Bride Stories (de Kaoru Mori)

 

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 13 – Palabra: MATIZ

 

Obra: Bride Stories (serie)

Autora: Kaoru Mori

Editorial: Norma Editorial

 

En la primera página de este manga dos personajes se encuentran por primera vez en su vida. Karluk -tiene doce años- ve por primera vez la cara de Amira -tiene veintidos- al descubrirse el velo, el día de su boda. Dos segundos de expectación y sorpresa desembocan en una sonrisa. Estamos en Asia central, en una pequeña ciudad cerca del mar Caspio, en el siglo diecinueve. La de Amira y Karluk es la primera de toda una serie de historias de parejas que recorre todos los detalles de la cultura de la zona con un cariño y ensimismamiento infinito.

 

Kaoru Mori, autora también de Emma, un romance ambientado en la Inglaterra victoriana -y que por desgracia aquí no hemos visto su edición terminada- insiste en que Bride Stories es una historia ligera; y al mismo tiempo insiste en que los detalles, los matices son importantísimos. Ya sea en cada mínimo diseño que adorne una pieza de ropa como en cada gesto corporal específico o cada mirada que indica que detrás de cada situación social o íntima hay muchas cosas que no se llegan a expresar en palabras. Porque así lo es en la vida real.

 

Virtuosa del dibujo con un estilo que busca el naturalismo, deja patente en la página todo su amor por la arquitectura, la costura, la carpintería artesana, la montura a caballo o el arte de la caza en la zona del Turkmenistan. Pero también aborda temas como el choque entre culturas, la organización de las estructuras familiares, el cuidado del prójimo o el sexo. Es llamativa la delicadeza y sensibilidad con la que trata una cuestión tan polémica aquí y ahora como un matrimonio entre un adulto y un niño. Y también es destacable como, a pesar de contar como el día a día de familias cuya jerarquía está dominada por los varones, los personajes femeninos no pierden cuota de protagonismo el alguno. El rol de las mujeres también es importante en esas sociedades así como lo es en la historia que la autora quiere contar.

 

Bride Stories es una relato agradable con mucho candor, que alterna un tono recreativo con un drama ligero que entra en las intimidades de los personajes. Y sorprende en el dibujo por ese amor por lo cotidiano y el hacer amoroso de la artesanía tradicional. Nos hace disfrutar de los encuentros entre sus protagonistas y nos hace abandonar a cada pareja tras contarnos su historia con un poco de tristeza, si bien vamos con alegría a descubrir la historia de la siguiente.

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Bakuman (de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 10 – Palabra: SERIE

 

Obra: Bakuman

Autores: Tsugumi Ohba y Takeshi Obata

Editorial: Norma Editorial

 

Bakuman es una rara avis en muchos sentidos. Por ejemplo, seguramente tiene la virtud de ser ese manga que se ha leído mucha gente que normalmente no lee manga y que ha leído cuatro cosas sueltas en su día, probablemente alguna cosa de Osamu Tezuka y algún shonen de antaño. Bakuman sería uno de los pocos mangas modernos que está leyendo y esto es por un motivo: es un manual estupendo para entender como funciona la industria del shonen en Japón.

 

La historia podría decirse que es una suerte de spokon variedad de jardín en sus fundamentos; esto es, un manga de deportes que ensalza valores como la superación, el compañerismo y la rivalidad sana que hace que los protagonistas mejoren con cada enfrentamiento. El asunto interesante es que “el deporte” en este caso es más bien una práctica artística, la creación de mangas. En resumen, sus protagonistas son dos estudiantes de instituo. Moritaka Mashiro es un dibujante principiante -muy introvertido- con un gran talento, que tuvo un tío que fue mangaka, pero al que le sucedió una tragedia. Su tío es, pues, tanto ejemplo, como camino a evitar. Akito Takagi quiere ser guionista, es extrovertido, tiene una gran cultura de manga y ideas muy locas e interesantes. Mashiro y Takagi van al mismo instituto y en una de esas escenas que pasan en las azoteas de los institutos, se fragua el plan de hacerse mangaka; todo ello con una promesa romántica de por medio hacia una chica, que juega de gancho culebronesco para con el lector.

