Nuevos Guerreros – Preludio a Civil War (de Zeb Wells y Skottie Young)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 19 – Palabra: SHOW

 

Obra: Nuevos Guerreros – Preludio a Civil War

Autores: Zeb Wells y Skottie Young

Editorial: Panini Comics

 

Hace unos días publiqué por aquí la reseña sobre Civil War, uno de los mejores eventos que han habido en la historia de Marvel, en mi opinión. El detonante de los sucesos del evento, como conté, fue una catástrofe sucedida por la irresponsabilidad de unos superheroes juveniles. ¿Cual fue esa irresponsabilidad? Bueno, tuvieron la idea de montar un reality show con una cadena de televisión, que iba, de eso, de superheroes juveniles de ruta por América buscando supervillanos a los que atundar. Un melocotonazo.

 

Si uno solo ha leído Civil War, y no la serie que contaba las aventuras de esos superhéroes juveniles, pues bueno, la historia resultaba tremendamente ridícula, la idea de una mente inestable que buscaba fama y dineros. Y tal y como se presentaba en los tebeos de Civil War parecía exactamente eso. Unos superhéroes novatos, aparentemente sin formación (aunque había gente como Speedball, Night Trasher o Namorita ya con años de carrera a sus espaldas y de los que decir que son “adolescentes” igual es un poco como cuando Anabel Alonso interpretaba a una actriz de culebrones juveniles que aparentaba tener quince años menos de los que tenía), terminaban por toparse con Nitro, un supervillano con poderes explosivos que, al usar sus habilidades causó la muerte de 612 personas, niños entre ellos y casi todos los miembros del grupo de superhéroes. Todo ello provocaba el debate sobre el registro de superhumanos y el susodicho acta, que derivaba en la gran guerra civil. En fin, un caso precoz de “malditos millenials”.

 

Sin embargo, si nos vamos a la serie que guionizó Zeb Wells -co-responsable, además de otros títulos de cómic, de la serie Robot Chicken– y dibujada por Skottie Young, nos encontrábamos otra cosa distinta. La idea era original, fresca y divertida. Uno de aquellos conceptos que buscaban ser diferentes en el maremagnum de los tebeos de superhéroes habituales. Sí, Speedball la liaba parda metiendo al grupo en un reality, pero lo hacía con buenas intenciones, rescatar al grupo de la miseria y el olvido. Y ello iniciaba una serie de aventuras en plan road movie cuyo primer problema -no sin risas- era encontrar supervillanos a los que enfrentarse. Todo el mundo sabe que el 90% de los supervillanos están en Nueva York. Para que te vas por ahí de ruta, si en el vasto mundo la gente vive tranquila de lides superheroicas y todos los malos están tramando cosas en lo urbano.

 

El caso es que acaban encontrando cosas malosas y acabaron viviendo aventuras. Y lo que es más importante, se recuperaba un poco, el espíritu de los Nuevos Guerreros de siempre. Los personajes se relacionaban entre ellos; también con el escaso equipo técnico del programa. Y a confesarse sus dramas, a resolver sus conflictos. Las apariciones de los villanos eran originales, diferentes. Y al final de cada aventura siempre había algo de aprendizaje y, curiosamente, algo de responsabilidad. No todo se resolvía a hostias. El dibujo de Young le iba al pelo a la serie. Le daba frescura y diversión. Energía, dinamismo, expresividad. Iba fetén tanto para el drama como para la acción.

 

En resumen, era una buena serie. Con todo lo que me puedan disgustar a mi personalmente los realities por toda la parafernalia falsa y manipuladora de la opinión que se gastan, la serie en la que los Nuevos Guerreros se montaron uno era auténtica. Y seguramenet los que decidieron usarlos como detonante de la Civil War no se la leyeron. O sí y les daba igual todo. Comentaba yo en el artículo de Civil War que me parecía que es uno de los eventos que menos afectó desfavorablemente en su momento a las series a las que arrastró. La lastimosa excepción estuvo en su origen, fíjense que cosa más irónica.

