Las 7 vidas del gato Fritz (de Robert Crumb)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 30 – Palabra: GATO

 

 

Obra: Las 7 vidas del gato Fritz

Autor: Robert Crumb

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Pues hemos llegado al final de Reseñoviembre y la verdad es que me cuesta un poco creer haber sacado una reseña al día durante un mes, prácticamenente sin retrasos. Bueno, seguramente algunas mejores que otras, pero el espíritu creo que se ha mantenido hasta la última entrega. Ha sido emocionante volver a compartir iniciativa con el gran Ander Luque que, además de ser un afilado crítico y divulgador, ha llevado bastante la infraestructura y el megáfono de la cuenta de instagram con mucha inmediatez. Y le estoy agradecidísimo por ello. También a todos aquellos que se han sumado a reseñar desde sus cuentas, blogs, etc… durante todo o parte del mes. En algún momento hemos sido casi una veintena. También agradecimiento a los trolls que se han asomado por ahí e incluso a la gente que sin meterse en el fango de reseñar con la extensión propuesta en la iniciativa han querido asomar la cabeza y lanzar sus propuestas diarias. Un aplauso y un abrazo enorme a todos.

 

Por mi parte veo desde la distancia el mes y veo que me ha salido un Reseñoviembre bastante peculiar. Mucho cómic infantil y juvenil, que he disfrutado mucho leyendo, en parte por las charlas de prescripción de cómic para bibliotecarios en la Biblioteca Can Fabra de Barcelona. También han caído tres obras de Bartolomé Seguí, que he disfrutado mucho leyendo y releyendo; también tiene un motivo que haya aparecido tanto por aquí. Por otra parte, ha habido una cierta presencia de nostalgia noventera que también me ha parecido simpática. Para la entrada final tocan “gatos” y habrán como mil opciones en el mundo del cómic. Me he decantado por una que se fuera más al tebeo underground o el tebeo clásico, que creo que es lo que me ha faltado a lo largo del mes. Así que vamos con Fritz el gato de Robert Crumb, en ese recopilatorio que sacó La Cúpula llamado Las 7 vidas del gato Fritz.

 

Fritz es uno de los primeros personajes con nombre propio de Crumb, uno de los padres fundadores del underground. Sus historietas se inician a mediados de los sesenta y terminan algo después de mediados de los setenta. Es uno de los personajes más populares de Crumb, junto con el gurú Mr. Natural, en la etapa más temprana de su carrera justo antes de que Crumb inventara su personaje más popular: él mismo. El gato antropomórfico era un buen resumen de que lo que pretendía contar el underground con sus publicaciones. Esto es, todo aquello que la censura y las buenas costumbres repudiaban. Fritz era un personaje pendenciero, estafador, que vive de noche -de noche, todos los gatos son pardos- y que allá donde va… la acaba liando parda.

 

Con Fritz, Crumb empezó a tontear con sus fetiches sexuales y con algunos tabús que erizarían el pelo de los sectores más conservadores. Pero también tonteó con la política, haciendo que su personaje tuviera ramalazos de inspiración revolucionaria tanto como lo convirtió en un agente de la CIA que se enfrentaba a los planes de la malvada República Popular China (todo como sátira de las películas de agentes secretos). Quizás, donde más se lució el personaje y donde más atrajo la atención del público -además de los pasajes de sexo, que ocupaban viñeta sí, viñeta no- eran el retrato de la América más callejera, alternativa y/o olvidada. Los afroamericanos aparecían retratados como cuervos con los que Fritz se codeaba sin problemas. Fritz, el gato, llamó la atención de productores de animación y acabó teniendo película, escrita y dirigida por Ralph Bakshi en 1972. Fue la primera película de animación para adultos. Pero Crumb, que veía que su creación se le escurría de las manos, decidió matarlo en el 1978. Una de las chicas a las que usaba para follar como si fueran objetos de usar y tirar, se cansó de los malos tratos del felino y le apuñaló finiquitando su existencia.