 

El primer paso para lograr el objetivo es venderle una serie a la Shonen Jump, la revista de manga japonesa y lo consiguen. Y ahí es donde empieza la carrera en esta historia. Aparecen rivales, aparece un gran rival final, aparecen aliados y aparecen dificultades. Como lectores, por el camino, vamos aprendiendo como funciona la industria japonesa, como se decide que series se mantienen tres tras mes publicándose, qué temas son polémicos, qué mecanismos son los más habituales para que una serie atraiga al público, qué tipos de subgéneros existen, como influyen los editores en las historias… y un lista interminable de más cosas. Ohba y Obata tienen el mérito de haber creado una serie entretenidísima y didáctica, especialmente para los lectores occidentales, para los que desconocíamos todos estos aspectos. Y lo más interesante es que lo hacen haciendo un manga “de batallas”. Mes tras mes estamos enganchados viendo que ideas para nuevas series se les ocurrirán a Takagi, estamos tensos ante la llegada de los resultados de las encuestas y flipamos con las páginas de las series incluidas dentro de esta serie.

 

Por todos estos aspectos, Bakuman es un manga muy recomendable, porque no solo es una buena obra en si misma, sino porque abre las puertas a conocer el mundo del manga en si y saltar desde ella a otras obras.

One Punch Man (de One y Yusuke Murata)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 2 – Palabra: IMPACTO

Obra: One Punch Man

Autores: One y Yusuke Murata

Editorial: Ivrea Editorial

 

La deconstrucción de los superhéroes también era esto, Alan Moore. Bueno, o no. O sí.

 

La verdad es que es curioso que una obra tan popular tenga varios enfoques desde la cual disfrutarla. Apilables, incluso. Pasa frecuentemente con las parodias, que pueden caer en el riesgo de, tras jugar a la sátira de un género específico, se vean atrapados por sus seductores mecanismos. Es el caso de One Punch Man, el popular manga seinen que parodiaba el género superheroico americano y que empezó como webcomic de la mano de One, hasta que su popularidad se hizo tal que recibió la oferta de ser dibujado por Yusuke Murata. Este último y su dominio del estilo y los recursos gráficos del manga de batallas -entre otros- sin duda, refuerza la sensación de que estamos leyendo un shonen de acción. En la serie se reparten hostias como panes en lo mejorcito de esa tradición. Pero claro, hay más.

 

La serie toma la historia de Saitama un joven superheroe cuyo superpoder es acabar con sus enemigos de un solo puñetazo. Un impacto y ¡bam! se acabó. En el desfase del concepto está precisamente la gracia de su deconstrucción y el potencial para su comicidad. Un superhéroe con un poder extramadamente poderoso atenta contra las claves de entretenimiento del género en si. Y es algo de lo que el propio Saitama es consciente. No tiene rivales.  El otro efecto es el que ya practico Toriyama con Mr. Satan: tanto poder desmesurado es imposible, por lo tanto tiene que ser un truco. La gracia de One Punch Man es que aquí la lógica que aplicaba Mr. Satan es la que aplica el resto del mundo que es testigo de las proezas de Saitama. El resultado es que nadie le da credibilidad y el superhéroe más poderoso del mundo, públicamente, es un don nadie.

 

Además de su concepto de partida, One Punch Man toma el género superheroico para reirse del mismo con todo tipo de mecanismos humorísticos, uno de los cuales es tomárselo muy en serio todo, con la intensidad que los eventos requieren. Puede que esto, de alguna forma algo venga heredado del manzai japonés, el homólogo del clown listo y el clown tonto, donde el payaso tonto se lleva collejas todo el rato por sus errores. Quizás el caso de Saitama es más el del clown tonto en su versión occidental, que al final no lo es tanto y subvierte todo con sus resoluciones absurdas al clown listo. Como pasaba con el asunto de la credibilidad que he comentado, Saitama es el clown tonto y el clown listo es el resto del mundo, con sus instituciones normativas superheroicas y su intensidad épica a la hora de hacer frente a los enemigos.