 

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Civil War (Mark Millar, Steve McNiven y varios autores)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

Reseñoviembre – Día 15 – Palabra: DIVIDIR

 

Obra: Civil War

Autores: Mark Millar y Steve McNiven (serie central), varios autores en el resto de series, spin-offs, etc…

Editorial: Panini Comics

Vamos al grano, que las palabras andan contadas. Civil War es, en mi opinión, el mejor evento de Marvel hasta la fecha. Muy pocos eventos en la historia de La Casa de las Ideas han reunido tantos factores interesantes como el que fue este gran repartimiento de hostias superheroicas con inspiración en la actualidad política y social norteamericana.

Para empezar, la gran mayoría de los eventos en Marvel han tenido como elemento tradicional la violencia desproporcionada, en ocasiones sin la excusa de un supervillano liándola parda. Esta es una de las consignas originales del universo Marvel en el que, a pocos números de empezarse una serie ya aparecía un personaje invitado de otra -cuya colección apenas había arrancado- para, con cualquier excusa pasajera, empezar a medirse el lomo un rato. Este era un tema recurrente en Los Vengadores: al grito de “traidor skrull” los héroes más nobles se enzarzaban a guantazo limpio para disfrute del lector. Sin embargo, podríamos afirmar que hasta Civil War no veíamos un despliegue tan masivo de héroes zurrándose contra otros héroes. Podían haberse dado ensayos puntuales entre mutantes y otros superhéroes, por ejemplo, por cuestiones de rivalidad, tipología o clandestinidad de unos y otros. Pero Civil War pone un dilema sobre la mesa ante el cual CADA superhéroe del universo Marvel debe dar su propia respuesta y, en consecuencia, tomar partido. Las hostias van a darse sí o sí, pero en este caso se podía jugar al desarrollo de personaje planteando qué bando iba a tomar cada héroe.

La cuestión era simple. Tras una gran catástrofe de la cual se hace responsable a un grupo de héroes juveniles, el gobierno americano plantea un acta de registro de todos los superhumanos, que deberán facilitar sus identidades e información sobre sus poderes. La historia enlaza con la crisis por temas de seguridad vivida en Estados Unidos tras los atentados del 11-S. Sobre la mesa, seguridad vs libertad. Y eso es lo que se traslada a los tebeos. Los guionistas inteligentemente trasladaron los argumentos por boca de los propios personajes. La comunidad superheroica quedaba dividida por la conformidad a una decisión política. Y la aventura quedaba servida.

Los prolegómenos se ejecutaron muy bien -pese a sacrificar una serie, Los Nuevos Guerreros, que era simpática y naif- y el desarrollo de la trama principal resultó impecable. Solo es cuestionable, en mi opinión, su precipitado -y un pelín absurdo- final y su obligación canónica de que todo deber terminar en una gran confrontación entre superhéroe y supervillano -sí o sí- en este caso entre los representantes de las respectivas posiciones ideológicas, el Capitán América e Iron Man. En cualquier caso, la historia dejaba buen sabor de boca porque lo que había sucedido en el universo Marvel dejaba efectos en el universo Marvel. El respeto por la continuidad mientras los personajes crecen y evolucionan -o involucionan- siempre ha sido uno de los pilares del paradigma del universo Marvel y aquí se daba.

 

No hay que olvidar que por el camino, también, se dieron series y sucesos muy interesantes y bien jugados. Front Line cubría la perspectiva humana de todo lo que estaba sucediendo, desde unos medios de comunicación también polarizados en cierta forma. La revelación de la identidad pública de Peter Parker fue una jugada comercial brillante pero también daba un juego nuevo a su historia. Así mismo, si un personaje debía de cambiar de bando durante el transcurso de la refriega, sin duda alguna este debía ser el inseguro Peter Parker. Y me resulta imposible olvidar la decisión de La Cosa de “¡Que os den!¡Me piro al Canadá!” muy apropiada con su arrollador carácter.

 

En resumen, un evento que fue un disfrute en conjunto. Muchos eventos ponen en riesgo series regulares empobreciendo sus guiones al tener que introducir forzosamente algún aspecto del evento y aquí apenas se nota. Este lector de tebeos, por ejemplo, conserva con mucho mimo e individualizada del resto de series de grapa de todo lo de Civil War en un aparte significativo. Por aquello de que algún día llega alguien y le pregunta “oye, la Civil War de los tebeos ¿qué tal? ¿la tienes?”. Y le presto la caja mágica donde todas esas historias están bien guardadas.