 

Como toda obra que ya tiene medio siglo de edad, inevitablemente hay que leerla teniendo en cuenta el contexto de la época. Especialmente como una válvula de escape de toda una serie de historias de la contracultura, pero también de las filias y fobias de su propio autor. También como un vistazo a la narrativa y el estilo artístico de Crumb, que ya en aquellas primeras páginas prometía en muchos aspectos. No dudo que algunos lectores de la vieja guardia terminarían un texto sobre Crumb con el plañido rancio ya oído hasta la saciedad de “esto no se podría publicar a día de hoy” . Yo no lo voy a hacer por una simple razón obvia: La Cúpula lo sigue publicando y reeditando sin problemas.

Custer (de Carlos Trillo y Jordi Bernet)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 29 – Palabra: ESPECTADOR

 

 

Obra: Custer

Autores: Carlos Trillo y Jordi Bernet

Editorial: Ediciones Glénat

 

En 2020 harán nueve años desde el fallecimiento de Carlos Trillo, célebre guionista de cómics argentino, que nos dejó demasiado pronto. Cuando el autor nos dejó yo apenas había empezado a escribir más o menos profesionalmente sobre cómics; esto es, en medios varios, más allá de foros y cuentas personales. Mis inicios fueron en la revista Jot Down -primero como página web- y recuerdo perfectamente lo que fue la llegada de la noticia y pensar que el gran Trillo se merecía un obituario en la revista. Sin embargo, la intención era que este artículo fuera un texto digno a la altura de su obra. Yo quizás le habría leído tres o cuatro obras y me propuse cumplir con la tarea de leer toda la obra suya que me fuera posible antes de ponerme con el texto. De la indagación y recopilación de obras resultó en el reconocimiento humilde de este que escribe estas líneas de que no estaba preparado para concretar y sintetizar la obra del autor argentino. Tras dos meses de lecturas de obras que desconocía entendí que necesitaba más vagaje y sobre todo tiempo para digerir, entender y, más importante, disfrutar el legado que el autor nos dejaba.

 

Porque Carlos Trillo tocó muchísimos palos. Del viaje por sus cómics me dejó la impresión de haber sido una suerte de Kubrick de la viñeta que se aventuró sin miedo en todos los géneros posibles, con ideas propias y arriesgadas. Haciendo suyo el mainstream, por un lado, o haciendo cómics más experimentales (siempre en su época). Llegando al gran público con sus tiras de prensa más populares o al público de gustos más literarios o cinematográficos menos populares; Trillo era un gran amante del cine. Superheroes, drama, humor, noir, ciencia-ficción, aventuras, costumbrismo… todo. Trillo se nos fue pronto, pero parece que hubiera metido mano a todo tipo de historia y trabajó con algunos de los más grandes de su tiempo como los Breccia (padre e hijo), Horacio Altuna o Jordi Bernet. Con este último firmó numerosas páginas. Las más populares, las de Clara de noche, historietas de humor sobre una prostituta, que se publicaron en El Jueves de forma ininterrumpida durante muchísimos años. Pero antes de Clara, Trillo y Bernet rompieron moldes con una historieta que se adelantó quince años a un fenómeno televisivo que ha acabado dominando a masas… para mal. Y no será porque los autores no nos hubieran avisado.

 

La de Custer es la historia de un futuro de la humanidad en el que una mujer vende su vida privada. Las cámaras la siguen las 24 horas de su vida y ofrecen su vida al espectador. El trato es casi literalmente un pacto con el diablo. Custer ve su vida económicamente resuelta pero al ser un personaje célebre con su vida retransmitida a tiempo real, todas sus relaciones con otras personas son una falacia o tienen algún interés por aprovechar los minutos ante la audiencia. Trillo conjuraba así una nueva distopía como las muchas que se habían conjurado en la ciencia-ficción para adultos de aquellos años. Una en la que, de nuevo, la vida humana no valía nada y las promesas del futuro se habían convertido en estafas y mentiras a favor de los poderes dominantes y el capital.

 

La idea de Trillo fue profética, adelantándose quince años a los reality shows, la telebasura y programas como Gran Hermano o películas como El Show de Truman. Para Bernet diseñó un escenario perfecto de ciencia-ficción callejera pero también con elementos del noir y las historias de detectives, vistiendo a la protagonista con gabardina y fedora, escenografía que el dibujante catalán dominaba a las mil maravillas y que estéticamente podía recordar al Alphaville de Godard.

