Travesía (De Aude Picault)

travesia

 

 

es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 17 – Palabra: VIAJE

 

Obra: Travesía

Autora: Aude Picault

Editorial: Sins Entido

 

 

Dar voz a lo que llevas dentro. Creo que ese es uno de los factores que hacen de Aude Picault, una de las autoras más interesantes de Francia, cuya obra está siendo muy descuidada aquí. Lo primero que nos llegó, una obra primeriza fueron unas reflexiones dibujadas sobre su difunto padre. Papá destacaba por un dibujo desgarbado, muy impulsivo, que hablaba con energía al energía al lector. Corrijamos. Más que con energía, sería con “energías”. Cada dibujo está dotado de un ánimo distinto. El objetivo era trazar recuerdos en los que la memoria iba vinculada, inevitablemente, a la emoción. Seguramente también lanzar mensajes pendientes.  Un poco con un aire más recreativo -aparentemente- nos llegaba después Rollos míos y Más rollos míos, un conjunto de anécdotas autobiográficas, reflexiones íntimas y demás, siempre ahondadando en el tema de la emoción.

 

Travesía supone un salto respecto a esos primeros trabajo en tanto supone embarcarse -perdón por el chiste implícito- en una novela gráfica más hilada, que va más allá de momentos más o menos desconectados de la vida. En ella nos cuenta como harta de la monotonía, se propuso escapar del cubículo de la rutina urbana para embarcarse en un viaje a bordo de un velero para cruzar el Atlántico. Travesía es, de nuevo, un viaje emocional con punto de partida en un relato del presente en el que abunda la disconformidad con el mundo y la soledad -más o menos aceptada- y que gira hacia una suerte de aventura programada. No solo se trata de cruzar el charco, sino también de abrirse a extraños, a la gente que se va topando por el camino, los individuos que han decidido vivir en otra suerte de rutina, marítima, si se quiere. Durante el viaje, Picault se reconcilia de alguna forma con el mundo. Conecta de nuevo.

 

Su dibujo me parece soberbio, a punto de serlo más todavía en el siguiente libro, Charanga. Caricatura minimalista pero expresiva, muy plástica. Le permite representarlo todo. En los fondos y los espacios, muy detallista. Y en un momento determinado del viaje, el del cruce del océano, naturalista. Picault quiere que el lector vea por sus ojos, lo que sintió al llevar el timón del velero que le permitió cruzar un océano. La paz silenciosa, la conexión con el entorno salvaje, el “estoy aquí y ahora”. Y lo consigue.

 

A día de hoy, Travesía sigue siendo una obra tan fresca como atractiva. Un soplo de aire fresco. Y como decía al principio, es una lástima que todavía no tengamos una puesta al día de sus obras en España. La editorial que publicó las obras aquí mencionadas y Charanga, Sins Entido cerró su actividad y el relevo de la publicación de las obras de Picault no lo ha retomado nadie hasta la fecha. Habiendo trabajos tan interesantes y distintas como Comtesse, L’air de rien, Idéal Standard, Les mélomaniaks o Eva ya es raro que nadie se lance a ser su editor por aquí.

 

 

Burbujas (de Daniel Torres)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 14 – Palabra: BURBUJAS

 

Obra: Burbujas

Autor: Daniel Torres

Editorial: Norma Editorial

 

Burbujas seguramente no es el mejor cómic de la carrera de Daniel Torres -lo que no significa que sea un mal tebeo, ojo- pero sin embargo me parece uno de los cómics más interesantes en la carrera de Daniel Torres. Lo es porque es el tebeo más atípico en comparación al resto de la carrera del autor valenciano, más conocido en su carrera anterior a Burbujas por sus cómics de Roco Vargas, el célebre aventurero espacial o por sus tebeos de humor infantil/juvenil de Tom. Ya entrado en los  dos miles publicó esta novela gráfica, que tenía muchas cosas que descolocaban al lector habitual de cómics que hubiera seguido la trayectoria de Torres.

 

Básicamente, Burbujas no parecía un tebeo de Torres. La ausencia de color, la historia intimista y cotidiana con algún puntito de fantasía, el constante monólogo interior. Sin embargo parecía exactamente “la típica novela gráfica”. En un momento en el que empezaba a despuntar un tipo de tebeo publicado en formato de libro -sin seguir los cánones de la industria del tebeo tradicional europea o americana en cuanto a estilo, número de páginas o forma del libro- con temática biográfica y/o costumbrista con componente intimista. Burbujas contaba la historia de un padre de familia que, entrada la cuarentena, se encuentra con el repentino dilema del “como he llegado yo hasta aquí”. El mundo que tiene alrededor le parece algo extraño y ajeno -su mujer, sus hijos, sus amigos- y solo encuentra paz en los momentos de reflexión ante un acuario de un parque. Se sienta allí y deja a su mente divagar alejado de todo lo demás.

