Río Veneno (de Beto Hernández)

RIOVENENO

 

 

es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 27 – Palabra: VENENO

 

Obra: Río Veneno

Autor: Beto Hernández

Editorial: La Cúpula Ediciones

 

Reseñé por aquí hace unos días Nuevas historias del viejo Palomar de Beto Hernández, que vendrían a ser las últimas historias publicadas sobre la saga de Palomar -aunque no necesariamente las últimas en su cronología- y el azar de la palabra del día -“veneno”- me abre la puerta a reseñar el principio de la saga, recogida en las historias del libro Río Veneno.

 

En realidad, Río Veneno tampoco es exactamente el inicio de la saga de Palomar, pero sí que es el inicio cronológico de la serie, la precuela, para entendernos. Tras dibujar varios comics y asentar el universo y los personajes, Beto decidió coger a su personaje más destacado, Luba y visitar sus orígenes. Y ahí está, en sus primeras páginas, recién nacida y el drama ya flota en el aire. Para quien no haya leído las historias de Palomar, en mi opinión da igual por donde empieces a leer la historia porque en cualquier punto de su entrada te puede atrapar. La Luba de la etapa norteamericana es un personaje al que se le percibe como Beto le dibuja el peso de una vida encima. Por eso, cuando el lector acude a Río Veneno, es imposible que se le escape una lágrima al ver dibujada en ella la inocencia primigenia sabiendo algunas cosas que están por venir. También desborda la Luba adolescente, un personaje cargado de energía que arrolla al resto de los personajes con los que se va topando. Así como vemos desarrollarse la relación que tiene con Ofelia desde niña y el momento en el que el famoso martillo aparece por vez primera en sus manos.

 

Río Veneno carece, eso sí, de las características de realismo mágico que tienen el resto de los libros. Beto la concibe más como una suerte de drama latinoamericano con tonos de noir. Los personajes están desarraigados, prima la desconfianza y la incomunicación y en ese sentido, la llegada a Palomar, al final de la obra deja una idea como de haber llegado a un lugar especial, mágico, una suerte de Shangri-La mundano haciendo una transición idónea hacia los relatos que se dibujaron primero. Todo empieza de nuevo.

 

Se le ha considerado un libro inferior al resto de la serie, quizás por distanciarse en el tono y estilo de los libros de Palomar. Pero para mí sigue siendo un libro esencial, como el resto. En el mosaico de estas vidas de ficción que Beto ha ido construyendo a  lo largo del tiempo cada pieza del puzle importa y aporta.

 

 

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Degenerado (de Chloé Cruchaudet)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 11 – Palabra: MAQUILLAJE

 

Obra: Degenerado

Autora: Chloé Cruchaudet

Editorial: Dibbuks

 

Degenerado es una novela gráfica que se basa en la historia real de Paul Grappe, un joven francés que es destinado a las trincheras de la primera guerra mundial, que desertó de las mismas con un plan que se convirtió en una forma de vida, pero que acabó de forma trágica. La primera página de la novela gráfica de Chloé Cruchaudet inteligentemente nos muestra a un señor francés cualquiera que cambiándose de ropa en seis viñetas. A media página se coloca una toga y entendemos que este señor es un juez rapidamente. La autora está sirviendo una cuestión desde el principio ¿El hábito hace al monje?

 

El Paris de principios de siglo pasado nos lo dibuja con grises y alguna nota de color, el rojo, que se quedará durante toda la obra para darle energía, vida y sangre, al relato. Porque la historia del protagonista tal y como nos la presenta la Cruchaudet va un poco de eso, de vivir, de permanecer con vida. El joven Grappe, tras ver los horrores en primera línea y retirado unos meses por algunas heridas sufridas hurdió un plan, desaparecer del mapa disfrazándose de mujer, para lo cual le ayudaría su esposa, Louise. Juntos cuidan todos los detalles: vestimenta, eliminación del vello facial, maquillaje… En el cambio de género, Grappe descubre una extraña libertad. Se siente cómodo en su nueva apariencia ante el mundo, en el rol socialmente establecido para una mujer en el Paris de “los años locos”. En la relación de pareja al principio parece un juego, pero pronto van saliendo cuestiones, que no revelaremos para que el lector pueda descubrir la historia con la lectura del cómic.

 

Resulta curioso como los grises de la obra, que transmiten languidez y una atmósfera sombría y turbia no afectan al ritmo de la historia, que no se hace plomiza sino que se cuenta de forma ágil y dinámica. Probablemente a ello contribuya favorablemente la ausencia de marcos en las viñetas que hace algo más corta la pausa entre momentos. En el dibujo es elegante y un poquito expresionista cuando la tensión emocional del relato hace cuerpo presente.

 

Degenerado se lee del tirón, es una obra que transmite muchas cosas. Trata temas como los prejuicios, la doble moral o la discriminación por género, si bien no hay un mensaje de denuncia explícito. Simplemente los enseña para que el lector tenga conocimiento y conozca todas las circunstancias que afectaron -o pudieron afectar a esta historia- y quizás sirva de reflexión para aventurar si hemos avanzado o no.

Nuevas historias del viejo Palomar (de Beto Hernández)

 

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Reseñoviembre – Día 8 – Palabra: CESTA

 

Obra: Nuevas historias del viejo Palomar

Autor: Beto Hernández

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Palomar fue una odisea fabulosa. Como lector que descubrió la obra de los Hermanos Hernández hace menos de diez años -a mí me parece un descubrimiento bastante tardío- le estoy eternamente agradecido a Beto Hernández el haber creado un universo de personajes tan increíblemente cercanos como de otro mundo.

 

La saga contaba las vidas de una serie de personajes que vivían en un pueblo ficticio latinoamericano con dicho nombre; frecuentemente las historias giraban en torno a Luba, una mujer que llegó al pueblo de joven y que lo puso provocando reacciones diversas. Cada historieta contaba una historia que podía tener que ver con uno o más personajes; conectadas, veíamos pasar el tiempo, desarrollarse sus relaciones, darse pérdidas o llegadas de nuevos personajes. Tras Palomar, Beto trasladó el personaje de Luba -y algunos otros- a Norteamérica- donde la crónica era entonces la de la comunidad latina en los Estados Unidos.

 

Uno de los encantos de estos cómics, además de los personajes bien definidos que lo poblaban, era su narrativa de realismo mágico. Beto rechazaba que le comparasen con Gabriel García Márquez, aunque era una buena estrategia para vender y mover sus tebeos y hacerlos llegar a gente no lectora de los mismos. Y seguramente lo hacía porque el realismo mágico que practica él y el que practicaba el escritor colombiano eran distintos. No es lo mismo trabajarlo desde el cómic que desde la literatura; en el primero hay que introducir los elementos visuales para que esto se produzca. Y la fuente de “magia” con la que se bañaban el costumbrismo visual de Palomar no venía tanto del folklore literario, sino de la historia de los propios cómics, de referencias muy sutiles que hacía que las historias tuvieran ecos de tebeos clásicos de humor, romance, fantasía, ciencia-ficción o género negro incluso. De este realismo mágico podrían escribirse tesis larguísimas, que tristemente, tendremos que dejar para otro día en un texto más en profundidad.