 

A pesar de lo que pueda parecer en este texto, los autores no cargan contra el género superheroico occidental. Hay mucha sátira también del shonen variedad de jardín y no escatima en introducir arquetipos visuales y de personalidad clásicos de la tradición japonesa. En resumen, One Punch Man, se ríe de todo y de todos. Y entre toda la sarta de mamporros no perdemos de vista que estamos ante un manga divertidísimo, de carcajada con mayúsculas.

Inio Asano (III): La chica a la orilla del mar

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Cuando en nuestra vida de lector descubrimos a un autor que nos parece interesante –o nos encandila con la primera obra de este que cae en nuestras manos- lo más normal es tirarnos a la lectura de la segunda esperando que muchas de sus coordenadas autorales sean las mismas o al menos muy similares. En mi caso al comentar con otros lectores lo mucho que me había gustado Solanin de Inio Asano, me recomendaron La chica a la orilla del mar fervientemente. Eso sí, la recomendación iba acompañada del aviso de que la obra era muy distinta de la que ya había leído. Lo era y no lo era: habrá que ir por partes.

 

Un punto en común es que los protagonistas de esta historia son jóvenes. Si bien, si en Solanin los protagonistas andaban por una especie de tardoadolescencia, aquí podemos hablar de adolescencia pura y dura. Hace tiempo alguien me dijo que si algo se puede decir con certeza de la adolescencia es que no se puede decir nada con certeza. En la historia se retrata el ir y venir emocional de esas edades y la incertidumbre del no saber lo que se quiere –o cambiar de opinión al respecto según cambie el viento-. Pero también ronda en el retrato una apatía ante un futuro incierto, un dejarse hacer un tanto derrotisa y nihilista. Si bien en Solanin el tema del “futuro incierto” iba en relación al desarrollo de una carrera profesional y vital, aquí las incertidumbres de los personajes residen en el ámbito más íntimo y personal. “¿Me querrá alguien?” “¿Soy normal?” “¿Estaré solo toda la vida?” son los dilemas que atenazan a los protagonistas de esta obra. Y así como en Solanin se expresaban las inquietudes vitales de forma directa, aquí todos estos dilemas quedan prácticamente enterrados dejando patente la incapacidad -o la falta de voluntad- por parte de los personajes para expresar de forma clara emociones y aspiraciones, si es que se tienen. Todo esta tormenta -o vacío- interior (dejo a manos de la lectura de la obra ver qué personaje está retratado como cada cual) está trasladada en las páginas de este manga que cuenta la historia de la relación entre Sato e Isobe y que a poco que el lector desarrolle un poco de empatía con los personajes y con la historia, verá que está condenada a acabar de forma trágica.

 

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Pero ¿es posible ejercer la “empatía”, ponernos en la piel del otro, en La chica a la orilla del mar como en Solanin? En Solanin, Asano nos lo daba todo hecho. Nos ponía cara a cara con personajes que nos lo contaban todo y nos escribía sobre las viñetas sus pensamientos regalándonos una fuente de información exhaustiva sobre sus intimidades. Sin embargo, aquí todo eso desaparece. Se acabaron los personajes hablándote a ti como si estuvieras allí: si en Solanin nos metían en el tebeo como uno más de la troupe de personajes, aquí Asano nos condena a ser un fantasma, alguien que está pero no está con ellos. Y también se acabaron los cuadros de diálogo textualizando pensamientos. En La chica a la orilla del mar se hace el silencio. Y sin embargo, algo percibimos. Asano prescinde de algunos canales de comunicación, pero seguimos viendo que todo sigue ahí: que los personajes tienen un mundo emocional interior nos es patente. Si alguna vez has advertido que alguien a quien conoces muy bien -un familiar cercano o un buen amigo-, le sucede algo aunque no lo verbalice -detectas pequeños detalles de comportamiento- entonces entenderás lo que hace Asano en este manga para dejarnos atisbar las interioridades de los personajes. Sabemos que algo les sucede, pero no sabemos el qué y avanzamos como posesos en su lectura para desentrañar el misterio interior de cada uno. Y es harto difícil: lo que hacen los personajes difiere de lo que dicen; y lo que dicen muy probablemente difiere de lo que piensan.

