Empowered (de Adam Warren)

EMPOWRED

 

 

 

#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 27 – Palabra: BRUJA

 

 

Obra: Empowered

Autor: Adam Warren

Editorial: Dark Horse

 

A pesar de la gran cantidad de autores y autoras que se han estado publicando en los últimos años en España (casi se han cuadruplicado las novedades anuales en quince años) nos siguen quedando obras que pese al éxito en su país de origen, no nos llegan. En algunos casos, no estamos hablando de autores vanguardistas u obras de culto en el extranjero de las que hay duda de si funcionarían aquí, sino de autores bastante cercanos al mainstream, con propuestas interesantes. Uno de ellos es Adam Warren, autor americano que destacó en los noventa dentro del “manga americano”. Sus primeros trabajos fueron en Studio Proteus, junto a Toren Smith. Dirty Pair usaba a los personajes del anime de Haruka Takachiho -dos agentes secretas espaciales en bikini que causaban caos y destrucción allá por donde pasaban- después de que Warren y Smith le convencieran con ideas y diseños propios. Dirty Pair terminó siendo una entretenidísima serie de miniseries de ciencia-ficción con muchísimo acción y humor, que además son un retrato de la evolución del dibujo de Warren, dibujante extremadamente perfeccionista y detallista con aspectos como las anatomías, los diseños y las expresiones de los personajes. En España, de Dirty Pair apenas vimos una miniserie publicada en Norma, “Situación crítica”. Quizás no tenía mucho sentido publicarla sin haber hecho lo propio con las precedentes.

 

Tras varios trabajos en Image, Warren inició una serie propia, Empowered. Al parecer la obra partió de un encargo un poco… especial. En 2004 a Warren se le pidió toda una serie de trabajos de ilustración de una superheroina que se veía con frecuencia en situaciones de verse atada, amordazada y similares. Un fetichismo del bondage, vaya. Sin embargo, a partir de ese encargo, el autor se inspiró para crear un personaje con un fondo propio y un entorno de amistades y enemigos que fue convirtiendose en un pequeño universo de superheroes de autoría independiente tan interesante o más que otras de las grandes franquicias, en mi opinión. La protagonista del cómic era Melissa Powers, nombre código Emp. Melissa encontró un traje que le otorgaba superpoderes varios, un traje misterioso, muy ceñido a la piel que, sin embargo, tenía la vulnerabilidad de que se desgarraba con facilidad y al hacerlo el traje iba perdiendo poder, dejando a la heroina vulnerable para ser capturada por sus rivales.

 

La serie se inició como una serie de historias cortas, pero pronto evolucionó a serie de tomos, cada una con arcos definidos y un par de metatramas de fondo que nos tenían a los lectores muy en vilo con la continuidad de las historias. Las primeras historias de Emp colocaba a la heroina en sus primeras andanzas, casi siempre desafortunadas con villanos de poca monta. Sin embargo, las historias se solian saldar con bastante humor pese a la tragedia. Aunque saliera perdiendo, la heroina era más que digna, cuando no lo eran ni villanos ni sus colegas superheroes más célebres. En estos inicios la serie parecía dirigirse hacia una especie de “Ally McBeal con superpoderes” (esto es un piropo, ojo) pero la llegada rápida de varios secundarios empezó a dinamizar y complejizar la cabecera. Thugboy era un matoncillo japonés, que se metía en embolados varios hasta que se enrolló con Emp en un noviazgo muy intenso y sexual, dando a la serie puntos de romantic comedy con constantes escenas de sexo, que resultaban divertidas, sexys a la vez que equilibradas en la sexualización tanto de ella como de él. También apareció Ninjette, a priori villana, pero luego gran amiga de Emp, con la que se empezó a tontear con un cierto triángulo romántico entre los tres. Con la aparición de estos y otros personajes también se iban alternando las aventuras y escareos superheroicos. Uno de las compañeras y más interesantes rivales de Emp, Sistah Spooky, era una suerte de bruja con poderes oscuros, con la que frecuentemente se enfrentaba.