 

Nuevas historias del viejo Palomar es una suerte de “bis”. Con el grueso de la historia del pueblo y de Luba ya contada, Beto quiso volver para contarnos algunas historias sueltes, pertenecientes a diversos momentos de la cronología de la saga. Si bien es cierto que no tienen la potencia de las historias precedentes y las incursiones “mágicas” son de las más explicitas vistas en la serie de libros. Sin embargo… siempre es agradable volver a Palomar y que se te caiga una lagrimilla cuando ves a Tonantzin recorriendo las calles de ese mítico pueblo, vendiendo babosas fritas transportadas en un cesto sobre la cabeza, como hacía antaño.

La levedad (de Catherine Meurisse)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 3 – Palabra: ALIVIO

 

Obra: La levedad

Autora: Catherine Meurisse

Editorial: Impedimenta

 

El 7 de Enero de 2015 dos encapuchados entraron en la redacción de la revista Charlie Hebdo matando e hiriendo a varios de los allí reunidos (entre ellos a los dibujantes Cabu, Charb, Tignous, Honoré y Wolinski). Catherine Meurisse, también dibujante del semanario satírico francés llegó tarde a la reunión, lo que pudo haberle salvado la vida ese día.

 

En La levedad, Meurisse recoge la crónica autobiográfica de aquellos días: el shock tremendo del horrible suceso, los momentos de estrés post-traumático durante los días posteriores y como poco a poco fue recuperando la normalidad en su vida, lo que ella identifica como “la levedad”. Precisamente, de la narración de la autora, uno de los rasgos más interesantes es el ritmo que se desarrolla a lo largo de la obra, que transmite algo más que la narración de los hechos en si. La primera parte de la obra, que cuenta los sucesos del día del atentado y justo los posteriores se cuentan un poco atropelladamente… pero se cuentan. La forma se corresponde con el sentir que se nos cuenta. Va contando el relato con escenas cortas: ahora silenciosas, ahora repletas de texto, ahora con metáforas visuales, ahora con texto garabateado. La autora francesa mantiene su estilo de dibujo de caricatura humorística para contarnos la historia -y que ya habíamos visto en trabajos como La comedia literaria (Impedimenta)- y el lector es testigo de como, de alguna forma, se agarra a los recursos humorísticos para mantener la cordura, mientras lidia con el sin sentido de lo sucedido y la pérdida de los compañeros y amigos de profesión.

 

Posteriormente, acompañando a la recuperación emocional el ritmo de la narración se va haciendo más fluido, pausado y recreativo, como si un ritmo respiratorio acelerado, fuera recuperando su cadencia normal. Las escenas son más largas y la autora puede formular ya un cierto discurso. Las conversaciones con otros son mejores y más relevantes y aparece ya un sentido del humor más natural. Pero el desencadenante que nos llevara hacia el desenlace de la crónica de la afectación emocional es la llegada de un cierto reposo en el que puede encontrarse a si misma y recordar. En la obra empiezan a entrar colores (hasta ahora casi ausentes, o bien oscuros o apagados), el azul y el verde más amables Y con él, finalmente, llega el establecimiento de un objetivo, una búsqueda, un viaje exterior: el de la reconciliación con la belleza en el mundo, a través del arte. También, evidentemente, termina por ser un viaje interior.  El duro pero también humanista relato de Meurisse se ha considerado como una de las mejores novelas gráficas de 2017 y hay que agradecerle la valentía de haberlo dibujado y compartido con todos nosotros.

 

Saló del Cómic de Barcelona 2018: Masterclass de Laura Pérez Vernetti

 

 

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Foto: FICOMIC

 

A Laura Pérez Vernetti apenas la conocía o había leído nada de su obra. Recuerdo un amago de discusión sobre la relevancia de su obra entre Ana Galvañ y Pepo Pérez en la entrevista para el Comics Esenciales 2016. Ana defendía la importancia de recordar la carrera de la autora y su trabajo único. Seguramente de forma poco casual, Laura asomó la cabeza en el Comics Esenciales del año siguiente: Kike Infame reseñaba su Viñetas de plata y Álvaro Pons mencionaba los cómics de la autora en su artículo sobre poesía gráfica. Este año se le ha reconocido la importancia de su carrera otorgándole el Gran Premio del Saló del Cómic, por lo que acudir a su charla era algo imprescindible.

 

El evento estaba anunciado como una masterclass, sin embargo, la autora decidió hacer un repaso a su carrera, muy centrada en su línea de trabajo reciente dedicada a investigar la vida y obra de diversos poetas. La siguiente transcripción la componen varios fragmentos de esta charla en la cual nos explica su procedimiento de trabajo y como sintetiza estas vidas y sus versos en historietas. Vereis en la transcripción muchas menciones a cosas que se están mostrando en pantalla y que no he logrado encontrar para colgarlas (otras sí).

 

Me permito un apunte: me resultó curioso que a Pérez Vernetti le fascinara la poesía de Jesús Aguado, centrada en la felicidad y la alegría rechazando lo oscuro y lo doloroso como la esencia de la cultura. En la charla que dió Tillie en la mismo evento, en la misma sala -y que encontrareis transcrita en este mismo blog- la autora norteamericana dijo algo casi idéntico: basta ya de lo oscuro y de la figura del artista amargado y torturado. Y esto lo dijeron dos autoras de generaciones y procedencias muuuuuy distintas. Interesante como poco.

 

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Esto de hacer una masterclass impone mucho porque, jolín, yo todavía tengo mucha guerra que dar. Me han dado un premio, pero anda que no falta todavía: cosas que investigar, caminos que recorrer… Yo cuando me pongo a hacer un resumen de lo que quiero hacer, no acabo. Muchas veces recibir un premio así parece un poco como si te dijeran “es el premio a una carrera… ¡retírate ya!”.  Yo recuerdo que Max se indignó un poco. Se lo dieron más joven, cuando tenía 40 y pico y él decía que no se iba a retirar al recibirlo. Pues, oye, yo pienso dar mucha guerra todavía.

 

Entonces yo en esta masterclass os quería hacer un pequeño resumen de mi trayectoria. Y luego pasaré a los últimos diez años, en los que me he dedicado a la poesía gráfica, que es una nueva vía de expresión en el cómic. Ya no es la novela gráfica, de la que estaba hablando Will Eisner en los años setenta. Incluso en España, en los años cincuenta y sesenta había unos libritos, que yo tengo, que los llamaban novelas gráficas. pero poesía gráfica, no. Poesía gráfica es solo desde hace diez años, que es cuando el guión ya no es prosa, ya no es un cuento, ya no es una novela adaptada a la historieta. No es prosa, por lo tanto, sino que es un poema.

 

Yo empecé en El Víbora, tenía unos veinte años. En los años ochenta fue una eclosión loca por los tebeos. La movida madrileña era el arte que prefería: decían que el cómic es el mayor arte. Entonces esta generación que trabajamos en los ochenta y que aun hay gente como Federico del Barrio, Raúl, Felipe Hernández Cava… llegamos con esta pasión por este arte de la secuencia que se acerca al cine, a la fotografía, a la pintura, a la literatura. Muchos de nosotros todavía estamos subyugados. Yo si he aguantado tantos años es porque tengo una pasión loca por los tebeos. Entonces incluso yo hoy en día tengo que trabajar como profesora de ilustración, como intérprete,… porque muchos libros que hago, como son de investigación… Por ejemplo, mis amigos poetas me decían “pero Laura, si los poetas no vendemos libros, ¿cómo se te ha ocurrido coger un guión de poesía?” Pues resulta que el experimento de poesía gráfica está funcionando bastante bien. También yo busco aquellos poetas que son más narrativos, la poesía es muy dificil de adaptar. Gran parte de la poesía es conceptual. Por ejemplo, yo adapté a Menchu  Gutiérrez que es una poeta muy ecléctica y muy conceptual. ¿Cómo dibujas los conceptos? hay muchos vocablos poéticos que no son visuales. Entonces buscar aquellos poemas de ciertos poetas que se puedan dibujar en secuencia… No solo se trata de dibujar, porque claro puedes hacer una ilustración de Baudelaire o de cualquier poeta puedes hacer una ilustración. Pero hacer una narración en secuencia, una cámara que se mueve, cuando estás recitando un poema… Claro, esto es bastante difícil. Yo tengo compañeros que me dicen “ostras, Laura, me han propuesto hacer esto de un poeta, pero es que no sé como hacerlo”. Es francamente difícil.