 

Custer, a día de hoy, es una historia que todavía tiene muchísima relevancia. El episodio final es tan potente o más que el final de Brazil de Terry Gilliam, otra gran distopía. Y pasada ya casi las dos décadas desde su última edición a cargo de la desaparecida Glénat, una reedición podría ser una idea interesante.

 

Empowered (de Adam Warren)

EMPOWRED

 

 

 

#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 27 – Palabra: BRUJA

 

 

Obra: Empowered

Autor: Adam Warren

Editorial: Dark Horse

 

A pesar de la gran cantidad de autores y autoras que se han estado publicando en los últimos años en España (casi se han cuadruplicado las novedades anuales en quince años) nos siguen quedando obras que pese al éxito en su país de origen, no nos llegan. En algunos casos, no estamos hablando de autores vanguardistas u obras de culto en el extranjero de las que hay duda de si funcionarían aquí, sino de autores bastante cercanos al mainstream, con propuestas interesantes. Uno de ellos es Adam Warren, autor americano que destacó en los noventa dentro del “manga americano”. Sus primeros trabajos fueron en Studio Proteus, junto a Toren Smith. Dirty Pair usaba a los personajes del anime de Haruka Takachiho -dos agentes secretas espaciales en bikini que causaban caos y destrucción allá por donde pasaban- después de que Warren y Smith le convencieran con ideas y diseños propios. Dirty Pair terminó siendo una entretenidísima serie de miniseries de ciencia-ficción con muchísimo acción y humor, que además son un retrato de la evolución del dibujo de Warren, dibujante extremadamente perfeccionista y detallista con aspectos como las anatomías, los diseños y las expresiones de los personajes. En España, de Dirty Pair apenas vimos una miniserie publicada en Norma, “Situación crítica”. Quizás no tenía mucho sentido publicarla sin haber hecho lo propio con las precedentes.

 

Tras varios trabajos en Image, Warren inició una serie propia, Empowered. Al parecer la obra partió de un encargo un poco… especial. En 2004 a Warren se le pidió toda una serie de trabajos de ilustración de una superheroina que se veía con frecuencia en situaciones de verse atada, amordazada y similares. Un fetichismo del bondage, vaya. Sin embargo, a partir de ese encargo, el autor se inspiró para crear un personaje con un fondo propio y un entorno de amistades y enemigos que fue convirtiendose en un pequeño universo de superheroes de autoría independiente tan interesante o más que otras de las grandes franquicias, en mi opinión. La protagonista del cómic era Melissa Powers, nombre código Emp. Melissa encontró un traje que le otorgaba superpoderes varios, un traje misterioso, muy ceñido a la piel que, sin embargo, tenía la vulnerabilidad de que se desgarraba con facilidad y al hacerlo el traje iba perdiendo poder, dejando a la heroina vulnerable para ser capturada por sus rivales.

 

La serie se inició como una serie de historias cortas, pero pronto evolucionó a serie de tomos, cada una con arcos definidos y un par de metatramas de fondo que nos tenían a los lectores muy en vilo con la continuidad de las historias. Las primeras historias de Emp colocaba a la heroina en sus primeras andanzas, casi siempre desafortunadas con villanos de poca monta. Sin embargo, las historias se solian saldar con bastante humor pese a la tragedia. Aunque saliera perdiendo, la heroina era más que digna, cuando no lo eran ni villanos ni sus colegas superheroes más célebres. En estos inicios la serie parecía dirigirse hacia una especie de “Ally McBeal con superpoderes” (esto es un piropo, ojo) pero la llegada rápida de varios secundarios empezó a dinamizar y complejizar la cabecera. Thugboy era un matoncillo japonés, que se metía en embolados varios hasta que se enrolló con Emp en un noviazgo muy intenso y sexual, dando a la serie puntos de romantic comedy con constantes escenas de sexo, que resultaban divertidas, sexys a la vez que equilibradas en la sexualización tanto de ella como de él. También apareció Ninjette, a priori villana, pero luego gran amiga de Emp, con la que se empezó a tontear con un cierto triángulo romántico entre los tres. Con la aparición de estos y otros personajes también se iban alternando las aventuras y escareos superheroicos. Uno de las compañeras y más interesantes rivales de Emp, Sistah Spooky, era una suerte de bruja con poderes oscuros, con la que frecuentemente se enfrentaba.