 

Por otra parte, uno de los elementos que más sorprende del tebeo es su tratamiento del sexo. No es ninguno secreto que en el manga más comercial los personajes están tremendamente sexualizados. El grupo de personajes de los shonen habituales consisten en un protagonista masculino tan entusiasmado como anodino rodeado por un harén de personajes femeninos de diferentes características físicas diseñadas para conectar con los fetiches de todos los lectores posibles. Por eso es raro encontrar una historia en el que el sexo cumpla una función realista en la historia. El sexo, cuando aparece está introducido en la historia para los personajes, no para el lector. En La chica a la orilla del mar el sexo es uno de los ejes de la historia, de lo que hay que contar. El sexo es lo único que une a los dos personajes protagonistas, que son incapaces de sincerarse el uno con el otro, de entenderse. Y quizás a través del sexo tampoco mucho, dado que los personajes reproducen constantemente los fetiches más variados de la pornografía de forma preeminentemente física, sin ningún tipo de conexión emocional. Sería muy fácil decir que este manga es como un Nueve semanas y media a la japonesa, pero la verdad es que hay mucho más. Difícilmente su lectura resulta erotizante -no la consideraría cómic erótico, aunque algunas de sus imágenes puedan serlo-, sabiendo que, fuera del sexo, Sato e Isobe están profundamente heridos. Están desconectados del resto del mundo. Solo se tienen el uno al otro y no les vendría mal contarse las cosas que no se cuentan pero que realmente les importan. Pero no lo hacen. Solo follan. Se usan mutuamente como desahogo.

 

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El caso es que cuando nos proponemos afirmar que estamos ante un slice of life de la relación sexual de dos adolescentes, hacemos aguas cuando Asano inserta en el manga algunos componentes de thriller o incluso de terror. El tema de la ausencia del ser querido flota en esta obra como en otras de este mismo autor. Hay personajes que no están, pero de los que se habla: han tenido un peso profundo en otros, podrían aparecer más adelante o no, pero Asano magistralmente convierte su ausencia en una presencia. En Solanin, los puntos de humor aligeraban la dureza de algunos momentos de la obra. En La chica a la orilla del mar no se nos concede este alivio. Los golpes de efecto puntuales buscarán subir la tensión a través de dosis de realismo mágico un tanto tenebroso. Y así nos tendrá en vilo con el destino de los protagonistas hasta el final.

 

Concluyendo, supongo que habrá quien caiga en la tentación fácil de afirmar que el final de La chica a la orilla del mar –y atención porque es inevitable dejar caer algunos elementos de SPOILER a continuación- es un final fácil, ingenuo y feliz. Todo parece arreglarse porque sí, por fortuna, por casualidad. Cada personaje parece caer donde debe o donde puede. Y parece que no les va tan mal. Y sin embargo, si lo pensamos dos veces, el final es terrorífico. Solanin era un retrato de la solidaridad y de la comprensión entre pares. La chica a la orilla del mar es todo lo contrario: es un retrato del egoísmo de sus personajes, de proyectar en otros necesidades que van y vienen sin llegar a colmar el pozo infinito de sus anhelos, utilizandolos como objeto. Al final, no hay reflexión de lo sucedido, no se alcanza ningún tipo de madurez emocional, no hay ningún tipo de superación personal. La vida sigue y es más grande que nosotros mismos. Si acaso a Isobe en la última escena, se le intuye una cierta conciencia de lo sucedido, pero no queda claro si realmente se ha aprendido o si se puede aprender algo de lo sucedido. Y por ello, La chica a la orilla del mar se queda en prácticamente unas antípodas perfectas de lo que se nos contaba en Solanin, sin bajar un ápice la calidad de la historia narrada.