 

Yo ya había adaptado literatura a comic: a Stevenson, a Colette, a Carson McCullers, a Joyce, a Maupassant, a Thomas de Quincey, a Dylan Thomas… A un montón de literatos los adapté a la secuencia del cómic. Ojo. No quiero que se crea que el cómic tiene que dignificarse con la literatura y la poesía. En absoluto. Para mí es apasionante el cómic. Sencillamente es un híbrido, un diálogo con otras artes, que para mí están al mismo nivel. Y a mí me apasiona más el cómic que la poesía. Pero es un diálogo. Yo creo que los híbridos son muy interesantes. De la mezcla de literatura y cómic, poesía y cómic, acaban ganando las dos artes. También la poesía se hace más pop, más cotidiana, más moderna en muchos aspectos. Descubrí que la poesía que muchas veces la gente dice que “es un señor que está con una lira en el balcón de su amada, es muy cursi, ahí cantando poemas de amor”. No señor. Hoy en día, la poesía mundial, la poesía catalana, la española, es actual, es rupturista, hay un montón de estilos muy interesantes. Por ejemplo, en mi libro Ocho poemas. Novela gráfica incluyo a Jesús Aguado que reivindica la felicidad y el humor ¿Porqué no? La cultura tiene la manía de que solo lo trágico, solo lo doloroso, es cultura. Todavía hoy en día, la felicidad y el humor se consideran como baja cultura o que no participa de la cultura. Pues dibujé un poema de Aguado al estilo de la caricatura. Para cada poeta elegí un estilo diferente.

 

ochopoemas

 

Esto en mi carrera me ha supuesto bastante problemas con loes editores. Presentar un libro que tiene varios estilos gráficos pues me han soltado unas barbaridades enormes los editores. “No tienes personalidad”, “No sabes lo que quieres”, “esto me lo voy a comer, se va a quedar en el almacén”… ya sabemos como son los editores. Pero tuve suerte en el camino de encontrarme a Paco Camarasa, a Luces de Gálibo, a Reino de Cordelia, Amok en Francia… Ahora con Igort en Italia, en Coconino, y también publicaré en la revista italiana Linus, que es una revista histórica en la que publicaré poesía gráfica. Encontré gente sensible, gente que apostó por mí. Entonces por ejemplo a Felipe Hernández Cava tengo que nombrarlo porque en periodos en los que no tenía absolutamente nada y dibujaba sola, en una soledad horrorosa,… La verdad es que el trabajo del dibujante es solitario y es un gran placer. Pero cuando pasan los años y te encuentras rechazo tras rechazo, pues Felipe Hernández Cava me estuvo apoyando. Es una persona ética y es un gran guionista. Mucha gente dice que es el mejor guionista español. Apoya a sus autores. Es un gran amigo. Y además Felipe Hernández Cava ha descubierto talentos, que eso es muy difÍcil. En pintura hemos visto a los que apoyaron a los dadaistas, a los que apoyaron al arte pop,… esa gente que apostó y dijo “hacedlo que yo os expongo”. Pues Felipe es una de estas personas. Las personas que él tuvo el olfato para descubrir como autores con talento y apoyarles, en diez o quince años han demostrado ser grandes autores.

 

VERNETTIPESSOA

 

En poesía gráfica lo primero que yo hice hace diez años fue Fernando Pessoa, en Pessoa & CIA con Luces de Gálibo. Precisamente porque hacía muchos años que yo quería adaptar Pessoa a la historieta. Lo elegí porque es uno de los grandes poetas del siglo veinte que tenía varias personalidades. Él lo hizo antes que yo en poesía, en ensayo… Pessoa en El libro del desasosiego mezclaba ensayo, autobiografía, novela… tenía muchas personalidades muy diferentes entre si. Pues de este artista que apostó por la libertad del creador, de tener varias personalidades -igual que yo tengo varias personalidades gráficas también- pues me dije, voy a intentar hacer una novela gráfica. Que es lo que yo pensé hacer al principio, pero luego… claro, lo que a mí me interesaba era sobre todo la primera parte del libro que es una biografía. La segunda parte son poemas de sus heterónimos. Y entonces empecé a utilizar como guión la poesía.

 

Veis aquí una de las páginas de Pessoa. Yo cogí los retratos de su amigo Almada Negreiros que ahora hay una exposición muy importante en Madrid, en el Reina Sofía, de Fernando Pessoa. Es una exposición muy interesante. Sobre todo es pintura. Y hay algún texto de Pessoa que si vais veréis que realmente es una persona que se ha adelantado a muchas investigaciones de hoy en día. Realmente fue muy desconocida su obra. Pero porque no le interesaba hacerse ver, no le interesaba publicar a pesar de que era un gran creador.

 

VERNETTIPESSOAFUTURISTA

 

Entonces como veis aquí, yo cogí un poco el arte de las vanguardias portuguesas de principios del siglo veinte, sobre todo el futurismo. Esto es para que veáis un poco, los bocetos. Y aquí el blanco y negro. Me gusta mucho el blanco y negro, que es lo que sobre todo he hecho. Porque es como la fotografía, una traducción de la realidad. Tú estás traduciendo las luces, las sombras, los contrastes, los llenos, los vacíos… He hecho color también: ya vereis que en Pessoa los poemas son en color y la biografía es en blanco y negro. Porque me parecía eso, que Pessoa tanto decir que era un oficinista gris… pero tenía una imaginación loquísima. Y por eso lo hice en color, en color acuarela. Pero los últimos diez años.

 

Esto es el boceto hecho a rotulador. Esto es el padre de Pessoa. Utilicé bastante la caricatura. O sea, la fisionomía del rostro caricaturizada y el cuerpo pequeño. Esta es la primera página de la vida de Pessoa, cuando Pessoa nació. Resulta que su madre para esa época debía ser realmente algo muy extraño, era una mujer muy culta: leía varias lenguas, escribía poesía. El padre de Pessoa murió siendo él muy pequeño. Aquí veis más bocetos para que veáis que mis bocetos son muy esquemáticos. Más o menos aboceto muy rápidamente la idea sobre todo para la composición y luego voy perfilando. En esta primera viñeta esta era la tía de Pessoa que era una persona que tenía problemas mentales. Y aquí veis como se pasa a tinta. Porque yo trabajo tanto el dibujo con los instrumentos tradicionales como con el ordenador.  Para dibujar me aburre el ordenador, entonces dibujo a mano, paso a tinta a mano, coloreo a mano… pero por ejemplo, para la rotulación tengo una tipografía que me he hecho yo con mis propias letras. Poner en escuadra, limpiar las páginas, todo esto, lo hago con el ordenador.