 

Con once volúmenes ya (y un par de volumenes especiales hechos con colegas) Empowered se ha convertido en una serie, como mínimo, de culto. Con unos personajes que los lectores hemos visto crecer y desarrollarse en muchos aspectos, resolviendo conflictos íntimos y ajenos. Warren ha escrito escenas repletas de diálogos en un sofá que prácticamente son antologías. Tanto como algunas de las escenas de acción más dinámicas así como bizarras del género. Porque si hablamos de sus conceptos de diseño de superheroe, nos metemos en otro mundo muy loco. Mucho antes de los diseños exagerados de series como One Punch Man o My Hero Academy, Warren ya ofrecía esa visión del superhéroe americano exacerbada vista desde fuera, quizás un poco ridícula y con cierto ánimo satirizante, pero que hacía que funcionara en las historias (la del Hombre Ladrillo es algo maravilloso).

 

¿Por qué nadie se ha planteado publicarla aquí? Uno de los motivos podría ser similar al de Dirty Pair, sus primeros trabajos tenían otro estilo, no despuntaban tanto y eran más diferentes de las miniseries más modernas. En el caso del primer volumen de Empowered, se nota el arranque con historias cortas sin más voluntad que elaborar unos cuantos gags, al menos en la primera mitad del primer volumen. Quizás también el estilo de Warren para estos libros, un estilo de dibujo a lápiz que se mantiene hasta el acabado final de la página y que no se diluye con el entintado, dejando un cierto efecto de “factura inacabada” pero que en realidad, dista de serlo. Como producto editorial también es complicado. El tamaño no es ni de volumen de manga, ni de tomo americano. ¿La publicaría aquí  una editorial de manga o una de americano? Ni idea. Lo que sí sé es que Empowered es una magnífica serie de superheroes que en mi opinión se merece tanta atención o más, como otras series. Si Invencible funcionó ¿Por qué no Empowered?

Carvalho. La soledad del manager (de Hernán Migoya y Bartolomé Seguí)

Carvalho La soledad del manager

 

 

 

#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 26 – Palabra: ARPA

 

 

Obra: Carvalho: La soledad del manager

Autores: Hernán Migoya y Bartolomé Seguí (basándose en la obra de Manuel Vázquez-Montalbán)

Editorial: Norma Editorial

 

Mientras leía el segundo volumen de la serie de adaptaciones de las novelas de Pepe Carvalho, escritas por Manuel Vázquez-Montalbán, me vino una suerte de paralelismo con otra obra con algunas coordenadas no exactamente iguales, pero sí similares. El caso es el de los cómics de Corto Maltés de Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Es distinto porque en el de Carvalho hablamos de una adaptación de una obra ya existente en otro medio, el literario mientras que en el caso de los nuevos cómics de Corto Maltés estamos hablando de obra nueva, si bien de un personaje precedente. De lo que quiero hablar precisamente es de la similitud en la carga de un legado que se transmite a otros autores. ¿Qué se debe hacer con eso? ¿Como soportamos el peso del original? ¿Cuanto puede poner uno de su parte sin que se pierda la esencia del original? ¿Qué es la esencia del original? ¿Tienen valor esas historias o esos personajes de años atrás en el contexto actual? Y tanto en Carvalho de Hernán Migoya y Bartolomé Seguí como en el Corto Maltés de Canales y Pellejero la respuesta es que ambas duplas han respondido al desafío con sendos trabajos en los que se transmite el carácter y los ecos de lo precedente y al mismo tiempo los rasgos autorales propios y la vigencia en el día de hoy se mantienen.  Esa no es una tarea precisamente sencilla. Y los segundos álbumes de la serie, Equatoria en el caso de Corto y La soledad del manager en el caso de Carvalho, asientan este hecho, como si los primeros hubieran sido los intentos bastante resolutivos de echarle las riendas a sendos caballos salvajes y los segundos ya una cabalgada en ruta muy firme.