 

 

Inio Asano (I): una introducción

Antes de entrar a hablar en profundidad de Inio Asano debo reconocer que me cuesta bastante emplazar la obra de este mangaka que ha puesto los pies en el Salón del Manga de Barcelona. Y se me hace difícil hacerlo tanto dentro del campo del manga en general como de la obra más amplia del autor. Mi dificultad es doble. Por un lado, no me considero un experto en cómic japonés. Leo unas cuantas cosas muy señaladas, algunas series shonenNaruto-, alguna cosa alternativa o de autor –Naoki Urasawa-, algunos de terror –Junji Ito-. Seguramente he leído a más autores de los que puedo anotar en este momento, y también es cierto que cada vez estoy leyendo más. Y a medida que leo voy aprendiendo más. Pero con todo me parece insuficiente para escribir un artículo en profundidad. Aunque me apetece intentarlo.

 

Por otro, tenemos lo poco que se ha publicado de él en España. Ahora ya hay cinco obras completas o iniciadas. Pero hasta el Salón del Manga de este año solo se habían publicado tres obras: Solanin (Norma Editorial), La chica a la orilla del mar (Milky Way Ediciones) y Nijigahara Holograph (Milky Way Ediciones). Posteriormente, se han iniciado dos series, Dead Dead Demons Dededede Destruction (Norma Editorial) y Buenas noches, Punpun (Norma Editorial) publicadas con gran probabilidad tanto por la buena acogida de primeras obras aquí, como por el éxito rotundo en su país de procedencia. Con tres obras se me hace difícil tener una visión amplia y real de su obra y su talento sobre todo teniendo en cuenta la extensa bibliografía publicada en Japón de este autor de tan solo 35 años. Lo que -como decía antes- no significa que no me atreva a echarle unas líneas por lo mucho que estoy disfrutando sus mangas, intentando que la ilusión compense un poco la falta de conocimientos contextuales. A ver qué sale. Cualquier comentario crítico o corrección será más que bienvenido, por supuesto.

 

El objetivo de esta serie de artículos es tratar de “triangular” de alguna forma su talento: establecer sus temas recurrentes, pero también mostrar la variedad en las formas de narración que es capaz de abarcar a partir de estar tres obras. Se dice de él que es “una de las voces de su generación”, que no es poco. Entiendo que para merecer ese título debe ser capaz de entender los temas que abordan a su quinta, ponerse en su piel y transmitirlo de vuelta. Y tras la lectura de estas sus obras no me parece nada desacertado. En futuras entradas iré reseñando las cinco obras publicadas hasta la fecha. Pero ya en esta entrada -una breve introducción- me gustaría destacar cuatro puntos esenciales de este autor.

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Los personajes protagonistas de Solanin (Norma Editorial)

 

Para empezar, su rasgo más saliente creo que es la enorme sensibilidad que muestra para desarrollar el universo emotivo de sus personajes y su habilidad para sumergir al lector en él. Las modalidades narrativas que usa Asano para provocarnos empatía pueden ser muy distintas y acostumbra a variar de obra en obra. Tanto puede jugar a la cercanía entre nosotros y sus personajes estableciendo una relación directa casi cercana al diálogo, como obligarnos a observarlo todo de forma casi vouyerística, forzándonos a una comprensión silenciosa. Su capacidad para decidir como se va a producir la conexión entre los personajes de la obra y el lector, le permite controlar el tono de la historia y la tensión de la misma. Y esto lo logra con decisiones narrativas sencillas pero muy efectivas. Este es un punto que desarrollaré específicamente en cada entrada -y muy vinculado a mi propia experiencia lectora- pero creo que vale la pena adelantar esta virtud de Asano, ya que con estas estrategias aumenta el grado de inmersión del lector en la historia  –especialmente en Solanin y en La chica a la orilla del mar– de forma notable.