 

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Aquí veis un retrato abocetado de Pessoa, luego lo invertí. Según la composición, lo invierto. Estos de abajo son grandes escritores y poetas con los que se relacionó Pessoa. Pessoa se relacionó con las vanguardias, pero en el fondo como era una persona muy aislada, una persona muy solitaria, en realidad no participó. No se puede decir que Pessoa fuera un futurista o una persona de las vanguardias, pero sí que se relacionó con estos grandes autores. Aquí veis Orpheu, que fue una de las publicaciones vanguardistas de la época. Aquí al final veis a Almada Negreiros que tiene un traje futurista que se hizo él. Y es una lectura de Pessoa con varios personajes. Yo he cogido cuadros de los años veinte, portugueses. Estos personajes los he sacado de cuadros de la época. Y aquí veis el pasado a tinta, con el pincel. Me gusta el rasgo del pincel más que la plumilla. Hay autores que utilizan la plumilla y la plumilla es un trazo muy limpio y fino. Pero yo prefiero el pincel, me gusta más el trazo gestual del pincel.

 

Pessoa era una persona a la que la astrología le interesaba muchísimo. Se montó una pequeña imprenta en la que se arruinó y aquí, en la última viñeta veis parte de sus heterónimos. Y aquí tenéis una viñeta de color. En el cómic sabéis que tienes que estudiarte toda la secuencia, es como un storyboard. Los guiones de cómic recuerdan mucho a los guiones de las películas de cine. Se habla de plano general, de plano medio, de primer plano, de picado, de contrapicado,… Generalmente se habla en términos que también usan los cámaras de cine o los cineastas. Y veis aquí como tengo que abocetar primero como será el movimiento de la cámara. Porque el cómic no es una única imagen como la pintura o la fotografía sino que tienes que estudiar de manera que el lector no se detenga en una imagen sino que la primera viñeta le dé una patada a la segunda, la segunda a la tercera y acabe el lector hasta la última página. Y veis aquí ya la página pasada a tinta, a acuarela. Lo hice así porque me interesaba el color a acuarela pero me llevó mucho tiempo. Este album me llevó tres años. Primero porque Pessoa es tan difÍcil que yo pensaba que iba a ser imposible. Y luego porque la técnica de la acuarela tienes que esperar que se seque el color, para pintar el de al lado, tienes que precintar la acuarela, etc. Claro, si lo hubiera hecho con ordenador, en unas horas lo acababa. Pero yo quería que fuera en acuarela. Aquí veis otra viñeta, fijaros que de hecho, en la pelea, veis más o menos como se moverán los personajes. Luego  ya cambio algún punto de vista.

 

Y aquí La oficina amplia. Este es de El libro del desasosiego. Tiene bastante obra. Como el fue un oficinista gris toda su vida realmente no le interesaban los viajes, las aventuras, los grandes amores, sino que era una persona que fue… un oficinista gris. Un traductor. Estuvo en una oficina durante muchos años, entonces retrata las oficinas y muchas veces lo hace como si fuera un espacio muy interesante, como si estuviera lleno de pasiones. Como si fuera el amazonas. Y aquí veis un boceto, la viñeta final. ¿Veis este personaje que es el jefe? En la exposición de Pessoa de Madrid hay un personaje de los artistas portugueses de principios de siglo que es calcado. Y yo no lo conocía. Entonces me impresionó mucho ver. Que a principios del siglo veinte habían hecho un oficinista parecido al que se ha hecho un siglo después.

 

El color acuarela es un poco difÍcil de reproducir pero bueno, yo quería hacerlo. Y esto ya es otro poema. El personaje, el lápiz, la tinta encima. Veis que ya no es el mismo estilo que el anterior, es diferente de alguna manera. Este es un poema de Alberto Caeiro, uno de sus heterónimos, que ocupa solo una página. A veces el poema ocupa seis-ocho páginas y otras es muy breve. Una viñeta que el plano frontal tenía que hacerlo simétrico… veis que está aquí la penúltima viñeta. Arquitecturas deformadas, un poco también la estética del siglo veinte.

 

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Y este es el siguiente album que hice que es sobre el poeta ruso Maiakovski. Lo escogí porque había pensado en coger un poeta que fuera muy diferente a Pessoa. Si Pessoa estuvo toda la vida en una oficina, pues quise hacer un poeta que tuviera una vida emocionante. Maiakovski estuvo en la guerra, era un hombre muy ligón, lo metieron en la cárcel, militó clandestinamente,  viajó mucho… Elegí un poeta con una vida apasionante, de una poesía muy combativa y también de una poesía bastante autobiográfica. Yo elegí aquella poesía que iba narrando la vida de Mayakovski. Y veis, aquí hice de nuevo un estudio del arte de la época: suprematismo, futurismo, constructivismo, el cartelismo de la época… Está mujer por ejemplo recuerda a Lili Brik, un cartel que hizo RodchenkoLilia Brik fue uno de los grandes amores de Maiakovski. Entonces, veis, las letras recuerdan a las letras rusas de la época. O sea que hizo un estudio también de lo que era el arte de aquella época. Esta es la portada italiana, se publicó en Coconino Press. Veis que el diseño de los italianos han decidido coger viñetas para la portada. Lo hice en bitono: blanco, negro y rojo. ¿Porqué? Porque durante la Revolución Rusa no había dinero. Entonces se usó mucho el blanco y negro y el bitono. No se podía gastar en colores en los carteles de la revolución o en lo posterior. O los constructivistas, los futuristas, los suprematistas… no tenían un duro. Entonces se hizo mucho blanco y negro y bitono. Y mucho rojo. A veces también el amarillo. Pero principalmente blanco, negro y rojo.

 

Y este es un poema de Maiakovski, La rusa del dandy (?). Más bien es de la época futurista de Maiakovski. Veis aquí el personaje que es él, aquí retoma la estética de la época. Y el retrato de Maiakovski, que a veces es caricatura, a veces es realista, a veces es medio inventado… pero veis que el estilo es diferente que el de Pessoa. Yo en cada proyecto parto de un punto de vista gráfico diferente. Esta es la página ya pasada a rojo y a tinta. Esta ya es más reivindicativa, más comunista, de su participación en la lucha comunista. Aquí están los burgueses ilustrados como cerdos. Ya son poemas más combativos, politizados respecto al anterior, que era futurista, que hablaba del dandy… Veis aquí la página que sale Sergei Esenin, que era un poeta ruso de la época. Y la última viñeta retoma el tema del cartelismo ruso. He mezclado varias imágenes. Aquí veis un poema que se llama “Tú” dedicado a Lilia Brik. Lilia Brik estaba casada con Ósip que era un gran escritor y un crítico muy amigo de Maiakovski. Y se montaron un trio. Lilia Brik tenía relaciones tanto con Maiakovski como con su marido y se llevaban muy bien. Llegaron a un acuerdo, no habían ni celos ni nada y se entendían muy bien así. Y este es un poema que le dedica a ella, su gran amor, que se llama “Tú”. Este es el boceto. Veis aquí que en la segunda viñeta el rojo lo he movido. Así como en las otras coincide con el registro negro, en la segunda viñeta moví el rojo. Esto es otro poema, de la hambruna en Rusia. Y aquí veis, en el cabezal, en el titular aparecen dibujos de Maiakovski. Porque de Maiakovski se habla de  su poesía, su vida, su participación en la revolución, su encarcelamiento… pero no se habla de que era muy buen dibujante. Hacía unos dibujos fenomenales. por ejemplo, hizo toda una serie de dibujos para caramelos que son como unas caricaturas muy buenas. Y entonces a veces en el libro aparecen dibujos de Maiakovski. Los he incorporado a las páginas. Otra viñeta. Veis, aquí pasaba a rojo y a blanco y negro. Claro, tenía que coger también gorros de la época, gafas, barbas, bigotes… También como iban las mujeres, que solían cubrirse mucho la cabeza.