 

Centrándonos en el caso de Carvalho, diría que la doma ya iba muy bien encarrilada desde el primer volumen y parte del hecho de la selección de un tándem ideal para la translación de estas novelas detectivescas ambientadas en la España de la Transición al medio de las viñetas. Debo exponer de antemano, por honestidad, que no he leído las novelas de Carvalho, por lo que ciertas afirmaciones que escribiré a continuación, en buena medida, son conjeturas. Pero sí que conozco el carácter de los autores que firman la serie y por lo tanto extrapolo que sus fortalezas se han sumado a las de la obra original, permitiendo resaltar tanto la esencia de esta como la de sus adaptadores. Quizás esa es la clave que hace que las adaptaciones o las continuaciones de ciertos legados funcionen: que el autor encuentra que hay de esas obras o del carácter de esos personajes en si mismos.

 

En el caso del guionista, Hernán Migoya, hay un par de rasgos claros: la ausencia de miedo y el carácter. Migoya toma una obra con un personaje con maneras de otros tiempos y no tiene miedo a reflejarlo en sus escritos tal cual es. Si su trabajo es el de seleccionar lo esencial del personaje -además de la trama en la que se enzarza en cada libro- para que se refleje en las páginas, todo lo que ha entrado contribuye a la perfección al mosaico. Cada pieza de monólogo interior, cada ademán físico, cada plato degustado, cada relación sexual, cada puñetazo dado es seleccionado con mimo. En la primera parte del libro, por ejemplo, Carvalho se entrevista con diferentes personajes intentando obtener información del caso. Son escenas prácticamente procedimentales. Pero en todas ellas Carvalho lanza un apunte mental para definir a su interlocutor y con eso podemos advertir su percepción viva y su carácter juicioso -si bien por dentro-. También Carvalho se mide con los investigados. Cada charla no solo es un retrato del interlocutor, sino del propio Carvalho, y eso lleva la acción más allá del mero procedimiento para resolver el caso. Desconozco, como decía, si todo eso está tal cual en el libro (deduzco que sí) pero al decidir trasladarlo al cómic, Migoya mantiene esa autodefinición constante del personaje e imprime su carácter por todo el álbum. Que es como creo que funciona correctamente una novela de detectives.

 

Y si en el Carvalho del cómic vemos las fortalezas del guionista, en el retrato de una época , de un lugar y de una sociedad vemos las fortalezas del dibujante. Seguí llena las páginas con un momento histórico que parece más pertinente que nunca conocer, en una ciudad donde la agitación social es más que patente. Ilustra unos despachos donde los trapicheos corruptos mandan y el fascio sigue bastante vivo y con funciones nuevas. El recorrido que hacía Vazquez-Montalbán por la sociedad española de aquellos años tiene ahora las caras y los colores que Seguí les ha dado. Y recorre todos los estratos. Desde el más rico al más pobre. Desde el autoritario hasta el rebelde. Aquí Migoya habrá disfrutado mostrándolos a todos con sus contradicciones y sus hipocresias, como seguramente también habría hecho Vazquez-Montalbán.

 

No tengo miedo a precipitarme y creo que puede decirse ya, aunque, como decía, ya teníamos buenas pistas en el primer álbum. La adaptación de las novelas de Carvalho son más que una mera adaptación. Es un trabajo concienzudo y preciso, con tanta fuerza como inteligencia que permite acercar un gran clásico de nuestra literatura a más lectores.