 

Con once volúmenes ya (y un par de volumenes especiales hechos con colegas) Empowered se ha convertido en una serie, como mínimo, de culto. Con unos personajes que los lectores hemos visto crecer y desarrollarse en muchos aspectos, resolviendo conflictos íntimos y ajenos. Warren ha escrito escenas repletas de diálogos en un sofá que prácticamente son antologías. Tanto como algunas de las escenas de acción más dinámicas así como bizarras del género. Porque si hablamos de sus conceptos de diseño de superheroe, nos metemos en otro mundo muy loco. Mucho antes de los diseños exagerados de series como One Punch Man o My Hero Academy, Warren ya ofrecía esa visión del superhéroe americano exacerbada vista desde fuera, quizás un poco ridícula y con cierto ánimo satirizante, pero que hacía que funcionara en las historias (la del Hombre Ladrillo es algo maravilloso).

 

¿Por qué nadie se ha planteado publicarla aquí? Uno de los motivos podría ser similar al de Dirty Pair, sus primeros trabajos tenían otro estilo, no despuntaban tanto y eran más diferentes de las miniseries más modernas. En el caso del primer volumen de Empowered, se nota el arranque con historias cortas sin más voluntad que elaborar unos cuantos gags, al menos en la primera mitad del primer volumen. Quizás también el estilo de Warren para estos libros, un estilo de dibujo a lápiz que se mantiene hasta el acabado final de la página y que no se diluye con el entintado, dejando un cierto efecto de “factura inacabada” pero que en realidad, dista de serlo. Como producto editorial también es complicado. El tamaño no es ni de volumen de manga, ni de tomo americano. ¿La publicaría aquí  una editorial de manga o una de americano? Ni idea. Lo que sí sé es que Empowered es una magnífica serie de superheroes que en mi opinión se merece tanta atención o más, como otras series. Si Invencible funcionó ¿Por qué no Empowered?

Blue Period (de Tsubasa Yamaguchi)

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#Reseñoviembre es una iniciativa que imita al reto de los artistas del #Inktober, pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 20 – Palabra: CUADRO

 

 

Obra: Blue Period

Autora: Tsubasa Yamaguchi

Editorial: Milky Way Ediciones

 

Empiezan ya a acumularse toda una serie de cómics sobre el arte o la creación artística desde procedencias muy diversas y con enfoques muy diversos. La última nos llega desde Japón con esta serie de la autora Tsubasa Yamaguchi con este relato de iniciación a las Bellas Artes, centrado en la pintura. Blue Period arranca como muchos spokon… que no sé si en realidad lo son tales ya que no son estrictamente deportivos. De hecho, es extraño lo que cuesta que en España se publiquen los spokons más clásicos -deportes como fútbol, baloncesto, etc…- y sin embargo los más tangenciales -bailes de salón, ajedrez…- sí que lo son. Tengo las dudas de que Blue Period lo sea porque claro, es una iniciación al mundo del arte, pero mantiene ciertas características propias de un spokon como el aprendizaje, la presencia de compañeros y rivales, las pruebas a superar, la didáctica sobre la temática específica y demás. En ese sentido, Blue Period funciona con los patrones habituales. Chico en el instituto, un poco rebelde sin causa, inteligente con buenas notas pero familia con pocos medios es el protagonista. No tiene claro hacia que estudios universitarios virar, no tiene una vocación específica para nada y siente un cierto desarraigo para con el mundo que le rodea, no se identifica con nada. Hasta que aterriza en el Club de Arte del instituto y eso empieza a cambiar. Una vía para expresar cosas, una forma de destacar, una pulsión que no acaba de saber describir, le empuja a querer ahondar más y más en el conocimiento de las técnicas para mejorar. Su primer cuadro es un cuadro predominantemente azul, lo que da nombre a la obra, pero que también es referencial del “periodo azul” de Picasso. Y así es como el joven muchacho se tira al duro camino de intentar entrar en una universidad pública de artes.