One Punch Man (de One y Yusuke Murata)

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 2 – Palabra: IMPACTO

Obra: One Punch Man

Autores: One y Yusuke Murata

Editorial: Ivrea Editorial

 

La deconstrucción de los superhéroes también era esto, Alan Moore. Bueno, o no. O sí.

 

La verdad es que es curioso que una obra tan popular tenga varios enfoques desde la cual disfrutarla. Apilables, incluso. Pasa frecuentemente con las parodias, que pueden caer en el riesgo de, tras jugar a la sátira de un género específico, se vean atrapados por sus seductores mecanismos. Es el caso de One Punch Man, el popular manga seinen que parodiaba el género superheroico americano y que empezó como webcomic de la mano de One, hasta que su popularidad se hizo tal que recibió la oferta de ser dibujado por Yusuke Murata. Este último y su dominio del estilo y los recursos gráficos del manga de batallas -entre otros- sin duda, refuerza la sensación de que estamos leyendo un shonen de acción. En la serie se reparten hostias como panes en lo mejorcito de esa tradición. Pero claro, hay más.

 

La serie toma la historia de Saitama un joven superheroe cuyo superpoder es acabar con sus enemigos de un solo puñetazo. Un impacto y ¡bam! se acabó. En el desfase del concepto está precisamente la gracia de su deconstrucción y el potencial para su comicidad. Un superhéroe con un poder extramadamente poderoso atenta contra las claves de entretenimiento del género en si. Y es algo de lo que el propio Saitama es consciente. No tiene rivales.  El otro efecto es el que ya practico Toriyama con Mr. Satan: tanto poder desmesurado es imposible, por lo tanto tiene que ser un truco. La gracia de One Punch Man es que aquí la lógica que aplicaba Mr. Satan es la que aplica el resto del mundo que es testigo de las proezas de Saitama. El resultado es que nadie le da credibilidad y el superhéroe más poderoso del mundo, públicamente, es un don nadie.

 

Además de su concepto de partida, One Punch Man toma el género superheroico para reirse del mismo con todo tipo de mecanismos humorísticos, uno de los cuales es tomárselo muy en serio todo, con la intensidad que los eventos requieren. Puede que esto, de alguna forma algo venga heredado del manzai japonés, el homólogo del clown listo y el clown tonto, donde el payaso tonto se lleva collejas todo el rato por sus errores. Quizás el caso de Saitama es más el del clown tonto en su versión occidental, que al final no lo es tanto y subvierte todo con sus resoluciones absurdas al clown listo. Como pasaba con el asunto de la credibilidad que he comentado, Saitama es el clown tonto y el clown listo es el resto del mundo, con sus instituciones normativas superheroicas y su intensidad épica a la hora de hacer frente a los enemigos.

 

A pesar de lo que pueda parecer en este texto, los autores no cargan contra el género superheroico occidental. Hay mucha sátira también del shonen variedad de jardín y no escatima en introducir arquetipos visuales y de personalidad clásicos de la tradición japonesa. En resumen, One Punch Man, se ríe de todo y de todos. Y entre toda la sarta de mamporros no perdemos de vista que estamos ante un manga divertidísimo, de carcajada con mayúsculas.

Orquídea Negra (de Neil Gaiman y Dave McKean)

 

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es una iniciativa que imita al reto de los artistas del , pero desde el reseñismo y la divulgación, ofreciendo 30 reseñas en los 30 días del mes de noviembre, a menudo partiendo de unas palabras-estímulo comunes a todos los participantes.”

 

Reseñoviembre – Día 1 – Palabra: MARAVILLA

Obra: Orquídea Negra

Autores: Neil Gaiman y Dave McKean

Editorial: ECC Comics

 

Perteneciente al grupo de obras que serían los pilares fundacionales del futuro sello Vertigo, Orquídea Negra es una obra dura, dramática y con un componente de crítica social con mensaje ecologista, construida a partir de revisar a una superheroína de los setenta. La obra se encuadra en el conjunto de series y miniseries al cargo de la editora Karen Berger que buscaban usar personajes del universo DC para contar historias “más adultas” con componentes de fantasía y horror, pero que también abordaran aspectos intimistas. Neil Gaiman y Dave McKean ya habían mostrado su carta de presentación al mundo, Casos Violentos, que impresionó al público y a la crítica tanto por ser una historia completamente atípica y muy experimental en la industria de los cómics y por los recursos gráficos que usó McKean para contar la historia.