El beso número 8 (de Colleen AF Venable y Ellen T. Crenshaw)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 25 – Palabra: BOCA

 

 

Obra: El beso número 8

Autoras: Colleen AF Venable y Ellen T. Crenshaw

Editorial: Ediciones La Cúpula

 

Que la novela gráfica -en los temas mencionados en otras entradas de este Reseñoviembre (cómic biografíco, social y/o histórico) y en los términos de libertad autoral para forma y formato- ha llegado al cómic juvenil no es algo que ya debiéramos argumentar ni explicar de ninguna forma. Queda quizás, entonces, ir identificando los temas e intereses de una generación de autores -y especialmente autoras- que están introduciendo las inquietudes de su generación a través de sus trabajos, ya sean ficciones o relatos autobiográficos. El coming of age es uno de los relatos a los que más se acudido y ahí tenemos obras como Aquel verano de Jillian y Mariko Tamaki, Piruetas de Tillie Walden, Laura Dean me ha vuelto a dejar de Mariko Tamaki y Rosemary Valero O’Connell o ¡Sonríe! de Raina Telgemeier. Podríamos irnos más atrás e incluir obras como el Blankets de Craig Thompson o el Hoy es el último día del resto de tu vida de Ulli Lust. Los temas dentro del coming of age pueden ser muy variados, así como la franja de edad que se atreviesa a lo largo de la historia. En muchos casos se habla de historias en los que se cuenta un proceso de madurez. Yo preferiría referirme a ellas como historias en las que se narra un proceso. Porque ¿Qué garantiza que alcancemos la madurez? ¿Se alcanza la madurez en todos los aspectos? ¿Quien juzga esa madurez? O yendo al grano ¿Qué es la madurez? Por eso yo prefiero hablar simplemente de procesos. Procesos de aprendizaje y cambio a partir de las experiencias que uno sufre durante la niñez y adolescencia. De los que sacamos lecciones para bien o para mal, que nos cambian y que transportamos emocionalmente.

 

En El beso número 8, la protagonista, Amanda (o Mads para los amigos) tiene una vida emocional un poco complicada tanto por la parte de sus amistades como por la parte familiar. La obra empieza con revelaciones adelantadas de la trama que se irá desarrollando a lo largo del libro. Mads hace una cronología de sus ocho primeros besos y el beso número ocho es significativo porque apunta a la revelación de su homosexualidad. Colleen AF Venable y Ellen T Crenshaw nos enseñan este hecho pero en la obra nos irán mostrando poco a poco la forma en que se llega al hecho y que, de hecho no es menos importante. Porque El beso número ocho es una novela gráfica de fondo, un fondo muy intenso y amplio que busca dibujar una vida y sus decisiones teniendo en cuenta muchos condicionantes en la tormenta emocional que puede ser la vida de una adolescente. Una vida en la que además pesa un secreto familiar que Mads intuye y que se va desvelando poco a poco a lo largo de la novela. Un secreto que también puede ayudarle a tratar esa madeja interior de emociones, deseos e inquietudes. El desarrollo de los personajes que hace Venable es capital: nos muestra a los personajes en diversos aspectos de sus vidas y en la interacción con otros personajes. Prácticamente no hay personajes que se relacionen solo con la protagonista. Sin ser una obra coral y mantener Mads el protagonismo, hay vida más allá de ella. Y en esto se detecta una sensibilidad y un sentido del equilibrio especial. El mundo no gira alrededor de un solo personaje, ni está construido para él o ella. Por supuesto esto también aporta un realismo y una credibilidad que se mantiene a lo largo de todo el relato.

 