 

Como decía, el desarrollo del argumento es tremendamente procedimental. Pero esa estructura argumental sirve para llenarla con toda una cantidad de historias de experiencias iniciáticas en el mundo del arte, así como de una gran variedad de notas sobre técnicas de dibujo y pintura que son muy interesantes. En cierto sentido -con distancia, eso sí- recuerda a Bakuman, un manga que nos hablaba sobre la profesión de mangaka y la iniciación de dos jóvenes en esta profesión. Como Bakuman, Blue Period va más allá de las consideraciones artísticas y técnicas. También aporta datos del “mundillo”. De la dificultad para entrar en las universidades (y los costes), la mayoría privadas y de la existencia de una escena internacional dura donde los autores japoneses no destacan excesivamente. Yamaguchi presenta todos esos datos como esbozos para dibujar el desafío mayor ante el que se enfrenta al protagonista.

 

Gráficamente, Yamaguchi utiliza un estilo que se asemeja a los estilos clásicos y estilizados en el shonen pero con ciertos trazos y formas que recuerdan estilos de dibujo más orgánicos, rebeldes, menos canónicos, más de autores y autoras de estilo más alternativo o dirigidos a demografías adultas. Es particularmente en la selección de planos y en la expresión de emociones a través de metáforas visuales, un aspecto capital especialmente en este primer momento en el que protagonista descubre una pasión que no sabía que tenía y eso cambia completamente su mundo. La forma de verlo, claro está.

Orion (de Masamune Shirow)

ORION

 

 

 

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Reseñoviembre – Día 17 – Palabra: ABANICO

 

 

Obra: Orion

Autor: Masamune Shirow

Editorial: Planeta Cómic

 

A principios de los noventa empezaba a correr el manga por España y a formarse lo que se llamó el “boom” por los cómics venidos de Japón. De entre los primeros títulos que servidor recuerda destacaban los títulos de acción y aventuras postapocalípticas como El Puño de la Estrella del Norte, Grey o Alita. En aquellos tiempos el manga supongo que me alcanzó como a todos, con una tremenda curiosidad y epatándome un poco por los temas, contundencia y la inclusión de un cierto grado de sexo y violencia que no veíamos en los tebeos de superhéroes. Mi interés en ellos fue decayendo (hasta recuperarlo más adelante con un abanico más amplio de tipos de manga) con el tiempo, a excepción de unas pocas obras de las que mantenía su lectura. Una de ellas fue Patrulla Especial Ghost, de Masamune Shirow, que me pareció una obra que se salía en ciertos aspectos de la tónica general. En los tebeos de Shirow, además de los trasfondos exóticos de ciencia-ficción, de una acción muy dinámica y trepidante, acompañada de un dibujo detallista había también un desarrollo del universo en el que se asentaba la historia bastante denso que permitía nutrir las historias de numerosas notas (ya sea en conversaciones de los personajes o a pie de página) que le daban una consistencia particular en la historia. Así, por ejemplo, los personajes del SWAT de Appleseed cuando salían a tomar unas cervezas hablaban de política igual que cualquier otra persona de nuestro mundo, pero lo hacían de la política del mundo en el que vivían. También hablaban de la sociedad, los dirigentes, de tecnología, la economía, etc…

 

Casi todas las obras de Shirow eran de temática de ciencia-ficción yu/o cyberpunk. Sin embargo un par lo fueron de fantasía, usando también elementos de ciencia-ficción. Una de ellas, Orion, resultaba alucinante por todo lo comentado: se inventaba un lore para un mundo amplísimo en el que tomaba conceptos del budismo, el taoismo, mitología japoneses, criaturas de Los mitos de Cthulhu de Lovecraft pero también de la física de partículas y, no podía faltar, el cyberpunk. Shirow lo metía todo en la coctelera y le salió un trasfondo de fantaciencia que ríete tú de Star Wars y los midiclorianos. Para un tebeo de seis números. Por si fuera poco, te lo iba contando sobre la marcha. La historia arrancaba trepidante casi desde el principio y te lo iba enseñando todo según lo que iba sucediendo y el lector podía ir haciendo el mapa de las facciones del mundo. Por un lado, un gran imperio tecnológico que dominaba las fuerza metafísicas a partir de la “psicociencia” y grupos de monjes que seguían empleando las disciplinas tradicionales místicas. En el origen de la historia, el plan del imperio para eliminar toda la energía negativa del universo sin tener en cuenta el desequilibrio que eso llevaría al mismo.