 

VERENETTIMAIAKOVSKITEBEOSFERAPágina de El caso Maiakovski (Lúces de Gálibo) – Imagen en Tebeosfera

 

Y esta es la primera página de su biografía. Maiakovski era un gran forofo de Cervantes y del Quijote. Toda su vida fue un libro de referencia. Tenía tres hermanas y se quedó huérfano de niño.  Esta segunda viñeta en la que Lilia Brik está gritando, es una reinterpretación de un cartel de Rodchenko. Yo lo he cambiado, he cambiado los fondos, por ejemplo. He cogido los carteles de la época y los he redibujado para que narraran la historia. Rodchenko y Maiakovski se montaron un estudio de diseño los dos. Veis que es una estética de la época.

 

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Y esto es Poémic. Es un experimento nuevo porque es la poesía en la tira. Ya no es la poesía en la página de cómic dentro de una ración de diez, quince o veinte páginas, sino que es una tira que tiene cuatro viñetas. Tiene que explicarlo todo en una comic-strip o tira. ¿Qué pasó? Pues resulta que yo el Día de la Mujer había una lectura en Poble Sec del poeta Ferran Fernandez. Y estábamos leyendo sus poemas, que los recitaba junto a una cantante de tango, y el diseñador Andres Salvarezza me dijo: “oye, Laura, ¿te has fijado que los poemas de Ferran Fernandez sigue la estructura de una tira de cómic?”. Nos fijamos y era verdad. Sus poemas son como si en la primera viñeta te formulara una situación y en la segunda o tercera, un gag final. Entonces volví a casa esa noche y yo tenía un libro de Ferran Fernandez, que es catalán y profesor de periodismo en Málaga, me puse a dibujar e hice la primera tira. Y entonces hablé con el poeta para proponer hacer las tiras y él estaba encantado. Él no se había dado cuenta de esto. Lo dibujé durante un año y salió Poémic. Historias en blanco y negro. El personaje se inspira en Tristan Tzara, en la manera de vestirse, por ejemplo. Tristan Tzara llevaba solo una lente, iba bien peinado, tenía una forma de vestir muy específica. Son poemas que hay de todo. Hay compromisos políticos, hay relaciones de pareja, hay erotismo, hay amistad, hay odio, hay todo tipo de temas… Elegimos como portada una tira. Es muy sintético, hay muy pocos negros y mucho blanco. Porque claro, la tira al ser pequeña tampoco puedes poner mucho detalle porque se te empasta todo.  Veis, uso pocos elementos. Sobre todo es el personaje en el centro. Este es sobre los tebeos. La última viñeta es del dibujante Coll.

 

Y este es Ocho poemas. Novela gráfica. Este es el que os contaba yo que Jesús Aguado hizo un poema sobre la felicidad. Entonces en este libro hay cuatro mujeres poeta. Ya sabéis que las “poetisas” ya no existen. Las poetas no quieren que las llamen así. Entonces eran cuatro poetas hombres y cuatro poetas mujeres. Entre las mujeres, Miriam Reyes, Julia Otxoa, Isabel Bono y Mentxu Gutierrez. Entre los hombres, José Luis Piquero, Jesús Aguado, José Angel Cilleruelo y Luis Alberto de Cuenca.  ¿Porqué hice este libro? Porque igual que en el Poémic me dije que estaba haciendo un album sobre Pessoa, que en vida no le hicieron ni puto caso y a Maiakovski… Bueno, a Maiakovski sí, que le hicieron un funeral de la hostia pero porque estaban utilizando como propaganda stalinista. Y en este yo pensé que tenía que apoyar a los poetas actuales. Los poetas actuales están luchando en estos momentos, lo tienen dificilisimo. Estamos hablando de cultura actual, de todo lo que nos interesa. Me dije ahora voy a coger a poetas catalanes y españoles que están publicando hoy en día. Contacté con varios poetas y hicimos una selección de poetas de diferentes generaciones.  De personalidades muy diferentes. Y hacer para cada uno un registro gráfico de acuerdo a su personalidad poética. Esta es la portada que me hizo el diseñador Andrés Salvarezza, que me ha hecho la mayoría de los diseños. Ahora trabaja para Ediciones La Cúpula. Es un gran diseñador que, por ejemplo, ha hecho la portada de Sufragista, un libro que ha tenido seis o siete ediciones. Aquí cogió una viñeta de cada poeta.

 

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Este es José Luis Piquero, un poeta muy duro, con una poesía que no hace concesiones. Muy veraz. Su gran fuerza es la mala leche. La fealdad, la guerra… es lo que él narra. La crueldad que hay en la vida. Este poema lo estoy publicando en Italia en la revista Linus. Estamos probando en Italia a ver como funciona la poesía gráfica. Igort ha dicho que me iba a apoyar en Italia, le gusta lo que estoy haciendo. Y vamos a ver como contestan los italianos.

 

Esta es Mentxu Gutierrez, la que os decía que es una poeta hermética. Gran parte de su poesía es dificil, es conceptual.Todos estos textos que hay abajo explican cada poeta. Y cada poeta me decía, en su caricatura, qué elementos forman parte de su poesía. Mentxu me dijo “los faroles”, “los laberintos”, “los animales”, “el lobo”… Yo ponía los elementos que elos me decían que se identificaban en su poesía. Esto es de Mentxu, veis es mucho más frío. Un encuentro en una pareja, el absurdo y, de alguna manera, un desencuentro. Mezclé un tipo de imagen muy fotográfica, muy descriptiva con las pinturas, el tríptico de Botticelli que hay en El Prado. Se llama Las nupcias de Nastaglio degli Onesti. Es una novela del Decamerone de Boccaccio. Yo cogí estas pinturas que también hablan del desencuentro en una pareja y de la venganza del hombre que no es amado por una mujer… Estas pinturas y esta novela hablan de que una mujer rechaza a un hombre y como luego tiene una condena en el infierno, que son estos perros, que la siguen, la cazan y le sacan el corazón. Entonces yo cogí esta pintura de El Prado, que son tres cuadros y que es en realidad un cómic antes del cómic. Porque lo que hay en estas pinturas es una narración en secuencia como en el cómic. O sea que Botticelli hizo una narración típica tebeística. Por lo tanto, es un antecedente. Y puse bocadillos típicos de cómic, cambié algunas cosas… por ejemplo, el personaje de la chica tiene el pelo corto como la protagonista de la historia. En resumen, lo adapté y cambié algunos detalles.

 

Y este es Jesús Aguado, el que os decía que reivindica la felicidad. Él ha vivido mucho tiempo en la India. Por lo tanto él me indicó como elementos ciertas partes de la India, ciertos paisajes. Y veis como es completamente caricatura. Incluso el titular. El titular no es tan trágico como Piquero,  es mucho más jocoso.

 

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Esta es Isabel Bono. Su poesía es como si pegara un puñetazo. Muy sintética. No es como Piquero que es cruel y describe la maldad del mundo. Ella es una mujer fuerte, aquí que la veis tan frágil y pequeñita, cuando escribe te da un golpe cada palabra. “Ya no tomo drogas” PUM. Pega un golpe.