Formalmente, en el estilo de dibujo se hace gala de la ya mencionada -y advierto que esto es un palabrejo/concepto que me he inventado y que cabría desarrollar/investigar más- “línea clara americana”. Un dibujo limpio, de líneas pulidas, que ordena bien los elementos en página y en este caso con una cierta derivación hacia la caricatura plástica. Veo en un precedente en Craig Thompson, pero en este caso sin las florituras y los ornamentos de este autor. Y con variaciones -y seguramente influencias del manga o el cartoon- lo hemos visto en la obra de las Tamaki, en Valero O’Connell, en Walden o en Telgemeier (muchos cómics infantiles y juveniles hacen gala de este estilo). En el caso de Crenshaw veo una posible influencia de Thompson, pero quizás también me trae ecos de referencias más clásicas del cómic americano, que no sabría precisar. Por la composición de sus páginas y por los ritmos y tiempos de la acción. Es una narrativa ágil que permite al lector moverse con interés a través de los diálogos captando todas las expresiones de los personajes que están transmitiendo emociones constantemente. Y permite saltar de escena a escena con fluidez. Los temas, los secretos e incertidumbres, están siempre en el aire y devoramos ávidamente las páginas del cómic en busca de respuestas, también con interés por el estado de los personajes. Para terminar, dejo un apunte de lo que me dejo por comentar. No menciono apenas el tema LGTB en esta reseña precisamente porque me gustaría naturalizarlo. Las autoras hacen un retrato de un descubrimiento de la sexualidad y de la identidad sexual. Está muy bien que se venga tratando en las obras de esta temática, que todos los críticos las reseñemos y está bien que no lo referenciemos de forma especial en nuestras reseñas como una suerte de reclamo o de advertencia para los lectores que compartan o no esa sexualidad o identidad sexual. Todos hemos vivido el descubrimiento de una sexualidad de una forma o de otra y leer casos diferentes a los propios puede ser tan interesante o emocionante como leer obras referentes a los similares.

La Fuerza del Dragón (de Joe Quinones y Ron Lim)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 24 – Palabra: MONO

 

 

Obra: La Fuerza del Dragón

Autores: Joe Quinones y Ron Lim

Editorial: Forum

 

Continuemos un poco con el remember noventero en este Reseñoviembre. Y vamos a seguir también con la figura de Ron Lim, del que ya echamos unas líneas en X-Men 2099. Como decíamos pues, Ron Lim fue un dibujante bastante popular en los noventas quie trabajó muy extensamente para Marvel y puntualmente para DC e Image. Y quizás os estaréis preguntando, siendo que eran los años de proliferación de dibujantes con cualidades, digamos, especiales y que luego hicieron proyectos autorales propios tirando a eeeeeeh originales (NO)… Pues os estaréis preguntando ¿Hizo Ron Lim alguna serie así con firma y sello propio? Pues sí. Agarraos los NACHOS porque en los noventa llegó LA FUERZA DEL DRAGÓN. *EXPLOSIONES*

 

El asunto se empezó a publicar en la editorial Epic Comics con una miniserie de cuatro números, co-creada junto con Peter Quiñones , que originalmente se llamó Dragon Lines. Las líneas de dragón es un concepto muy chulo del Feng Shui que habla de líneas de energía que van por todo el planeta. Introducir ese concepto a un tebeo de fantaciencia me pareció bastante original cuando empecé a leer la serie. Pero en España seguramente alguien dijo “que coño es esto, esto no lo va a entender nadie”. Así que seguramente optaron por meter ahí una referencia cercana a lo jedi para llamar la atención del gran público, a coste de perder lo que le daba a la serie su punto original. La fuerza del dragón era una historia que mezclaba ciencia-ficción y fantasía. En un mundo del futuro, los seres humanos empezaron a trastear con fuerzas místicas antiguas, despertando a entidades de la mitología orienta. Una de ellas era el célebre Rey Mono, Sun Wu Kung, que poseía al protagonista, un joven asiático (una novedad desde los tiempos de Shang Chi) y a partir de ahí la cosa se iba liando parda entre enfrentamientos con villanos que querían hacerse con el control de las líneas de dragón. Estábamos ante una serie que lo mentía todo en la coctelera. Todo lo molón. Que era lo que se hacía en los noventa. Ciencia-ficción. Magia. Dragones. Artes marciales. Lo agitamos un poco y a correr. Sin tener una escasa profundidad y muchos estereotipos de la época, La fuerza del Dragón tenía algunos personajes realmente molones como el propio protagonista que resultaba ser un rebelde liante cuando le poseía el espíritu del Rey Mono o su antagonista-aliado el luchador boxer, un antiguo artista marcial de dicha etnia, descongelado de tiempos pretéritos (en plan Capitán América), con piel impenetrable y un carácter muy vinagres, que hacía las delicias en contraposición con el protagonista.