 

Así, la historia es una fanfarria loca de fuerzas sobrenaturales enfrentándose unas con otras, hechiceros lanzándose conjuros rarísimos y artes marciales con armas místicas como cachiporras con pinchos, tridentes-espada y abanicos. Todos los diseños conceptuales de Shirow son, como poco, alucinantes. Estamos a principios de los noventa y toda la imaginería que usaba resultaba novedoso y fresca. Ideogramas flotando en el aire dibujando círculos mágicos, explosiones de energía mística, cárceles para atrapar deidades, guerreros místicos de otros lugares. Todos los diseños resultaban alucinantes y se escapaban de los lugares comunes seguramente por las fuentes mencionada de las que bebía Shirow, alejadas de las que usaban otros mangas y que, en algunos casos, procedían más de occidente que de oriente. Y resulta extraño, a todo esto, con todo el potencial visual que se desarrollaba en Orion, que fuera la única obra de Shirow de la que no hubo adaptación al anime. O continuación al manga, ya que estamos.

Ulna en su torreta (de Izu Toru)

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Reseñoviembre – Día 2- Palabra: VIGILAR

 

 

Obra: Ulna en su torreta

Autor: Izu Toru

Editorial: ECC Ediciones

 

 

Ulna en su torreta probablemente sea uno de los mangas más sobrecogedores de los últimos años por el profundo despiece que hace de todo lo relacionado con el mundo bélico. Aun con la serie por concluir, su autor está explorando cada aspecto de lo que supone un conflicto armado, paso por paso, desde la primera línea hasta el hogar. Lo hace a través de la mirada de Ulna, personaje que son los ojos del lector a través de la historia y ante los que van cayendo una tras otra, el velo de las mentiras e ilusiones creadas ante el ciudadano común. Unas fomentadas por los intereses de los gobiernos y las clases con poder. Otras por la propia ingenuidad o prejuicio de los ciudadanos de a pie, que también son explotados y usados por las clases gobernantes.

 

La historia arranca desde el frente, Ulna, la protagonista viaja a un puesto de vigilancia, una torreta que es también una suerte de puesto de avanzadilla y supervisión. Ulna se ha alistado como francotiradora en el ejército. Su país está en guerra con unas criaturas de las que poco saben más allá de poseer una experiencia monstruosa y poseer características salvajes. Las primeras páginas nos muestran una suerte de camaradería de una tropa compuesta principalmente por mujeres. Sin embargo, cuanto más tiempo pasan en el frente, más preguntas se va haciendo Ulna, más se va indagando sobre el supuesto enemigo y más va contemplando la realidad de lo que está sucediendo. La reflexión sobre la búsqueda de la deshumanización del otro llega pronto en la historia, pero no será la única ni la última, tratándose temas como el arraigo, la identidad personal y la pérdida de la inocencia. La historia avanza con ciertos giros (de una historia de conflicto bélico pasaremos a un thriller) y cambios de escenario que nos permitirá ver más ángulos del asunto. A Toru, con esta historia, creo, le preocupa conseguir una suerte de fotografía global, una reflexión compleja que se consigue con la acumulación de experiencias y con un ejercicio de crítica importante.

 

El estilo del autor recordará al lector a esa línea tan característica de Hayao Miyazaki, con el cual Toru puede compartir los temas de sus obras fácilmente. Una imaginería bonita y preciosista con un toque de ternura no va reñida con el tratamiento de temas maduros y oscuros. La narración visual de la obra jugará a la creación de momentos alternos de calma y tensión, de reflexión y acción. Y la atención a los detalles en todos los aspectos (expresiones corporales de los personajes, detalles paisajisticos, elementos de parafernalia bélica) apoyan el tono realista de la serie que, pese a su ligero tono de ciencia-ficción, no deja de hablarnos de todos los conflictos bélicos existidos y existentes, de la guerra, en definitiva, como algo real.