 

La serie arranca violenta y despiadada contra el personaje que el lector podía recordar de los tebeos de los setenta. Y ese solo es el principio de su martirio. Los autores nos guían por un viaje en la búsqueda de la identidad de la nueva Orquídea Negra y su lugar en el mundo. En el proceso de creación y desarrollo del personaje, Gaiman lo conecta con otros personajes que habían aparecido por el “universo Vertigo” -o lo que sería el universo Vertigo-. Y lo enlaza maravillosamente bien, por ejemplo, con La Cosa del Pantano de Alan Moore, de la que es gran admirador en aquel momento. El guionista inglés juega también a la deconstrucción del superhéroe como hizo Moore, llevando al personaje hacia el realismo, pero le aporta unos tonos de noir a la historia, que enfatizan su rudeza, pero que también resaltan los momentos de esperanza y maravilla cuando estos se dan ante los ojos del lector. Resaltan la importancia de lo que hay que proteger y salvaguardar.

 

En lo gráfico McKean no escatima ideas y recursos, igual que en Casos Violentos. Se mueve comodamente por una estructura de viñetas verticales que el permite controlar la secuencialidad de la historia. A veces intercala momentos de sucesos alternativos. A veces aumenta o reduce el número de viñetas verticales para controlar el ritmo. En otras, la verticalidad le permite controlar jugar con los estados emocionales, la ascendencia o trascendencia de algunos momentos o la caída al abismo de otros. En el color, atmósferico, McKean tira por muy pocos colores de referencia. Grises predominantes -y algún rojo- cuando la historia se sitúa en las ciudades, agobiantes, y azules y verdes cuando quiere darle un poco de aire al lector y un necesario sentido de la maravilla. Y en medio de todo eso, el púrpura de la nueva Orquídea Negra, que rompe con todos los colores a su alrededor y que ilustra perfectamente al personaje que no encaja y que busca su lugar en el mundo.

 

La increible Masacre-Gwen (Christopher Hastings, Gurihiru, Danilo S. Beyruth y Tamra Bonvillain)

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Panini Comics, 2017

 

Ya iba siendo hora de que en este blog se tocara algo de superhéroes. Porque puede parecer que el aquí firmante solo se nutre de novela gráfica y manga y no es el caso. Vamos a dar cabida aquí también, eso sí, a series especiales, proyectos que se salen de lo común, series de superhéroes, originales, ingeniosas o con un estilo único. Y una que me ha sorprendido gratamente es La increible Masacre-Gwen una se

QUIETO PARAO. ¿Primera reseña de superheroes y vas a hablar de Masacre-Gwen? ¿Un personaje sacado de un meme? ¿Un genderbending de Masacre? ¿Eso qué tiene de original?

Anda, mira, un espontáneo. A ver. Vayamos por partes. Sí, si miras la cosa de lejos -y tienes poca curiosidad y todavía menos ganas de pensar- Masacre-Gwen puede oler a producto de estrategia comercial. De aprovechamiento referencial de otras cosas. Pero es que ya partiendo de ahí, es que lo aglutina todo. Es un cebo estupendo para los críticos “de portadas”. ¡Es maravilloso! La pueden acusar -como acabas de hacer- de genderbending o “teengirlizacion” de Masacre, pero también de parodia de un personaje de DC (Lady Deathstroke), que a su vez era un genderbending o “teengirlización” de un personaje masculino original (Deathstroke) del que se sirvió -digámoslo así- el creador de Masacre -HOLA RÖB- para crear a este. Y a la vez lo pueden acusar de ser un subproducto de un homenaje a un personaje fallecido (Gwen Stacy) al que fusionaron con cada personaje de Marvel y de cuya fusión con Masacre pues salió esta serie. Y si nos paramos a pensar seguro que se nos ocurren más formas en las que Masacre Gwen juega con ventaja a través de referencias a otros personajes o series, pero… ¡Qué otras series no lo hacen! Pero es que atravesada la capa de aparente comercialidad, si rascamos un poco, si de hecho NOS LEEMOS el tebeo, estamos delante de un concepto bastante bastante original. Mucho más que la mayoría.