 

En el apartado gráfico, bueeeeeeeeeno. Va, vamos a decir que no estaba tan mal y se nota como el bueno de Lim le echaba ganas a un proyecto que tenía un puntito de personal. Por desgracia, en la segunda serie limitada, Way of the warrior, la cosa empezó a decaer y ya no hubo continuación a partir de ahí; esta segunda miniserie ni siquiera se publicó en España. Yo, personalmente, la recuerdo con cariño. Pero no niego que me da cosica entrar a releerla por ver lo mal que ha podido envejecer. ¿Reseña nostálgica? Pues sí, amigos. Un día es un día, que sé yo.

Ghost Rider 2099 (de Len Kaminski, Chris Bachalo, Mark Buckingham y VVAA)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 23 – Palabra: ALCANTARILLA

 

 

Obra: Ghost Rider 2099

Autores: Len Kaminski, Chris Bachalo, Mark Buckingham, Ashley Woods, Kyle Hotz, Jim Daly

Editorial: Marvel Comics

 

Hace unos días mencionaba por aquí el universo de Marvel 2099, el futuro distópico con influencia de muchas obras de ciencia-ficción. El título reseñado fue X-Men 2099 pero no pudo evitar colarse, al menos en la mención, la versión del Motorista Fantasma futurista, Ghost Rider 2099. Así que me voy a sacar la espinita de hablar un poco de la serie que, en mi opinión, tenía un planteamiento inmejorable y la serie que mejor trató la temática cyberpunk, manteniendo de alguna forma los tonos de la serie original, jugando a la adaptación de los sobrenatural hacia la ciencia-ficción. Una pirueta muy interesante.

 

Así pues, la premisa aquí abandona todo el trasfondo fantástico oscuro que era esencial en su antecesor. Su protagonista, Kenshiro “Zero” Cochrane era un hacker perseguido por las corporaciones a las que robaba información. En un episodio de huida de sus asaltante, Zero descarga su conciencia en el cyberespacio y allí acaba conociendo a unas inteligencias artificiales que lo fichan para que sea su agente en el mundo real. Las IAs toman la conciencia de Zero y la instalan en un androide militar experimental armadísimo de pies a cabeza. A partir de ahí Zero empieza a devolver los golpes y enfrentarse a las megacorporaciones. Entre los enemigos, muchos de ellos, como respetando la fuente original, adquirían identidades o poderes que se asemejaban a lo sobrenatural. Por ejemplo, personas con cuerpos hackeados genéticamente para convertirse en hombres-lobo. Por su parte, el protagonista tenía una similitud visual patente con el Motorista Fantasma, pero su actitud era mucho más rebelde, algo que conecta bien con el perfil cyberpunk de caos y anarquía. La acción transcurriría en Transverse City -nombre del séptimo disco del artista Warren Zevon– en escenarios callejeros, rascacielos corporativos, autopistas y alguna que otra alcantarilla.

 

La serie gozó de un arranque trepidante gracias, por un lado, a su estilo cyberpunk y a la premisa casi original de Len Kaminski como serie de acción y ciencia-ficción y, por otro, al trabajo de Chris Bachalo que, por desgracia, no duró más allá de los tres primeros números. Bachalo estaba en un estado de gracia, justo antes de volverse algo más recargado y menos oscuro. Sus trazos eran un poco más sucios, algo que le iba muy bien al tono de la serie. Mark Buckingham fue el punto de apoyo hasta la llegada de Kyle Hotz que mantuvo el tono oscuro aunque su estilo fuera un poco más clásico en términos de tebeos de superheroes. La etapa final la recorrió Ashley Woods con un estilo muy expresionista y salvaje, a la Bill Sinkiewicz, que también era más que apropiado para la serie.

 

La serie, como todas las del universo 2099, tuvo un corto recorrido de apenas dos años (ahora parece que van a sacar un one-shot nuevo). Y en España no llegaron a publicarse los cómics que dibujó Woods. Dejó un regustillo de que quizás podría haberse hecho algo más. Pero siendo hija de los noventa y manteniéndose en la línea de superheroes mazados y oscuros, propuso un carácter y una identidad propias, algo muy difícil en aquellos momentos de clones y de adornarlo todo con músculos y arsenales infinitos.