 

Y este es José Ángel Cilleruelo que mezcla lo sublime con la basura, con lo underground. Sobre todo trata la belleza de la adolescencia. Los cuerpos… y además esto que siempre se habla de la belleza femenina… pues en este caso un poeta habla de la belleza de los cuerpos masculinos, en la adolescencia. Y como una niña, una chica, que era muy puritana que era encandilada por la belleza de estos cuerpos masculinos.

 

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Y esta es Julia Otxoa. Para Julia Otxoa es importante el sueño, la naturaleza… Ella vive en el campo y para ella es muy importante todo el reino animal y la naturaleza.

 

Y esta es Miriam Reyes, que ha hecho un poema que habla de las manos de su amante. ¿Qué es para ella las manos de su amante? Es como un espacio sideral. Se concentra en esa parte del cuerpo de su amante.

 

Y este es Luis Alberto de Cuenca, que tiene toda una iconografía de los antiguos tebeos: Flash Gordon, John Willy, El Hombre Enmascarado, etc. Es como volver a los grandes autores de los años cuarenta y cincuenta. Es un poeta muy famoso. Es el más famoso de los que he dibujado. E inventó un tipo de poesía que se llama “de línea clara”. Luis Alberto de Cuenca es un loco de los tebeos desde la infancia. Y se inventó esta poesía porque se basa en el estilo francobelga de mismo nombre. Intentó trasladar a la poesía lo que era Hergé y similares… con un estilo muy limpio, muy actual, muy urbano… El titular es un poco como de cine de los cuarenta. El titular con la sombra recuerda el cine en blanco y negro.

 

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Y esto es de Yo, Rilke. De nuevo, otro suicidio. Me decían “Rilke es dificilísimo”. Es uno de los grandísimos poetas del siglo veinte pero es oscurísimo. Entonces la primera parte son unas treinta páginas de su biografía. Era una persona que siempre estaba huyendo, que conoció a Lou-Andrea Salomé, a Freud, a Nietzsche… En el retrato está el hombre retratado y el hombre de la barba que es Rodin, que le influyó mucho en su poesía. Rilke es un poeta que en lugar de ser influenciado por otros poetas, los que influyeron en Rilke fueron pintores. Pintores y escultores. Su poesía fue marcada por el arte visual y el arte táctil más que por poetas. Está Lou-Andrea Salomé -la rubia-, su madre, que le marcó mucho en la vida, Nietzsche… Luego tenemos sus poemas, sus oscuros poemas. Es extraño porque este poema, Queja de muchacha, que tiene un siglo de antigüedad, ya planteaba cuestiones feministas. Como diciendo que la mujer que tiene tantas posibilidades cuando es niña, que es libre, que es creativa, que doloroso es llegar a la adolescencia y que te digan “ponte una compresa, renuncia a todos tus sueños de la infancia y ahora vas a estar atada a la casa”. Y en este poema Rilke de forma muy oscura ya habla de esto: el golpe fuerte que reciben las mujeres en la adolescencia.

 

En Rilke está muy presente la muerte. Desde luego yo elijo cada uno… un poeta oscuro… la muerte… no voy a vender ni un libro (risas). Luego tampoc me va tan mal. Yo investigo y si sale bien, bien. Y si no pues vamos al próximo. En Yo, Rilke también vamos cambiando de época y de lugar. Entonces tengo que hacer de nuevo otro estudio: gorros, sillas, titulares, letras… Es un trabajo de documentación histórica.

 

Aquí retrate a mi madre. Graciela, mi madre, murió de cancer hace cuatro años y este libro lo dibujé un poco con “sabor a muerte”. Todo el libro la muerte está presente. La primera nila que aparece en la historia, la niña con las trenzas es mi madre. Donde pone Gretel, es mi madre.

 

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Y este es el último, Viñetas de plata con poemas de Luis Alberto de Cuenca. Hay serie negra, hay conflictos de pareja, hay la infancia… También aparece el tema del acoso a los niños a los colegios. Es un poema que escribió hace muchos años pero que ya hablaba de que ser niño no es algo tan alegre y tan divertido, que puede ser horroroso. Y ya habla del tema tan frecuente que se ve hoy en día en las aulas. Luego tiene un poema que es de serie negra, que es como un guión de cómic. Él está tan influido de los tebeos, que algunos de sus poemas son guiones de cómic. Este es uno de serie negra La mujer sin cabeza. Luego hay otros poemas más underground.

 

Si queréis hacer alguna pregunta…

 

¿Puedes explicarnos a qué se debe el salto de los cuentos a la poesía?

 

Yo desde el principio he investigado. Yo me he dedicado siempre a investigar. Entonces a mí no me ha llamado un editor y me ha dicho “oye, haces una historieta de chicas que vayan al Congo y monten una película”. No. Yo he hecho una investigación y cuando tenía el libro acabado, me he buscado un editor. Siempre lo he hecho así. Tengo muchos libros sin publicar porque era necesaria esa investigación en ese momento y lo he hecho. Entonces ahora las generaciones jóvenes me reconocen el valor de esto. Me hablaba ayer Kike Infame y me decía que para las chicas que tienen entre veinticinco y treinta eres un referente porque abre las posibilidades de tener diferentes estilos, porque investiga en muchas líneas distintas. Entonces, yo creo que me dieran un premio todavía me cuesta creerlo porque cuando haces lo que te da la gana no esperas que te den un premio. Pero mira, habrán coincidido toda una serie de factores. Pero yo siempre trabajo así: primero investigo y luego busco un editor. Una cosa me ha llevado a la otra. El cuento me ha llevado a la novela. La novela me ha llevado a la poesía.

Crisálida (Carlos Giménez)

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Si tuviera que hacer aquí un repaso de la obra y trayectoria de Carlos Giménez probablemente acabaría con muñones en los dedos. Por ello, doy por hecho que el lector frecuente de cómics que aterrice en esta reseña conoce a este autor y su relevancia. Para el lector casual que no haya entrado en su obra, valga anotarle que es uno de los autores imprescindibles en la historia del cómic español. Giménez tiene una extensa producción en géneros clásicos -aventuras y ciencia-ficción- pero también se le considera un pionero en el campo de la biografía o el retrato costumbrista de su generación en cómic, dejando algunas obras realmente memorables. Por ejemplo, en la revista Jot Down elegimos Los profesionales como una de las cien obras imprescindibles del cómic de todos los tiempos, pero seguramente Paracuellos o Barrio podrían haberse incluido con igual reconocimiento en esa o en cualquier lista similar. Lo que sí que no puedo evitar plasmar en esta introducción es la rara sensación que experimento al ser esta la primera vez que escribo sobre una obra de Carlos Giménez y que al mismo tiempo esa obra, tras leerla, dé la impresión de que pueda ser la última. Espero, evidentemente, que no sea así.

 

Crisálida, el último trabajo de Giménez, es en varios aspectos tan típica de su autor como una cierta vuelta de tuerca -sería más correcto decir una mutación, quizás- de lo que ha venido haciendo desde siempre. En una sinopsis breve, el tebeo cuenta la etapa de la vida de un dibujante de cómics, Raúl -un alter ego del propio Giménez-, en la que experimenta una desilusión creciente que le lleva a un cierto aislamiento; Raúl va agarrándose a su profesión casi como el último remanente de plenitud y felicidad que le queda. Este estado anímico, esta “crisálida” como el propio personaje bautiza en las primeras páginas del cómic empieza en el momento en que el individuo toma consciencia de su propia mortalidad y terminaría, inevitablemente al suceder ese evento. Raúl comparte protagonismo en este tebeo con el Tío Pablo, otro personaje ya usado con anterioridad por Giménez -también un alter ego de sí mismo, atentos a la carambola-, que presenta aquí como amigo de Raúl y que ejerce el rol de narrador del crepúsculo de éste de cara al lector.