 

Otra de los aspectos a destacar de Asano es la presencia de personajes femeninos protagonistas, personajes no tratados como satélites de los personajes masculinos. Esto creo que es bastante difícil de encontrar en el manga en general. Buena parte de la producción del cómic japonés está enfocada a un público en función del sexo; esto es algo que en la producción occidental también ha sucedido y sigue sucediendo, claro. Parece que la nouvelle manga aportó un poco de aire fresco, en este sentido, y es cierto que existe también un manga dirigido a adultos -aunque también tiene sus divisiones por sexo-, en el que se busca más un realismo que cuida estos aspectos y no descuida a sus personajes en función de su género. Pero aun así, es bastante difícil encontrar personajes femeninos protagonistas. No me refiero a que estos sean personajes fuertes o molones, sino que sean personajes retratados con todas sus virtudes y debilidades, que tengan una cierta profundidad y que tengo un peso en la trama. Que no sean un accesorio o un recurso puntual. Un ejemplo: Bakuman, un manga interesantísimo por como explica el funcionamiento de la industria japonesa, hace aguas a la hora de desarrollar personajes femeninos. Son meros comparsas puntuales de los personajes masculinos y no se salen del concepto de ser “el interés romántico de”. Es más shonen que seinen a estos efectos. No obstante, algunos autores están empezando a abrir una brecha a este respecto, como Kengo Hanazawa (I am a hero) –no es extraño que el autor que nos ocupa y él se conozcan y tengan buena relación-. Y definitivamente es el caso de Asano que tiene una sensibilidad especial para con todos sus personajes independientemente de su sexo. Y esto es algo que creo que hay que agradecer de antemano. Quizás por eso sus mangas puedan entrar dentro de la categoría de seinen -manga para varones adultos- pero el equilibrio entre el protagonismo de los personajes y su profundidad independientemente del sexo, creo que lo coloca en una tercera vía. Lo convierte más en un manga diferente, alternativo.

 

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La chica a la orilla del mar (Milky Way Ediciones)

 

Un tercer punto es el estilo cinematográfico de sus tebeos. Más allá de los fondos fotorrealistas –algo abundante en el manga- sus planos revelan un estilo de narración que hace pensar automáticamente en estar sentado viendo una película. De hecho, existe una adaptación cinematográfica a imagen real de Solanin y solo visionando su tráiler reconoceremos muchas viñetas que parecen calcadas del manga, tal cual. Esta cuestión la comento también porque -al margen de mi conocimiento parcial del cómic japonés- me resulta difícil encontrar las influencias de Asano en otros autores de manga. Y quizás la respuesta está en que haya más influencia cinematográfica en sus trabajos que influencia comiquera, ya sea de obras o de autores específicos. En cualquier caso, Asano domina bien el lenguaje específico del manga y, hasta donde he leído, en obras como Buenas noches, Punpun, juega con el contraste entre diferentes estilos de dibujo. Por ello, creo que sus trabajos creo que debemos verlos como algo más que un mero storyboard cinematográfico ya sea para imagen real o para animación. De este último tipo de producciones, por cierto, no se ha hecho nada hasta la fecha con obras de Asano, a pesar de su extensa producción.

 

Finalmente, quiero reseñar lo excelente del dibujo de Asano especialmente en lo que respecta a sus personajes. Teniendo el manga unos cánones muy específicos en cuanto a los rasgos físicos –y que enseguida nos hacen reconocer un cómic japonés de uno occidental- ha conseguido un estilo propio y reconocible. Y esta es una virtud deseable a alcanzar por cualquier dibujante, japonés o de cualquier parte del planeta. Ya no es solo que técnicamente sea impecable, sino que sus personajes están repletos de detalles y al mismo tiempo siguen siendo dibujos. Hay un detallismo sin exceso de realismo que le permite a Asano dibujar y transmitir… cualquier cosa. Y al mismo tiempo hacerlo inconfundible: reconocemos un personaje dibujado por Asano de forma instantánea.

 

Dicho todo esto, os emplazo para una futura entrada ya sobre una obra suya en concreto. Tiraré por mi orden de lectura y empezaré por Solanin. Hasta entonces, un saludo a todos.