Bride Stories (de Kaoru Mori)

 

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Reseñoviembre – Día 13 – Palabra: MATIZ

 

Obra: Bride Stories (serie)

Autora: Kaoru Mori

Editorial: Norma Editorial

 

En la primera página de este manga dos personajes se encuentran por primera vez en su vida. Karluk -tiene doce años- ve por primera vez la cara de Amira -tiene veintidos- al descubrirse el velo, el día de su boda. Dos segundos de expectación y sorpresa desembocan en una sonrisa. Estamos en Asia central, en una pequeña ciudad cerca del mar Caspio, en el siglo diecinueve. La de Amira y Karluk es la primera de toda una serie de historias de parejas que recorre todos los detalles de la cultura de la zona con un cariño y ensimismamiento infinito.

 

Kaoru Mori, autora también de Emma, un romance ambientado en la Inglaterra victoriana -y que por desgracia aquí no hemos visto su edición terminada- insiste en que Bride Stories es una historia ligera; y al mismo tiempo insiste en que los detalles, los matices son importantísimos. Ya sea en cada mínimo diseño que adorne una pieza de ropa como en cada gesto corporal específico o cada mirada que indica que detrás de cada situación social o íntima hay muchas cosas que no se llegan a expresar en palabras. Porque así lo es en la vida real.

 

Virtuosa del dibujo con un estilo que busca el naturalismo, deja patente en la página todo su amor por la arquitectura, la costura, la carpintería artesana, la montura a caballo o el arte de la caza en la zona del Turkmenistan. Pero también aborda temas como el choque entre culturas, la organización de las estructuras familiares, el cuidado del prójimo o el sexo. Es llamativa la delicadeza y sensibilidad con la que trata una cuestión tan polémica aquí y ahora como un matrimonio entre un adulto y un niño. Y también es destacable como, a pesar de contar como el día a día de familias cuya jerarquía está dominada por los varones, los personajes femeninos no pierden cuota de protagonismo el alguno. El rol de las mujeres también es importante en esas sociedades así como lo es en la historia que la autora quiere contar.

 

Bride Stories es una relato agradable con mucho candor, que alterna un tono recreativo con un drama ligero que entra en las intimidades de los personajes. Y sorprende en el dibujo por ese amor por lo cotidiano y el hacer amoroso de la artesanía tradicional. Nos hace disfrutar de los encuentros entre sus protagonistas y nos hace abandonar a cada pareja tras contarnos su historia con un poco de tristeza, si bien vamos con alegría a descubrir la historia de la siguiente.

Bakuman (de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata)

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Reseñoviembre – Día 10 – Palabra: SERIE

 

Obra: Bakuman

Autores: Tsugumi Ohba y Takeshi Obata

Editorial: Norma Editorial

 

Bakuman es una rara avis en muchos sentidos. Por ejemplo, seguramente tiene la virtud de ser ese manga que se ha leído mucha gente que normalmente no lee manga y que ha leído cuatro cosas sueltas en su día, probablemente alguna cosa de Osamu Tezuka y algún shonen de antaño. Bakuman sería uno de los pocos mangas modernos que está leyendo y esto es por un motivo: es un manual estupendo para entender como funciona la industria del shonen en Japón.

 

La historia podría decirse que es una suerte de spokon variedad de jardín en sus fundamentos; esto es, un manga de deportes que ensalza valores como la superación, el compañerismo y la rivalidad sana que hace que los protagonistas mejoren con cada enfrentamiento. El asunto interesante es que “el deporte” en este caso es más bien una práctica artística, la creación de mangas. En resumen, sus protagonistas son dos estudiantes de instituo. Moritaka Mashiro es un dibujante principiante -muy introvertido- con un gran talento, que tuvo un tío que fue mangaka, pero al que le sucedió una tragedia. Su tío es, pues, tanto ejemplo, como camino a evitar. Akito Takagi quiere ser guionista, es extrovertido, tiene una gran cultura de manga y ideas muy locas e interesantes. Mashiro y Takagi van al mismo instituto y en una de esas escenas que pasan en las azoteas de los institutos, se fragua el plan de hacerse mangaka; todo ello con una promesa romántica de por medio hacia una chica, que juega de gancho culebronesco para con el lector.