Grmph. Bueno. A ver, de qué va esto.

Pues mira, esto va de una chica real, una lectora de cómics Marvel, como tú y como yo que, atención, viaja al universo Marvel. Imagínate que en el multiverso Marvel nuestra realidad es una realidad más y podemos viajar a ella. O que podemos entrar en el “mundo de los tebeos”. Whatever. Pues esto es lo que le pasa a Gwen Poole. Viene de “la realidad” y acaba en universo de ficción viviendo las aventuras de sus tebeos favoritos y conociendo a sus personajes favoritos. ¡Es lo que querría todo fan!

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Pero, miradla, si le habla a los personajes de los tebeos como si fueran personajes reales. ¡Como todo buen fan!

 

¿Como en El último gran héroe de acción? Entonces original-original no es.

Sí y no. El último gran héroe de acción no es tampoco la primera obra que trata el tema de alguien viajando a un mundo de ficción con sus rasgos de género y demás. En la literatura también se ha dado. El caso especial es que aquí Gwen es la protagonista, no un sidekick o un aliado del protagonista como suele suceder en los casos precedentes. Sus aventuras son un poco la crónica de sus andanzas por el Universo Marvel. Y ella sabe que está dentro de un cómic por lo que puede jugar a la ruptura de la cuarta pared. Un poco como su personaje-de-referencia en Marvel.

Ok, superhéroes, rupturas de la cuarta pared y metaficción. Pero todo eso ya lo hizo Moore. Y Alan Moore ES EL MEJOR. ¿Has leído Watchmen?

Ains. Vamos por partes de nuevo. Vale, vale, Moore es algo así como el Shakespeare -y podría añadir que el Borges- de los cómics. Pero por ejemplo, si de lo que me vas a hablar es de Supreme, la diferencia es patente. El género de superheroes en Supreme es prácticamente una excusa para hacer un ejercicio de metaficción, de metagénero, incluso. Y en La increible Masacre-Gwen es justo al revés: la metaficcionalidad está al servicio de crear un tebeo de superheroes único. En otros tebeos de superheroes, el recurso diferenciativo habitual es acercarlo a otros géneros para darle una entidad o un tono propios (humor, comedia, noir, romance, etc…) y eso será lo que encuadre como va a ser la acción en el tebeo. Aquí es el componente metaficticio, el personaje consciente de su existencia en una obra ficticia para jugarlo como su ventaja, como su “superpoder” lo que hace de La increible Masacre Gwen, una serie única. La metaficción ya no es un experimento, ni tampoco el objetivo de la obra: es un mecanismo del propio tebeo cuyo objetivo es ser un tebeo de superhéroes. Y eso es lo que lo hace especial.

Entonces ¿No es como Masacre?

Es que ni se acerca al planteamiento de Masacre, que por cierto tampoco es el primero en jugar con las rupturas de la cuarta pared. Masacre es un personaje de ficción consciente de estar en un tebeo de superheroes, pero dicha conciencia está puesta al servicio de generar humor, constantemente. A veces, incluso demasiado forzadamente, como si el tebeo fuera un larguísimo monólogo en el que hay que hacer gracia en cada viñeta -los peores cómics de Masacre, en mi opinión, son así y cansan-. Cada vez que Masacre le habla directamente al lector, viaja a una época icónica de la historia de Marvel, etc… siempre es para hacer un chiste. Y es un viaje desde dentro del cómic hacia fuera. Masacre “vive ahí” y nos habla directamente a nosotros.