 

Una de las características notables de este trabajo reside en que, así como una parte de la obra de Carlos Giménez abunda en la biografía de una generación con un coro amplio de personajes -en los que se puede incluir él mismo- y un trasfondo histórico notable, esta vez el colectivo humano y el contexto temporal se difuminan. Hay elementos biográficos, sí. Pero si Giménez con anterioridad ha contado la biografía de un colectivo o la de algún compañero en particular -véase su reciente Pepe, que narra la vida del dibujante Pepe González- esta vez trata la suya propia exclusivamente, con un foco potentísimo. Nada más importa que contar lo que a él le pasa o le está pasando. Carlos Giménez aclara en el prólogo de la obra la razón de las semejanzas entre los dos personajes protagonistas de la obra y comenta el rizo del rizo elaborado con esos dos personajes que son, en el fondo, avatares de sí mismo. Sin embargo, a mí personalmente el motivo no me acaba de quedar claro ¿Distanciar personaje y autor para poder observarlo y representarlo con mayor honestidad? ¿Por costumbre del propio autor? ¿Son el Tío Pablo y Raúl dos aspectos diferentes de Carlos Giménez? ¿O son imaginarios del propio autor de si mismo en épocas distintas encontrados aquí? Quién sabe. En cualquier caso el resultado es interesante dado que permite narrar desde múltiples puntos de vista: la historia que cuenta el propio Raúl en primera persona -el relato directo-, la que cuenta el Tío Pablo sobre Raúl -la reflexión vista desde fuera- y la que el propio Raúl deja escrita en sus diarios -la crónica de la vivencia intimista y aislada-. Por una parte, a Giménez le sirve para paliar la monotonía que podría provocar la encadenación de escenas de tono similar -monólogos,  conversaciones y anécdotas narradas con un mismo tema de fondo-. Pero además le permite jugar a aumentar la tensión y la intriga con el lector, aislando y conectando al protagonista con los lectores según le conviene. No es lo mismo que el personaje nos cuente algo, copazo en mano y rodeado de amigos, que leer una nota que ha dejado escrita en manos de otros.

 

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En la parte negativa… bueno, debo confesar que he escuchado -ojo, que no leído- más opiniones negativas de Crisálida de las que yo compartiría. Una crítica habitual que me he encontrado es la del abuso de recursos gráficos “fáciles” como la ausencia de fondos  -o que estos queden difuminados-, la repetición de los mismos planos cambiando pequeños detalles o el uso del zoom. Si bien es cierto que la factura final del tebeo no es de las mejores en la carrera de Giménez, me parece que muchos de esos recursos son más que apropiados para lo que quiere expresar el autor y de ahí su pertinencia. Seguramente a esta defensa que esgrimo saldría rápidamente el contraargumento de que esos recursos no los inventa Giménez y que están algo más que manidos. Sinceramente, no me parece que Crisálida, teniendo el objetivo de ser un manifiesto emocional del autor, tenga que ser una obra en la que revolucionar desde el ingenio gráfico. Y en esas… ¿nos resultaría honesta una obra en la que un autor nos cuenta sus horas más bajas siendo esta misma obra un dechado de creatividad?

 

En mi opinión, la relevancia y la potencia de Crisálida reside en su discurso. Creo que hay pasajes de Giménez que pondrán la piel de gallina a cualquiera que haya pasado por algo similar o que conozca a alguien que lo haya vivido. “Ya no quieres verte con según qué personas, no quieres acudir a según qué actos, no quieres figurar en según qué listas ni salir en según qué fotos. Solo quieres que te dejen en paz. Y así es como te vas encerrando en tu crisálida”. Leer estas líneas, a mí personalmente, me sobrecogió.

 

Con todo y con eso, me parece que Crisálida no funciona como una historia que cuente como se vive una depresión o un estado de aislamiento de forma universal. A pesar de los seudónimos -que en el fondo creo que es simplemente un recurso que Giménez usa por costumbre- la obra cuenta muy particularmente las vicisitudes de su protagonista. Así, si bien eso convierte al tebeo en un ítem importante en la bibliografía del autor -y por lo tanto de interés natural para sus seguidores habituales- eso la aleja del interés de un público mayor que no lo conoce o lo conoce poco. Por decirlo de otra forma, Carlos Giménez está en Crisálida más cerca de autores como Joe Matt o Chester Brown cuando narran sus vivencias o cuando manifiestan sus estados de ánimo que, por ejemplo, de Paco Roca cuando coge un vivencia emocional particular con fondo biográfico y le da el traslado a una sensibilidad más amplia y compartida. Comento esto no porque un tipo de historia o de voz sea mejor que la otra, por supuesto. Lo hago porque creo que ha habido un cambio de tono respecto de las anteriores historias de Giménez en las que sí que conseguía llegar mejor a una cierta universalidad. Aquí se ha dado un giro. Crisálida es un relato muy personal, muy desde el “yo” que el lector podrá captar fácilmente, y que atraviesa cualquier juego de seudónimos que nos haga su autor.

 

Para terminar, me queda expresar una duda. Es extraño que para lo que le sucede a Raúl en el tebeo el personaje -también su autor, claro- decida denominarlo “crisálida”. Siendo, según la definición expresada en el tebeo un estado anímico que empieza con la conciencia de la muerte y termina con la llegada de la misma me parece extraño que la figura que se use como símil sea una crisálida y no por ejemplo una mortaja o un sudario, que hace más referencia a la mortalidad. La figura de la crisálida lleva implícita un proceso de transformación, de cambio. Me hace pensar también en algo que dice Giménez en el prólogo y que el crítico Gerardo Vilches destaca en su reseña en Entrecomics. Giménez niega la existencia de experimentación en el mundo del cómic actual en un momento en que precisamente rebosa la experimentación, especialmente en artistas independientes y editoriales pequeñas. Y precisamente al final del tebeo -atención al breve spoiler- lo que “sale de la crisálida” yo al menos lo asocio con esos estilos independientes, experimentales, que expresan rarezas y misterios con unos pocos trazos garabateados, dejando al lector reflexionando, pensando sobre qué es lo que ha visto exactamente. Eso pasa, de alguna forma, al final de Crisálida. Y quizás eso pueda ser un cambio, algo nuevo, para el propio Giménez.

Inio Asano (II): Solanin

 

 

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El manga, como producto cultural exportado por todo el mundo, deja un cierto imaginario en sus lectores sobre las formas de vida y las costumbres del país en el que suceden sus historias. A través de obras de ficción, aventura y fantasía -las primeras que nos llegaron de forma masiva-, tenemos una imagen del adolescente japonés que se perpetúa obra tras obra. Pero este protagonista estereotipado, esta “variedad de jardín” repleta de clichés oculta mucho de la realidad del colectivo al que pretende representar -si es que lo hace- ya sea contando una épica fantástica, un romance o una comedia. ¿Qué pasa cuando termina el instituto? ¿Qué pasa cuando van a la universidad? ¿Qué pasa cuando salen a buscar trabajo? La historia de la juventud japonesa, retratada en los shonen más comerciales que hemos podido leer aquí, empieza y muere en el instituto. Y a sus lectores nos queda lejos una visión realista tanto de la misma como de lo que sucede después.

