente es una pregunta extraña porque siempre que me la hacen me siento un poco fraude. Porque en el caso de Piruetas, durante el proceso, me propuse no leer nada de nada. Obviamente, leía alguna novela y veía la televisión, Netflix. Pero como soy una persona muy influenciable, muy maleable, me propuse no leer nada durante todo el proceso, porque sabía que si leía alguna obra de cualquier otro autor, mi obra iba a ser igual que la suya porque es que so y muy influenciable. Entonces me propuse no hacerlo. Y además es una historia tan personal que quería ser al cien por cien auténtica y darle realmente mi autenticidad. Entonces durante la obra no leí a nadie más. Y cuando terminé ya recuperé mi ritmo normal de lectura. Además tenía la sensación de que como Piruetas no había nada más. Es decir, nadi antes había hecho un cómic tipo memorias autobiográficas sobre una tejana-patinadora-artística-lesbiana. Tenía un poco el orgullo de ser la primera iniciando este género y quería que quizás esto diera lugar a que otras autoras saldrían de mi obra ¿no?

 

Iván Galiano:  Buenas. Yo quería hacer dos preguntas. Una es sobre si hace guión escrito, porque como dice que es muy rápida trabajando… si es de estas autoras que directamente pasa al dibujo, el dibujo es la propia escritura del guión.

 

Tillie Walden: Odio los guiones. Los odio tanto. Oh dios mio. No hago guiones porque creo que los guiones le roban vida al comic. Tantas cosas interesantes pueden suceder cuando estás trabajando en un proyecto y estás directamente dibujando la página. Entonces seguramente también trabajo tan rápido por esto, porque directamente paso al dibujo como tú comentas. Pero en el caso de Piruetas, lo que pasa cuando trabajas así, sin planificar tanto, es que el primer borrador que hice era un desastre, era el peor libro que el mundo haya visto. Porque estaba lleno de errores ortográficos, había cosas que no encajaban entonces esto pasa cuando no tienes planes. Pero sin embargo me gusta esta forma de trabajar porque a pesar de que hubiera estos errores en el primer borrador, había cosas muy especiales y que llegaron al libro final así que… bueno y además tengo la suerte de que tengo un muy buen editor que me permite trabajar de esta forma así que…

 

Iván Galiano: La segunda pregunta es sobre el final del libro, sobre el último capítulo. Toda la historia es muy lineal, muy cronológica y sin embargo, cuando llegas al final, decides recuperar un momento del pasado y decides colocarlo ahí en el final de la novela. Entonces ¿como llegaste a esa decisión, a terminar la novela así?

 

Tillie Walden: Mmmmmm… Pensar sobre esa parte del libro me hace ponerme emocional. Porque es algo intenso para mí, es una historia muy personal. Pero este, sí, este libro era sobre mirar atrás y sobre entender el pasado y no me parecía apropiado terminarlo en el presente. Como que tenía que darle mi adios a la historia honrando a quien fui cuando era una niña. Y dándome la oportunidad de ver algunas de las cosas más bonitas y más felices en mi infancia más que simplemente mirar a las partes más duras, lo malo, lo triste… tenía sentido. Pero sí me vino en un momento muy instintivo: no podía terminar este libro como una persona ya adulta. Es que quien soy yo ahora no está en este libro. Soy muy diferente de la triste y solitaria chica que aparece en estas páginas. ¡Lo puedes ver tú mismo! ¡No soy triste! (risas)  Quizás estoy un poco cansada por la hora que es pero es solo eso (risas)

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Pregunta: ¿Como se dio ese paso de la Tillie cerrada y triste que sufría bullying a la chica feliz que eres ahora y que papel jugó el comic en esta transformación? Que supongo que por algo estamos presentando este libro como una consecuencia.

 

Tillie Walden: Esto parece un poco como terapia, es genial. Y de hecho una de las respuestas a esa pregunta es que veo a un terapeuta. Y esto realmente ayuda mucho. Voy hacia atrás mentalmente para pensar en este cambio y la primera gran cosa que me ayudó a hacer esta transición fue que me fuí de casa y ya no estaba viviendo en Texas. Y por primera vez cuando iba a la escuela era abiertamente gay, vocalmente gay… quiero decir que era gay por la calle. Era genial. Y eso me dió una sensación de confianza que no había sentido antes. Y además, quizás suena extraño, pero realmente no tenía amigos cuando era una niña. Y cuando tuve dieciocho y fui al instituto hice mis primeros amigos de verdad, mis amigos genuinos. Y los amo tanto. Tener amigos, salir de casa, ser más abierta sobre mi misma, ir a terapia. ¡Dormir más! ¡Comer mejor! Suena tonto pero cambió mi vida. Era la primera vez en mi vida que me sentía descansada. Como niña estaba privada de sueño y por supuesto eso contribuía a la depresión y la ansiedad. Así que he aprendido a tener un sentido del control sobre quien soy ahora. Y gracias a Dios porque es mucho más fácil vivir ahora.