 

El primer paso para lograr el objetivo es venderle una serie a la Shonen Jump, la revista de manga japonesa y lo consiguen. Y ahí es donde empieza la carrera en esta historia. Aparecen rivales, aparece un gran rival final, aparecen aliados y aparecen dificultades. Como lectores, por el camino, vamos aprendiendo como funciona la industria japonesa, como se decide que series se mantienen tres tras mes publicándose, qué temas son polémicos, qué mecanismos son los más habituales para que una serie atraiga al público, qué tipos de subgéneros existen, como influyen los editores en las historias… y un lista interminable de más cosas. Ohba y Obata tienen el mérito de haber creado una serie entretenidísima y didáctica, especialmente para los lectores occidentales, para los que desconocíamos todos estos aspectos. Y lo más interesante es que lo hacen haciendo un manga “de batallas”. Mes tras mes estamos enganchados viendo que ideas para nuevas series se les ocurrirán a Takagi, estamos tensos ante la llegada de los resultados de las encuestas y flipamos con las páginas de las series incluidas dentro de esta serie.

 

Por todos estos aspectos, Bakuman es un manga muy recomendable, porque no solo es una buena obra en si misma, sino porque abre las puertas a conocer el mundo del manga en si y saltar desde ella a otras obras.

One Punch Man (de One y Yusuke Murata)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 2 – Palabra: IMPACTO

Obra: One Punch Man

Autores: One y Yusuke Murata

Editorial: Ivrea Editorial

 

La deconstrucción de los superhéroes también era esto, Alan Moore. Bueno, o no. O sí.

 

La verdad es que es curioso que una obra tan popular tenga varios enfoques desde la cual disfrutarla. Apilables, incluso. Pasa frecuentemente con las parodias, que pueden caer en el riesgo de, tras jugar a la sátira de un género específico, se vean atrapados por sus seductores mecanismos. Es el caso de One Punch Man, el popular manga seinen que parodiaba el género superheroico americano y que empezó como webcomic de la mano de One, hasta que su popularidad se hizo tal que recibió la oferta de ser dibujado por Yusuke Murata. Este último y su dominio del estilo y los recursos gráficos del manga de batallas -entre otros- sin duda, refuerza la sensación de que estamos leyendo un shonen de acción. En la serie se reparten hostias como panes en lo mejorcito de esa tradición. Pero claro, hay más.

 

La serie toma la historia de Saitama un joven superheroe cuyo superpoder es acabar con sus enemigos de un solo puñetazo. Un impacto y ¡bam! se acabó. En el desfase del concepto está precisamente la gracia de su deconstrucción y el potencial para su comicidad. Un superhéroe con un poder extramadamente poderoso atenta contra las claves de entretenimiento del género en si. Y es algo de lo que el propio Saitama es consciente. No tiene rivales.  El otro efecto es el que ya practico Toriyama con Mr. Satan: tanto poder desmesurado es imposible, por lo tanto tiene que ser un truco. La gracia de One Punch Man es que aquí la lógica que aplicaba Mr. Satan es la que aplica el resto del mundo que es testigo de las proezas de Saitama. El resultado es que nadie le da credibilidad y el superhéroe más poderoso del mundo, públicamente, es un don nadie.

 

Además de su concepto de partida, One Punch Man toma el género superheroico para reirse del mismo con todo tipo de mecanismos humorísticos, uno de los cuales es tomárselo muy en serio todo, con la intensidad que los eventos requieren. Puede que esto, de alguna forma algo venga heredado del manzai japonés, el homólogo del clown listo y el clown tonto, donde el payaso tonto se lleva collejas todo el rato por sus errores. Quizás el caso de Saitama es más el del clown tonto en su versión occidental, que al final no lo es tanto y subvierte todo con sus resoluciones absurdas al clown listo. Como pasaba con el asunto de la credibilidad que he comentado, Saitama es el clown tonto y el clown listo es el resto del mundo, con sus instituciones normativas superheroicas y su intensidad épica a la hora de hacer frente a los enemigos.

 

A pesar de lo que pueda parecer en este texto, los autores no cargan contra el género superheroico occidental. Hay mucha sátira también del shonen variedad de jardín y no escatima en introducir arquetipos visuales y de personalidad clásicos de la tradición japonesa. En resumen, One Punch Man, se ríe de todo y de todos. Y entre toda la sarta de mamporros no perdemos de vista que estamos ante un manga divertidísimo, de carcajada con mayúsculas.