 

En ese sentido, me parece interesante porque provoca la pregunta de hasta que punto un tebeo así significaba que Torres intentaba subirse a caballo de una cierta dinámica que estaba funcionando a nivel editorial. Pero también cabía la posibilidad de que la obra, con todos los temas que trataba pudiera ser una forma de que el autor desahogara sus inquietudes vitales. En alguna entrevista lo confirmó si bien, como comentaba, la obra se alimentaba de su propias vicisitudes tanto como de personas que conocía, con cuestiones similares. Así, esta obra, si bien no tan popular como el resto, puede ser tan significativa en su bibliografía de carrera como puede serlo, por ejemplo, Crisálida, para Carlos Giménez.

 

Si algo sí mantuvo Torres en Burbujas, relacionable con su obra anterior, fueron dos cosas. Una, el recurso a la fantasía. El protagonista, frecuentemente, divagaba en sus reflexiones para hablar con personajes ficticios o ya fallecidos. La realidad se alteraba en su percepción, para ayudarle a superar la crisis que vive. La segunda, su precisa línea clara, que sigue y ha seguido luciendo imperturbable para goce de todos sus lectores.

La levedad (de Catherine Meurisse)

LALEVEDAD

 

es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 3 – Palabra: ALIVIO

 

Obra: La levedad

Autora: Catherine Meurisse

Editorial: Impedimenta

 

El 7 de Enero de 2015 dos encapuchados entraron en la redacción de la revista Charlie Hebdo matando e hiriendo a varios de los allí reunidos (entre ellos a los dibujantes Cabu, Charb, Tignous, Honoré y Wolinski). Catherine Meurisse, también dibujante del semanario satírico francés llegó tarde a la reunión, lo que pudo haberle salvado la vida ese día.

 

En La levedad, Meurisse recoge la crónica autobiográfica de aquellos días: el shock tremendo del horrible suceso, los momentos de estrés post-traumático durante los días posteriores y como poco a poco fue recuperando la normalidad en su vida, lo que ella identifica como “la levedad”. Precisamente, de la narración de la autora, uno de los rasgos más interesantes es el ritmo que se desarrolla a lo largo de la obra, que transmite algo más que la narración de los hechos en si. La primera parte de la obra, que cuenta los sucesos del día del atentado y justo los posteriores se cuentan un poco atropelladamente… pero se cuentan. La forma se corresponde con el sentir que se nos cuenta. Va contando el relato con escenas cortas: ahora silenciosas, ahora repletas de texto, ahora con metáforas visuales, ahora con texto garabateado. La autora francesa mantiene su estilo de dibujo de caricatura humorística para contarnos la historia -y que ya habíamos visto en trabajos como La comedia literaria (Impedimenta)- y el lector es testigo de como, de alguna forma, se agarra a los recursos humorísticos para mantener la cordura, mientras lidia con el sin sentido de lo sucedido y la pérdida de los compañeros y amigos de profesión.

 

Posteriormente, acompañando a la recuperación emocional el ritmo de la narración se va haciendo más fluido, pausado y recreativo, como si un ritmo respiratorio acelerado, fuera recuperando su cadencia normal. Las escenas son más largas y la autora puede formular ya un cierto discurso. Las conversaciones con otros son mejores y más relevantes y aparece ya un sentido del humor más natural. Pero el desencadenante que nos llevara hacia el desenlace de la crónica de la afectación emocional es la llegada de un cierto reposo en el que puede encontrarse a si misma y recordar. En la obra empiezan a entrar colores (hasta ahora casi ausentes, o bien oscuros o apagados), el azul y el verde más amables Y con él, finalmente, llega el establecimiento de un objetivo, una búsqueda, un viaje exterior: el de la reconciliación con la belleza en el mundo, a través del arte. También, evidentemente, termina por ser un viaje interior.  El duro pero también humanista relato de Meurisse se ha considerado como una de las mejores novelas gráficas de 2017 y hay que agradecerle la valentía de haberlo dibujado y compartido con todos nosotros.