Por contra en La increibe Masacre-Gwen, el viaje es de fuera hacia dentro de los cómics, porque vamos de la mano de Gwen, nos podemos identificar con ella. Y la ruptura de la cuarta pared está al servicio de la acción superheroica, de contar la historia de la propia Gwen en su formación como superheroina. Sabe como funcionan las elipsis en la narración, tiene conocimientos “omniscientes” del universo Marvel por haber leído todos los cómics hasta la fecha, etc… y todo eso son los fundamentos de su originalidad como personaje. Es lo que la define. De esta forma, es la primera de su posible arquetipo. No sé si se pilla la ironía: el personaje al que se le acusa de copiar a otros de mil formas distintas es precisamente uno de los personajes más originales y frescos que se han creado en mucho tiempo.

Y respecto al humor, bueno, la serie no está carente de él. Pero se nota que no es un obligación, no es el objetivo de la historia. Si ve que puede hacer un chiste por el camino, lo hace. Es graciosa sin ser chistosa. No prescinde del drama y aun así es divertida.

Pero vamos a ver, si no tiene ninguna dirección particular. No busca la venganza de sus padres, ni tiene un ideal de justicia importante. ¿Cual es su motivación?

¡Exacto! Los fans de los personajes sin superpoderes  normalmente dicen que les gusta Batman o el Capitán América porque es “un tio normal”, porque no vuela o tiene superfuerza y aun así, lucha contra el mal. Pero tampoco es del todo cierto ¿Puedes realmente identificarte con un tio que tiene una lucha obsesiva contra el crimen y que además es multimillonario? ¿O con alguien cuyos ideales son tan elevados que practicamente no comete errores y solo podría existir… en un tebeo? La gracia de Gwen Poole es que es EXACTAMENTE igual que tú: una lectora ávida de tebeos, fan de sus personajes. Y su “superpoder”, el profundo conocimiento del universo Marvel es un poder que “de facto” tenemos todos los lectores de tebeos empedernidos. ¿No es genial? La tesis es que en el Universo Marvel… ¡cualquiera de nosotros podríamos ser superheroes!

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Molando a tope

Pero mira, estoy aquí tratando de explicarte lo que es Gwen Poole como si fuera un personaje revolucionario y sin embargo es un personaje profundamente clásico, lleva la marca original de La Casa de las Ideas. Una de las claves del éxito de Marvel residía en que sus superheroes eran gente normal y corriente, con nombre y apellidos, personajes con los que uno podía indentificarse. Hacían su vida de superheroe y luego tenían sus problemas domésticos, sus amores y desamores. Y Gwen es exactamente eso, una fan que es trasladada al universo Marvel y… allí trata de hacer su vida normal y corriente. Y cuya motivación es ser una superheroina o intentarlo, sin más. Por eso, el hecho de hacerse mercenaria -tal y como lo vemos en este primer tomo- para ella es más o menos como un currito. Tiene que hacer misiones para llegar a fin de mes, controlar sus gastos, aprender técnicas de combate. Es la cotidianización del superheroismo, lo vimos en Los Cuatro Fantásticos con sus conflictos personales o en Spiderman, la crónica de un adolescente de finales de los sesenta. La increible Masacre-Gwen vuelve a ese paradigma de hacer tebeos pero desde un planteamiento diferente. Estrecha el cerco entre el universo de los superheroes y el lector, sin romper la magia, sin deconstruir el género, sin romper la diversión. Se podría decir que Spiderman era como tú, pero es que Gwen literalmente eres tú. Plantea que podrías viajar al Universo Marvel y seguir siendo tú mismo, con tus dudas y tus ilusiones, tus problemas del día a día y tus pequeñas victorias y al mismo tiempo ser un superheroe. Y a la vez mantiene la épica del superheroismo, de los entrenamientos, de las batallas. La pelea del final del tomo, el final boss fight, para mí es la mejor pelea de superheroes que he leído en todo el año. Y Gwen Poole se enfrenta tanto con villanos como con superheroes, en la mejor tradición de Marvel. Así que todo es clásico y nuevo al mismo tiempo.

Joer, me vas a sacar los colores.

¿Eh?

Ji, ji, tenías razón. Literalmente, soy yo. ¡Hasta luegui!

¡Oye! Se te ha caído el bigot… un momento ¿eso era un bigote postizo? Peroperopero… tú eres… ¡¿Como te has colado en mi reseña?!. ¡OYE! ¡Seguro que a Alvaro Pons no le pasan estas cosas!