 

Hay que dar un salto a publicaciones dirigidas a públicos más adultos para dar con esos retratos algo más realistas, para encontrar historias que profundicen en los personajes y que les den un poco de alma. Por mencionar alguna obra precedente a la que trataré en este artículo, destacaría Nana de Ai Yazawa, manga josei -manga destinado a mujeres adultas- seriado que cuenta la historia de dos jóvenes chicas con objetivos muy diferentes en la vida que buscan independizarse en Tokio y acaban compartiendo piso. Nana tuvo bastante éxito -y desprendo de ello que había un público muy amplio interesado en este tipo de relatos-, pero una enfermedad retiró a su autora de la continuación de la obra en el 2009; pese a que Yazawa se recuperó, la obra quedó paralizada y sin final.

 

Solanin, de Inio Asano, por suerte, no ha tenido esa mala fortuna. Una de sus mayores bazas es que, a pesar de haber sido seriada en una revista, está pensada más como una “novela gráfica” con sus correspondientes capítulos -y un mapa de ruta muy claro- que como un “culebrón” a una deriva, algo que los editores podrían pedir estirar mientras la obra sea exitosa entre el público. Solanin no tiene ese problema, no parece regirse por audiencias ni por encuestas de éxito. Y quizás por eso uno de los adjetivos que más se repite cuando se habla de este manga es que es una obra “redonda”. Y es así. Conocemos a los personajes sobre la marcha, en su vida cotidiana, sin un gran evento que marque el arranque de la historia. Paulatinamente se nos presentan sus dilemas, que van evolucionando o complicándose. Y hacia el final estos problemas se resuelven -de una forma o de otra- dejándole al lector una sensación de cierre, de que el autor ha contado exactamente lo que quería contar. Todos los personajes tienen su espacio, tanto los protagonistas como los secundarios -que prácticamente dejan de serlo por el mimo con el que se les trata- y hay un control absoluto del ritmo y del tono con una visión perfecta de la historia al completo. Uno de los éxitos de Solanin, pues, está en desmarcarse de estas dinámicas editoriales que arruinan el conjunto de la obra. Sabe contar una historia y tiene presente que esta tiene que tener un cierre. Y esto es capital en esta obra en la que uno de los temas que toca -quizás el gran tema de la obra, aunque no el único- es el de como los individuos nos sobreponemos a ciertas dificultades poniendo voluntariamente un punto y final a ciertas cosas. Porque si no lo hacemos, a la larga, pueden hacerse obsesivas y perjudiciales para nosotros. El mensaje es poderoso por si mismo. No sé si de forma metaliteraria incluso pueda servir como recadito para el mundo editorial japonés.

 

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La historia trata de un grupo de jóvenes que se halla en el momento de transición entre los estudios y el mundo laboral. Asano nos pone en la piel del colectivo de los veinteañeros japoneses en la tesitura de decidir un camino en la vida. ¿Me busco un trabajo de oficina, estable, mecánico y aburrido, donde empezaré siendo el último mono y quizás pueda ascender a algo más dentro de un sistema jerárquico y así hasta el fin de mis días? ¿O bien me decido por una opción más arriesgada, más vocacional y más creativa pero con altas posibilidades de fracasar? Aquí se aborda un “drama” generacional japonés, que no está tan lejos del de las inquietudes de cualquier joven recién salido -o a punto de salir- de la universidad, en cualquier otra parte del primer mundo. Engancha porque, de alguna forma -y al menos inicialmente- trata de responder a estas preguntas. O, como mínimo, pone la pregunta sobre la mesa y así visibiliza una incertidumbre generacional y una crítica hacia un mundo laboral gris, autoritario y poco enriquecedor. La resolución de ese dilema define el salto de la juventud a la adultez. Que no necesariamente a la madurez, ojo. Y eso es mucho.

 

El caso es que Solanin empieza desde lo cotidiano y desde lo universal, mostrándonos a unos personajes con los que el lector se puede identificar más o menos fácilmente. Pero a medida que pasan las páginas los personajes dejan rápidamente de ser “cualquier posible joven” o “cualquier posible persona”. El autor va ahondando en los personajes y hace aflorar ante el lector sus miedos y sus inquietudes. Y los inunda de pequeños detalles expresivos que los hacen únicos. Ya no nos importan porque pudieran ser como nosotros por tener vidas o inquietudes similares. Nos importa lo que se cuentan -lo que nos cuentan-, lo que van a hacer, lo que van a decir o lo que sienten porque les sucede a ellos y solo a ellos. Los personajes se convierten un poco en amigos del lector. Asano ha conseguido que desarrollemos una empatía con los personajes, colocándonos, como uno más, dentro del grupo.

 

Leyendo el cómic se me descubren un par de técnicas narrativas de como Asano llega a eso -en Solanin es tan importante el qué como el cómo-, a crear esa relación directa entre un personaje y el lector. Una de ellas es el uso del primer plano en los diálogos entre los personajes. Cuando un personaje tiene una charla con otro, el autor nos pone el punto de vista del personaje que escucha, “nos convierte en él”; o casi, a veces a un metro por detrás del personaje. Pero lo que importa es que nos pone cara a cara con el personaje que se está expresando y prácticamente parece que nos lo cuente todo mirándonos a los ojos. Y así, a medida que vamos leyendo el cómic no es raro que nos sintamos como parte de ese grupo de amigos. Asano se ha preocupado de dedicarles momentos significativos a cada personaje, incluso a los secundarios, por lo que a todos los vamos conociendo a base de incluirnos en esas conversaciones en las que estamos muy cerca del personaje que nos explica su vida. Esta técnica, por supuesto, no la inventa Asano, pero la aplica y desarrolla excelentemente bien. Es característica de otros mangakas y en particular me recuerda mucho -aunque no tengan nada que ver en cuanto a género- al Naruto de Masashi Kishimoto, que constantemente nos pone la cámara junto a sus personajes, como si estuviéramos al flanco de los mismos, como un personaje más.

 

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La otra técnica relevante para el desarrollo de la empatía es mucho más íntima, cuando se expresa un monólogo interior en forma de texto acomodado en viñetas enteras. Se hace partícipe al lector de la intimidad última del pensamiento de los personajes de lo que quizás no expresarían a nadie. Así, de alguna forma, ese monólogo interior deja de serlo para convertirse, de nuevo, en una especie de diálogo con el lector. Bueno, yo al menos me he encontrado a mí mismo leyendo pasajes de la intimidad de los personajes y evocando mis propias experiencias personales mentalmente como si a ese personaje -a ese amigo- pudiera servirle mi experiencia como ayuda.

 

A Solanin, para concluir, no le falta ni le sobra nada. Sabe lo que quiere contar y como quiere contarlo. Es quizás la obra más luminosa de Asano de entre las que hemos podido ir leyendo por aquí aun con sus “medias horas oscuras del alma”. No le falta tampoco algunos golpes de humor con los que el autor consigue aliviar y/o romper algunos momentos de drama o incluso para jugar un poco a la tragicomedia-un recurso que hemos visto en las obras de más reciente publicación como Buenas noches, Punpun o Dead dead demons dededede destruction-. Al final, Solanin es un canto a la fuerza interior de cada individuo para tomar decisiones en momentos duros, al salto al vacío hecho con valentía. Pero también es un canto a la solidaridad, al apoyo mutuo ante las dificultades, a seguir hacia adelante acompañado de los que queremos. Es una despedida de las inseguridades a las que nos habíamos ido agarrando y que nos conectaban más con una soledad estéril que con un mundo compartido con otros lleno de posibilidades.