 

Pregunta: ¿Y el arte jugó algún papel en esto? ¿Cuando estabas triste dibujabas en algún momento o te escapabas por ahí ? ¿O solo pudiste empezar a pintar y a crear cuando te sentiste mejor?

 

Tillie Walden: Solo era capaz de empezar a intentarlo cuando me sentía mejor. Creo que hay este… puede que sea un mito o puede que sea verdad que hay críos que cuando dibujan lo hacen para escapar de la realidad. Pero mi realidad era difícil, incluso cuando estaba dibujando… no podía escapar de ella. Dibujar no iba a parar a los bullies, no iba a hacer que ser gay fuera más fácil. Así que dibujaba pero no obtenía mucha felicidad de ello. Y culpaba al acto de dibujar, pensaba que dibujar era el problema. No yo, no mi vida. Pero por supuesto experimenté este cambio, esta transformación. Y así como fuí convirtiendo en una persona más feliz, me fuí convirtiendo en una artista mejor, MUCHO mejor. Fue de la noche a la mañana. Y cuando con críos o adolescentes en América, en escuelas y demás, hay esta idea de que cuanto más dolor experimentas, mejor artista eres. Y no puede ser así. Eso no puede ser verdad. No puede estar más lejos de la verdad. Necesitamos sentirnos seguros y amados y felices para poder hacer arte bonito. Al menos eso es lo que pienso.

 

Pregunta: Yo quería preguntar sobre el webcomic On a sumbean, que me encanta, lo amo. ¿Como es trabajar en webcomic? ¿La idea la tenías planificada? ¿Tenías un mundo ya creado? Me parece muy original el mundo de ciencia-ficción que has creado. Y si ibas desarrollando la historia y las relaciones entre los personajes a medida que avanzaba la historia o ya tenías claro por donde iba a ir.

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On a sunbeam de Tillie Walden

[ojo, aquí vienen SPOILERS sobre la trama de On a sunbeam]

Tillie Walden: Para aquellos que no lo sepan, tengo un webcomic On a sunbeam. Lo podeis leer ahora mismo si queréis en www.onasunbeam.com Tiene veinte capítulos y posteo como un capítulo a la semana más o menos. Sobre si tenía un plan… ¿pensé que tenía un plan? Así que cuando empecé en el capítulo uno creía que tenía un final muy claro en mente… no lo tenía escrito pero creía que sentía la historia. Y en tanto conoces la historia… estaba planeando matar a Grace. El personaje. Yo estaba en plan “está muerta, se ha ido”. Pero por supuesto no lo hice ¡ella no muere! Así que lo que pasó es cuando empecé la historia, que tiene lugar en el espacio exterior me di cuenta de que había tanto potencial aquí para mí para hacer “world building” para crear este entero universo. Cuanto más trabajaba más excitada estaba con él. El mundo básicamente reaccionaba a mi excitación y siguió creciendo y creciendo. E iba planeando con dos capítulos de adelanto. Así que si estaba dibujando el capítulo tres y estaba pensando en el capítulo cinco. Y cuando llegué a la mitad de la historia me senté y dibujé la idea básica del resto del libro, el resto del webcomic. Porque me había metido tanto en la historia, había abierto tantos hilos que necesitaba llegar a un final que hiciera justicia a este mundo. Y no podía matar a Grace, obviamente. Ella es increíble. Así que sí, fue un proceso complicado. Los webcomics son duros.

[Fin de SPOILERS]

 

También creo que cuando empiezas un libro, todavía no lo amas realmente. Puedes intentarlo, puedes haber pensado tanto en tus personajes que crees que los amas. Pero yo me he encontrado que no es hasta que estás en el meollo que realmente te das cuenta de que genuinamente te preocupas por este mundo y esta gente y estos personajes. Y realmente llegué a un punto cuando llegué al capítulo diez, que está a la mitad, en el que me di cuenta que amo a estos personajes. Los amo tanto, amo escribir historias para ellos. Y creo que cuando eso paso tu plan tiene que cambiar. Porque ahora estás trabajando desde una perspectiva diferente. Ya no es solo la historia en la que estás trabajando, es algo que te importa. I necesitas hacerle justicia. Creo que está bien que tu proceso cambie cuando trabajas en un libro. Como trabajas al principio de un libro puede ser diferente de como trabajas hacia el final. No hay la forma correcta de hacer esto: realmente puedes hacer lo que quieras. Tienes que escuchar a tus sentimientos y a ti mismo.

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Foto:  Ficomic